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jueves, 14 de diciembre de 2017

Las extraordinarias formas de la naturaleza que inspiraron a Gaudí

El arquitecto más emblemático del modernismo catalán mostrará con su estilo orgánico su pasión por las formaciones naturales de su entorno

Vista de la Montaña de Montserrat
Solía decir que “todo sale del gran libro de la naturaleza”, y es que la primera vez que Antoni Gaudí i Cornet (25 de junio de 1852-10 de junio de 1926) entró en contacto con la mágica silueta del Macizo de Montserrat debió de quedar tan absolutamente abrumado como cualquier otro que se coloque frente a la imponente montaña.

El arquitecto catalán sintió desde siempre un gran amor a su tierra natal,  desde muy joven se interesó profundamente por los parajes naturales que le rodeaban. Su entusiasmo era tal que en 1879 se convierte en miembro del Centro Excursionista De Cataluña, con la que realizó multitud de viajes.

Fotografía de Gaudí (al fondo) con su padre (centro), su sobrina
Rosa y el doctor Santaló en una visita a Montserrat (1904)
Mientras aún cursaba arquitectura, debía trabajar para costearse los estudios, y ya en esos momentos comienza su carrera profesional realizando tareas de delineante para los arquitectos destacados de Barcelona, como Joan Martorell o Francisco de Paula del Villar y Lozano. Fue con este último la primera vez que Gaudí trabaja en un encargo en Montserrat, el proyecto de la Sala del Camarín del Monasterio de Montserrat. El proyecto se inició en 1876 y no se terminó hasta 1885, estando dirigido primero por Villar y Lozano y posteriormente por su hijo, Francisco de Paula del Villar y Carmona. Ambos arquitectos contaron con la ayuda del joven Gaudí, creando un espacio muy especial en el centro de tres ábsides de estilo neorrománico.

Vista del Monasterio de Montserrat enclavado en la montaña
Tras este primer contacto Gaudí volverá a este entorno entre 1903 y 1916para trabajar en un proyecto colectivo: el Rosario Monumental de Montserrat, un conjunto de obras escultóricas situadas en el camino entre el Monasterio y la Santa Cueva, lugar donde se encontró la imagen de la Virgen. Gaudí se encarga de realizar el Primer Misterio de Gloria, la Resurrección de Jesús, en colaboración con su ayudante Joan Rubió y con los escultores Josep Llimona y Dionisio Renart.

Primer Misterio de Gloria realizado por Gaudí para el Rosario Monumental de Montserrat
Dejando a un lado la importancia de estas obras, gracias a ellas Gaudí trabaja mano a mano con esta peculiar montaña, quedando sus formas grabadas para siempre en su memoria, y tanto las curvas como la espiritualidad de Montserrat se pueden encontrar en sus construcciones más sobresalientes.

Vista de las formas ondulantes de Montserrat
Un lenguaje arquitectónico basado en la naturaleza

El estilo de Gaudí evoluciona de una manera personal y muy particular. En un principio, y siempre moviéndose en el terreno del modernismo en su pleno apogeo, recibe una cierta influencia orientalizante, debido al estudio de la arquitectura historicista, de la mano de teóricos como John Ruskin. Más adelante se centra en una corriente neogótica, influido por el arquitecto francés Viollet-le-Duc. Pero estas primeras etapas culminan en un estilo absolutamente único, su estilo orgánico y naturalista, cuando realizará sus obras más importantes.

Interior de las Cuevas del Salnitre de Collbató
Aunque está considerado el máximo representante del modernismo catalán, la obra de Gaudí es imposible de enmarcar en un determinado estilo por ir mucho más allá. Sus creaciones derrochan fantasía e imaginación, una inspiración que sólo se puede encontrar en la naturaleza. No solía dibujar planos de sus obras, sino que prefería construir maquetas para poder observar la obra como algo vivo, y así encontrar las mejores soluciones para la misma, manipulando los materiales desde el principio. Era todo un visionario, a través de la contemplación su obra evoluciona y cambia constantemente en su mente, un cambio continuo como el que sucede en la naturaleza, la naturaleza es creación.

Vista del Coll de la Desenrocada
Otra de las grandes máximas en la arquitectura de Gaudí es la geometría, la cual actúa como mediadora frente a la naturaleza. Es necesario encontrar una razón geométrica bajo las formas caprichosas y naturales para que exista un cierto orden dentro del caos y la fantasía. Aunque se trata de una geometría distorsionada y tensa, en ningún momento perfecta, sino en perfecta anarquía.

Aparte de la mencionada Montaña de Montserrat, también cabe destacar como sus mayores inspiraciones las Cuevas del Salnitre de Collbató, que también pertenecen al Macizo de Montserrat, o el Coll de la Desenrocada (entre Argentera y Vilanovad´Escornalbau). Las formas orgánicas y ondulantes que Gaudí encuentra aquí se traducen en construcciones geométricas para sus edificios, destacando el paraboloide hiperbólico o el helicoide como resultado de la lectura que realiza de la naturaleza.

Fachada principal de la Casa Batlló
Las semejanzas se pueden observar claramente en obras como el Parque Güell (1900-1914), combinando las formas orgánicas y geométricas con una imaginación decorativa desbordante, utilizando su famosa cerámica de vivos colores como elemento ornamental protagonista.

Otro de sus grandes triunfos lo contemplamos en la Casa Batlló (1904-1906), claro reflejo de su plenitud naturalista. Su preciosa fachada es el vivo destello de las serpenteantes formas de Montserrat, acompañadas de multitud de motivos florales y geométricos, en la que no falta la decoración típica de trencadís de cerámica.

Fachada principal de la Casa Milá
Con otro de sus mayores encargos, la Casa Milá, conocida como La Pedrera (1906-1910), recibirá una gran cantidad de elogios. Las formas orgánicas del edificio nos evocan una vez más la presencia de la naturaleza: formas onduladas enmarcadas en una fachada realizada por completo en piedra calcárea de Villafranca del Penedès.

Sus últimos años

La culminación de su estilo arquitectónico lo alcanza en los últimos años de su carrera, donde se dedica casi en exclusiva a su proyecto más ambicioso, su obra maestra, el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Trabajó en ella la mayor parte de su vida profesional, por lo que es el mejor ejemplo para comprobar su evolución artística hasta desarrollar plenamente su estilo naturalista. La cripta y el ábside presenta aún un lenguaje neogótico, pero el resto del edificio es la máxima representación de su estilo orgánico, mostrando de nuevo su influencia y pasión por la naturaleza, donde abundan las formas geométricas retorcidas y en continuo estado de tensión.

Exterior del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia
Comenzó su construcción en el año 1882 y nunca la vería terminada ya que Gaudí fallecía el 10 de junio de 1926. Unos días antes, se dirigía a la Iglesia de San Felipe Neri y fue atropellado por un tranvía; fue confundido con un mendigo y al no ser auxiliado en el mismo momento del atropello, cuando fue trasladado al hospital ya era demasiado tarde, teniendo un trágico final en la cima de su carrera.

Su magna obra continúa hoy en día su construcción para poder dar por concluida este último ejemplo del amor que Gaudí sentía por su tierra natal, por la religión, por la arquitectura, y por supuesto con la naturaleza: “La arquitectura crea el organismo. Por ello, tiene que regirse por una ley en armonía con las de la naturaleza”.

Vista de la Montaña de Montserrat
Bibliografía

GARCÍA ÁLVAREZ, C., Gaudí. Símbolos del éxtasis. Siruela, 2017.

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