viernes, 23 de febrero de 2007

La conservación del patrimonio histórico de Llerena
Paseando por las calles de Llerena se puede apreciar la grandeza de su pasado. Todo el Casco Histórico de la ciudad está repleto de monumentos en forma de iglesias, conventos, casas y palacios de nobles, murallas, etc. La mayoría se encuentran en muy buen estado de conservación, pero hay algunos que contemplan el presente desde su lamentable estado de ruina y otros que han desaparecido. El tiempo y el avance urbanístico no perdonan, y menos aun cuando no se tiene conciencia del valor del Patrimonio del pueblo de cada uno.
Hace algunos años, el legado arquitectónico de Llerena estaba abandonado y dejado a su suerte, pero gracias a la concienciación de los dirigentes, desde los años 90, estamos asistiendo a un proceso de recuperación patrimonial. Por fin la Administración llerenense, con la colaboración de la Junta de Extremadura, están rescatando de su trágico destino las longevas edificaciones que aun quedan en pie. Para ello, se amparan en el Plan Especial de Protección del Casco Histórico de Llerena. El primer objetivo está conseguido, es decir, la labor de rescate de nuestra herencia arquitectónica y la concienciación del pueblo llerenense. Pero todavía queda un largo camino por recorrer para darle una mayor vida turística al pueblo. La Administración municipal está dando sus primeros pasos en esta dirección, aunque la afluencia de visitantes es todavía poco numerosa. La mayoría de los turistas que acuden lo hacen para disfrutar de algunas de las múltiples fiestas locales que se celebran. Desafortunadamente, pocos son los que vienen para apreciar verdaderamente la riqueza histórica llerenense.
Autor: JAC


Breve Historia de la configuración del Patrimonio de Llerena
El florecimiento de la villa llerenense comenzó en el siglo XIII con la reconquista cristiana. Parte del territorio de la Baja Extremadura, incluido Llerena, fue donado por Fernando III a la Orden Militar de Santiago como premio de su colaboración. Fue entonces cuando se configuró la provincia de San Marcos de León de la Orden de Santiago. En un principio, organizaron el territorio en torno a fortificaciones árabes, como es el caso de la alcazaba de Reina. Pero con el paso del tiempo y con el avance cristiano hacia el sur de la Península, se hizo necesario repoblar la zona. Para ello trasladaron los núcleos de población a las zonas más propicias, como Llerena.
En esta época comenzó el florecimiento de Llerena. Jugó un importante papel administrativo, ya que fue la capital de la provincia de San Marcos de León y la sede de la Mesa Maestral. Al mismo tiempo, también fue notable su función religiosa, al convertirse en la sede de uno de los provisoratos en los que se divide el Priorato de San Marcos de León y, además, fue la residencia del propio Prior. Consecuentemente, estos hechos repercutieron físicamente en la ciudad, ya que los maestres de la Orden de Santiago propiciaron la construcción de numerosos edificios, sobre todo religiosos, y estimularon el florecimiento de gremios de artistas que desarrollaron allí capacidad plástica.
En la ciudad convivía la comunidad mudéjar, asentada alrededor de la iglesia de Santiago; la judía, situados en torno a la sinagoga; y la cristiana.
En la Baja Edad Media, comienza la construcción de importantes monumentos, bajo la tutela de la Orden, como la Casa Maestral, la iglesia de Santa María (actual iglesia de Nuestra Señora de la Granada), la iglesia de Santiago, el recinto amurallado y el convento de Santa Elena. En el siglo XV llegaron a levantarse hasta once hospitales, instituciones benéficas para asistir a enfermos y pobres: San Juan, Santispiritu, Santa María de las Pellejeras, San Lázaro, San Bartolomé, Santiago, El Cuerpo de Dios, San Cristóbal, Santa María de Fuera, La Caridad y La Concepción. Algunas cofradías y hermandades tutelaron el levantamiento de numerosas ermitas, la mayoría en los extramuros de la ciudad, como San Benito, San Marcos, Santa Catalina, Los Mártires, San Pedro, San Fructuoso. San Lázaro, San Cristóbal, San Antón y La Concepción. Durante el siglo XV cuenta con una población de 4.500 habitantes.
En el siglo XVI, Llerena pasó a ser sede del Tribunal de Gobernación, de la Audiencia y de la tesorería de la Orden de Santiago. También se estableció allí el Tribunal de la Inquisición, lo cual marcó la historia de Llerena.
Numerosos edificios civiles y religiosos fueron levantados durante el Siglo de Oro. En gran medida, se conformó el legado arquitectónico que hoy en día puede observarse en la ciudad. Se finalizaron las obras de la iglesia de Santiago, se reformó la Plaza Mayor, se construyó el Palacio de los Zapatas, los conventos de Santa Clara, Santa Isabel, la Concepción, Santa Ana y San Sebastián, y se llevaron a cabo importantes obras de reforma en la iglesia de Santa María. Fue una época en la que se construyó mucho, ya que la población pasó a tener 8.300 habitantes, pasando a ser la segunda cuidad más poblada de Extremadura. Asimismo, había una abundante presencia del clero. Llerena contaba con la existencia de siete conventos de religiosos con 240 regulares y 57 clérigos seculares en sus dos parroquias. También la habitaron insignes personajes como D. Luis de Zapata, consejero de los Reyes Católicos; don Pedro Cieza de León, cronista de las Indias; etc.
En el siglo XVII se dejó notar mucho en la ciudad la crisis que estaba padeciendo España. Disminuyó el número de habitantes y las arcas municipales debido, entre otras cosas, a las levas de las milicias que se realizaron para la guerra con Portugal. La consecuencia inmediata fue la reducción de la producción artística y arquitectónica. Según la poca documentación existente de la época, sólo se realizaron reformas en las Puertas de Villagarcía y de Reina en las murallas y se hicieron retablos para algunas iglesias y conventos, como el de la iglesia de Nuestra Señora de la Granada.
En 1641, Felipe IV le concede a Llerena el Título de Ciudad. También por estas fechas se instaló la Compañía de Jesús, con un colegio de gramática, y los Padres Mercenarios, con una cátedra de arte.
En el siglo XVIII se produjo una recuperación en la ciudad. Fue la centuria de la construcción del camarín de la Virgen, la reconstrucción del interior y de las portadas de la iglesia Nuestra Señora de la Granada, el levantamiento de la iglesia del hospital San Juan de Dios y el colegio de la compañía de Jesús.
En el siglo XIX, como consecuencia de la guerra de la Independencia, se frena la recuperación que se inició en la centuria precedente. El 11 de agosto de 1810 tiene lugar la batalla de Cantalgallo, donde se produjo una derrota española. Tras aquel suceso, la ciudad es saqueada por las tropas francesas e infringen graves daños en algunos edificios emblemáticos como el convento de Santa Ana y el Palacio de los Zapatas. También desaparece el tribunal de la Inquisición y, además, dejó de existir el señorío de la Orden de Santiago en sus competencias señoriales y jurídicas.
La aplicación de las leyes de desamortización de esta época afectó mucho al patrimonio llerenense. Pero, a pesar de las numerosas crisis, la estructura de la ciudad tuvo que ser ensanchada porque la población aumentó su número. Numerosos lienzos de las murallas y de la puerta de Reina fueron derribados para la construcción de una carretera de circunvalación, en la que se reutilizaron los materiales de la fortaleza.
El siglo XX llerenense, como el español, vino marcado por la guerra civil. Durante la contienda, un grupo de milicianos se refugió en la iglesia Nuestra Señora de la Granada. Consecuentemente, el edificio sufrió numerosos daños causados por el fuego. A este episodio le sucedió el pillaje y el vandalismo que llevaron a cabo los regulares cuando tomaron la ciudad.
La población y su ritmo vital se redujeron en los años sesenta como causa del éxodo rural. Pero en las últimas décadas la ciudad está volviendo a su dinamismo económico y cultural. Está retomando parte del liderazgo que tuvo en etapas pasadas.
En la actualidad, las nuevas construcciones que se están realizando, en parte como fruto de este resurgimiento económico, se edifican por lo general en las afueras del Casco Histórico. Así, se están configurando numerosas urbanizaciones de nueva planta que hacen crecer cada vez más el perímetro de la población. Las obras de nueva creación dentro del Casco son casi inexistentes, ya que en los últimos años estamos asistiendo a una puesta en valor del legado arquitectónico llerenense.
Autor: JAC

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