domingo, 24 de junio de 2007

miércoles, 20 de junio de 2007

Reflexiones ( V )

1492

Los marinos portugueses y españoles encabezaron la exploración de nuevas tierras bañadas por el océano Atlántico, motivados por varias razones. Podemos destacar el encarecimiento de los productos orientales, la inseguridad de las rutas terrestres utilizadas para su transporte, los avances en el arte marítimo y la idea de la esfericidad de la Tierra. Se realizaron varias empresas en las costas africanas y, a partir de 1492, en el llamado Nuevo Mundo.
El descubrimiento de América benefició en muchos aspectos a Europa con sus riquezas. Descubrieron nuevas culturas; hallaron nuevas tierras, en las que fundaron ciudades y abrieron minas y caminos; y sometieron y colonizaron extensas regiones. Todo esto supuso un manantial de bienes, que España dilapidó en suelo europeo en diversas contiendas de índole religioso y territorial.
No tan beneficiados salieron los indígenas. Las Coronas los colonizaron militarmente, les hicieron pagar impuestos (diezmos), rompieron sus estructuras políticas y sociales, y les impusieron una nueva religión. Por lo tanto, sufrieron un proceso de europeización y aceleración de su historia. A pesar de todo, no en todos los casos se vieron desamparados. Surgieron diversos personajes, misioneros entre otros, que actuaron como defensores de los indígenas frente al abuso de los encomenderos y los funcionarios. Les recordaron continuamente que los nativos eran iguales a ellos ante Dios.
Uno de los primeros en dar a conocer esta situación de malos tratos a los indios fue el dominico Antonio de Montesinos. En 1511 abrió las puertas a cientos de denuncias por medio de un sermón, cuya resonancia llegó hasta España. Para una parte importante del clero la evangelización era la única justificación de la presencia española en América. Por ende, era deber de los monarcas españoles dedicar todo su esfuerzo a cristianizarlos. La discusión sobre este tema trascendental tuvo en fray Bartolomé de Las Casas, Juan Ginés de Sepúlveda y Francisco de Vitoria como las figuras más destacadas en las que se apoyó la legitimación de la conquista desde diferentes perspectivas.
Según mi parecer, el año 1492 no es sólo el comienzo del descubrimiento de América, también representa el hallazgo de civilizaciones ignoradas y el principio de su fatal destino. La subordinación política, económica y cultural de las comunidades precolombinas, delatan a la Corona española como autora de un delito de apropiación indebida de Estados soberanos. Sin embargo, para la mayoría de intelectuales de la época esta acción no era condenable. Los expertos en jurisprudencia creían razonable la conquista amparándose en cuestiones que van desde el proselitismo religioso hasta la inferioridad cultural de los indios.
Encontramos ejemplos de literatura que alimenta la leyenda negra e intenta justificar el dominio colonial. Afirma R. Konetzke: “Esta legitimación nacionalista de las conquistas hispánicas en ultramar llevó a pintar con los colores más sobrios la índole y costumbres de los indios. Los aborígenes del Nuevo Mundo no sólo se hallaban privados de cultura, sino que viven como bestias salvajes. Practican una absurda idolatría, sacrifican a sus dioses víctimas humanas y comen la carne de sus semejantes. Desconocen la honestidad y el pudor y son afectos a la embriaguez y la sodomía. Se discutía, incluso, que fueran seres racionales; se les caracterizaba como animales que hablaban”. Los europeos fueron incapaces de comprender las pautas culturales de los nativos, veían sus prácticas como propias de seres bestiales y salvajes, y siempre fruto de la influencia demoníaca.
Los conquistadores, misioneros y colonizadores sólo se dejaron llevar por sus intereses espirituales y materiales, y vieron las tierras descubiertas como una opción de progreso y de ascenso social; ya que, en su mayoría, eran militares, hidalgos y segundones.
No se puede dudar que el enfrentamiento entre el Viejo y el Nuevo Mundo fue un choque entre dos modos de ver la vida muy diferentes.

jueves, 7 de junio de 2007

Reflexiones (IV)

El Anarquismo como Utopía

Observo en algunos blogs amigos que se hace una seria apología de la Anarquía como alternativa a la Democracia o a los sistemas políticos de nuestros días. Es plenamente cierto que el estado ideal de una sociedad es el de la libertad total y, quizás, el anarquismo. No obstante, en una comunidad global tan compleja como la del siglo XXI no deja de ser una utopía seguida por unos cuantos soñadores. Muy a mi pesar, no imagino el mundo actual sin unas instituciones que lo controlen.

Por otro lado, puede observarse claramente como, hasta en las uniones más simples de personas que podamos imaginar aparece, en cierto modo, la política. Como ejemplo pongo las bandas de cazadores-recolectores, en las que se da cierta jerarquización, a pesar de que algunos antropólogos insisten en el igualitarismo de estos grupos. Sólo basta con que uno de los miembros tenga más prestigio que el resto de componentes del grupo para que se de jerarquía y política, aunque sea de una forma primigenia.

La Anarquía, por lo tanto, nació como una utopía y así seguirá.

miércoles, 6 de junio de 2007

Las cruzadas

Las cruzadas son las expediciones que emprendieron los cristianos de Europa occidental, entre los siglos XI y XIII, para rescatar a Jerusalén y el sepulcro de Cristo del poder de los turcos. Se les dio el nombre de cruzadas porque los hombres que tomaban parte en ellas adoptaban como señal distintiva una cruz de tela roja cosida a sus vestidos.
La causa principal de las cruzadas fue la aparición en Oriente de un pueblo musulmán llamado turcos seldyúcidas. Fueron los encargados de destruir el imperio árabe de Bagdad y de atacar el imperio bizantino, tomando el Asia Menor, y dejando amenazada Constantinopla.
En el año 1078 se apoderaron de Jerusalén, lugar que ya se encontraba en manos de los musulmanes árabes, quienes habían respetado los lugares sagrados (como el Santo Sepulcro de Cristo) y permitido las peregrinaciones de los cristianos. Los turcos seldyúcidas o fanáticos persiguieron a los peregrinos e incluso los torturaron. Por esta razón, Tierra Santa se convirtió en un lugar vedado para los cristianos, quienes no pudieron acercarse a la tumba de Cristo.

Se realizaron ocho cruzadas, dos de las cuales fueron preparadas y dirigidas exclusivamente por señores; las otras seis se convirtieron en verdaderas expediciones reales.