viernes, 5 de enero de 2018

La zarabanda: el baile que prohibió Felipe II

Este es el baile que prohibió Felipe II

Felipe II
Por todos es de sobra conocido el hecho de que en la época de Felipe II la rectitud moral estuvo a la orden del día, al menos de forma oficial. Ni la corte ni el pueblo debían desviarse lo más mínimo de los preceptos religiosos, especialmente los de castidad y pureza, tanto física como verbal. Es por ello que mucho se ha discutido sobre el verdadero origen de la zarabanda, que muchos autores sitúan en 1588 pero no sin encontrar oposición en aquellos que ven en esa afirmación una fuerte contradicción con lo expuesto anteriormente, puesto que el baile era de todo menos casto y puro.

La zarabanda

El funcionario español ligado al ámbito cultural de la Ilustración española, Casiano Pellicer, en su obra Tratado histórico sobre el origen y progreso de la comedia y del histrionismo en España (1804) asegura efectivamente que el baile lo inventó una histrionisa (mujer de la farándula y mundo teatral) sevillana o indiana (es decir, hispanoamericana). Para ello toma referencia de la obra De Spectaculis, del conocido Padre Mariana, teólogo del Siglo de Oro. Siempre es descrito como un baile lascivo, que además se acompañaba de canto y que tenía movimientos que recordaban a la impureza y la debilidad de la carne.

En su Tratado, Pellicer no deja claro si el origen del baile es hispanoamericano o puramente castellano, y tampoco termina de aclarar por qué se llamaba así, aunque dice que existe la posibilidad de que la palabra zarabanda derivase del nombre de su inventora. Hace referencia este autor también a la sospecha del Obispo de Avranches Daniel Huecio de que la palabra zarabanda hace referencia a la palabra syrventra (“sirvienta”), asegurando que esto sería debido a que las sirvientas eran precisamente las que más lo bailaban para entretener a sus señoras.

Sebastián de Covarrubias, capellán de Felipe II, en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611) afirmaba que la palabra provenía del “verbo hebreo Zara”, que significa “esparcir, ventilar, andar a la redonda”, y que por tanto la mujer que la bailara incitaría con sus movimientos a que los que la miraran la imitaran. También decía que provenía de un baile llamado la Encorvada, que se realizaba torciendo el cuerpo y las extremidades. Otras interpretaciones sugieren que en realidad “zarabanda” derivaba de la voz persa serbend, la cinta de un tocado para mujer, o incluso de sarao, que significa “entretenimiento de danza” y que dejaría claro que el origen del baile estaba en España.

La prohibición

Tales eran las críticas recibidas desde las altas esferas eclesiásticas y las más relevantes figuras moralistas de la época que el Supremo Consejo de Castilla se vio obligado a prohibir la zarabanda a finales del siglo XVI; bajo duras penas se encontraría aquél que la bailase o la cantase. El caso es que pronto se olvidó dicha prohibición; Pellicer asegura que a la altura de 1640 se seguía interpretando en las corralas y los teatros de Madrid. De esta manera tuvieron las autoridades que reprimirlo mediante la fuerza, mayores penas y los censores de teatros, puesto que los bailarines y actores hacían caso omiso a las leyes.

El propio Padre Mariana la describía como “un baile y cantar tan lascivo en las palabras, tan feo en los meneos que basta para pegar fuego aun a las personas más honradas”. Asegura que era una “representación de lo que se veía en los burdeles”. Pero esto no entró en contradicción con que se hiciera popular entre algunos miembros de la corte. Si bien es cierto que se interpretaba de forma más “suave”, incluso el cardenal Richelieu lo bailó frente a Ana de Austria para ganarse su confianza.

La heredera

La zarabanda, además de seguir interpretándose, dejó una hija, la llamada chacona. François Bertaut, diplomático e hispanista francés del siglo XVII, en su viaje a España en 1659 asegura cómo en la iglesia del convento de los franciscanos de Valladolid se interpretó este baile, también considerado lujurioso por las autoridades de la época. En plena Nochebuena, y en principio para acudir a misa, un tropel de personas se agolparon en el lugar para bailar la chacona y después cantar villancicos populares.

Según un poema de Lope de Vega, la chacona provenía de las Indias y había sido traída a España por los conquistadores. Aunque en un principio se criticó por ser tan parecida a la zarabanda en lo que más detestaban las autoridades, al igual que ésta con el tiempo y según en qué espacios se suavizó y transformó en una danza apropiada a los ojos de aquéllos que la habían detestado. La interpretaron figuras de la talla de Monteverdi o Bach, aunque en el siglo XIX perdió toda su popularidad siendo desbancada por las nuevas ideas del movimiento romántico.

Bibliografía

BASTÚS, J. (1862), El trivio y el cuadrivio o la nueva Enciclopedia. Barcelona.

CASTELLANOS DE LOSADA, B. (1854), Discursos histórico-arqueológicos sobre el origen, progresos y decadencia del baile español. Madrid.

DENIZEAU, G. (2008), Los géneros musicales: una visión diferente de la historia de la música. Barcelona: Manontroppo.

MARKESSINIS, A. (1995), Historia de la danza desde sus orígenes. Madrid: Librerías deportivas Esteban Sanz Martier.

PELLICER, C. (1804), Tratado histórico sobre el origen y progresos de la comedia y el histrionismo en España. Madrid.

Rodríguez Cuadros, Evangelina (1997), Disparate y gala de ingenio: Calderón y su teatro breve. Calderón: testo letterario e testo spettacolo, Actas del primer seminario internacional del Siglo de Oro. Florencia: Alinea Editorial.

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Imagen| Wikipedia

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