El Carambolo sigue en un banco 50 años después de su hallazgo.

El más famoso de los tesoros tartésicos no se expone de forma permanente desde hace 30 años por la falta de seguridad y la precaria situación en la que se encuentra el Museo Arqueológico.
Tal día como hoy, el 30 de septiembre de 1958, un grupo de albañiles que trabajaban en la ampliación de la Real Sociedad de Tiro de Pichón de Sevilla, en el Cerro del Carambolo (Camas), encontraron fortuitamente un tesoro que suponía la primera evidencia material del mítico reino de Tartessos, hasta ese momento sólo conocido por las fuentes escritas.

En estos 50 años ha llovido mucho, pero aquel tesoro compuesto por 21 piezas de oro de 24 kilates lleva 30 años custodiado en una cámara acorazada de un conocido banco y privado de su exposición permanente. Las administraciones públicas no pueden garantizar del todo la seguridad de un conjunto de gran valor histórico y artístico, pero que apenas pesa tres kilos (2,95 kilos, para ser exactos).

La historia de por qué todo un símbolo de la protohistoria sevillana sigue oculto a la ciudadanía y a los turistas es tortuosa (sólo se pueden ver reproducciones más o menos afortunadas). Según la Ley vigente en el momento del hallazgo, el Estado era el titular de todas las piezas arqueológicas de interés que se encontrasen en territorio nacional, aunque debía indemnizar tanto al descubridor como al propietario de los terrenos donde se realizaba el hallazgo. Sin embargo, el Ayuntamiento de Sevilla (consciente de que entonces todas las piezas de valor eran trasladadas al Museo Arqueológico Nacional, en Madrid) pidió al Estado la titularidad del tesoro del Carambolo. En un contrato un tanto extraño para la época, el Gobierno de Madrid accedió a las pretensiones de Sevilla con dos condiciones: el Consistorio hispalense debía pagar la indemnización antes mencionada (un millón de pesetas de la época) y se comprometía a que se expondría en el Museo Arqueológico de la ciudad, a no ser que entre las dos partes se decidiese lo contrario.

Aunque desde 1967 el tesoro, que Juan de Mata Carriazo dató entre los siglos VIII y III a. C., se expuso en el Museo Arqueológico, en 1978, después del famoso robo en la Cámara Santa de Oviedo (el 10 de agosto de 1977), se decidió el traslado de las piezas a la caja de seguridad de una conocida entidad bancaria en el centro de la ciudad. Desde entonces, el Tesoro del Carambolo, la principal joya arqueológica de la provincia de Sevilla, no se ha vuelto a exponer permanentemente (sólo se ha podido ver en cuatro muestras temporales en 1990, 1992, 1997 y 2000).

A estos 30 años habrá que sumarle algunos más. A fecha de hoy, ninguna de las tres administraciones implicadas (Ayuntamiento, Junta de Andalucía y Estado) saben cuándo se volverá a exponer permanentemente el Carambolo. Los problemas fundamentales son dos: la falta de seguridad (haría falta una cámara acorazada que en el año 2000 se valoró en unos 300.500 euros); y el estado precario en el que se encuentra el Museo Arqueológico que, pese a ser el segundo de España en cantidad, variedad y calidad de los fondos, sigue a la espera de que el Estado (titular del edificio, aunque la gestión corresponde a la Junta) acometa definitivamente las obras de remodelación de un espacio que presenta demasiados achaques y que pide a gritos una nueva puesta en escena de sus contenidos. Algo complicado si se tiene en cuenta que en Madrid, hoy por hoy, la prioridad es la ampliación del Museo de Bellas Artes de Sevilla.
Extraído de Diario de Sevilla

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