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miércoles, 13 de diciembre de 2017

La Jamancia de 1843

Un movimiento revolucionario catalán con protagonismo gitano

La canción de los jamancios
Tras el hambre y la miseria que trajo la primera Guerra Carlista, y el golpe del general Espartero del año 1841, cuyas consecuencias fueron claramente negativas para el Pueblo Gitano en España, el nuevo gobierno volvió a recordar a las autoridades locales a través de los Boletines Oficiales de provincias, su obligación de perseguir a vagos, mendigos y gitanos.

La permanente sospecha hacia el gitano como un delincuente, basada en el estereotipo negativo acuñado durante cuatro siglos, seguía resistiéndose a desaparecer. Si bien, el corpus legislativo que durante todo ese tiempo había criminalizado la forma de vida gitana, estaba ya agotado. A partir de estas fechas, las medidas represivas y de control que se irán dictando serán de orden interno para las policías locales y la Guardia Civil, a la que desde su creación en 1844 se le encomendó especialmente su vigilancia.

En una sociedad que avanzaba hacia una incipiente industrialización; el gitano, quedó sumido en bolsas de pobreza y constantemente abatido por la represión a que se le sometía; y, aunque procuró continuar sustentando su supervivencia manteniendo las actividades económicas tradicionales de sus antepasados, una nueva etapa de modernidad estaba cambiando el mundo, y al Pueblo Gitano también.

En su resistencia por mantener su identidad étnica y forma de vida, los gitanos fueron quedándose descolgados de los avances sociales, culturales y económicos que caracterizaron al resto del siglo XIX. No hubo “progreso” burgués y obrero para él. Solo en Barcelona se produjo cierta proletarización entre la población gitana, la que a pesar de su insignificancia política y económica, mostró un gran protagonismo en los acontecimientos acaecidos entre 1842 y 1843 en aquella ciudad.

Bajo la bandera del republicanismo más igualitario, los gitanos, aun sin una clara toma de conciencia de clase, participaron activamente en contra de los ricos propietarios industriales para quienes trabajaban por una miseria y al que defendían en guerras por medio de un sistema injusto de quintas. Todo sin recibir nada a cambio. El pueblo en armas acabó viéndose como la única solución para cambiar esta injusticia social.

Juntas, goberns, empleats,
Ciutadansseguiu la lley.
Que la Jamancia ha arribat
Y totstenim lo fusell.
Minyons, alsem lo porró
Viva la bulla y la dansa.
Y digueu, que viva sempre
L’Ygualtat y la Jamancia.

La Jamancia se desarrolló estando bien reciente la insurrección que,entre noviembre de 1842 y febrero de 1843 tuvo lugar también en Barcelona, y que fracasó sin haber conseguido extenderla al resto de España ni haber dado solución alguna a la crítica situación que atravesaban los estratos más bajos de la sociedad de aquel momento, a los que en la tercera de las bases de la declaración de 17 de noviembre de 1842, la Junta revolucionaria asumía la protección de “todas las clases laboriosas y productivas (…) justicia para todos sin distinción de clases y categorías”, algo que la burguesía catalana no estaba dispuesta a llegar.

Del fracaso de esta revolución, las clases populares aprendieron a no confiar en la burguesía, por lo que la rebelión barcelonesa de la Jamancia, prolongó los enfrentamientos de clase producidos en los últimos días de su antecesora, cuando la Junta de Gaviria permitió la confiscación de los bienes de aquellos burgueses que habían abandonado la ciudad aterrorizados por los bombardeos. El mensaje de las coplas entonadas por los jamancios, son una muestra de sus reclamaciones hacia el derecho al trabajo y la igualdad ante la ley, y así se publicó en el segundo suplemento de La Unión:

Pa, llibertat y treball.
Que no robin res al pobre:
Y que tot home sigui igual.
Que si tenimplet ab un rich
No sempre en sortim pagan.

La Jamancia se desarrolló entre septiembre y noviembre de 1843 y constituyó el último intento de revolución centralista. Estuvo dirigido contra el gobierno moderado de Joaquín María López, al que se le acusaba de haber incumplido los acuerdos contraídos con la Junta Central con objeto de derribar el gobierno de Espartero, así como la violación de varias disposiciones establecidas en la constitución de 1837.

El nombre dado a esta revolución hizo referencia a los miembros de los batallones de voluntarios (batallones de la blusa), autodenominados así mismos como jamancios. El término procede del verbo gitano jamar -comer-. Y, aunque algunos autores lo relacionan con la asignación diaria de cinco reales que recibían los jamancios por su manutención, creemos que este nombre procede de la ocurrencia de estos gitanos revolucionarios, para los que siendo el hambre la principal motivación de su adhesión al movimiento revolucionario, convirtieron su hambruna en un incentivo para el combate, para lo que se lanzaron a las calles entonado canciones con mayor o menor contenido de sátira política, en las que se amenazaba iban a comerse a sus enemigos. Entre las diferentes coplas, tuvieran o no algún tipo de sátira política, destaca la de la paella, que convertida prácticamente en su himno, se cantaba al ritmo de:

Ay, Ay, xin, xin, xin
Maduros a la paella
Ay, Ay, xin, xin, xin
A la paella el Prim.

Como complemento a toda esta escenografía, añadieron a su indumentaria algunos complementos relativos a enseres de cocina, siendo su complemento más identificativo “una pequeña sartén (de plomo o latón) de las que sirven de juguete a las niñas, colgada del cuello con una cinta encarnada, y una cabeza de muerto en el gorro con un fleco negro y encarnado, y un lema que dice: junta Central o muerte". Los mismos colores predominaban en las banderas, junto a diferentes símbolos asociados con el republicanismo, lo que las convirtieron en las precursoras del sindicalismo catalán.

Vestían a excepción de la Milicia Nacional, un uniforme parecido al de los sansculots de la Revolución Francesa. También, una blusa azul de trabajador ceñida por una banda de cuero o de cuerda a la cintura; si bien, al comienzo de la revolución, por ser verano, prescindieron de la blusa y se mostraron despechugados en cuerpo de camisa, que por entonces era una prenda íntima. En ella colocaban al pecho a modo de medalla la sartencita de juguete. Así mismo, algunos usaron calzas (medias) listadas arremangadas hasta media pierna. Por último, una especie de gorra roja parecida a una barretina, pero de forma más alargada y con una borla en su remate, en la que ponían la calavera plateada.

En general, el conjunto de los insurgentes se conocieron como centralistas por propugnar la unificación de la Junta Central. Sus fuerzas estaban integradas con fuerzas del ejército regular, la Milicia Nacional y los voluntarios del llamado vulgarmente “Batallón de la Blusa”; y, más tarde, el batallón denominado “Salvarguardas de la libertad” compuesto por presidiarios, lo que fue motivo de burlas por parte de los gubernamentales; si bien no eran delincuentes comunes, sino desertores y condenados por tenencia de armas prohibidas.

La prensa madrileña, en su afán por desprestigiarlos, escribía despectivamente sobre el batallón de la jamancia, afirmando estaba “compuesto en su mayor parte de la escoria de los pueblos vecinos a ésta(Barcelona), de procesados criminalmente, de gitanos, de extranjeros afiladores de navajas y tijeras, de menores de edad, de viejos y de algunos licenciados”, para terminar concluyendo:

“¿Se creerán esos majaderos jamancios que por sí solos podrían arrostrar una invasión extranjera, solo con mostrar la sucia sartén y parrillas con que intentaban freír y asar a las tropas, y demás combatientes sometidos al legítimo gobierno, y con cuyos chismes pintados pusieron pies en polvorosa en San Andrés y Mataró, huyendo despavoridos a los primeros disparos?”.

Iniciados los enfrentamientos armados a primero de octubre de ese año entre insurgentes y Ejército, éste bajo la dirección de Prim, Barcelona sufrió un duro castigo por medio de bombardeos que propiciaron la desbandada burguesa y el desaliento de los componentes de los republicanos. Finalmente, la Junta Suprema terminó capitulando el 19 de noviembre, con lo que fracasó su intento de convertirse en el origen de una revolución democrático-burguesa para la consecución de una República Socialista y Federal.

Vía| CURET, Francesc. La Jamancia (1842-1843), Barcelona: Rafael Dalmau editor, 1961.
Imagen| “La Jamancia en el año 1843”, librería de Juan Llorens, Barcelona, 1844.

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