domingo, 28 de diciembre de 2008

Albert Pla

“EL lado más bestia de la vida”

Iglesia del Salvador de Sevilla y su historia.

Las dos historias del Salvador.
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De mezquita mayor a templo clasicista con interior barroco: ésa es la biografía del Salvador puesta al descubierto por la restauración del edificio. Su pasado puede llegar más lejos: a la época romana: Quizá hubiera allí una basílica después convertida en templo cristiano. No hay evidencias documentales pero columnas y capiteles del patio sugieren ese pasado. Sí está determinado que el solar acogió a la mezquita Addabás, aljama de la ciudad hasta que el aumento de población exigió mayor recinto. Del pasado árabe queda a la vista el patio (disminuido recuerdo del dedicado a las abluciones) y la parte baja del alminar, que se levanta en la calle Córdoba. Lo demás estaba literalmente enterrado, como los restos de la iglesia colegiata en que se convirtió la mezquita, tras la conquista, girando su orientación: hacia levante en lugar de mirar al sur.
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Los clérigos de la colegiata mantuvieron, frente a la catedral, la dignidad del templo. Quizá por eso querían convertirlo en una gran iglesia. Iniciadas las obras en 1671, errores de cimentación hundieron la estructura. Las intervenciones sucesivas de Granados de la Barrera y Leonardo de Figueroa terminaron el templo en 1712. Su concepción era clásica y su interior luminoso pero los retablos mayor y sacramental le añadieron espléndida impronta barroca.
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El libro une a estas vicisitudes la reseña de los arquitectos que intervinieron en la obra, las influencias que el templo tuvo en edificios posteriores y la incomprensión que sufrió durante el siglo XIX y buena parte del XX. ¿Pudo esta mala fortuna crítica (y la conversión en parroquia) influir en el relativo abandono del templo?
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A todo ello hay que añadir otra historia, la de la restauración que ha ocupado al autor, el arquitecto Fernando Mendoza, durante más de veinte años. Las primeras alarmas, en 1987, sólo llevaron a intervenciones puntuales. En 2003, la notoria precariedad del edificio y cierta presión cívica lograron que se abordara un proyecto de alcance que ha permitido precisar y remediar el principal riesgo para la estabilidad del templo (un brazo fósil del río que corre en su subsuelo), sacar a la luz los restos de la antigua colegiata (protegidos en una cripta por un forjado de hormigón), devolver la claridad clásica a sus trazas y recuperar el brillo sensual de los retablos oculto por centímetros de polvo y hollín.
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Hay finalmente en el libro dos aspectos de sumo interés para quien se acerca a él: uno de ellos, la información gráfica dada por casi 800 fotos y unos 220 planos. El otro, que la restauración, como muestra el autor, fue un esfuerzo colectivo en el que han cooperado numerosos investigadores y especialistas. Un libro pues en el que se aprenden muchas cosas. No sólo del pasado remoto.
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Extraído del Diario de Sevilla

sábado, 27 de diciembre de 2008

Sobre la diversidad.

A medida que nos acerquemos al aniversario de los 150 años de la Teoría de la Evolución de Darwin veremos un crecimiento exponencial de artículos sobre este genial personaje y también sobre dicha formulación. Uno de los conceptos que nos pueden resultar más impactantes es el de diversidad específica. En esta corta aportación quiero hacer una reflexión diacrónica sobre la pérdida de diversidad de nuestro género, el género Homo.

Como es bien conocido, nuestro género emerge en el Plioceno africano hace unos tres millones de años. Desde este momento el linaje humano ha ido prosperando de tal forma que en la actualidad el único homínido vivo es el Homo sapiens. Lo más importante consiste en explicar que antes no siempre había sido así. Solamente hemos de retroceder unas decenas de miles de años y nos encontramos que en nuestro planeta vivían cuatro especies: Homo erectus y Homo floresiensis en Asia, Homo Neanderthalensis en Europa y el Oeste de Asia, y el Homo sapiens en África y Euroasia.

Ahora nuestro género solo esta representado por una única especie: el Homo sapiens. La pérdida de diversidad ha sido vertiginosa desde hace unos 15.000 años y sólo nosotros sobrevivimos a la extinción. Esto debe ser un toque de atención. La desaparición de la diversidad biológica de nuestro género la hemos corregido con el aumento de diversidad social y cultural; de esta manera hemos compensado la presión selectiva del medio.

La importancia que ha tenido para nuestra evolución como especie la selección cultural solamente se visualiza cuando ésta juega un papel determinante en los procesos de adaptación. En este sentido, adquisiciones como la conciencia han sido fundamentales para poder autoanalizar nuestra propia trayectoria. La misma Teoría de la Evolución es un producto de la selección cultural.
La diversidad es una estrategia del espacio tiempo singular del planeta para poder asegurar a los organismos mecanismos de resistencia frente a la presión del medio. Al adaptase a través de distintas estrategias se consigue aumentar la eficacia y, como consecuencia, crecer demográficamente, lo que a la vez permite extenderse espacialmente y conquistar nuevos territorios. Esto permite la especiación por alopatría, cosa que favorece la emergencia de organismos más preparados para el contexto donde se desarrollan, incrementándose de este modo la diversidad de un mismo género.

Nuestra especie se ha extendido por todo el planeta de esta manera. Así pues, vivimos en toda la superficie de los diferentes continentes y estamos en conexión, la especiación por alopatría ya no es posible. Esto plantea una ruptura evolutiva respecto a las especies que nos habían precedido. Esta ruptura tecno-social tiene que prepararnos para la integración de la diversidad.

La evolución es el marco en el que los organismos emergemos y nos reproducimos. Los humanos como organismos con conciencia tenemos que ser capaces de construir una organización humana que pueda corregir los efectos de la selección natural, lo hemos de hacer con la selección técnica de la que Darwin, por supuesto, ya nos habla en su libro 'El origen de las especies'.

La selección técnica matizará los efectos de la selección natural, será mejor; por lo menos, así lo deseamos.

Extraído de El Mundo

miércoles, 17 de diciembre de 2008

La civilización 'yope' muestra sus tesoros.

Un nuevo centro arqueológico en México muestra los restos de un grupo social que sobrevivió a los aztecas.

Este martes ha sido inaugurado en México un centro arqueológico de la cultura yope, que nunca llegó a ser sometido por los aztecas. La zona arqueológica de Tehualco, situada en el estado de Guerrero, es un antiguo centro ceremonial yope, y se compone de estructuras piramidales, petrograbados y cuevas de culto al Sol, entre otros elementos arqueológicos y astronómicos.

"Su importancia radica en que fue uno de los pocos señoríos que lograron mantenerse independientes a los tenochcas (aztecas), porque nunca pudieron ser sometidos, tal vez por lo abrupto del terreno donde se asentaron", ha explicado el responsable del proyecto arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Miguel Pérez Negrete.

Entre las estructuras monumentales destacan el Juego de Pelota, que mide 37,8 metros de longitud, y la pirámide denominada La Incinera, con altura de 20 metros, sede de rituales relacionados con el culto al Sol al agua, y de medición del tiempo, que eran realizados por sacerdotes y gobernantes.

Según Pérez Negrete, los yopes fueron destacados ingenieros que desarrollaron un tipo de construcción que permitía que las estructuras y los muros tuvieran movilidad en caso de temblores, muy frecuentes en la región.

Extraído de El País

Descubren dos nuevas especies de dinosaurio en el desierto del Sáhara.

Un equipo de científicos ha descubierto dos posibles especies nuevas de dinosaurio durante una expedición al desierto del Sahara. Según ha informado la Universidad de Portsmouth (Reino Unido) en un comunicado, el hallazgo constituye uno de los hallazgos "más apasionantes que ha dado la paleontología en África en los últimos 50 años".

Se trata de un hasta ahora desconocido saurópodo, un dinosaurio vegetariano de enormes proporciones, y de una nueva especie de pterosaurio, el primer reptil que desarrolló la habilidad de volar, que se considera que vivieron hace casi 100 millones de años.

Los fósiles de ambas especies prehistóricas fueron encontrados por un equipo conjunto de investigadores de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido), el University College de Dublin y la Universidad Hassan II de Casablanca (Marruecos).

El hallazgo se produjo en el sureste de Marruecos, cerca de la frontera con Argelia, y los investigadores subrayaron que es "extremadamente raro" descubrir restos de estas características.

Los fósiles encontrados corresponden a un gran fragmento del pico del pterosaurio y a un hueso de un metro de longitud del saurópodo, que indica que perteneció a un animal de 20 metros de longitud.

El trabajo en el desierto del Sahara estuvo dirigido por el profesor Nizar Ibrahim, del University College de Dublin, quien destacó que "encontrar dos especímenes en una expedición es sorprendente, sobre todo teniendo en cuenta que pueden representar especies completamente nuevas".

David Martill, paleobiólogo de la Universidad de Portsmouth, destacó que "los animales vegetarianos son poco comunes en esa región, por lo que encontrar uno de este tamaño es muy emocionante".

"Se trata de un gran descubrimiento", añadió Martill, quien subrayó que el hallazgo es la culminación de una búsqueda que comenzó en 1984, cuando una tormenta de arena le impidió poder excavar en el lugar donde ahora se han encontrado los restos.

El profesor Ibrahim será a partir de ahora el encargado de analizar en detalle los fósiles y determinar de manera fehaciente lo que ahora mismo es una certeza casi absoluta.

"Tras nuestro primer examen sobre el terreno, estamos casi seguros de que tenemos dos nuevas especies en nuestras manos", dijo Ibrahim, quien estudiará los restos durante los próximos seis meses y elaborará una tesis con los resultados de la investigación.

Los paleontólogos estuvieron un mes en el desierto y recorrieron en un todoterreno más de 8.000 kilómetros, atravesando las montañas del Atlas y luchando contra tormentas de arena e inundaciones, en lo que describen como una aventura "al estilo Indiana Jones".

Tras descubrir el hueso del saurópodo tuvieron que ir al pueblo más cercano para conseguir yeso con el que protegerlo de las fuertes lluvias que caían, lo que implicó cruzar varios ríos inundados de noche con el agua entrando por las puertas del todoterreno.

Las lluvias también les tuvieron aislados durante 4 días en la cordillera del Atlas por la crecida del río Ziz y tuvieron que bajar el hueso del saurópodo de una montaña, encima de una carretilla de madera, tras retirar miles de piedras del camino.

"Hubo un momento en el que nos cuestionamos si podríamos salir del desierto con el hueso, pero habíamos trabajado tan duro para encontrarlo que nos resistimos a dejarlo atrás. Nos costó cinco días desenterrarlo y bajarlo de la montaña", relató Ibrahim.

Pero los problemas no terminaron ahí, añadió el profesor, porque el peso del hueso hundía constantemente las ruedas del todoterreno en las dunas, lo que convirtió el regreso en un via crucis.

Todo por la ciencia y por tener nuevas evidencias, afirmó el profesor Ibrahim, de que "hace millones de años el Sahara era un vergel tropical, en el que vivían dinosaurios gigantes, un lugar totalmente distinto al desierto de polvo que podemos ver hoy".

Tras su estudio en Dublin, los huesos viajarán a Marruecos para ser expuestos en un museo de ciencias naturales por determinar.

Extraído de El Mundo

Reconstruyen las sequías de los últimos 500 años gracias a los archivos catedralicios.

Un grupo de investigación español ha reconstruido las series de sequías de 1506 a 1900 a través de los registros de ceremonias de la Catedral de Toledo, para observar la variabilidad de los periodos de escasez de lluvias en España en los últimos 500 años.

A los registros ceremoniales se suma el análisis a corto plazo de datos meteorológicos y de los anillos de crecimiento de los árboles, según informa el servicio de noticias científicas SINC.
La recopilación de documentos históricos como los registros de las rogativas de la Catedral de Toledo y Municipales (ceremonias cuyo origen se remonta a ritos agrícolas romanos) ha permitido a los investigadores caracterizar el periodo climatológico de 1506 a 1900 en Toledo y Madrid, en especial extremos climáticos como las sequías.

Después de procesar la información, los científicos han publicado su trabajo en 'Global and Planetary Change'. Su artículo muestra que durante la mayor parte del siglo XVI en España las sequías fueron escasas y más cortas que en los siguientes períodos.

Del periodo de 1676 a 1710 hubo menor estrés hídrico y el siglo XIX se caracterizó por una menor frecuencia de sequías. Sin embargo, «de finales del siglo XVI hasta el siglo XVIII fue el período con las sequías más severas registradas», subraya a SINC Juan I. Santisteban, uno de los autores del estudio e investigador en la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Durante la llamada Pequeña Edad de Hielo, que coincide con el intervalo de tiempo estudiado, los investigadores afirman que «las sequías fueron más frecuentes e intensas que en otros períodos». Precisamente, ese periodo de tiempo se caracterizó por un descenso medio de las temperaturas en Europa. La Pequeña Edad de Hielo supuso frío para el continente y sequías para España. La investigación no permite aclarar si las sequías climáticas actuales son más duraderas que las pasadas, «pero la mayor demanda actual de agua hace percibir los descensos en su disponibilidad como un mal acuciante», añade Santisteban.

El trabajo coteja también los resultados con los obtenidos de otros registros en el área mediterránea. «Se aprecian notables diferencias en los períodos y duraciones de las sequías: se encuentran períodos lluviosos y de sequía coincidentes en diferentes áreas de la Península Ibérica y entre la mitad septentrional y meridional de esta», apunta Santisteban.

El análisis conjunto de las series y de la presión atmosférica a nivel del mar -elaborado por los investigadores de la UCM, del Instituto Geológico y Minero de España, y de la Universidad de Barcelona- apunta que los períodos de sequías frecuentes coinciden con patrones positivos de la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), una situación anticiclónica en las Azores prolongada.

Sin embargo, añaden que «la topografía de la Península Ibérica puede ser responsable de gran parte de la heterogeneidad del fenómeno de las sequías.

La Iglesia, pendiente de las sequías.

Las ceremonias de la Catedral de Toledo estuvieron sujetas a estrictos protocolos por la Iglesia y variaban en función de la gravedad del fenómeno meteorológico. En España hay constancia con una relativa continuidad desde el siglo XVI en los archivos catedralicios de muchas diócesis.

Los datos de rogativas que han analizado los científicos provienen de tres fuentes: los 121 volúmenes de actas capitulares de la Catedral de Toledo que registran la vida diaria de 1466 a 1599, el libro que empezó Juan Bautista de Chaves Arcayos (quien resumió los libros capitulares de 1434 a 1599 e incorporó sus propias noticias), y los 331 volúmenes de los Libros capitulares (1464-1914), que completan intervalos de las actas capitulares.

Las series de rogativas contienen 341 rogaciones pro-pluvia, 36 pro-serenitate, y 94 misas de agradecimiento (ceremonia para celebrar el final del fenómeno climatológico que llevó hasta la rogativa). Muchas de las rogativas corresponden a ceremonias de primavera.

Extraído de El Mundo

martes, 16 de diciembre de 2008

Keane

“Everybody's Changing”

La Ciudad Perdida está en Medina de las Torres.

El Instituto de Arqueología encuentra los restos de Contributa Iulia, de la que hablaba Plinio en el siglo I; mañana se celebra la primera visita guiada al yacimiento para los vecinos del pueblo.
Indiana Jones sobra en Extremadura. Para desvelar misterios y buscar ciudades perdidas ya está al Instituto de Arqueología, dependiente del CSIC, que ha empezado a dibujar un nuevo mapa del tesoro.

Tras una campaña de excavación de varios meses acaba de confirmar con criterios científicos que los restos de la ciudad romana de Contributa Iulia Ugultuniacum, de la que sólo se tenían noticias por fuentes escritas, está en el pueblo extremeño de Medina de las Torres, de apenas 1.400 habitantes, y situado en la Vía de la Plata, cerca de Zafra.

Contributa era hasta ahora «algo así como una ciudad perdida», explicó ayer Antonio Pizzo, el arqueólogo e investigador que dirige el proyecto científico de la excavación.

El escritor latino Plinio El Viejo hablaba en el siglo I de esta urbe situándola en la provincia Baetica, entre los ríos Baetis (Guadalquivir) y Anas (Guadiana), en la zona de de la Beturia Céltica; estaba en el ámbito jurídico Hispalensis, y poco más se sabía de ella.

Hasta el BOE.

Distintos estudiosos la habían situado en lugares varios, y hasta el mismo Boletín del Estado la ubicó en 1998 en Azuaga.

El 10 de febrero de 1998 se declaró Bien de Interés Cultural al conjunto histórico de esta localidad extremeña, y en el texto de su declaración se especifica que esta población «se levanta en el confín sureste de la Baja Extremadura, centro romano bajo la denominación de Contributa-Iulia Ugultuniacum o Municipium-Iulium».

Lo cierto es que hasta que no se ha completado la primera fase de la excavación de la ciudad romana descubierta en el cerro de Los Cercos, a dos kilómetros de Medina de las Torres, no se sabía con certeza cuál era su ubicación.

Cómo era Contributa.

Los restos encontrados hasta ahora muestran una ciudad congelada en el siglo IV, ya que no se han encontrado estructuras de los siglos anteriores.

Por el momento, esa imagen congelada muestra «una ciudad de tamaño medio, que conserva casi la misma estructura que debió tener en la época fundacional, y que conserva de forma global todas las actividades y estructuras de una ciudad típica romana, con su puesto de control en la puerta, una muralla en funcionamiento, calles muy bien organizadas, estructuras ordenadas y canónicas, con actividad comercial, y también con sus edificios públicos, o por lo menos con uno de ellos, en plena actividad, a pesar de que el siglo IV ya era un momento muy difícil para las ciudades romanas», describe Antonio Pizzo.

El mayor inconveniente es que la ciudad encontrada hasta ahora está muy arrasada, con restos de estructuras que no superan el metro de altura, al igual que ha ocurrido en otras urbes romanas que se fueron vaciando después del siglo IV, permaneciendo después vacías y abandonadas durante cientos de años.

Durante mucho tiempo, explicó Pizzo, Contributa fue como una cantera a cielo abierto de diversos y valiosos materiales. Prueba de ello es la iglesia del pueblo, que fue construida «íntegramente» con sillería de granito procedentes de la ciudad romana.
En su interior también pueden encontrarse trozos de columnas e inscripciones de mármol empotradas en sus muros.

Como aspecto positivo de los hallazgos, el director científico de la excavación destaca que una ventaja de las ciudades abandonadas es que todos los restos parciales que se encuentran están perfectamente contextualizados, y además la base y cimientos de sus estructuras urbanas están sin tocar, por lo que facilitan su interpretación.

Cuando un arqueólogo se encuentra con la oportunidad de poder excavar en una ciudad recién descubierta, «siempre es una incógnita», describe Pizzo.

«Lo más importante que uno espera encontrar, más que lo que se consideran piezas o estructuras bonitas, son restos que permitan restituir una porción válida de la zona para poder reconstruir la historia de la ciudad», señala el investigador.

Tecnología punta.

Antes de comenzar a excavar, el Instituto de Arqueología quiso asegurarse bien de cuál era el terreno que pisaba y para eso no dudó en echar mano de la tecnología más puntera que se ha utilizado hasta ahora en Extremadura en yacimientos arqueológicos: la magnetometría, que registra las diferencias de densidad magnética de los cuerpos del subsuelo.

Los datos obtenidos se interpretan con la ayuda de unos programas informáticos que indican las estructuras que se encuentran en los niveles más bajos del subsuelo.

El aparato y la especialista que sabía utilizarlo (Laura Cerri) se desplazaron a Medina de las Torres desde la Universidad de Siena (Italia), que ya tiene una larga experiencia en su utilización arqueológica y es un referente internacional en este campo.

También se realizó otra planimetría del subsuelo con otro instrumento tecnológico utilizado en otros casos por el Instituto de Arqueología de Extremadura, el georadar, que fue facilitado por el Instituto Tecnológico de la Roca Ornamental y Materiales de la Construcción (INTROMAC).

Cuando terminó todo el proceso de prospección tecnológica, los investigadores cruzaron las planimetrías obtenidas, y se dieron cuenta de que el primer problema al que se enfrentaban era decidir por dónde empezar.

Dada la limitación de recursos y de tiempo disponibles en una campaña de excavaciones, había que elegir bien los lugares en los que se iba a trabajar para obtener el mayor número de datos posible.

Teniendo en cuenta las densidades de las estructuras detectadas con la tecnología, al final se decidió intervenir en dos puntos: en la parte más alta del cerro, donde se habían documentado «restos muy potentes, de gran envergadura», y en otra zona más alejada, colina abajo.

Restos del ¿Foro?

Al parecer, la decisión fue acertada porque, entre otras cosas, se han encontrado los restos del que sería un gran edificio público vinculado a alguna actividad pública, rodeado de una zona pavimentada con restos de mármol.

Dado que la excavación se terminó antes de que pudiera acabarse la prospección de toda la zona por la que continúa la estructura, Antonio Pizzo aún no se atreve a ponerle nombre a este edificio, aunque otros investigadores del Instituto ya casi lo dan por hecho, y barajan la hipótesis de que podría tratarse de los restos del Foro de la ciudad.

Más clara está la interpretación de otros restos descubiertos en esta primera campaña, como una de las puertas de la ciudad, con dos torres rectangulares al lado, y en cuyo umbral de mármol todavía son visibles las huellas que dejó el paso de los carros, o los huecos en los que iban montados los engranajes de hierro que permitían mover la puerta.

La entrada da a una calzada pavimentada con cantos rodados y guijarros que sigue hacia el centro de la antigua ciudad.

Al principio de la calzada, a la derecha, se han encontrado los restos de otra calle donde hay una fuente pequeña y un puesto de control de la puerta.

Las dos calles encontradas definen toda una manzana edificada, situada a la derecha, de índole industrial, «quizás unos almacenes para productos agrícolas». El edificio se distribuye alrededor de un gran patio central.

También ha aparecido un lienzo de la muralla que rodeaba la ciudad, y que se constata que sigue las curvas del nivel del terreno, por lo que se puede hacer una estimación de por dónde continúa.

Empeño de los vecinos.

Quizás la ciudad perdida (hasta ahora) hubiera permanecido enterrada para siempre si no hubiera sido por el empeño del Ayuntamiento de Medina y de sus vecinos, que llevan años llamando a varias puertas hasta conseguir que se excavara el yacimiento en el que aparecieron en el siglo XIX varias esculturas togadas monumentales que adornan ahora el patio del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, destacó Pizzo.

Todo empezó en 1845, cuando tras constatar la presencia en la superficie de restos arqueológicos, en el Ayuntamiento de Medina se decidió crear una Comisión de Monumentos que lideró la primera excavación que se realizó en la zona, dirigida por el estudioso local José Antonio Barrientos.

En esta prospección aparecieron varios restos de época romana, que no se localizaron con exactitud, y que además se vincularon entonces con la mítica Perceiana, el lugar en el que, según la leyenda, el padre de Santa Eulalia habría refugiado a la Santa para evitar su martirio, explicó el alcalde de Medina, Marcos Chamizo, que se confiesa totalmente entusiasmado con los nuevos descubrimientos por lo que ello puede representar para el pueblo.

Estos mismos vecinos podrán participar mañana en la primera visita guiada al yacimiento, a partir de las 12 horas.

El futuro de Medina de las Torres empieza a escribirse con palabras esperanzadas y el entusiasmo de futuros proyectos, todos relacionados con los trabajos de excavación, investigación y conservación de los restos, y con el desarrollo turístico de la zona. La historia se convierte en este caso en sinónimo de puestos de trabajo, y los hallazgos arqueológicos, en simientes de prosperidad.

Proyectos de futuro.

Entre otras cosas, el Ayuntamiento confía en que la Junta les conceda subvenciones para organizar sucesivos talleres de empleo en el que formar profesionalmente a personal para realizar las excavaciones, a la vez que trabajan en las futuras campañas, y también quiere presentar otros proyectos para el desarrollo de la comarca con temas turísticos.
El Instituto de Arqueología también presentará proyectos de investigación para realizar más prospecciones en la zona.

El municipio aspira a la construcción de un centro de interpretación en el que poder colocar las estatuas que se encontraron en el siglo XIX. «El problema es que cuando se encuentran restos importantes en Mérida, se quedan allí, pero cuando se encuentran en otro sitio, se los llevan», criticó el edil.

Marcos Chamizo quiere que la suerte no se limite a pasar cerca del pueblo, sino que se instale en la localidad dando una continuidad al proyecto de investigación. «Espero que esto no sea sólo el boom de un día, que termine olvidándose si no se hace más. Para eso necesitamos mucho apoyo», recordó el alcalde.

Extraído de HOY

Murcia fue el refugio de los 'penúltimos' neandertales.

Hace unos 42.000 años, una nueva especie humana llegó a Europa. Los hombres de Cromañón, como se les conoce hoy, sustituyeron a los de Neandertal, que habían ocupado el continente durante casi 150.000 años. Peor adaptados que los nuevos pobladores, encontraron el que probablemente fue su último refugio en la Península Ibérica. En Gibraltar se han encontrado restos que delatan la presencia de estos homininos hace menos de 30.000 años. Ahora, la datación de otro yacimiento ibérico, el de la Sima de las Palomas del Cabezo Gordo (Murcia) puede proporcionar más información sobre los últimos días de estos parientes cercanos. Varios neandertales murieron allí hace 40.000 años.

“El objetivo fundamental de este estudio ha sido ofrecer pruebas más seguras por tres métodos distintos [carbono 14, estimulación óptica del sedimento y uranio-torio)] de la presencia de neandertales en fechas relativamente recientes”, explica el profesor de la Universidad de Murcia Michael Walker, coautor del estudio publicado esta semana en PNAS. La certeza de las fechas obtenidas sería, según Walker, muy superior a la que se tiene, por ejemplo, respecto a los yacimientos de Gibraltar donde, se cree, vivieron neandertales hasta hace 28.000 años. “No digo que sea el conjunto de neandertales más reciente, creo verosímil que otros sean posteriores, pero es el conjunto mejor fechado en Europa”, asevera Walker.

El artículo de PNAS se refiere también a otra de las grandes cuestiones abiertas sobre los neandertales: la posibilidad de que llegasen a mezclarse con los cromañones. Algunos de los restos hallados en el yacimiento murciano poseen rasgos anatómicos con aspectos propios de los humanos modernos. Walker plantea una de las posibles explicaciones para este refinamiento: “Los neandertales estaban mejorando sus utensilios y esto podría haber relajado ligeramente la presión sobre sus esqueletos, dándoles un aspecto más grácil”. Otra de las opciones sugeridas por el estudio es que existiese un contacto con las poblaciones de cromañones del norte.

El experto en neandertales Antonio Rosas, del Museo de Ciencias Naturales (CSIC), subraya el interés del yacimiento murciano, pero no cree que llegue a demostrar esta última hipótesis. “La variabilidad de los neandertales que han encontrado puede explicarse sin hibridación. Genéticamente, no hay datos que sirvan para afirmar que existió esta hibridación, y la separación genética entre los humanos modernos y los neandertales es muy antigua ”, apunta Rosas.

La incógnita comenzará a resolverse el año que viene. Casi con total seguridad, en 2009 se publicará el primer borrador del genoma del neandertal. Rosas, que colabora en el proyecto, cree que aunque el resultado de la secuenciación no dará una respuesta definitiva, “será contundente”. Por ahora, el yacimiento asturiano de El Sidrón ha sido uno de los pocos en el mundo donde se ha encontrado ADN nuclear. Aunque todavía sin suerte, los investigadores de las Palomas también colaboran con los directores del proyecto para intentar proporcionarles material con el que trabajar. La búsqueda para desentrañar la causa del fatal destino del Homo neanderthalensis continúa.

Extraído de Público

Comunica a la Junta el hallazgo de un posible poblado de la Edad del Hierro.

Su descubridor indica que ocupa 25 hectáreas, y que hay muros de 4 metros de ancho Está a 5 kilómetros de Arroyo de la Luz, a 8 de Brozas y a 10 de Aliseda.

Manuel Iglesias ha comunicado a la Junta de Extremadura el hallazgo de lo que él considera que son las ruinas de un poblado fortificado de la Edad de Hierro.

Indica que aún se conservan restos de la muralla, de unos cuatro metros de anchura; que la muralla tiene unos 2.000 metros de longitud y que el poblado ocuparía unas 25 hectáreas. Ha informado a la Junta que en la muralla se observan vanos de posibles puertas, y que dentro hay diversas construcciones, algunas de gran tamaño (de 12 por 15 metros), así como cerámica a la vista que le parece que se corresponden con las de los siglos VI a II antes de Jesucristo, en plena Edad de Hierro.

Manuel Iglesias explica que el posible poblado se encuentra bordeando el arroyo de Ancianes, en la ribera de Arraya, a unos cinco kilómetros de Arroyo de la Luz, a 8 kilómetros de Brozas y a unos 10 kilómetros de Aliseda.

Destaca la importancia de estas ruinas, ya que tiene 25 hectáreas cuando los castros y castillejos suelen ocupar entre dos y ocho hectáreas. Según documentos que ha estudiado pudiera ser el poblado de los Lancienses. «Según Ptolomeo estaba en territorio Vettón, y según una placa de mármol del puente de Alcántara el poblado se localizaba a unos 30 kilómetros 'hacia naciente'.
Para Manuel Iglesias, el poblado está situado sobre una antigua vía tartésica, en el cruce de la ruta entre los ríos Guadiana y Tajo, y desde aquí controlarían el oro y el hierro que se conseguía en esta zona.

El tesoro de Aliseda.

Para el descubridor del posible poblado de la Edad de Hierro, es curioso, «pero no casual», que el arroyo que lo circunda en parte, se llamé de los Ancianes. Señala que es muy posible que el término 'lanciense' se derive hasta el actual término de 'Ancianes'.

Es importante para él que las ruinas estén a sólo 10 kilómetros de Aliseda, en donde se encontró el mayor tesoro tartésico. Dice que podrían ser un poblado lusitano, celta, vettón o tartésico, pero que deben ser gente más entendida que él los que resuelvan esa cuestión.

Manuel Iglesias es un detectoaficionado, que durante diez años ha mantenido un disputa con la Junta de Extremadura para que le devolviera 443 objetos antiguos que la policía le quitó, cuando en 1995 comunicó a la Junta que con la ayuda de su detector de metales había descubierto una necrópolis íbera junto al yacimiento arqueológico de Botija. Manuel Iglesias fundó la Asociación Extremeña de Aficionados a la Detección Minero-metálica.

La Junta le devolvió parte de los objetos, mediante una sentencia; pero se quedó con 275.

Extraído de HOY

Coldplay

“Clocks”

jueves, 11 de diciembre de 2008

Hallado un códice azteca oculto en una figura del siglo XVI.

El documento contiene caracteres náhuatl sobre registros tributarios.

Un oftalmólogo aficionado a las antigüedades halló por casualidad un códice azteca oculto en una estatua del siglo XVI de un obispo, ha explicado hoy en México el coleccionista. Manuel García Sánchez contó que a él y a su esposa les gusta pasear por el mercado de antigüedades de la Plaza El Ángel de la Zona Rosa de Ciudad de México, y recuerda que una tarde su mujer se encaprichó de la imagen de un santo, tirada en el suelo de una tienda.

La figura estaba cubierta de lodo, con la cabeza separada del cuerpo, y a él no le resultó especialmente atractiva, por lo que regateó el precio inicial de 1.000 pesos (unos 70 dólares). Tras limpiarla y pegar la cabeza, la situaron en el salón de su casa, en Toluca (centro de México), junto a la chimenea y, como vieron que se resecaba mucho la madera, trasladaron la estatua tres años después a la biblioteca.

Una noche, mientras García leía unos documentos junto a la ventana, oyó el sonido de un papel al ser arrugado, buscó la procedencia del ruido y descubrió un papel desprendiéndose de la figura. Al examinarlo halló glifos en náhuatl (una de las lenguas indígenas habladas en México). "El códice para mí es una cápsula del tiempo", sostiene el oftalmólogo. En su opinión, "este códice es anterior a la conquista (1521) y ellos (los aztecas) lo adosaron al santo para evitar su destrucción". "Eso es muy importante porque si lo adosaron, ellos mandaron ese mensaje porque sabían que iban a dejar de existir como nación y como raza, y aunque eso ocurrió, su escrito nos llegó y a mí me hace feliz haberlo encontrado y poder transmitirlo", dijo.
Un registro tributario.

García Sánchez ha remitido la escultura al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para su restauración y para que descifren el mensaje azteca, aunque ya se puede adelantar que su contenido es de tipo económico porque contiene glifos numerales y de territorios, como era costumbre en los registros tributarios de la época. "Va a ser una cosa muy importante porque va a unir dos naciones, los conquistadores y los conquistados, y el sincretismo de dos religiones, la nahúatl y la católica", indicó.

El arqueólogo José Ignacio Sánchez ha explicado que la figura policromada de madera del siglo XVI, probablemente de 1550 o 1560, está muy deteriorada y comida por la polilla y mide 82 centímetros de alto por 22 de ancho. La estatua está cubierta en parte por el códice de 22 centímetros de longitud hecho en papel amate del centro de México, con la escritura hacia adentro para ocultarla.

En pocas ocasiones se han hallado códices en estatuas católicas, apenas hay tres antecedentes, aunque esta es la primera vez que no es una estatua de Cristo de caña. El arqueólogo consideró la posibilidad de que los aztecas ocultaran estos documentos en estatuas sagradas para recordar que las tierras son de los dioses y no de los hombres. García ha cedido los derechos de la escultura y del códice al INAH para que lo expongan de forma itinerante en museos por todo el país y para que participe en 2010 de los actos de celebración del bicentenario de la independncia de México y el centenario de la Revolución.
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Extraído de El País

jueves, 4 de diciembre de 2008

Darwin más que nunca

150 años después, la selección natural continua siendo la espina dorsal de la Teoría de la Evolución y goza de buena salud. Sorprendentemente ahora en nuestro país cada vez se habla más de evolución: en publicidad, en discusiones formales e informales En contextos muy diversos la evolución es un concepto que está en boga y ha pasado a ser un elemento de la realidad social y cultural de nuestra especie. Como muchos otros vocablos que son socializados, nos sirven para entender cómo somos y nos ayudan a pensar y actuar de forma diferente.

Pero, ¿qué es la selección natural? De manera resumida, es la base del cambio evolutivo de los organismos vivos. A través de ella, los especímenes más adaptados sustituyen a los menos eficientes de manera que la acumulación lenta de cambios genéticos beneficiosos a lo largo de generaciones produce el éxito de una especie.

El racionalismo en Europa ha conseguido que evolución sea sinónimo de conciencia social, de conocimiento científico, de pensamiento consistente, etc. La formulación de la selección natural como mecanismo de adaptación y adquisición de caracteres que llevan a la diversidad biológica al planeta ha sido, y al paso que vamos, será la llave maestra del conocimiento sobre la evolución.

La influencia de Darwin en la evolución de la humanidad desde la publicación del 'Origen de las especies', en 1859, ha sido creciente tanto en los ámbitos científicos como en los sociales. Ha habido importantes nuevas formulaciones sobre la Teoría de la Evolución, sobre todo de la mano de Gould con su teoría del equilibrio puntuado, al admitir que la evolución tiene momentos de estasis o de pocos cambios y que en otros momentos los cambios se aceleran y producen transformaciones en cortos períodos de tiempo.

Una aplicación social de las teorías biológicas de la evolución nos llevo al darwinismo social, interpretación que ha servido durante mucho tiempo para justificar formaciones sociales como de la que formamos parte. Es obvio que Darwin no construyó la teoría para ser aplicada de forma poco elocuente a las diferencias sociales ni para justificarlas; hacerlo es una manipulación burda y de bajo perfil científico.

El evolucionismo, según mi punto de vista, tiene que jugar un rol muy importante en la concepción del futuro de la especie. La conciencia crítica y la inteligencia operativa son fruto de la selección natural, pero ahora, la conciencia, que también es un producto de la evolución, debe de servir para desplazar el azar evolutivo y sustituirlo por la lógica del conocimiento y del pensamiento humano.

El 150 aniversario de la Teoría de la Evolución nos puede servir para socializar aún más ese concepto que explica cómo hemos llegado hasta aquí. Leer directamente a Darwin es un lujo y lo aconsejo a los que no lo habéis hecho todavía. Cuántos más descubrimientos hacemos desde las ciencias de la vida y de la tierra, más sólida es esa teoría.

Tuve la suerte de estar en las Galápagos, uno de los lugares que visitó el genial naturalista en el siglo XIX con el Beagle. Desde allí tuve el honor de escuchar al matrimonio Grant, que lleva más de 25 años estudiando la variabilidad de los pinzones, con lo cual habían comprobado de nuevo lo robusta que es la Teoría de la Evolución.

Por consiguiente, hagamos un esfuerzo para conocer más y evolucionemos como humanos a través del conocimiento de la Teoría de la Evolución.
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Extraído de El Mundo

HUMOR: La evolución del hombre, según Manu.

Uno de cada tres españoles tiene marcadores genéticos de Oriente Medio o el Magreb.

Desde el momento en que los Reyes Católicos tomaron la decisión de expulsar a judíos y musulmanes de su Reino, la limpieza de sangre se convirtió en una cuestión fundamental en la sociedad española. Provenir de una familia de cristianos viejos o ser descendiente de musulmanes o judíos suponía obtener un certificado de ciudadanía de primera. Esa discriminación ha desaparecido afortunadamente en nuestros días. Pero, siquiera sea por curiosidad histórica, ¿cuál es el vestigio genético dejado por ocho siglos de presencia musulmana en España y muchos más de convivencia con la población judía?

La genética aporta algunas respuestas. Científicos de la Universidad de Leicester (Reino Unido) y la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona han estudiado el cromosoma Y de los ciudadanos peninsulares y de Baleares y lo han comparado con muestras de norteafricanos y judíos sefarditas para llegar a la conclusión de que uno de cada tres españoles tiene ascendentes moriscos o judíos.

La investigación, publicada por la revista científica ‘American Journal of Human Genetics’, revela que un 10% de la población actual tiene características genéticas propias de los habitantes del norte de África y un 20% de los judíos sefarditas.

Para llegar a esta conclusión, los científicos, liderados por el británico Mark Jobling, llevaron a cabo un análisis del cromosoma Y, únicamente presente en los hombres y que se transmite de padres a hijos, de 1.140 individuos de la península Ibérica y las Islas Baleares.

El investigador de la Unidad de Biología Evolutiva de la Universidad Pompeu Fabra Francesc Calafell explica que las muestras analizadas se compararon con las de judíos sefarditas y de individuos del norte de África, que tienen la ventaja de ser muy diferentes a las poblaciones receptoras originarias de la Península Ibérica, por lo que su diferenciación es sencilla.

La investigación se centró en el análisis del cromosoma Y porque no se recombina en la reproducción, lo que hace que sólo las mutaciones lo modifiquen, por lo que los científicos pueden determinar su orden de aparición.

El doctor Calafell matiza que mientras los datos obtenidos para el origen norteafricano apenas arrojan dudas metodológicas y parece plausible que un 10%de la población proceda de musulmanes norteafricanos llegados a la Península a partir del 711, los marcadores genéticos usados para distinguir a la población con ancestros sefardíes pueden producir distorsiones.

En realidad, la pista genética usada en este caso también es compartida por pueblos de Oriente Medio desde Turquía hasta Líbano, con lo que en realidad, ese 20% de españoles que el estudio señala como descendientes de sefardíes podrían haber heredado ese rasgo de movimiento más antiguos, como el de los fenicios o, incluso, primeros pobladores neolíticos hace miles de años.

Pese a la decepción que esto supone para esclarecer la huella real de los judíos en España, el estudio sí arroja curiosas y sorprendentes revelaciones respecto a la presencia norteafricana. Así, por ejemplo, los investigadores encontraron que la presencia de genes norteafricanos es mayor en la mitad occidental (León, Salamanca, Zamora...) de la península que en la oriental (Granada).

Ese dato concuerda perfectamente con los registros históricos. Tras la revuelta de los moriscos en el siglo XVI, la mayoría de ellos fue deportado de sus lugares de origen en Granada y llevados al exilio al noroeste de España. Quinientos años después, el genoma de los españoles lo muestra: hay más descendientes de moriscos en la plaza de Salamanca que en el Albaición granadino. Calafell también apunta a las deportaciones de moriscos desde las Alpujarras granadinas a ciudades de Castilla y León en el siglo XVI.
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Extraído de El Mundo

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El Canto del Loco, concierto en Las Ventas.

“Por ti”



“Tal como eres”

Descubren en Rusia esculturas del Paleolítico fabricadas con colmillos de mamut.

Si Dios creó a Eva de una costilla de Adán, los cazadores de la Rusia paleolítica creaban figuras femeninas a partir de colmillos de mamut. Hace 20.000 años Rusia occidental era un paraíso terrenal poblado por mamuts y bisontes que constituían la dieta principal de los cazadores de la llamada cultura Konstenki-Avdeevo del paleolítico superior.

En lo que va de década los arqueólogos rusos Hizri Amirjanov y Serguei Lev han encontrado en el yacimiento de Zaraysk, 155 kilómetros al sureste de Moscú, dos figuritas de mujer, un bisonte con las patas rotas y otros objetos cónicos tallados a partir de colmillos de mamut que conforman un raro y preciado tesoro para poder entender la dimensión artística y espiritual de nuestros antepasados.

La revista Antiquity acaba de publicar estos hallazgos realizados en los últimos años en el yacimiento de Zaraysk, una caja de sorpresas de la paleontología rusa destapada en 1980 donde se acumulan restos de una antigüedad de entre 22.000 y 16.000 años. El tallado de colmillos de mamut se halla en las encías mismas del arte prehistórico.

«El significado del hallazgo reside en su rareza. No se trata de herramientas, que los arqueólogos encuentran a menudo en yacimientos de este tipo, si no de la manifestación de una cultura espiritual. Se trata de una de las primeras manifestaciones de arte creativo en este territorio y de un ejemplo de la imagen estética de nuestros antepasados», explica a elmundo.es Hizri Amirjanov, jefe del departamento de Edad de Piedra del Instituto de Arqueología de la Academia de las Ciencias de Rusia.

La mayor parte de los objetos están tallados en marfil de colmillo de mamut, materia prima que obtenían de sus trofeos de caza o bien de restos de ejemplares muertos. Los investigadores llaman la atención sobre el hallazgo de numerosos huesos de crías de mamut, prueba de que la caza se centraba en las presas más vulnerables.

El hallazgo de las dos venus de Zaraysk (una de 17 centímetros y otra inacabada de mayor tamaño) reabre el debate sobre si estas figurillas rechonchas (que se hallan diseminadas desde Siberia hasta España) simbolizan el culto a la fertilidad o son objetos votivos, juguetes o adornos. En los años 30 fueron halladas varias venus muy expresivas en la región de Voronezh, que se unieron a la colección extendida desde Europa del sur hasta los Urales.

La omnipresencia de estas venus paleolíticas (que cuenta con raros ejemplares incluso en Siberia) es para Amirjanov una manifestación de la primigenia unidad europea. «Yo diría que estas figuritas son el marcador de la unidad cultural de Europa en tiempos remotos. De Gaulle marcaba las fronteras de Europa desde el Atlántico hasta los Urales, pero la vida ya marcó esta frontera mucho tiempo atrás, hace 20.000 años», asegura.

La joya del descubrimiento es un bisonte también de marfil de mamut cuyo uso como objeto religioso ha sido documentado por los arqueólogos. Amirjanov explica que la figura era utilizada como totem en rituales mágicos anticipatorios antes de la cacería: primero imitaban la caza de la estatuilla, le rompían las patas, le pintaban el pecho con alguna pintura y luego organizaban funerales.

«Excavaron una fosa de 60 centímetros de diametro y 80 de profundidad, en cuyo fondo construyeron un pequeño podio en el cual colocaron la estatua y después la cubrieron con tierra», explica el arqueólogo.

En la feria para millonarios que se celebró el pasado fin de semana en Moscú había curiosos ajedreces con piezas de marfil de mamut. Salvando las distancias y los milenios, quizá sea el mismo instinto primitivo de la propiedad lo que mueve hoy al oligarca ruso a pagar hasta 150.000 euros por estas joyas únicas que sus antepasados fabricaban hace 20.000 años.
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Extraído de El Mundo

martes, 2 de diciembre de 2008

Héroes del Silencio: “Deshacer el Mundo”

Leptis Magna: la Roma de las arenas.

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En las afueras de Trípoli, capital de Libia, se alza uno de los mayores tesoros arqueológicos del norte de África: las ruinas de Leptis Magna, una ciudad romana magníficamente conservada, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1982.

Las arenas de Libia guardan algo más que los depósitos de gas que han hecho rico al país. Su otro gran tesoro se llama Leptis Magna y es una de las ciudades romanas más bellas y mejor conservadas que existen, lo que movió a la Unesco a declararla Patrimonio de la Humanidad en 1982. Fundada por colonos fenicios en el s. XI a. C., Leptis era cartaginesa antes de integrarse en el Imperio Romano a partir de 23 a. C., cuando se convirtió en una de las tres polis que formaron el distrito de Tripolitania y acabaron dando nombre a la actual Trípoli, en cuyas cercanías está situada.

En el año 103, el ascenso al trono imperial de Septimio Severo, que había nacido en Leptis, hizo de ella una de las princi pales ciudades del África romana, con 100.000 habitantes y gran actividad comercial. Pero en el siglo V cayó en manos de los vándalos y después quedó deshabitada y olvidada hasta que los arqueólogos la descubrieron a inicios del siglo XX.

Hoy quienes tengan la suerte de visitarla se encontrarán al borde mismo del Mediterráneo con unas fantásticas ruinas y algunos edificios espectaculares casi intactos, como el anfiteatro o las Termas de Adriano, las más grandes que existen fuera de Roma. Leptis Magna se articula en torno a dos vías principales, la Decumanus Maximus y la vía Cardo. En la intersección de ambas alza sus 20 m de altura y 2.000 toneladas de mármol el Arco de Septimio Severo, construido para celebrar la visita en 203 de ese emperador que aparece representado junto a su familia en un altorrelieve del friso.

El Nuevo Foro Severino era el centro de la vida civil y política de Leptis. Se construyó según el modelo de los Foros de Roma, con una plaza central de una hectárea pavimentada con distintos mármoles traídos de diversos lugares del Imperio: rosa de Asuán, verde de Argelia, gris de Asia y blanco de Italia. Al norte de la ciudad se sitúan las llamadas Termas de la Caza, por las escenas de combates entre gladiadores y leopardos representadas en los frescos que decoran las paredes. El edificio, conservado casi como era en el s. II, permaneció enterrado bajo la arena hasta que el arqueólogo italiano Guidi lo descubrió en 1930. La otra gran joya de Leptis Magna es el espectacular teatro, construido bajo el patrocinio del magistrado y mecenas local Annobal Tapapius Rufus, que aún muestra casi intactos todos los elementos del frente escénico y un impresionante pórtico de columnas.
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Extraído de Muy Interesante

¿Para qué servía un nilómetro?

Además de los designios de los dioses y de los faraones, los egipcios vivían pendientes de otro factor que condicionaba su existencia: las crecidas anuales del Nilo. Para controlarlas en su provecho, optaron por crear un sistema que medía, con una serie de marcas, los niveles de inundación del río, el nilómetro. Esto les permitía predecir el volumen de la crecida y, por tanto, de la cosecha: a más riego, más tierra fértil. Así, según fuera el producto agrícola recaudado, se cobraba uno u otro impuesto. Se construyeron nilómetros a modo de escaleras en las riberas del Nilo y otros de sorprendente precisión matemática en pozos subterráneos, como el de Rodas.
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Extraído de Muy Interesante