¿Fachadas mudéjares en Llerena? La terminología y la interpretación del Arte Mudéjar.

Ventana geminada de Llerena.
En los últimos años, se está realizando en el pueblo de Llerena una labor de recuperación, restauración y puesta en valor de las construcciones mudéjares. Son muchas las voces que suenan protestando por no considerar como mudéjares todas aquellas edificaciones en las que se está interviniendo. No es fácil identificar los elementos constructivos mudéjares ya que, ni siquiera la bibliografía especializada llega a un acuerdo sobre lo que se puede o no denominar mudéjar. La polémica no me ha dejado indiferente, así que puse manos a la obra y busqué alguna información sobre lo que genéricamente, por decirlo de alguna manera, se denomina mudéjar. Pues bien, según la Real Academia de la Lengua Española, mudéjar es “el estilo arquitectónico que floreció en España desde el siglo XIII hasta el XVI, caracterizado por la conservación de elementos del arte cristiano y el empleo de la ornamentación árabe”. La verdad es que esta definición me parece muy pobre, vaga e imprecisa. Primero, porque no se puede emplear la palabra “árabe” para designar todo lo relacionado con la cultura islámica o musulmana, que serían los términos más correctos. Y, segundo, porque en la definición oficial de “mudéjar” no se menciona ninguna de sus características fundamentales. Queda, por lo tanto, en evidencia la inexactitud que la Academia muestra al definir el arte mudéjar.

En mi búsqueda de una definición más exacta me he tenido que remontar a José Amador de los Ríos, que en su discurso de ingreso en la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando de Madrid, en 1859, fue el primero en utilizar el término “mudéjar” aplicándolo a una manifestación artística. Lo mostraba indicándolo como “El estilo mudéjar en arquitectura”. Desde entonces, se suceden los intentos de sustituir este término por otro, ya que se considera poco afortunado para este estilo. De hecho, si nos atenemos a su etimología, “mudéjar” es una palabra que deriva del árabe mudayyan, y que significa “aquel a quien se ha permitido quedarse”. Por lo tanto, es un sinónimo de moro y, en consecuencia, tiene un carácter étnico, lo que no deja de provocar reacciones contrarias y muchas confusiones en su interpretación.

En 1888, en una serie periodística sobre los estilos en las artes, Pedro de Madrazo proponía que las manifestaciones artísticas no se designasen por la condición personal de sus artistas sino por sus características formales. Por ende, para evitar cualquier connotación étnica en el concepto artístico de mudéjar, Vicente Lampérez en su monumental "Historia de la arquitectura cristiana en la Edad Media" (1906), lo define como un arte no sólo hecho por los islámicos sino también por los cristianos adoctrinados en la cultura islámica. Se eliminaba así cualquier posible interés por la condición social del artista. No obstante, en 1933 Elie Lambert apuntilla más el tema al proponer como fenómeno habitual la realización de obras mudéjares sólo por maestros cristianos y la de obras cristianas por maestros musulmanes.

La confusión que se generó hizo que disminuyera el papel que los maestros de obras musulmanes jugaron en la creación del arte mudéjar y en la transmisión de su sistema de trabajo. El desinterés que se produjo por la condición social del artista no se evidencia en ninguna otra manifestación o estilo artístico.

El marqués de Lozoya, en su monumental "Historia del arte hispánico" (1934), hizo posiblemente el mayor intento por sustituir el término mudéjar. Utilizó la palabra “morisco” como sinónimo de moruno o de moro, empleados como adjetivos, haciéndola equivalente a la de “mudéjar”. Por lo tanto, para Lozoya “morisco” y “mudéjar” son términos equivalentes, aunque da prioridad al primero por considerarlo más castizo y expresivo. Por otro lado, el empleo del término “morisco” complica y confunde el problema tanto como el de “mudéjar”, ya que en castellano ambos, además de su significación como adjetivo, tienen otra como sustantivo. Los moriscos, o cristianos nuevos, son los musulmanes convertidos forzosamente al cristianismo. Este fenómeno sucedió en Castilla en 1502 y en Aragón en 1526. De esta manera, Balbina Martínez Caviró ha propuesto no hacer uso del término morisco para designar al arte mudéjar del siglo XVI, haciendo coincidir así el significado del adjetivo y del sustantivo.

En consecuencia, en la actualidad el término mudéjar no tiene el mismo significado para los historiadores que para los historiadores del arte. Por lo tanto, existe para los medievalistas una historia de los mudéjares, entendidos como las minorías étnicas musulmanas hasta su conversión forzosa al cristianismo. Y, por otro lado, existe una historia de los moriscos, que define a estas mismas minorías a partir de su conversión, pero empleada por los historiadores de la Edad Moderna. Por su parte, los historiadores del arte usan el término mudéjar como una categoría de periodización artística, que engloba por igual tanto el período medieval como el moderno. Al contrario de lo que sucede en la Historia, lo emplean vaciando el término de cualquier connotación étnica.

Otro término que ha provocado cierta confusión en la interpretación del arte mudéjar es el de “mudejarismo”, que desde el año 1975 ha dado nombre a los Simposios Internacionales de Teruel. Esta palabra surge en el siglo XIX, con un matiz peyorativo, para aludir al movimiento de entusiasmo provocado en los seguidores del arte mudéjar. En siglo XX, tanto el marqués de Lozoya como Diego Angulo utilizan de forma diferente el término de “mudejarismo”, empleándolo para designar de un modo más vago, difuso e inconcreto al fenómeno artístico mudéjar. Se habla, por lo tanto, de “mudejarismo” para aludir a cualquier rasgo o aspecto aislado de influjo musulmán en el arte cristiano. Este uso ha dañado notablemente la interpretación de este estilo artístico, al extenderlo inadecuadamente a construcciones que no son mudéjares, contribuyendo así a la indefinición o a la imprecisión de esta manifestación artística.

Por último, hay otras terminologías que se emplean inadecuadamente, pero que se vienen arrastrando durante toda la historia del arte mudéjar. Me refiero, por un lado, a las expresiones de “románico de ladrillo” o a la más genérica de “arquitectura de ladrillo”; y por otro lado a las de “románico-mudéjar” o “gótico-mudéjar”. Estos términos no consideran al mudéjar ni siquiera como un fenómeno ornamental, y lo reducen a una simple versión en ladrillo del arte románico o del gótico. No se trata, por lo tanto, de una simple variedad del románico o del gótico sino que el mudéjar es una nueva expresión artística diferente a los estilos que imperaban en el arte occidental europeo. Las técnicas desarrolladas en los trabajos del mudéjar no utilizan el ladrillo solamente en su función constructiva, sino que también lo emplean con una función puramente ornamental. Así, podemos encontrar este material formando parte de unas composiciones ornamentales que se adscriben a la tradición islámica. En consecuencia, no se debe reducir la denominación de mudéjar, ni su forma de construcción, a una simple “arquitectura de ladrillo”, y menos aún cuando no está presente su sistema de trabajo propio.

En la actualidad, las divergencias terminológicas e interpretativas no parecen superadas todavía. En 1990, en su manual sobre el arte gótico en España, José María Azcárate propuso que se sustituyera el término de “mudéjar” por el de "arquitectura cristiana islamizada". Pone así en evidencia su intento de conciliación y, al mismo tiempo, muestra la debilidad interpretativa de la historiografía nacional en este campo, al no resolver el dilema cultural del arte mudéjar al formularse en primer término el aporte cristiano. Es evidente, por ende, que en las futuras interpretaciones del mudéjar se deberá poner un mayor énfasis en la precisión de la interpretación de sus contenidos artísticos.

En conclusión, puede deducirse que no es fácil vislumbrar si es estrictamente mudéjar todo lo que reluce en Llerena. En las grandes construcciones de las grandes ciudades no es tan complicado diferenciar los estilos artísticos y sus elementos compositivos. Es más fácil encasillarlos en unas épocas y en unos órdenes artísticos concretos. Sin embargo, en las poblaciones más pequeñas o en las zonas más aisladas, con infraestructuras y comunicaciones inferiores, y más aún en las épocas que estamos tratando, los estilos artísticos se hacen más recurrentes, perduran más en el tiempo y, por lo tanto, se desdibujan o matizan las características fundamentales que lo componen. Según lo visto, no es fácil clasificar las fachadas llerenenses como mudéjares, primero por la indefinición de este estilo artístico, y segundo por su datación, en muchos casos posterior a los siglos que van del XIII al XVI, que son los estrictamente mudéjares. En este estado de la cuestión que cada uno saque sus propias conclusiones.
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Imágenes: Llerena

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