Hordas bárbaras de hoy

El limes territorial europeo se extiende, en la actualidad, desde el Mar Ártico al norte hasta el Mar Mediterráneo al sur. Asimismo, abarca desde Rusia al este hasta Portugal al oeste. En parte, el territorio fronterizo del continente está delimitado por mojones, aduanas o marcas geográficas cualquiera. No obstante, la mayor delimitación no es tanto geográfica como económica, social o política, o todo a la vez. Existen, por lo tanto, otros muchos elementos que marcan las barreras entre continentes vecinos, pero tan lejanos a la vez. Quizás África esté separa de Europa por algo más que el estrecho de Gibraltar. Hay grandes contrastes en factores como la renta per capita, el nivel de empleo, la disponibilidad de agua potable y energía, la alimentación, la salud, la educación, etc. In extremis, se puede reducir en muchos casos esta frontera como una línea que separa la vida de la muerte. Lo más grave es que todavía se escuchan voces de quienes, desde el lado agraciado de la frontera, no comprenden por qué llegan oleadas de pateras a nuestras costas. La única solución que aportan es que los inmigrantes sean repatriados. Según algunos estudios fundamentados que he leído últimamente, el mundo produce suficiente alimento como para abastecer a los más de seis mil millones de habitantes del planeta. Creo que la solución no está en repatriar, sino en modificar las políticas de los gobiernos de los países enriquecidos. Practicar una política exterior más orientada a beneficiar el desarrollo de los países empobrecidos, para que puedan llegar a valerse por sí mismos. Pero creo que esto no le vale al capitalismo que impera.
Señores europeos, nosotros somos los únicos culpables de las oleadas de inmigración que estamos sufriendo en los últimos tiempos. Las personas que abandonan su familia, su tierra y su vida, no lo hacen por causas menores. Lo hacen porque buscan un futuro mejor o, simplemente, no morir en una guerra, de hambre o de una epidemia en su país.
Se me ocurre hacer un paralelismo con las invasiones bárbaras que sufrió el Imperio romano en el siglo V d.C. En 406 d. C. aparecieron en Europa, cruzando la frontera natural del río Rhin, unas oleadas de tribus bárbaras huyendo de los Hunos, la tribu asiática enc
abezada por Atila. Las tribus de vándalos, suevos y alanos se vieron entre la espada y la pared, y eligieron entrar y enfrentarse al Imperio Romano antes que hacer cara a los Hunos. Las provincias fronterizas de Roma, por lo tanto, comenzaron a recibir oleada tras oleada de bárbaros. El emperador tuvo que llamar a sus legiones de las provincias más alejadas para defender los territorios centrales. De este modo, las legiones tuvieron que abandonar Britania y dejársela a los Pictos y Celtas, que más tarde serían invadidos por Anglos, Sajones y Jutos huyendo también del avance de los temidos Hunos.
En el año 450 d. C., aproximadamente, el imperio romano de occidente estaba ya muy debilitado. Fue Odoacro, un jefe de un ejército mercenario bárbaro, el que encabezando a los ostrogodos depuso a Rómulo Augústulo, el último emperador en Roma, y se declara rey de Italia en 476 d. C.
En el siglo V d.C., prefirieron enfrentarse al todo poderoso Imperio Romano antes que a las hordas de los Hunos. Los inmigrantes que llegan a nuestras tierras en la actualidad, procedentes de países más pobres, prefieren enfrentarse a los muros que interpone el Imperio Capitalista, antes que enfrentarse a los “Hunos” en su país.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Es complicado hacer políticas exteriores favorables a los paises poco desarrollados sin perjudicar el sistema capitalista.
Marta
Antrophistoria ha dicho que…
"¿Dónde vives?", le preguntó el Posible al Imposible. Y él respondió: "En el sueño de los impotentes".
Rabindranath Tagore