lunes, 26 de febrero de 2007

El agua para los romanos ( II )
El agua útil. Higiene y seguridad
El fuego era uno de los elementos de la vida cotidiana, así que era frecuente la aparición de incendios. En Roma se creó un servicio oficial y público de lucha contra el fuego, que dependía de los tribunos y los ediles. Los bomberos de Roma estaban constituidos por esclavos instalados en puntos estratégicos, como las puertas de la ciudad o las murallas, para poder intervenir lo más rápidamente posible en todos los puntos de la urbe. Estos bomberos también actuaban como policías municipales. Posteriormente, los encargados de la seguridad pública serían reclutados de los libertos, y a fines del siglo III directamente de los ciudadanos.
Los vigiles de Roma se repartían en siete cohortes de mil hombres distribuidos a su vez en siete centurias. En total había una cohorte por cada dos regiones (barrios o distritos). El puesto central era un cuartel al que correspondían dos puestos de guardia.
El trabajo de los bomberos consistía en la vigilancia, mediante rondas continuas; y la extinción del fuego, que se hacía formando cadena y arrojando cubos de agua sobre las llamas. Otra forma menos usual era el empleo de bombas de agua, inventadas por Ctesibio, cuyo alcance era de unos veinte metros. En los casos de mayor gravedad, para evitar la propagación del fuego, el prefecto y su estado mayor podían decidir echar abajo las casas y construcciones circundantes.
En lo que respecta a la higiene, los romanos disponían tanto de letrinas domésticas como públicas. Las primeras eran simples placas agujereadas sobre dos soportes de mampuesto o simples agujeros en algún cuchitril. Las segundas, que eran colectivas, consistían en salas espaciosas, a lo largo de cuyas paredes corría una banqueta de mármol con una serie de agujeros ovoides. El agua fluía sin cesar por unos canales situados debajo y delante de los asientos. Los foricarum conductores eran los encargados de la vigilancia y la salubridad de las letrinas.
Roma era una ciudad sucia ya que los canales de la Cloaca maxima no llegaban a todas las calles. Para deshacerse del agua sucia había que bajar de los pisos y arrojarla en los sumideros más próximos o en la cuneta. La gente menos cívica frecuentemente lanzaba los excrementos por la ventana. Las inmundicias se acumulaban por todas partes y el agua sucia se evacuaba mal, pero normalmente era por negligencia de los ciudadanos ya que Roma era una ciudad bien drenada.

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