Caminando hacia Asta Regia. De Chipiona a Sanlúcar.

Sobre la base de las más sólidas investigaciones y, asimismo, de acuerdo con lo expuesto en otras ponencias de las I Jornadas Históricas de Regla (Chipiona, septiembre 2008, en las que hemos tenido el honor de participar), parece evidente que la "chipionera" Caepionis Turris, ho Kaipí?nos pýrgos de Estrabón, Geografía III 1,9 (o Monumentum Caepionis, Mela, Chorographia III 4), "admirablemente construida, como el Faro (de Alejandría) para salvar a los navegantes", según el geógrafo griego, no puede desvincularse del templo de esa diosa "que trae la luz", la Phosphóros que menciona este mismo autor junto a la "sanluqueña" Ebura (kaì pólis Eboûra kaì tò tês Phosphórou hierón; recuérdese allí el Cortijo de Ébora, con tesoro incluido).

Si fue Cepión y quién fuera ese Cepión son dos cuestiones espinosas. Quizá no se trate de Quinto Servilio Cepión, el que fue cónsul en el 140 a. C., provocó el fin de Viriato y murió hacia el 112 a. C., sino de uno de sus descendientes (hijo y nieto) del mismo nombre. Y en cuanto a si es Cepión o Escipión (de ambos puede venir el nombre de Chipiona), el problema queda por resolver, porque el Escipión del historiador bizantino Jordanes y, luego, de nuestro Gregorio Mayans, tiene hoy modernos defensores.

Otro enigma es por ahora la ubicación de aquel magnífico faro. Como poco, desde el gran A. Schulten se ha señalado el islote de Salmedina como lugar idóneo (sin que por ahora lo corrobore la arqueología). Sin embargo, con frecuencia me ha llamado la atención el calificativo que en el texto estraboniano recibe el sitio. Desde el punto de vista filológico creo que no hay razón para defender "una isla" (al menos en el siglo I a.C.). Estrabón escribe que la torre está edificada epì pétras amphiklýstou, "sobre una peña bañada a ambos lados por las olas", y no "alrededor", periklýstou, como lo es la isla de Delos en el Himno homérico a Apolo, u otras islas en otros autores. Nuestro paisano Mela, además, precisa: monumentum Caepionis, scopulo magis quam insulae impositum, "el Monumento de Cepión situado más bien sobre un peñasco que sobre una isla", donde scopulus entendemos que es "peñasco, promontorio, saliente de piedra" sobre la costa (no "escollo"), como por ejemplo y de manera muy clara en pasajes de Catulo, Virgilio y Ovidio. No es de extrañar, por tanto, que la torre se hubiera alzado en el importantísimo paraje que hoy llamamos de Regla: por tanto, en un cabo, en occidente y junto a la desembocadura de un gran río, el Betis: tres elementos que garantizan la sacralidad del enclave.

Por otro lado, el templo de la (diosa) Phosphóros de Estrabón plantea también interesantes incógnitas (recuérdese que el término aquí es femenino, por el artículo, tò tês Phosphórou hierón; mientras que el Phosphóros, el lucero matutino y vespertino, el planeta Venus, es masculino en griego).

Y es que en los mejores manuscritos se lee Loucemdoubían (en latín Lucem dubiam). Otros editores, con menos acierto (creo), preferían la lectura Loûkem Dibínan, apoyándose en inscripciones del territorio lusitano que documentan una diosa Luce divina. Para García y Bellido este teónimo debió de pasar a Sancta Lux, "Santa Luz", y de ahí a Sanlúcar (Saluqa en fuentes árabes). En Sanctus Lucus, "bosque sagrado", pensaba don Isidro García del Barrio Ambrosy (también se ha hablado de Sanctus Locus, "Lugar Sagrado"; con permiso de la etimología árabe); mientas que, según Juan Gavala y Laborde, la palabra Sanlúcar se originó de Lucifer (gr. Phosphóros), alterado más tarde en "Lucer" o "Lucar" y con la adición del prefijo "San" (por haber confundido probablemente los habitantes los nombres de Lucar y Lucas).

Desde luego preferimos la lectura de los manuscritos y opino con otros investigadores que el femenino Phosphóros designa a Ártemis-Hécate o a una diosa de la luna. Sin ir más lejos, el epíteto ph?sphóros se aplica en la literatura griega a Ártemis y a Hécate (en Calímaco, Eurípides y Aristófanes). Por su parte, lux dubia en Ovidio es el "crepúsculo", lo que está en consonancia con un culto "vesperal", del poniente, la región de las sombras (Odisea XI 14 ss.), de los confines del océano, adonde "nunca nadie llegó en su negro navío" (Odisea X 502).
Extraído de Diario de Jerez
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