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lunes, 22 de enero de 2018

El misterio del camarote 39

Horas antes de perder la vida, parece que el español había sido visto alocado por el barco dando vivas a la República

Vapor Orinoco saliendo de Southampton en febrero de 1854
De La Habana a Galicia para negociar con aceites y de allí vuelta a La Habana con los pies por delante. Esta es la historia resumida de José Cancela Bugallo, un empresario coruñés —y republicano— que apareció colgado de su pijama en el Orinoco, el barco alemán que cubría el trayecto desde Portugal hasta Cuba.

A primera vista, la muerte de Cancela parecía un suicidio al uso. No era de extrañar sabiendo que la Guerra Civil le había pillado estando de negocios por su tierra y le había quitado, sin permiso, a buena parte de su familia. De hecho, horas antes de perder la vida, parece que el español había sido visto alocado por el barco dando vivas a la República —según El Avance— o por miedo a ser fusilado por declararse abiertamente republicano, en la versión del gerente de la Compañía Hamburguesa-Americana. Incluso el comisario del barco, Guillermo Haisse, declaró que Cancela le había «solicitado un revolver y un veneno para suicidarse». Por eso se le puso vigilancia. Pero el hombre la burló, primero con una faja y después ya con los pantalones de dormir.

¿Y las punciones?

Un camarero del vapor ya había descubierto el cadáver de Cancela cuando el Orinoco paró motores en la Ward Line. Fuera de aguas jurisdiccionales cubanas, decía, así es que fue el inspector médico de la Policía Marítima, doctor Codina, quien se encargó de certificar la muerte: «Databa de unas ocho horas, así como pudo apreciarle un surco alrededor del cuello característica de los suicidios por colgamiento». También se personaron un juez de instrucción, un oficial y un escribiente, quien, casualidades de la vida, respondía en la prensa al nombre de Franco. Estos últimos inventariaron las pertenencias de Cancela, entre ellas, una insignia del fascio prendida en su chaqueta.

Sí, parecía un suicidio al uso hasta que la autopsia, tras revelar su familia que de franquista no tenía un pelo, dejó ver las lesiones físicas que presentaba el cuerpo en dedos, brazos, piernas y dientes, así como «cinco punturas de inyecciones y dos equimosis redondas». Olía a homicidio. Por eso se buscó a los supuestos responsables: el primer oficial del Orinoco, J.Uebbel; el médico de a bordo, Ernest Wentzler; y el camarero Adolf Stubbe. Pero el segundo había desaparecido y el primero dijo que, sintiéndolo mucho, tenía que levar las anclas del Orinoco, a pesar de los artículos 448 y 561 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

El más que posible homicidio político tendría que reposar hasta que el barco volviese a Cuba el 3 de mayo, eso sí, asegurándose por parte del gerente de la Compañía Hamburguesa-Americana que todo lo que se contaba desde La Habana no era cierto. Y eso mismo se declaraba por parte de los forenses que practicaron la autopsia después de que se conociese que el doctor Codina había intentado reanimar a Cancela. ¿Y las punciones? Debidas a la morfina, contaban. Ante la duda, se pidió un análisis al Laboratorio de Química Legal. Pero la causa fue archivada.

Y reabierta de nuevo 20 de octubre cuando Josefina, la hermana del español, llegó a La Habana acompañada de su marido, también médico. Declaró que no podía ser un suicidio y que su hermano estaba en plenas facultades. Y ahí se queda el caso en las hemerotecas.

Sin noticias

La prensa cubana hizo un seguimiento casi diario del asunto del Orinoco. En España, sin embargo, solo El Avance de Asturias dio la noticia el 10 de junio de 1937, pero con una versión muy diferente: el número del camarote era el 28 y no el 39; Cancela se hacía nacer en Pontevedra y no en A Coruña; el escenario del crimen estaba desordenado, incluso con un par de vasos rotos manchados de una «sustancia blancuzca» que se aseguró venenosa; dos baúles y una maleta del equipaje del republicano habían desaparecido por arte de magia tras el suicidio/asesinato, y se aseguraba a ciencia cierta que aquel había sido un «crimen político perpetrado por manos nazis a bordo de un trasatlántico alemán y en aguas jurisdiccionales cubanas».

Seguramente el caso de Cancela, propietario entonces del Sloppy Joels, el bar más popular de La Habana, no tenga tantas contradicciones en los archivos cubanos.

Imagen| Histarmar

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