jueves, 8 de marzo de 2007

Reflexiones ( I )

La soledad

Se suele pensar en la soledad únicamente como un estado no deseado para el hombre. En cierta medida, cuando no se busca, eso es así. Puede llegar a ser, como algunos afirman, la nueva peste de la Humanidad, el verdadero mal de este siglo que transitamos. No se debe desdeñar que el hombre es un ser sociable, y que en gran medida basa su vida en los vínculos y las relaciones que establece con los otros de su misma especie. Pero en estos tiempos que soplan, donde todo transcurre con tanta celeridad, hay que echar el ancla y pararse a reflexionar. Quizás lo dañino de la soledad sea el no saber estar sin compañía, con uno mismo. Es necesario buscar un tiempo de apartamiento y reflexión como lugar de reencuentro con los pensamientos.

Se puede usar la soledad como un medio de transporte al viaje de las profundidades del alma, con escala en el reencuentro con el entorno y con el ego. Utilizarla para alcanzar un estado de iluminación y de creatividad. La soledad, para quien la busca, es la madre de la inspiración, de la poesía y del silencio. Invita a plasmar la estela de las experiencias vividas en inhóspitas hojas vacías. Guía el viaje hacia las profundidades de uno mismo y el encuentro con los sentimientos. Es el estado idóneo para las reflexiones etéreas. El arte y la creatividad sólo entienden de nostalgia y contemplación del ego. En la soledad se disuelven las farragosas sensaciones mundanas.

1 comentario:

Agustín Romero Barroso dijo...

Esto me encanta. Sigue así. Ya vendré más despacio.
Un saludo