jueves, 26 de febrero de 2009

Humor en tiempos de crisis 1.

Se manifiesta un derrumbe económico de la publicidad y de los medios de Comunicación para el año 2009...

Forges

The Beatles (en directo desde Alemania)

Primera parte


Segunda parte

Radiohead

“Creep”

1609: Galileo y la primera observación con telescopio.

En 1609, Galileo utilizó un telescopio casero de 8 aumentos para demostrar a las autoridades de Venecia el potencial de tal instrumento para el estudio del cosmos. Utilizando telescopios progresivamente más potentes, Galileo realizó muchos descubrimientos de gran importancia.

El Sol, considerado hasta entonces símbolo de perfección, tenía manchas. La Luna tenía una superficie irregular con valles y montañas. Saturno tenía unos apéndices extraños, etc. Pero sus observaciones más trascendentales fueron las que realizó de Júpiter. Demostró que este planeta estaba rodeado de lunas y era similar a un mini-sistema solar, lo que constituyó un poderoso argumento en favor del universo copernicano.

El telescopio desveló, por primera vez desde la Antigüedad, muchísimas estrellas y fenómenos que eran demasiado débiles para el ojo humano, iniciándose así la Astronomía moderna.

Galileo Galilei nació en Pisa el 15 de febrero de 1564. Era hijo de un músico y aunque comenzó estudiando medicina en Pisa, pronto se pasó a las Matemáticas. Fue profesor primero en Pisa y luego en Padua desde 1592 hasta 1610. En 1609, mientras se encontraba en Venecia, se enteró de un descubrimiento realizado en Holanda que consistía en un tubo con dos lentes y que permitía que los objetos lejanos apareciesen mucho más cercanos.

Un telescopio artesanal.


Galileo era un hábil artesano y construyó casi inmediatamente (se dice a veces que el primer tubo utilizado fue uno de órgano) ese telescopio de 8 aumentos con el que realizó la primera demostración en Venecia.

Tal demostración le supuso a Galileo un aumento de su salario en Padua y, sobre todo, propició que, Cosme II de Medici, Gran Duque de Toscana, le ofreciese un puesto de matemático y filósofo en Florencia, puesto que mantuvo desde 1610 hasta su muerte en 1642.

Los descubrimientos realizados con sus telescopios hicieron de Galileo un copernicano convencido. Sus mayores argumentos a favor del sistema heliocéntrico provenían de la observación de que las lunas de Júpiter constituían un sistema parecido a lo que debía ser el sistema solar, y de la constatación de que Venus pasaba por fases similares a las de nuestra Luna. Y fue su militancia por el sistema copernicano lo que propició que sus enemigos le atacasen, fomentando un escándalo religioso ya en 1616, cuando el Santo Oficio condenó la teoría copernicana.

En 1632 Galileo publicó el 'Diálogo sobre los dos grandes sistemas del mundo', que contenía una discusión sobre los méritos relativos de los sistemas ptolemaico y copernicano. El libro ofrecía todas las pruebas que las observaciones con telescopio habían proporcionado a favor del sistema copernicano y concluía abiertamente con las grandes ventajas ofrecidas por este último.

La Iglesia le sometió a un proceso en el que Galileo se vio obligado a abjurar públicamente de la teoría copernicana, lo que le permitió ser condenado únicamente a un 'arresto domiciliario' y a recitar unos salmos semanalmente como penitencia. También se le prohibió, por el resto de su vida, el publicar nuevos trabajos o el reeditar los anteriores.

La Historia nos muestra que más que menoscabar la reputación de Galileo, su proceso acabó haciendo un daño enorme a la reputación de la Iglesia católica. Aún en nuestros días 'el caso Galileo' suscita discusiones encendidas en la Iglesia y en la sociedad en general.

Por ejemplo, en fecha tan reciente como enero de 2008 ha habido manifestaciones multitudinarias en Roma defendiendo o rechazando la actitud de la Iglesia ante este caso. Y, sin embargo, como señala Ortega y Gasset, aquella deplorable escena fue originada "más que en reservas dogmáticas de la Iglesia, en menudas intrigas de grupos particulares".

Sea como fuere, el proceso de Galileo constituye aún hoy en día un símbolo del poder de la racionalidad y el valor de la Ciencia. Como símbolo de la racionalidad, Galileo ha sido bautizado como 'padre de la Ciencia'. Desde un punto de vista meramente astronómico, hay que subrayar que Galileo nos abrió, por primera vez desde la Antigüedad, un universo nuevo, pletórico de fenómenos que esperaban nuestros descubrimientos y estudios, por ello tiene bien merecido el título de 'padre de la Astronomía moderna'.
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Extraído de El Mundo

Cómo se fundó Augusta Emerita.

Llegó a ser una de las ciudades más importantes de la Hispania y del Imperio Romano y se fundó en el año 25 a.C. como la Colonia Augusta Emerita.

Es probable que en el lugar en el que se asentó finalmente Augusta Emerita existiera previamente una pequeña ciudad, también romana, pero lo cierto es que en el año 25 a.C. el Emperador Octavio Augusto ordenó fundar la Colonia Augusta Emerita, en la que se asentarán los militares veteranos (eméritos) de las legiones V y X tras las victorias frente los cántabros en el norte de la Península.

La ubicación era perfecta. Se situó al margen del río Anas (Guadiana) junto a la desembocadura del río Albarregas, una zona vadeable del Guadiana con una isla central que facilitaba la construcción de puentes y que se convertía en paso casi obligatorio entre el la Bética y el norte de Hispania.

Además, en las proximidades existían manantiales de agua, materias primas de construcción, tierras productivas para la agricultura, bosques... Su crecimiento fue importantísimo, pasando en muy poco tiempo a ser la capital de la Lusitania, una de las tres provincias en que se dividía a Hispania Romana.

El legado romano en la ciudad de Mérida es impresionante y merece ser visitado: el Teatro y el Anfiteatro, el Circo, los acueductos, el puente sobre el Guadiana, la Casa del Mitreo, el Arco de Trajano, el Templo de Diana... y cientos de lugares en los que se puede apreciar el esplendor de la antigua Augusta Emerita.

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Extraído de HOY

miércoles, 25 de febrero de 2009

Exposición Regina y la alcazaba de: La voz de las piedras.

La exposición "Regina y la Alcazaba: La Voz de las Piedras" ha sido inaugurada el día 25 de febrero en el Patio del Excmo. Ayuntamiento de Llerena, a cargo de Lorenzo Gutiérrez, Presidente del Ceder Campiña Sur, acompañado por diferentes autoridades de la comarca.Esta exposición pretende mostrar la riqueza patrimonial del entorno de Regina y la Alcazaba a todos los habitantes de la Campiña Sur, de ahí su carácter itinerante, que ha fijado nuestra ciudad como punto de inicio.

Consta de maquetas, paneles informativos, láminas, todo complementado con un montaje audiovisual en el que se muestra el pasado, las actuaciones de rehabilitación, excavaciones, y adecuación para la visita turística realizadas en ambos entornos por el PROGRAMA TECO (Patrimonio Crea Empleo).

La exposición estará abierta en horario de mañana.
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Extraído de Ayto. de Llerena

'Homo floresiensis', la especie enana.

El 27 de octubre de 2004 se publicaba un artículo en la revista de alta divulgación científica 'Nature' sobre el estudio de fósiles de homínido encontrados en la Cueva de Liang Bua en la isla de Flores en Indonesia. Este diario y otros medios de comunicación me preguntarían acerca de este descubrimiento y las hipótesis que emitían los colegas que lo habían investigado.

No era para menos, los científicos que firmaban el artículo, encabezados por Michael Morwod, Peter Brow y colegas decían que se trataba de una nueva especie de homínido. Con este descubrimiento, sabíamos que al menos, y de forma sincrónica, habían habitado el planeta en el Pleistoceno superior cuatro especies, la recién descubierta, el 'Homo neanderthalensis', el 'Homo erectus', y nuestros antecesores 'Homo sapiens'.

Como morfólogo, al ver la foto que iban a publicar tuve la impresión que se trataba de un espécimen parecido al 'Homo georgicus', incluso al 'Homo habilis'. Así se lo comuniqué a mis colegas de Atapuerca, Juan Luís Arsuaga y Bermúdez de Castro, el mismo día. Los autores sin embargo lo relacionaba con la filogenia de Homo erectus.

Un estudio publicado recientemente en 'Journal of Human Evolution' por Karen Baab y colaboradores de la Stony Brook University de Estados Unidos, plantea que este homínido ha evolucionado de un homínido anterior a 'Homo erectus'. Han llegado a estas conclusiones comparando medidas craneales de humanos, de homínidos y simios extinguidos, con los nuevos restos craneales descubiertos en las ultimas campañas de excavación.

Esta publicación defiende, por lo tanto, la originalidad de la especie en contra de los que piensan que 'Homo floresiensis' no es una especie nueva, sinó una insularidad de 'Homo sapiens', con una patología, denominada microcefalia. Tuve la ocasión de discutir con Morwod en Australia sobre esta cuestión y le dije a este colega que desde el primer momento pensé que no se trataba de ninguna patología sino de una nueva especie; sus características así lo anunciaban.

A mi era algo que me resultaba extraño, pues era una reducción tan grande del tamaño cerebral, y como consecuencia del cerebro, de 'Homo erectus' a 'Homo floresiensis'. Era más lógico pensar una reducción mínima. Si este homínido es un descendiente de 'Homo habilis', solo habría reducido el cerebro por insularidad unos 100 centímetros cúbicos y no más de 400 cc si se trataba de 'Homo erectus'.

Los que se oponen a que se denomine a estos fósiles una especie fueron liderados por el fallecido Teuku Jacob, quien mantenía que era una patología local por insularidad y no los descendientes de homínidos africanos antiguos. 'Sapiens enanos' en la isla “hobbits” existieron hasta que llegaron los portugueses en el siglo XVI.

Esta especie, 'Homo floresinsis', desapareció según los descubridores de la misma como consecuencia de la actividad volcánica de la isla hace 17.000 años. Al extinguirse esta especie sólo 'Homo sapiens' quedó como representación del género Homo en la tierra. Desde este momento estamos solos.

La discusión continua, pero en mi opinión se trata de una especie y no de una patología.


Extraído de El Mundo

jueves, 19 de febrero de 2009

The Ramones

“Blitzkrieg Bop”


“Rock'n'roll high school”

El tamaño de los pechos en la evolución humana.

Existe el falso mito de que la atracción sexual que ofrecen unos pechos grandes tiene su explicación evolutiva en que permiten una mejor lactancia. Nada más lejos de la realidad. En verdad, unos pechos grandes se asocian, por lo general, a una lactancia más dificultosa.

Como todos sabéis, estamos en el año de Darwin. Las charlas, conferencias y actos sobre la evolución afloran por doquier y es un excelente momento tanto para conocer mejor la evolución como también saber más del naturalista adelantado a su tiempo. Sin embargo, igual que aflora información científica y veraz sobre tales temas, también aparece gente que, sin tener mucha idea, aprovecha el tirón de la evolución para plasmar cuatro mitos y falacias que harían a Darwin revolverse un poco en su tumba.

Como dijo en su día Dobzhansky: "nada en biología tiene sentido excepto a la luz de la evolución". Y eso abarca muchas (por no decir la mayoría) de las facetas y características del ser humano: su tendencia a formar sociedades y familias, su tipo de alimentación, la capacidad del lenguaje, las diferencias físicas y psíquicas entre sexos... y también, los pechos humanos. Si lo que se desea es obtener audiencia asegurada hablando sobre evolución, lo mejor es hablar sobre sexo con un "matiz" evolutivo. Pero, por supuesto, hay que hacerlo bien y en condiciones.

En el tema que nos ocupa, el tamaño de los pechos y la atracción sexual que ellos despiertan, existen muchos mitos y falsedades sobre su explicación evolutiva. Es innegable que un gran tamaño de las delanteras (hasta ciertos límites en que ya resulta grotesco) es un poderoso estímulo sexual para los hombres heterosexuales. Ahí estuvo el artículo de Ricardo Mena "
Las tetas más grandes del mundo" entre los más vistos de Soitu.es durante semanas respaldando esta afirmación. También existen dichos muy conocidos como aquel "tiran más dos tetas que dos carretas" reflejando el "poder" de persuasión de los mismos.

Ahora bien, no debemos caer en el simplismo. Es cierto que el rasgo físico en el que más se fijan los hombres en las mujeres son los pechos (resultado avalado por gran cantidad de estudios). Pero esto no quiere decir que sea algo aplicable a todos los hombres y a todas las sociedades. Muchos hombres se fijan más en otros rasgos de la anatomía femenina y tampoco hay que olvidarse que existen algunas culturas en las que los pechos no son un estímulo sexual predominante.

Esta fuerte atracción sexual hacia unos pechos grandes es evidente hoy en día. Millones de mujeres llegan a entrar en quirófano para aumentar el tamaño de los pechos pese a los riesgos que ofrece cualquier cirugía. Las razones por la que esto se da son múltiples pero una importante explicación es la del pecho voluminoso como potente estímulo sexual para el hombre ante su visión.

Los pechos, como potentes elementos de atracción sexual, han sido muy estudiados por ciencias como la antropología. Si nos vamos al ámbito de la biología, también resulta bastante llamativo que nuestros parientes más cercanos, los monos, no posean estas protuberancias tan desarrolladas y queden prácticamente ocultas salvo en épocas de lactancia.

Desde un punto de vista evolutivo, sin embargo, no está aún claro en la actualidad por qué los pechos grandes tienen tanta importancia para los hombres. Algo que resulta muy distinto para las caderas donde se tiene bastante claro que la atracción sexual que despiertan unas caderas anchas se asocia de forma importante con una mayor capacidad para dar a luz sin problemas en el transcurso del parto.

El primer acercamiento sobre la explicación evolutiva de los pechos grandes podría ser (en analogía a las caderas anchas) que éstos permiten una mejor lactancia. Es decir, a mayor tamaño de pechos, mayor cantidad de leche producida y mayor seguridad de que el bebé tuviera su sustento asegurado. Sin embargo, basta conocer un poco de la anatomía femenina para saber que el volumen del pecho no se debe a las
glándulas mamarias (productoras de leche) sino al volumen de grasa (y en menor proporción a retención hídrica). Dicho de otra forma, que una mujer tenga unos pechos más grandes, significa que tiene más volumen de grasa pero nada más. No implica para nada que tenga mayor capacidad para producir leche (salvo casos de desnutrición), puesto que esto depende del volumen de glándulas mamarias y de que exista un mínimo de aporte nutricional.

Además, unos pechos grandes dificultan, por lo general, la lactancia ya que favorecen la obstrucción de la nariz del bebé mientras se agarra al pezón, dificultándole la respiración mientras lacta. Así pues, la explicación de los pechos grandes como indicadores de buena lactancia es falsa.

En la actualidad, las hipótesis más fuertes sobre la explicación evolutiva de los pechos grandes son las siguientes:

1. Los pechos grandes como señal de buen estado de nutrición de la mujer. En el pasado, la búsqueda de sustento era mucho más difícil que en la actualidad y no eran raros los casos de hambruna o déficits nutritivos. Una mujer con unos pechos grandes (recordemos que se asocia a abundante grasa) era una señal de un buen estado de nutrición. De hecho, las mujeres con mayor grasa corporal (las más rollizas, por decirlo de alguna manera) eran las mejor valoradas como señal de salud. Esta señal de buen estado de nutrición reflejaba las posibilidades de supervivencia de ésta así como también de disponer de las suficientes reservas nutritivas para que la lactancia fuera viable. Dicho de otra forma, una mujer desnutrida (y con unos pechos muy pequeños) tendría una expectativa de vida baja y probablemente no fuera capaz de producir leche.

Quizás alguien se esté preguntando qué sentido tiene relacionar los pechos con la lactancia, pues para asegurar el sustento lácteo al bebé basta con comprar leche artificial hoy en día. Pero debemos tener en cuenta que nuestros instintos no se lo debemos a la actualidad sino al transcurso de miles de años durante el pasado. Las caderas anchas, existiendo hoy en día las cesáreas, tampoco tendrían por qué ser un potente elemento de atracción sexual y sin embargo lo son. En última instancia, nuestros instintos más primarios obedecen a ventajas adaptativas frente a un ambiente del pasado muy distinto del actual a la hora de sobrevivir y perpetuar la especie.

2. Los pechos grandes como señal de ovulación. A lo largo del ciclo menstrual, los pechos van sufriendo variaciones visibles en su volumen. Normalmente, su mayor volumen suele ser durante la ovulación, momento durante el cual la mujer puede quedarse embarazada. Debido a que la hembra femenina no muestra unas señales evidentes de la ovulación, el aumento de volumen de los pechos se convertiría en una señal que avisara al varón de ese momento.

3. Los pechos grandes como pura señal sexual. Los pechos serían el sustituto frontal de las nalgas. De esta forma, la bipedestación dejó ocultas las señales sexuales de las nalgas (muy importante en nuestros parientes los monos) e hizo necesaria una potente señal sexual que fuera percibida de frente (como suelen relacionarse los seres humanos). De esta forma, los pechos aumentaron su volumen con el paso de los años mientras dificultaban la lactancia al mismo tiempo.

Cada una de estas hipótesis tiene también sus puntos débiles y no existe en la actualidad una que ayude a responder perfectamente el papel evolutivo del tamaño de los pechos. Muy probablemente, la explicación real se esconda en la combinación de varias de ellas.
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Extraído de Soitu

miércoles, 18 de febrero de 2009

El epitafio perdido de Al Mansur.

Constituye el principal enigma de la arqueología de la capital pacense. Los arqueólogos se refieren a él como «el epitafio perdido de Al Mansur» y se trata probablemente de la pieza histórica procedente de Badajoz cuya existencia se ha recogido con más profusión en catálogos arqueológicos de toda Europa.

Afortunadamente. Porque esta piedra, que es una de las más estudiadas y mejor documentadas de toda España y de la que ya hay noticias escritas a comienzos del siglo XVIII, desapareció luego para convertirse en un misterio que no ha dejado desde entonces de interesar a los especialistas.

El epitafio perdido del rey Al Mansur debía superar al menos en cuatro veces el tamaño de otra inscripción funeraria relativa al mismo rey y que sí se conserva actualmente en el Museo Arqueológico de Badajoz.

En el epitafio perdido se citaba el nombre de Al Mansur y también el día de su muerte, su cronología vital y se expresaban algunas recomendaciones piadosas.

En el mundo islámico, este tipo de piezas solían estar vinculadas al lugar de la muerte del personaje al que se refieren, pero no hay forma de saber por las referencias existentes sobre la de Al Mansur si ésta fue reutilizada para la construcción de una iglesia en la Alcazaba pacense o estaba próxima al lugar de un hipotético enterramiento de los reyes de taifas que reinaron sobre Badajoz.

Entre la mucha documentación existente del desaparecido epitafio de Al Mansur se conservan dos dibujos que reproducen su texto.

Recopilación.
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La historia del epitafio perdido ha vuelto a la actualidad a raíz de una conferencia que el pasado sábado pronunciaron en el Museo Arqueológico de Badajoz los profesores Isabel Rodríguez Casanova y Alberto Canto García. Ambos pertenecen a la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Rodríguez Casanova es doctora en Prehistoria y Arqueología y Canto García es profesor titular de Arqueología y Numismática. 'Avatares de una inscripción aftasí' fue el subtítulo que pusieron a su conferencia para hablar de esta inscripción que fue documentada por última vez en la Iglesia de Calatrava de la Alcazaba de Badajoz, cuyos restos son hoy visibles frente a la entrada de la Biblioteca Regional.

Alberto Canto se muestra escéptico sobre la posibilidad de que se pueda encontrar algún día la lápida perdida y no quiere elucubrar sobre lo que califica como «arqueología ficción».

Lo más probable es que la pieza esté rota. Debió desaparecer en el periodo comprendido entre 1827 y 1845. En la primera fecha, la piedra estaba todavía situada en la Iglesia de Calatrava. Allí se hicieron excavaciones en 1845 y ya entonces se da cuenta de su desaparición. La leyenda dice que podría estar incorporada a los cimientos del Hospital Militar, donde hoy se ubican la Biblioteca Regional y la Facultad de Biblioteconomía.

Fundador.

Trabajos sobre este epitafio se conocen desde comienzos del siglo XIX, ya que se hicieron traducciones modernas sobre su contenido. Alberto Canto dice que la novedad del trabajo emprendido junto con la profesora Rodríguez Casanova es que nunca se había estudiado en su conjunto la totalidad de la documentación existente sobre el mismo.

Los dos profesores contactaron con este tema a raíz de su participación en la elaboración de un libro que ha publicado la Real Academia de la Historia sobre su colección epigrafiada. Les interesó, y continuaron con el rastreo de la peripecia de la esquiva pieza arqueológica.

Sobre el epitafio escribieron en su día autores prusianos, suecos, italianos y franceses. También fue objeto de algunos de los primeros estudios sobre epigrafía que hicieron los ilustrados españoles.

Los dos profesores de la Autónoma decidieron entonces reconstruir toda la investigación existente en torno a esta pieza y el resultado fue expuesto el pasado sábado en la conferencia del Museo Arqueológico pacense. «Pensamos que es de justicia histórica que quienes tengan la primera información de este tipo de cosas sean los ciudadanos de Badajoz», dice Alberto Canto.

Al Mansur.

Al Mansur fue el fundador de la dinastía aftasida que gobernó sobre la actual capital pacense. Sucedió a Sapur, que fue el primer rey taifa de Badajoz y había muerto en el año 1022.

Alberto Canto dice de Al Mansur que «fue un personaje importante, porque da autonomía a uno de los más importantes reinos de taifas junto con el de Sevilla, con el cual tiene algunos enfrentamientos, y con los de Valencia y Zaragoza. Sin duda es uno de los reinos más importantes del oeste de la península Ibérica junto con toledanos y sevillanos. Fue uno de los pocos monarcas de los que se ha conservado la inscripción funeraria».

Alberto Canto hizo una campaña de prácticas arqueológicas en la Alcazaba de Badajoz en su época de estudiante y también ha hecho estudios sobre la colección de monedas del Arqueológico. Sus excavaciones fueron anteriores a la campaña que hace años dejó al descubierto la planta de la Iglesia de Calatrava, donde el epitafio perdido de Al Mansur fue visto por última vez.

Sobre las posibilidades arqueológicas que aún ofrece la Alcazaba de Badajoz dice que cuenta con la ventaja de que hay mucho sitio para trabajar y está exento de la presión de las construcciones urbanas. «Quedan bastante cosas que se podrían investigar, pero la pregunta sobre cuáles son ellas debería responderla la Consejería de Cultura, que es la que tiene autoridad y potestad y criterios de trabajo», dice el profesor Canto.

Preguntado sobre qué lugar ocuparía la Alcazaba de Badajoz en un ranking sobre las existentes en la Península dice que eso carece de sentido. «Todas son importantes en su lugar y en su momento. Pero, desde luego, es una de las fortificaciones más importantes, no sólo de época islámica sino de siglo posteriores y de las más impresionantes de toda Extremadura. Tiene y ha tenido siempre muchas posibilidades de investigación».
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Extraído de Hoy

martes, 17 de febrero de 2009

El gitano, la cabra y la trompeta.

“Sin ética ni moral”

Todo sobre Darwin.

Pinchado sobre la imagen de arriba de puede acceder a un completo trabajo que El Mundo ha realizado sobre la vida de Darwin, su obra y la repercusión de su estudios desde su tiempo hasta los científicos de hoy. Se pueden ver, además, en uno de los apartados una serie de videos de los investigadores más importantes o más mediáticos de la actualidad.

lunes, 16 de febrero de 2009

El almacén de las momias.

Los periodistas que estuvieron presentes describen emocionados una escena que bien podría haber salido de 'En busca del Arca Perdida' o cualquiera de sus secuelas. El interior de la tumba faraónica, 2.600 años en la oscuridad, sólo estaba iluminado por antorchas y por los focos de las cámaras de televisión invitadas al evento.

Lentamente, los trabajadores egipcios, embozados en sus pañuelos típicos, comenzaron a hacer palanca con barras de hierro y picos hasta que la tapa del sarcófago de madera y piedra caliza se deslizó, dejando a la vista restos humanos que no habían visto la luz desde que fueron embalsamados.

"Son momentos como éste, ver algo por primera vez, los que justifican toda pasión por la arqueología", musitaba Zahi Hawass, máximo responsable del Departamento de Antigüedades egipcio y apodado el 'Indiana Jones' cairota, al tiempo que la luz iluminaba la momia.

Deslizando suavemente su brocha para ahuyentar el polvo de 26 siglos, Hawass disfrutó de su momento de gloria y los informadores con él, conscientes de haberse convertido en cómplices de un hecho excepcional: el descubrimiento de una momia intacta, jamás mancillada por los saqueadores que por siglos y siglos asaltaron tumbas egipcias.

Y no fue sólo una: en total se han localizado 30 restos humanos, datados en el siglo 640 antes de Cristo, en una estancia subterránea de la necrópolis de Saqqara, 20 kilómetros al sur del Cairo, descrita por Hawass como un 'almacén de momias'.

El hallazgo es el penúltimo que se realiza en esta enorme necrópolis que comenzó a ser excavada hace 150 años y que no ha parado de desvelar secretos. La sala mortuoria que esta semana fue excavada a la luz de los focos está situada junto a un cementerio de 4.300 años de antigüedad y a apenas un centenar de metros de las dos pirámides más importantes de Saqqara, la Pirámide escalonada del Rey Djoser y la de Unas, el último rey de la V Dinastía.

Pero los expertos datan el 'almacén' en la última dinastia independiente egipcia, la XXVI, que precedió a la invasión de los persas y por tanto a la llegada de conquistadores extranjeros a Egipto.

Cementerio durante 2.000 años.

Lo que viene a demostrar el hallazgo es que la zona no dejó de ser utilizada como cementerio a lo largo de dos milenios, como no deja de deparar sorpresas a los arqueólogos. Fue en Saqqara donde Hawas anunció el pasado diciembre el descubrimiento de una nueva pirámide de 4.300 años, la número 118 localizada en Egipto, y la duodécima hallada sólo en este yacimiento.
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Un mes después, un orgulloso Hawass anunciaba el descubrimiento de dos tumbas que habrían servido para albergar los restos de uno de los oficiales más apreciados por Unas y de una de las 'favoritas' de la corte del citado faraón. Y el pasado lunes se mostró el último descubrimiento del controvertido egiptólogo: una cámara mortuoria con más de 30 momias.

Hawass apenas tardó días en recibir a la prensa en la necrópolis. No en vano su afición por salir en los medios ha quedado sumamente demostrada gracias a sus numerosas entrevistas en la prensa internacional y en su colaboración con diferentes televisiones, como Discovery Chanel. Para Discovery desveló hace algunos años en exclusiva uno de los grandes misterios de Egipto: la identificación de la reina Hatshepsut, la más poderosa de las faraonas. Pero no lo hizo gratis: a cambio, el canal financió su investigación.

"Soy famoso y poderoso. Pero todo lo que hago lo hago por Egipto (...) Nadie en la historia de la arqueología ha ayudado a Egipto más que yo", afirmaba sin pudor hace dos años en 'Al Ahram', el más conocido diario cairota.

Sus numerosos premios y libros y el sombrero, una imitación del que lleva Harrison Ford en la saga de George Lucas, le ganaron hace muchos años el famoso apodo con el que es conocido en su país.

Pero el miércoles, en Saqqara, el arqueólogo al menos concedió a la prensa el raro privilegio de asistir a la apertura de tres sarcófagos cuyas momias yacían intactas en su interior.

Los ocho sarcófagos labrados reposaban alineados en el centro de la estancia. Salvo los tres abiertos por Hawass, el resto verá la luz en los próximos días, dependiendo de su estado, pero parece que todos se encuentran intactos. Además, cinco nichos de piedra excavados en el muro de la sala, encontrada a 10 metros bajo tierra, contenían otros 22 restos humanos, éstos cubiertos sólo por arena y en un precario estado de conservación.

Amuletos de oro.

Los investigadores prometen examinar sin demora los cuerpos momificados con rayos X, para determinar si, como dicta la costumbre de la época, entre los vendajes se hallan amuletos de oro u otros objetos que puedan ayudar a identificar al dueño de la cámara o su situación social. Semejantes objetos tenían como propósito "ayudar al fallecido en la próxima vida", como explicó Hawass, y ahora ayudarán a los arqueólogos a conocer mejor la XXVI Dinastía egipcia.

Por el momento, sólo hay especulaciones sobre a quién podrían pertenecer los restos. Uno de los sarcófagos tiene una inscripción: Badi N Huri, aparentemente un nombre propio. No hay título alguno que dé más pistas. En el 'almacén' se ha encontrado además la momia de un perro y varias momias de niños, lo que lleva a pensar que posiblemente se trate del nicho de una familia adinerada cuyos miembros fueron enterrados en los sarcófagos mientras los sirvientes lo fueron en los sepulcros.

"Sólo alguien rico podía adquirir un sarcófago fabricado de piedra caliza de Tebas", explicaba Hawass en referencia a la actual Luxor. Algunos detalles del descubrimiento sorprenden a los arqueólogos. Por ejemplo, que hayan sido halladas momias en nichos de piedra, una costumbre que, según el asistente de Zawass Abdul Karar, asistente de Hawass. "Los nichos eran comunes en las dinastías más antiguas, pero encontrar uno de la dinastía XXVI resulta extraño".

Según el responsable de las Antigüedades egipcias, sólo el 30% de las riquezas arqueológicas del país de los faraones han salido a la luz. El 70% restante, sostiene, sigue bajo la arena del desierto esperando ser descubierto.
Extraído de El Mundo

domingo, 15 de febrero de 2009

Los últimos Neandertales.

En marzo de 1994 algunos espeleólogos que exploraban un extenso sistema de cuevas situado al norte de España proyectaron sus luces hacia el interior de una pequeña galería lateral y advirtieron dos mandíbulas humanas que sobresalían del suelo arenoso. La cueva, llamada El Sidrón, está en medio de un remoto bosque de tierras altas, de castaños y robles, en la provincia de Asturias, a poca distancia al sur del Golfo de Vizcaya. Imaginando que las mandíbulas podrían datar de la Guerra Civil Española, cuando republicanos aprovecharon El Sidrón para ocultarse de los soldados de Franco, los espeleólogos notificaron de inmediato a la Guardia Civil local. Pero, cuando los investigadores de la policía inspeccionaron la galería descubrieron los restos de una tragedia mucho mayor y mucho más antigua.

En pocos días, oficiales policiacos habían exhumado unos 140 huesos, y un juez de la localidad ordenó que los restos se enviaran al Instituto Nacional de Patología Forense en Madrid. Para cuando los científicos terminaron sus análisis (lo que les tomó casi seis años), España tenía el caso sin resolver más antiguo de su historia. Las osamentas provenientes de El Sidrón no eran de soldados republicanos, sino los restos fosilizados de un grupo de neandertales que vivió, y quizá murió violentamente, hace unos 43 000 años. El escenario los sitúa en una de las intersecciones geográficas más importantes de seres humanos de la prehistoria, y la fecha los coloca de lleno en el centro de uno de los enigmas más antiguos de toda la evolución humana.

Los neandertales, nuestros parientes prehistóricos más cercanos, dominaron Eurasia durante casi 200 000 años. Durante ese período, metieron su grande y prominente nariz en toda Europa y más allá: al Sur a lo largo del Mediterráneo desde el Estrecho de Gibraltar hasta Grecia e Irak, al Norte hasta Rusia, al Oeste hasta Gran Bretaña, y casi hasta Mongolia hacia el Este. Los científicos calculan que incluso en el apogeo de su ocupación de Europa occidental, el número tal vez jamás superó los 15 000 individuos. Con todo, se las arreglaron para sobrevivir, incluso cuando un clima cada vez más frío transformó gran parte de su territorio en algo parecido a la Escandinavia septentrional de la actualidad: una tundra gélida y yerma, su sombrío horizonte interrumpido por unos cuantos árboles ralos.

Pero, para cuando sucedió la tragedia en El Sidrón, los neandertales emigraban con el fin de sobrevivir, al parecer atrapados en Iberia, en enclaves de Europa central y a lo largo del Mediterráneo meridional por un clima en deterioro y aún más por el avance hacia el Oeste del hombre anatómicamente moderno. Conforme este surgió en África y se desplazó hacia el Medio Oriente y más allá. En unos 15 000 años más, los neandertales se habían extinguido, dejando tras de sí unos cuantos huesos y numerosas interrogantes. ¿Constituían una raza inteligente y perseverante de sobrevivientes, muy parecidos a nosotros, o representaban un callejón sin salida con menos capacidad cognoscitiva?, ¿qué sucedió durante ese período, hace aproximadamente 45 000 a 30 000 años, cuando los neandertales compartían algunos sectores del paisaje eurasiático con aquellos migrantes humanos modernos provenientes de África?, ¿por qué sobrevivió un tipo de humanos mientras que el otro desapareció?

Antonio Rosas, del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid encabeza la investigación paleoantropológica. Desde 2000, se han desenterrado unos 1 500 fragmentos de huesos que representan los restos de al menos nueve neandertales: Rosas recogió el fragmento de un cráneo y otro del hueso largo de un brazo, ambos con los bordes dentados.

“Estas fracturas fueron hechas por seres humanos –dijo Rosas–. El tipo de fracturas indica que quienquiera que las haya hecho buscaba el cerebro y rompía los huesos largos para extraer el tuétano. Además de las fracturas, las marcas de cortes dejadas en los huesos por los utensilios de piedra indican que los individuos fueron víctimas de canibalismo. A saber quién comió su carne, y por qué motivo –¿inanición?, ¿ritual?–, pero la suerte subsiguiente de sus restos les confirió una especie de inmortalidad inconfundible y maravillosa. Poco después de la muerte de los individuos (quizá días) el suelo que estaba debajo de ellos se vino abajo, dejando poco tiempo a las hienas y otros animales carroñeros para dispersar sus restos. Una masa formada por huesos, sedimento y rocas cayó 20 metros dentro de una cámara hueca de piedra caliza.

Allí, protegidas por arena y arcilla, conservadas por la temperatura constante de la cueva y aisladas en sus estuches de joyas de hueso mineralizado, sobrevivieron unas cuantas moléculas preciosas del código genético de los neandertales, aguardando un momento del futuro distante cuando pudiesen ser extraídas, reconstruidas y examinadas en busca de información sobre cómo vivieron estas personas y por qué se esfumaron.

El primer indicio de que el ser humano tal como existe en la actualidad no fue el primero en habitar Europa se encontró hace un siglo y medio a unos 13 kilómetros al este de Düsseldorf, Alemania. En agosto de 1856, obreros que extraían piedra caliza de una cueva en el valle de Neander desenterraron una bóveda craneal con arcos supraorbitarios resaltados, y algunos huesos de extremidades gruesos. Desde el comienzo, a los neandertales se les endilgó un estereotipo cultural de hombres de las cavernas lerdos y brutos. El tamaño y la forma de los fósiles sugiere efectivamente un físico corpulento, de baja estatura (los hombres promediaban cerca de 1.60 metros, y pesaban cerca de 84 kilos), con grandes músculos y una ancha caja torácica que albergaba unos pulmones probablemente de gran capacidad. Steven E. Churchill, paleoantropólogo de Duke University, ha calculado que para sostener su masa corporal en un clima frío, un neandertal típico habría necesitado hasta 5 000 calorías diarias, cerca de lo que quema un ciclista diariamente en el Tour de France. Empero, detrás de sus prominentes arcos supraorbitarios, el cráneo poco abultado alojaba un cerebro de un volumen en promedio un poco mayor que el nuestro actual. Además, aunque sus utensilios y armas eran más primitivos que los del hombre moderno que los suplantó en Europa, eran igual de complejos que los implementos fabricados por sus contemporáneos que habitaban en África y el Medio Oriente.

Una de las controversias más prolongadas y acaloradas acerca de la evolución humana gira en torno a la relación genética entre los neandertales y sus sucesores europeos. ¿Los seres humanos modernos que empezaron a desplazarse desde África hace unos 60 000 años sustituyeron por completo a los neandertales o se aparearon con ellos? En 1997 el genetista Svante Pääbo –adscrito en esa época a la Universidad de Múnich– asestó un duro golpe a la segunda hipótesis, al estudiar un hueso del brazo de un neandertal original. Pääbo y sus colegas lograron extraer un diminuto fragmento de 378 letras químicas de ADN mitocondrial (una especie de breve apéndice al texto genético principal de cada célula) del espécimen de 40 000 años de antigüedad. Cuando interpretaron el código, hallaron que el ADN del espécimen difería a tal grado del de los seres humanos vivientes que sugería que los linajes de los neandertales y de los hombres modernos habían comenzado a divergir mucho antes de la emigración de los humanos modernos desde África, de suerte que los dos representan ramas geográficas y evolutivas distintas que se derivan de un ancestro común. “Al norte del Mediterráneo, este linaje se convirtió en el hombre de Neandertal –afirma Chris Stringer, director de investigación sobre los orígenes del hombre del Museo de Historia Natural de Londres–, y al sur del Mediterráneo, en nosotros”. Si hubo alguna cruza cuando se encontraron posteriormente, fue demasiado esporádica como para dejar rastro de ADN mitocondrial neandertal en las células del ser humano actual.

La bomba genética de Pääbo pareció confirmar que los neandertales eran una especie distinta, pero no contribuyó a resolver el enigma de por qué se extinguieron y nosotros sobrevivimos.
Una posibilidad lógica es que el hombre moderno era más inteligente, más sofisticado, más “humano”. Hasta hace poco, los arqueólogos citaban un “gran salto” sucedido en Europa hace unos 40 000 años, cuando la relativamente monótona industria de utensilios de piedra de los neandertales (llamada musteriense, por el yacimiento de Le Moustier, en el suroeste de Francia) cedió el paso a otros utensilios de piedra y hueso más variados, adornos corporales, así como a otros signos de expresión simbólica asociados con la aparición del hombre moderno. Algunos científicos, como el antropólogo de Stanford University, Richard Klein, todavía defienden la existencia de algún cambio genético trascendental en el cerebro (quizá vinculado con alguna variación relacionada con el lenguaje) que impulsó a los primeros hombres modernos al dominio cultural a expensas de sus antepasados de arcos supraorbitarios resaltados.

De cualquier modo, las evidencias arqueológicas no son tan claras. En 1979, un grupo de arqueólogos descubrió el esqueleto de un neandertal tardío en Saint-Césaire en la región suroccidental de Francia, rodeado no por los típicos implementos musterienses, sino por un repertorio de utensilios sorprendente por su modernidad. En 1996 Jean-Jacques Hublin, del Instituto Max Planck (IMP) de Leipzig, y Fred Spoor, de University College en Londres, identificaron el hueso de un neandertal en otra cueva francesa, situada cerca de Arcy-sur-Cure, en un estrato de sedimentos que también contenía objetos ornamentales antes asociados únicamente con el hombre moderno, por ejemplo, dientes de animal perforados y anillos de marfil. Algunos científicos, como el paleoantropólogo británico Paul Mellars, desechan la utilización de accesorios propios de los seres humanos modernos en un estilo de vida básicamente arcaico como una “coincidencia improbable” y piensan que fue una última boqueada de conductas de imitación por parte de los neandertales antes de que los sustituyeran los ingeniosos recién llegados provenientes de África. Pero, en fecha más reciente, Francesco d’Errico, de la Université Bordeaux y Marie Soressi, también del IMP de Leipzig, analizaron cientos de bloques de dióxido de manganeso, semejantes a lápices de cera, provenientes de una cueva francesa llamada Pech de l’Azé, donde los neandertales vivieron mucho antes de la llegada a Europa de los hombres modernos. D’Errico y Soressi sostienen que los neandertales usaron el pigmento negro para decorar sus cuerpos, demostrando así que eran plenamente capaces de lograr por sí mismos la “modernidad conductual”.

“En la época de la transición biológica –señala Erik Trinkaus, paleoantropólogo de la Universidad Washington en Saint Louis–, la conducta básica de ambos grupos es casi la misma, y cualquier diferencia debió haber sido sutil. Trinkaus cree que efectivamente pueden haberse apareado ocasionalmente. Observa indicios de mezcla entre neandertales y los hombres modernos en ciertos fósiles, por ejemplo, el esqueleto de 24 500 años de antigüedad de un niño descubierto en el yacimiento portugués de Lagar Velho, así como en un cráneo de 32 000 años de antigüedad proveniente de una cueva llamada Muierii en Rumania.

“Había muy poca gente y había que encontrar una pareja y reproducirse –dice Trinkaus–. ¿Por qué no? Los seres humanos no somos exigentes. Las relaciones sexuales ocurren”.

Otros investigadores afirman que quizá haya sucedido, pero rara vez, y no de manera que dejara algún indicio. Katerina Harvati, otra investigadora del IMP de Leipzig, ha utilizado mediciones pormenorizadas en tercera dimensión de fósiles de neandertales y de los primeros seres humanos modernos para predecir con exactitud el aspecto que tendrían los híbridos. Hasta ahora, ninguno de los fósiles examinados se ajusta a sus predicciones.

El desacuerdo entre Trinkaus y Harvati no es con mucho la primera vez que los dos respetados paleoantropólogos han observado el mismo grupo de huesos y expresado interpretaciones contradictorias. La reflexión (y el debate) sobre el significado de la anatomía fósil tendrá siempre un papel en la comprensión de los neandertales. No obstante, hoy en día existen otras formas de revivirlos.

Dos días después de mi primer descenso en la cueva de El Sidrón, Araceli Soto Flórez, estudiante de posgrado de la Universidad de Oviedo, se topó con un nuevo hueso de neandertal, quizá un fragmento de fémur. Toda excavación cesó de inmediato y se evacuó de la cámara a la mayoría del equipo. Soto Flórez se metió entonces en un overol con máscara de plástico, guantes y botas estériles. Bajo las miradas vigilantes de Antonio Rosas y del biólogo molecular Carles Lalueza-Fox, extrajo delicadamente el hueso del suelo, lo colocó en una bolsa de plástico estéril que depositó en una hielera. Tras un breve descanso en el congelador de un hotel en la cercana Villamayo, el hueso de la pierna llegó al laboratorio de Lalueza-Fox en el Instituto de Biología Evolutiva en Barcelona. No se interesaba en la anatomía de la pierna ni en nada que pudiera revelar datos acerca de la locomoción del neandertal. Lo único que quería del hueso era su ADN.

El canibalismo prehistórico ha sido muy beneficioso para la biología molecular contemporánea. Al descarnar un hueso también se quita el ADN de microorganismos que de otro modo podría contaminar la muestra. Las osamentas de El Sidrón no ostentan el récord por haber aportado la mayor cantidad de ADN neandertal. Ese honor pertenece a un espécimen de Croacia, también víctima de canibalismo, pero a la fecha han revelado los conocimientos más convincentes sobre el aspecto y la conducta del hombre de Neandertal. En octubre de 2007, Lalueza-Fox, Holger Römpler, de la Universidad de Leipzig, y sus colegas anunciaron que habían aislado el gen de la pigmentación a partir del ADN de un individuo de El Sidrón (así como de otro fósil de neandertal proveniente de Italia). La forma concreta del gen MC1R indicaba que, por lo menos, algunos neandertales habrían sido pelirrojos de piel clara y, tal vez, con pecas. Sin embargo, el gen es distinto al de los pelirrojos actuales, lo cual sugiere que los neandertales y los humanos modernos desarrollaron el rasgo independientemente, quizá bajo condiciones similares en latitudes septentrionales para la evolución de la piel blanca, a fin de permitir la absorción de una mayor cantidad de luz solar para sintetizar suficiente vitamina D. Apenas unas semanas antes, Svante Pääbo, quien ahora encabeza el laboratorio de genética del IMP de Leipzig, Lalueza-Fox y sus colegas habían anunciado un descubrimiento aún más sorprendente: Dos individuos de El Sidrón parecían compartir con los seres humanos modernos una versión del gen FOXP2 que contribuye a la capacidad para el habla y el lenguaje y que actúa no sólo en el cerebro sino sobre los nervios que controlan los músculos faciales. No queda claro si los neandertales dominaron destrezas avanzadas del lenguaje o una forma más primitiva de comunicación vocal (como el canto), pero los nuevos hallazgos genéticos sugieren que tenían parte de los mismos atributos innatos de vocalización que los seres humanos modernos.

“Así que quizá sea bueno comernos a miembros de nuestra propia especie”, añade Pääbo, un sueco alto y jovial, quien es el principal motor detrás de una impresionante hazaña científica: el intento, cuya terminación está prevista para noviembre, de descodificar no sólo genes de neandertal por separado, sino la secuencia completa de 3 000 millones de nucleótidos del genoma neandertal. Los rastros de ADN que hay en los fósiles son casi imposibles de detectar, además, dado que el ADN neandertal es en extremo similar al de las personas vivas, uno de los mayores obstáculos en la determinación de su secuencia es la amenaza constante de contaminación de ADN del ser humano moderno, en especial por los científicos que manipulan los especímenes. Sin embargo, casi todo el ADN para el proyecto del genoma que dirige Pääbo proviene del espécimen croata, un fragmento de hueso de pierna de 38 000 años de antigüedad hallado hace casi 30 años en la cueva de Vindija. Considerado poco importante en un principio, permaneció en un cajón en Zagreb, en gran medida sin ser tocado y, por ende, sin ser contaminado, durante la mayor parte de su vida en un museo.

Ahora es el equivalente de una mina de oro de ADN prehistórico, aunque una mina extremadamente difícil de explotar. Con todo, en noviembre de 2006, Pääbo y sus colegas publicaron un artículo en la revista Nature, en el cual señalaban que habían descifrado aproximadamente un millón de nucleótidos del ADN neandertal (simultáneamente, un segundo grupo, encabezado por Edward Rubin del Department of Energy Joint Genome Institute en Walnut Creek, California, usó ADN suministrado por Pääbo para descifrar fragmentos del código genético aplicando un método distinto). El año pasado, perseguido por afirmaciones de que su trabajo presentaba graves problemas de contaminación, el grupo de Leipzig afirmó haber mejorado la exactitud e identificado alrededor de 70 millones de nucleótidos de ADN, más o menos 2% del total.

“Sabemos que las secuencias del ser humano y del chimpancé son iguales en 98.7 %, y los neandertales son mucho más cercanos a nosotros que los chimpancés –afirma Ed Green, jefe de biomatemáticas del grupo de Pääbo en Leipzig–, de manera que la realidad es que en casi toda la secuencia no hay diferencias entre el neandertal y los seres humanos [modernos]. Pero las diferencias (menos de la mitad de 1 % de la secuencia) son suficientes para confirmar que la divergencia de los dos linajes comenzó hace más de 700 000 años. Asimismo, el grupo de esta ciudad alemana logró extraer ADN mitocondrial de dos fósiles de origen incierto descubiertos en una excavación en Uzbekistán y en Siberia meridional; ambos tenían una firma genética singularmente neandertal. Mientras que desde hace mucho tiempo se había considerado neandertal al espécimen de Uzbekistán, un niño, el espécimen de Siberia fue una gran sorpresa; amplió la distribución conocida de los neandertales unos 2 000 kilómetros hacia el este de su bastión europeo.

Así, aun cuando la información genética parece confirmar que los neandertales eran una especie distinta de la nuestra, también sugiere que quizá poseyeron el lenguaje humano y que tuvieron éxito en una zona de Eurasia mayor de lo que se creía. Ello nos trae de regreso a la misma pregunta inquietante que se formuló desde su descubrimiento: ¿por qué desaparecieron?

Para extraer información de un fósil de neandertal, se le puede medir con un calibrador, estudiarlo mediante tomografía computarizada o intentar encontrar y descifrar su código genético. O bien, si se llegara a disponer de un tipo de acelerador de partículas llamado sincrotrón, se le puede colocar en una sala revestida de plomo y disparar un haz de rayos X de 50 000 voltios, sin perturbar siquiera una sola molécula.

Durante una insomne semana de octubre de 2007, un grupo de científicos se reunió en la European Synchrotron Radiation Facility (ESRF) en Grenoble, Francia, para efectuar una “convención de mandíbulas” sin precedentes. El objetivo era explorar una cuestión crucial en el ciclo vital de los neandertales: ¿Alcanzaban la madurez a menor edad que los humanos modernos? De ser así, ello podría haber tenido efectos en el desarrollo de su cerebro, lo que a su vez podría ayudar a explicar por qué desaparecieron. Las respuestas debían buscarse en las profundidades de la estructura de los dientes del neandertal.

Junto con Paul Tafforeau de la ESRF, Hublin y Smith se apretujaron en un pequeño cuarto repleto de computadoras en la instalación (uno de los tres mayores sincrotrones del mundo que cuenta con un anillo de almacenamiento para electrones energizados que tiene una circunferencia de casi un kilómetro) y observaron en un monitor de video cuando el haz de rayos X pasó rápidamente a través del canino superior derecho de un neandertal adolescente del yacimiento de Le Moustier, al suroeste de Francia, creando tal vez la radiografía dental más detallada de la historia humana. Mientras tanto, un dream team formado por otros fósiles reposaba en un estante cercano, en espera de su turno para que se le tomaran radiografías en el sincrotrón: dos maxilares de neandertales juveniles recuperados en Krapina, Croacia, que databan de 130 000 a 120 000 años; el llamado cráneo de La Quina de un joven neandertal, descubierto en Francia y que data de hace 75 000 a 40 000 años; y dos notables especímenes humanos modernos de 90 000 años de antigüedad, con los dientes intactos, hallados en una gruta llamada Qafzeh, en Israel.

Las imágenes de alta resolución de los dientes revelan una compleja serie tridimensional de líneas de crecimiento diarias y de períodos más prolongados, como anillos de árboles, además de líneas de tensión que codifican momentos clave en el ciclo vital de una persona. El traumatismo del nacimiento graba en el esmalte una marcada línea de tensión neonatal; de manera similar, el momento del destete y episodios de privación nutricional u otras tensiones ambientales dejan marcas características en los dientes en desarrollo. “Los dientes conservan un registro ininterrumpido y permanente del crecimiento, desde antes del nacimiento hasta que terminan de crecer al final de la adolescencia”, explicó Smith. Los seres humanos tardan más en alcanzar la pubertad que los chimpancés, nuestros parientes vivos más cercanos, lo que significa que pasamos más tiempo aprendiendo y desarrollándonos en el contexto del grupo social. Las primeras especies homininas que habitaban en la sabana africana hace millones de años maduraban pronto, más como los chimpancés. Entonces, ¿en qué punto de la evolución comenzó el modelo moderno más prolongado?

Para abordar esta pregunta, Smith, Tafforeau y colegas suyos habían empleado antes el sincrotrón para demostrar que un niño de los primeros hombres modernos proveniente del yacimiento Jebel Irhoud en Marruecos (fechado en alrededor de 160 000 años de antigüedad) mostraba un modelo de ciclo vital de hombre moderno. En contraste, los “anillos de crecimiento” del diente de 100 000 años de antigüedad de un joven neandertal descubierto en la cueva Scladina en Bélgica indicaban que el niño tenía ocho años al morir y parecía estar en camino a alcanzar la pubertad varios años antes que el promedio para el hombre moderno. Valiéndose de un solo diente de neandertal, otro grupo de investigación no había hallado tal diferencia entre su modelo de crecimiento y el de los seres humanos vivos. Pero aunque un análisis completo de la “convención de mandíbulas” llevaría tiempo, los resultados preliminares, a decir de Smith, eran “congruentes con lo que observamos en Scladina”.

“Esto seguro afectaría la organización social, la estrategia de apareamiento y la conducta de crianza de los neandertales –afirma Hublin–. Imagine una sociedad en la que las personas comienzan a reproducirse cuatro años antes que el hombre moderno. Es una sociedad muy diferente. También podría significar que la capacidad cognoscitiva de los neandertales pudo haber sido distinta de la del hombre moderno”.

La sociedad neandertal podría haber diferido de modo crucial para la supervivencia del grupo: lo que los arqueólogos denominan amortiguamiento cultural. Un amortiguador es algo en la conducta de un grupo (una técnica, una forma de organización social, una tradición cultural) que cubre sus apuestas en la riesgosa selección natural en donde hay mucho en juego. Mary Stiner y Steven Kuhn de la Universidad de Arizona arguyen que los primeros hombres modernos surgieron de África con el amortiguador de un método de caza y recolección eficiente desde el punto de vista económico que dio por resultado una alimentación más variada. Mientras los hombres perseguían animales grandes, las mujeres y los niños buscaban presas pequeñas y vegetales. Stiner y Kuhn sostienen que los neandertales no gozaron de los beneficios de una división del trabajo tan marcada. Desde el sur de Israel hasta el norte de Alemania, el registro arqueológico muestra que, en lugar de ello, los neandertales dependían casi por completo de la caza de mamíferos grandes y medianos como caballos, ciervos, bisontes y ganado bovino salvaje. Sin duda comían algo de materia vegetal e incluso mariscos cerca del Mediterráneo, pero la ausencia de piedras para moler u otro indicio de procesar vegetales sugiere a Stiner y Kuhn que, para los neandertales, estos eran alimentos complementarios.

Sobre todo en las latitudes más altas y durante las estaciones más frías, su cuerpo demandaba calorías incesantemente y, tal vez, esto obligó a las mujeres y niños neandertales a unirse a la caza, “cuestión dura y peligrosa”, opinan Stiner y Kuhn, a juzgar por las muchas fracturas sanadas que pueden hallarse en las extremidades superiores y los cráneos de los neandertales. Los grupos migratorios de hombres modernos que llegaron a los mismos sitios hacia finales de la época de los neandertales tenían otras opciones.

“Al diversificar la alimentación y contar con personal que [efectuaba distintas tareas], se logra una fórmula para distribuir el riesgo y, en última instancia, ese es un beneficio tanto para las mujeres embarazadas como para los niños –me comentó Stiner–. De suerte que si un medio de obtener alimento falla, hay otro distinto”.

De todos los amortiguamientos culturales posibles quizá el más importante fue la protección que brindaba la sociedad misma. Según Erik Trinkaus, una unidad social neandertal habría tenido el tamaño aproximado de una familia extendida. Aun así, Trinkaus afirma que en los primeros asentamientos del hombre moderno “encontramos algunos que representan poblaciones mayores”. El solo hecho de vivir en un grupo más grande tiene repercusiones tanto sociales como biológicas. Tales grupos exigen más interacciones sociales; esto estimula al cerebro para tener mayor actividad durante la infancia y adolescencia, presiona para hacer más complejo el lenguaje y aumenta indirectamente el promedio de vida de los miembros del grupo. La longevidad, a su vez, incrementa la transmisión intergeneracional de conocimientos: el paso de las destrezas de supervivencia prácticas y la técnica para elaborar utensilios de una generación a la siguiente, y más tarde entre un grupo y otro.

Fuere cual fuere el conjunto de amortiguamientos culturales, bien pudieron dotarlos de una capa extra, si bien frágil, de protección contra las difíciles tensiones climáticas que, a decir de Stringer, alcanzaron su cúspide alrededor de la misma época en la que los neandertales desaparecieron. Datos sobre el núcleo de hielo indican que desde hace unos 30 000 años hasta el último máximo glacial hace unos 18 000 años, el clima de la Tierra fluctuó muchísimo, en ocasiones en cuestión de décadas. Unas cuantas personas más en la unidad social, con algunas destrezas adicionales pudieron dar al hombre moderno una ventaja en el momento en que las condiciones se volvieron rigurosas.

Lo anterior deja la última y delicada –y, como le gusta afirmar a Jean-Jacques Hublin, políticamente incorrecta– pregunta que ha torturado a los estudiosos de los neandertales desde que la teoría Out of Africa (fuera de África) logró una aceptación generalizada: ¿La sustitución de los neandertales por el hombre moderno fue atenuada y pacífica o relativamente rápida y hostil?
“Es probable que casi todos los neandertales y los hombres modernos vivieran la mayor parte de su vida sin verse unos a otros –agregó, eligiendo cuidadosamente sus palabras–. Como lo imagino es que ocasionalmente en estas zonas limítrofes, algunos de estos tipos se observaban entre sí a la distancia… pero lo más probable, me parece, es que se marginaban del paisaje unos a otros. No sólo se evitaban, sino que se excluían. Sabemos por las investigaciones recientes sobre los cazadores-recolectores que eran mucho menos pacíficos de lo que generalmente se creía”.

Clive Finlayson, especialista en biología evolutiva del Museo de Gibraltar, se hallaba en el vestíbulo de la cueva de Gorham, un magnífico refugio de piedra caliza que se abre hacia el mar, en el Peñón de Gibraltar. En el interior, fantásticas excreciones de colada estalagmítica cuelgan desde el techo de la enorme nave. La estratigrafía en la cueva revela fragmentos de evidencias de ocupación neandertal que se remontan a 125 000 años, incluso puntas de lanza y espátulas de piedra, piñones carbonizados y restos de antiguos hogares. Hace dos años, Finlayson y sus colegas aplicaron la técnica de fechado con carbono radioactivo para determinar que las brasas de algunas de esas chimeneas se extinguieron hace apenas 28 000 años, último rastro conocido de los neandertales sobre la Tierra.

Con polen y restos de animales, Finlayson ha reconstruido el ambiente de hace 50 000 a 30 000 años. En ese entonces, una estrecha plataforma continental rodeaba a Gibraltar, y el Mediterráneo estaba a tres o cuatro kilómetros de distancia. El paisaje era una sabana de matorrales aromatizados con romero y tomillo, sus dunas salpicadas de alcornoques y pinos piñoneros, crecía el espárrago silvestre en las planicies costeras.

Pero luego la situación cambió. Cuando las temperaturas más gélidas de la Edad de Hielo finalmente llegaron al sur de la Península Ibérica en una serie de abruptas fluctuaciones hace entre 30 000 y 23 000 años, el paisaje se transformó en una estepa semiárida. En este terreno más nivelado, los altos y gráciles hombres modernos que se mudaban a la región con lanzas obtuvieron la ventaja sobre los rechonchos y exageradamente musculosos neandertales. Pero Finlayson sostiene que no fue tanto la llegada del hombre moderno como los rigurosos cambios climáticos los que empujaron a los neandertales ibéricos hacia el borde. “Cuando sólo quedan 10, podría bastar un período de tres años de frío intenso o una avalancha –concluyó–. Una vez alcanzado determinado nivel, eran muertos vivientes”.

La cuestión más importante podría ser que la extinción de los neandertales no es una novela paleoantropológica desordenada pero coherente; es más bien un conjunto de relatos breves –relacionados pero singulares– sobre la extinción. “¿Por qué desaparecieron los neandertales en Mongolia? –se preguntó Stringer–. ¿Por qué desaparecieron en Israel?, ¿por qué desaparecieron en Italia, en Gibraltar y en la Gran Bretaña? Pues bien, la respuesta podría ser distinta en los diferentes lugares, porque tal vez sucedió en épocas distintas.

Sin importar lo que haya sucedido, alguien firmó el desenlace de todos estos relatos en la cueva de Gorham. En un profundo nicho de la caverna, no lejos del último hogar neandertal, el grupo de Finlayson descubrió hace poco diversas huellas rojas de manos en un muro, señal de que el hombre moderno había llegado a Gibraltar. Los análisis preliminares de los pigmentos las fechan hace 20 300 a 19 500 años. “Es como si dijesen: ‘¡Oigan, este es un nuevo mundo!’”, asevera Finlayson.
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Extraído de National Geographic

jueves, 12 de febrero de 2009

Pinceladas sobre el mundo de los Mayas.

Mayas: el ascenso.

El hacedor de reyes.

El forastero llegó cuando la época de sequía comenzaba a endurecer los senderos en la jungla, lo que permitía el paso de los ejércitos. Flanqueado por sus guerreros, se adentró en la ciudad maya de Waka, pasando al lado de templos y mercados, y atravesando las plazas. Los ciudadanos debieron quedarse boquiabiertos, impresionados no sólo por la exhibición de fuerza, sino también por los extravagantes tocados de plumas de estos hombres, las jabalinas y los escudos refulgentes: insignias reales de una remota ciudad imperial.

Las inscripciones antiguas dan como fecha del acontecimiento el 8 de enero de 378 y el nombre del forastero: ‘‘Nace el Fuego’’. Él llegó a Waka, en la actual Guatemala , como enviado de una gran potencia de la altiplanicie de México. Durante los siguientes decenios, su nombre figuró en los monumentos de todo el territorio maya, la civilización mesoamericana de la selva y, gracias a su legado, los mayas alcanzaron un apogeo que perduró por cinco siglos.

Los mayas han sido siempre un enigma. Hace algunos decenios, la majestuosidad de sus ciudades en ruinas y su hermosa pero entonces indescifrable escritura llevó a muchos investigadores a imaginar una noble sociedad de sacerdotes y escribanos. Cuando los epigrafistas aprendieron finalmente a leer los jeroglíficos mayas, surgió una imagen más oscura, de dinastías en guerra, rivalidades en la corte y palacios incendiados. La historia de los mayas se convirtió en un tapiz de fechas precisas y personajes de nombres evocadores.

Sin embargo, quedaban grandes misterios por resolver, entre ellos, qué impulsó el salto final de los mayas hacia la grandeza. En la época en la que se extendía la fama de Nace el Fuego, una ola de cambios sacudió el mundo maya. Lo que había sido un grupo de ciudades-Estado centradas en sí mismas amplió sus nexos con sus vecinos y con otras culturas, y alcanzó las alturas artísticas que definen el periodo maya Clásico. Nuevos indicios, extraídos de las ruinas tapizadas de maleza y obtenidos a partir del análisis de textos recién descifrados, apuntan a Nace el Fuego como la figura central de esta transformación. Aunque fragmentaria, la evidencia hallada en la última década sugiere que este misterioso forastero rehizo la dirigencia política del mundo maya. Combinando la diplomacia y la fuerza, forjó alianzas, instaló nuevas dinastías y amplió la influencia de la remota ciudad-Estado que él representaba, la gran metrópoli de Teotihuacan, ubicada cerca de la actual Ciudad de México.
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Extraído de National Geographic
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Mayas: el colapso.

Rivalidades funestas.

Un día del año 800, la pacífica ciudad maya de Cancuén se volvió un torbellino. El rey Kan Maax debió haber sabido que se avecinaban problemas, pues trató de construir parapetos improvisados en los accesos de su palacio de 200 habitaciones. Pero no terminó a tiempo.
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Los atacantes invadieron rápidamente las afueras de la ciudad e irrumpieron a raudales al centro ritual de Cancuén. La velocidad del ataque sigue siendo obvia hoy en día: construcciones inconclusas derrumbadas en el suelo, monumentos de piedra a medio tallar que enmarcan los senderos y platos y vasijas esparcidos por la cocina del palacio.

Los invasores tomaron 31 rehenes. Las joyas y los ornamentos encontrados con sus restos indican que eran nobles, tal vez miembros de la familia extendida de Kan Maax o huéspedes reales de ciudades conquistadas. Entre los cautivos había niños y mujeres; dos estaban embarazadas.

Llevaron a todos al atrio ceremonial del palacio y los ejecutaron sistemáticamente. Los asesinos utilizaron lanzas y hachas, con las que empalaron o decapitaron a sus víctimas. Colocaron los cuerpos en el chultún (aljibe) del palacio. De apenas nueve metros de largo y tres de profundidad, estaba forrado de estuco rojo y era alimentado por un manantial subterráneo. Los cuerpos, acompañados de prendas ceremoniales y adornos preciosos, cupieron fácilmente. Kan Maax y su reina corrieron la misma suerte. Fueron enterrados a 90 metros de distancia en 60 centímetros de relleno de construcción que serviría para remodelar el palacio. El rey aún portaba su elaborado tocado ceremonial y un collar de madreperla que lo identificaba como el Sagrado Señor de Cancuén.

Nadie sabe quiénes fueron los asesinos o qué buscaban. Aparentemente, no les interesaba el botín: unas 3 600 piezas de jade y artículos domésticos en el palacio y objetos de cerámica de la gigantesca cocina de Cancuén quedaron intactos. Pero, para los arqueólogos que durante los últimos años han excavado buscando evidencias, el mensaje es claro. Al depositar los cadáveres en el chultún, ‘‘envenenaron el pozo’’, dice el arqueólogo Arthur Demarest. También mellaron los rostros tallados en los monumentos de piedra y los colocaron bocabajo. ‘‘El sitio –dice Demarest– fue asesinado ritualmente’’.

Cancuén fue una de las últimas piezas del dominó que cayó en el valle del río La Pasión, una zona del antiguo centro maya en lo que hoy es Guatemala. Muchas ciudades ya habían tenido un final semejante y, a lo largo de toda la tierra caliente del sur de Mesoamérica, lo que llegó a conocerse como el periodo maya Clásico ya estaba en progreso. La civilización que había dominado la región durante 500 años entraba entonces en una prolongada e irrevocable decadencia.

Algunas efervescentes ciudades-Estado fueron destruidas por las guerras, pero otras simplemente decayeron. Los kuhul ajaw, o señores sagrados, que conmemoraban sus hazañas en murales, esculturas y arquitectura, ya no mandaban edificar obras nuevas. Las exposiciones públicas de escritura con glifos escasearon y las fechas en el sistema calendárico de la Cuenta Larga casi desaparecieron de los monumentos. La población disminuyó drásticamente. Los nobles abandonaron sus palacios, que fueron invadidos. Después, los habitantes emigraron y la jungla reclamó lo que quedaba.

Extraído de National Geographic

El Evangelio según Judas.

“El Evangelio según Judas”, dice la última línea de un texto que hasta ahora sólo se conocía a través de los líderes de la Iglesia temprana, quienes lo declararon herético. Fue copiado en los siglos III y IV a partir de un original del siglo II y arroja más información sobre los gnósticos, cuyas creencias poco ortodoxas se difundieron en los primeros años de la cristiandad. Y luego desaparecieron.

Un texto perdido durante 1 700 años revela que Judas fue en realidad el discípulo más fiel de Jesús.

Las manos del profesor Rodolphe Kasser, ligeramente temblorosas debido a la enfermedad de Parkinson, toman el antiguo texto. Con voz clara y fuerte comienza a leer: pe-di-ah-kan-aus ente pla-ney. Lo que el profesor pronuncia es copto, la lengua que se hablaba en Egipto cuando surgió el cristianismo. Estas extrañas palabras no habían vuelto a escucharse desde que la Iglesia temprana declaró que los cristianos no debían conocer el documento que las contiene.

Por alguna razón esta copia sobrevivió. Estuvo escondida durante siglos en el desierto de Egipto y, finalmente, fue descubierta antes de que concluyera el siglo XX. Después desapareció en el mundo de los comerciantes de antigüedades, uno de los cuales la tuvo abandonada durante 16 años en una caja de seguridad de un banco en Hicksville, Nueva York. Para cuando el papiro –una forma de papel elaborado con plantas acuáticas secas–, llegó a manos de Kasser, se deshacía en pedazos y su mensaje estaba a punto de perderse para siempre.

El estudioso, de 78 años de edad, es uno de los más prominentes expertos en copto del mundo. Al terminar de leer, colocó la página con cuidado sobre la mesa. ‘‘Es una lengua hermosa, ¿no es cierto? Egipcio escrito con caracteres griegos’’.

Luego sonrió. ‘‘En este pasaje Jesús les explica a sus discípulos que van por el camino equivocado.’’ El texto lo ha hechizado, y no es para menos. La línea que abre la primera página dice: ‘‘El recuento secreto de la revelación que Jesús le hizo en una conversación a Judas Iscariote…’’

Tras casi 2 000 años, el hombre más odiado de la historia ha regresado.

Todo el mundo recuerda la historia del cercano amigo de Jesucristo, uno de sus discípulos, que lo vendió por 30 monedas de plata y lo identificó mediante un beso. Más tarde, enloquecido por la culpa, Judas se colgó. Es el símbolo por antonomasia de la traición. En algunos mataderos, a la cabra que guía a los demás animales hacia su muerte se le llama ‘‘Judas’’. En Alemania, los funcionarios tienen facultades para prohibir a los padres que escojan ese nombre para sus hijos. Los guías de turistas en la histórica Iglesia Colgante del viejo Cairo señalan, de entre todas las columnas blancas, una negra: representa a Judas, por supuesto. La cristiandad no sería la misma sin su traidor.

Extraído de National Geographic

Las Órdenes Militares en el entramado defensivo peninsular.

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En lo últimos tiempos es un hecho que los estudios castellológicos han sufrido una renovación en sus planteamientos metodológicos cuya consecuencia más importante ha sido una nueva visión sobre el papel y las funciones de las fortalezas. Dentro de las nuevas líneas de investigación, una parte se han dedicado al análisis de los sistemas defensivos. Una reflexión sobre estas redes de castillos, así como sobre los elementos que los definen y caracterizan, es el objetivo de este trabajo.
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Una vez recordadas esas dimensiones de las fortalezas medievales asociadas primordialmente al control de las vías de comunicación, y descrito suficientemente el alcance habitual de los mecanismos de defensa proporcionados por la conjunción de una serie de fortalezas, debemos también referirnos a otras consideraciones utilizadas recurrentemente para negar la categoría defensiva de dichos entramados y que son, igualmente, matizables.

Se indica, por ejemplo, que solo se puede concebir un diseño estratégico defensivo a partir de su vinculación a un poder político relativamente centralizado, aunque, a nuestro parecer, es perfectamente asumible una organización defensiva de tipo señorial sin enlace directo con la estrategia general de la monarquía. La Alta Edad Media peninsular está plagada de ejemplos de ello. Pero aún admitiendo la necesidad de tal vinculación —cuyos extremos hemos explicado hace un momento asociados a los nuevos presupuestos de consolidación de la monarquía que pueden apreciarse a partir de la segunda mitad del siglo XII—, parece claro en el caso de las Órdenes Militares, unas instituciones que surgen en la Península Ibérica con vocación más o menos generalizada de asumir, en nombre de la Corona, una lucha sostenida y fronteriza con los núcleos territoriales dominados por el Islam. No creemos que sea necesario insistir demasiado en que semejante actividad militar ha de contemplar acciones tanto ofensivas como defensivas. El profesor García Fitz se hace eco, incluso, de las alusiones documentales precisas en las que la Corona estima que uno de los rasgos fundamentales de las Órdenes es precisamente la de actuar como elemento de contención física ante los infieles. En realidad, no podía ser de otro modo, pues era esa su verdadera razón de ser. ¿Cabe pensar por tanto que unas instituciones semejantes eludiesen en el cumplimiento de su deber el diseño de redes defensivas a partir de los elementos más idóneos para ello, es decir, de las fortalezas? Obviamente pensamos que no. Pero es que, además, creemos haber puesto en evidencia la presencia de algunas de esas redes cástrales, en concreto referidas a la Orden de Alcántara, por medio de un estudio que valora la capacidad espacial de las tales dispositivos''.

Siguiendo la argumentación proporcionada por el profesor Rodíguez-Picavea, «la actuación militar de las Órdenes en la frontera castellano-andalusí hay que considerarla en una doble faceta: defensiva y ofensiva. En relación a la primera de ellas, las Órdenes Militares eran las encargadas de la defensa de buena parte de la frontera, mediante el control de las fortalezas, villas y aldeas y de las vías de comunicación que las unían o facilitaban el paso desde la Sierra».

De entre los muchos ejemplos que podemos encontrar en la documentación en los que se pone de manifiesto el papel de las Órdenes Militares como garantes de la integridad territorial en un reino y, por lo tanto, como promotores de un diseño espacial defensivo, señalaremos aquí el que en abril de 1194 nos muestra el tratado de paz de Tordehumos entre Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León. Los monarcas proponen la cesión de cinco castillos a los maestres de Calatrava y el Temple como garantía de los acuerdos adoptados y consiguiente seguridad del espacio fronterizo.

La misma naturaleza tiene la petición que hace Fernando IV en 1303, ordenando predicar la cruzada en Castilla y además recaudar todos sus derechos para el mantenimiento de la frontera y de los castillos de la Orden de Santiago en Huesear, Orce, Galera, Taibilla, etc.

La conciencia —y por lo tanto vigencia del concepto— de elaborar un sistema defensivo, particularmente en zona de frontera, no es exclusiva de las Ordenes Militares y, ni siquiera, de la realidad medieval cristiana. En la Península Ibérica, el dominio musulmán tiene la misma sensibilidad y establece, en consecuencia, mecanismos muy semejantes. Valga el ejemplo del famoso visir Ridwan que, en la primera mitad del siglo XIV, construye un enorme cinturón de atalayas fronterizas, relacionados con importantes caminos, alrededor de la ciudad de Huesear para defenderse las posesiones santiaguistas en el reino murciano.

De nuevo García Fitz nos proporciona un testimonio andalusí, en el que la referencia a un complejo defensivo compuesto por una red de fortalezas, no deja lugar a dudas. Se trata de la descripción referente al papel que fian de jugar una serie de puntos fuertes en Granada acondicionados en la frontera con la taifa de Almería durante el siglo XI: «formaron una línea defensiva de mi territorio, cerrándolo como un candado (...) A las guarniciones de los castillos restaurados, que eran siete, les ordené que tratasen bien a las gentes del país y protegieran toda aquella zona, impidiendo que nadie deseoso de hacerme mal pudiera meterse de improviso en mis dominios». Es decir, que sea cual sea el grado de centralización de que goza una entidad política determinada, se considera como acción prioritaria y hasta elemental, el proceder a una organización de líneas o sistemas defensivos, independientemente del grado de efectividad final que los mismos posean, y siempre contando con las limitaciones propias de la época.

Lo que no es correcto es vincular la existencia de tales operativos de defensa a una complejidad administrativa determinada ni, muchísimo menos, al fenómeno de construcción ex novo de fortalezas para desempeñar esa función: en la inmensa mayoría de los casos se trata simplemente de «utilización» de recursos existentes o, todo lo más, de readaptación de los mismos elementos.
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Extraído del artículo A propósito de los «sistemas defensivos» de fortificaciones en la Edad Media peninsular de Feliciano Novoa Pórtela y F. Javier Villalba Ruiz de Toledo.
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Publicaciones en Antrophistoria sobre Llerena en esta época:

miércoles, 11 de febrero de 2009

“La columna de los ocho mil” (Producciones Morrimer).

“La columna de los ocho mil” es un documental sobre la Guerra Civil española, elaborado por Producciones Morrimer. El video se centra, sobre todo, en el desarrollo de esta contienda bélica por el sur de Extremadura, ciñéndose a las zonas colindantes al pueblo de Llerena. Se pueden observar algunos testimonios tomados de los supervivientes del drama.
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Por su extensión, el autor ha dividido el documental en siete partes, todas correspondientes a la misma obra.
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Video 1 (de 7)


Video 2 (de 7)


Video 3 (de 7)


Video 4 (de 7)


Video 5 (de 7)


Video 6 (de 7)


Video 7 (de 7)

Llerena, un pueblo sin gente necia.

En su «Libro de Cetrería», Luis Zapata de Chaves escribió en el siglo XVI que Llerena era un pueblo lleno de mujeres hermosas, de caballeros y letrados y que sus habitantes eran tan ingeniosos que «apenas necio podrá hallarse uno». Este texto está esculpido en una placa situada en la fachada del Palacio de los Zapata (ver foto), que ahora es Palacio de Justicia y antes fue sede del tribunal de la Inquisición.

Y bastante razón tenía don Luis Zapata porque en este pueblo, en cuanto te descuidas, surge el ingenio. Recorremos la villa por su circunvalación, que aquí llaman la LL-30, rodeando torreones, paños de muralla con los restos de sus cinco puertas, y van surgiendo curiosidades: la estatua del Tumbaíto, que no es otro que Pedro Cieza de León, un llerenense que trajo la patata de América, la rotonda de Dalí, así llamada por su peralte imposible, el viento helado, porque la sierra impide la llegada de los vientos del sur y provoca que todos los años, curiosa estadística, nieve al menos un día...

Nos adentramos después en el casco urbano y nos topamos con la torre mudéjar de la iglesia. «Es como la Giralda, pero más especial porque ésta parte de la bóveda y aquella, del suelo», presumen en Llerena. Aquí, la imprenta Grandizo, que ya funcionaba hace 80 años. En ella se imprimía el material del partido trostkista POUM, que se repartía en Cataluña. Uno de sus principales dirigentes era el llerenense Luis Rastrollo. Allí, el barrio de El Coso, la calle Corredera de los toros, los arcos de la iglesia, desde donde se veían las corridas... Pero en Llerena no se celebran festejos taurinos porque el empresario estafó a los diestros hace dos años y el sindicato taurino ha vetado una plaza que no existe.

En la plaza principal hay una fuente diseñada por Zurbarán, que se casó dos veces en Llerena y aquí vivió y pintó. En el pueblo llegó a haber siete conventos de frailes y nueve de monjas. Llerena fue importantísima durante el Antiguo Régimen. Aquí estaba el Tribunal de la Inquisición, del que se dice que fue muy cruel, pero lo cierto es que cuando juzgaron a los Iluminados de Llerena, solo dos fueron ajusticiados. Y eso que pretendían llegar al cielo por la vía sexual, una herejía muy particular: la mística orgásmica.

Llerena llegó a ser tan importante que se dice que los llerenenses aún se miran el ombligo. Lo asegura Xosé Antonio Perozo, un llerenense convertido en escritor gallego y en gallego. Su madre visitó la compostelana Plaza del Obradoiro y opinó como buena llerenense: «Bueno, es bonita, pero una manita de cal no le vendría mal». Su hijo editó una enciclopedia gallega en la editorial Ir Indo y definió así Azuaga: «Localidad cercana a Llerena».

El pique con Azuaga es tradicional y tiene su gracia (...) el enfrentamiento proviene de la Edad Media, cuando a Llerena le ponen muralla y a Azuaga la dejan en medio del campo. Hoy, Azuaga tiene más habitantes que Llerena (10.000 frente a 6.000), pero es en Llerena donde están los juzgados, el hospital, el tren.

«No caemos muy bien en los pueblos de los alrededores, pero es lógico. Aquí estaba la Inquisición y los vecinos de los pueblos cercanos venían a ser juzgados. En la Guerra Civil, en los pueblos de los alrededores estaban los muertos y aquí los ejecutores que los fusilaban. Aún hoy, se viene a Llerena si estás enfermo para que te ingresen en el hospital. Pero nosotros ejercemos de llerenenses, no podemos evitarlo, nos defendemos, nos unimos».

Los 'morrimer'.

Ellos, los ejercientes, son miembros de la Asociación Cultural Morrimer. Julio Fernández, graduado social, Fernando Ramos, actor, Ángel Hernández, conserje e historiador con varias publicaciones, Antonio Navarro, funcionario y psicólogo... Esta asociación llerenense cuenta con 411 socios, lleva funcionando diez años, desde que Paco Freire, un realizador que ahora trabaja en una importante productora gallega, les inoculó el virus audiovisual. Desde entonces han grabado varios cortos y un documental, «La columna de los 8.000», proyectado en varias televisiones, en Viena, Londres, Roma y Nueva York y en casi todas las filmotecas de España, incluida la Nacional, excepto, ¿atención!, en la de Extremadura.

«La columna de los 8.000» narra las peripecias, que acaban en masacre cerca de Llerena, de 8.000 extremeños republicanos que intentaban escapar del avance de la llamada Columna de la Muerte de Yagüe. Ahora, los 'morrimer', como se les conoce popularmente, preparan otro documental sobre los campos de concentración de Barrancos, donde el teniente Seixas cobijó y salvó de la muerte a centenares de extremeños y andaluces. En sus documentales, los 'morrimer' son asesorados por historiadores como los extremeños José María Lama o Francisco Espinosa y la portuguesa Dulce Simoes.

La asociación Morrimer organiza también un festival de cortos llamado El Pecado. Se celebra en agosto. Las proyecciones se realizan en diferentes placitas de Llerena, que se llenan hasta la bandera. Se presentan alrededor de 250 cortometrajes y tienen tanta calidad que en la última edición, de los 10 cortos nominados a los Goya, siete se habían presentado antes en El Pecado. Un corto premiado en Llerena, «La ruta natural», ganó después el festival de Sundance.

Aquí ha ganado Nacho Vigalondo, nominado después a los Oscar, y el año pasado triunfó el equipo de Muchachada Nui. Como los 'morrimer' son más bien pobres y voluntariosos, suelen pagar las colaboraciones con paletillas de jamón ibérico, que también reciben los premiados en el festival de cortos.

Hoy, Llerena es un pueblo donde los servicios se imponen a la agricultura. Los olivares de la sierra están siendo comprados por vecinos de los pueblos cercanos, mientras el polígono industrial llerenense empieza a desarrollarse. Hay una empresa textil, Saycars, con más de 60 trabajadores en temporada baja, dos industrias cárnicas de cierta importancia, dos fábricas de pienso, y una de abonos.

Llerena cuenta con dos institutos que imparten algunas especialidades de FP únicas en Extremadura como Radiodiagnóstico. En la villa hay tradición educacional. Aquí estuvo el colegio de jesuitas, que hoy se encuentra en Villafranca. Tras ser expulsados de España, al regresar, cambiaron de ubicación. También había un popular colegio para estudiantes díscolos y cuenta con un importante centro de educación especial, con más de 30 trabajadores y más de cien usuarios, y una asociación puntera de lucha contra la droga, con residencia y granja de desintoxicación.

Llerena es el centro comercial de una quincena de pueblos. Siempre estuvo muy unida a Sevilla, tanto en lo laboral como en lo estudiantil, pero ahora, a pesar de la autovía, Mérida y Badajoz tienen más peso. En turismo, se ha pasado de tener dos hostales y una pensión a contar, además, con una hospedería de cuatro estrellas y dos hoteles de tres.

Llerena ya no es aquella capital de la Orden de Santiago cuyo gobernador controlaba, entre 1300 y 1835, más de 50 pueblos. Pero sigue siendo un pueblo de referencia. Ya no tiene gobernador, pero su alcalde, el socialista Valentín Cortés (tres mandatos con mayoría absoluta) preside la Diputación de Badajoz, aunque no parece que vaya a declarar Llerena ciudad 'independiente' como sucedió en 1835.

Ese año se produjo el cisma de Maeso, líder de la más importante familia llerenense, que se opone a que el pueblo dependa del obispo de Badajoz. Durante año y medio, los curas papistas son apedreados y encarcelados y no se legalizan los sacramentos.

Hubo otra rebelión en los años 70, cuando los hippies del pueblo se opusieron a que la Plaza se cerrara durante las fiestas porque era del pueblo. Y triunfaron. De aquella movida nació un grupo de teatro cuyos herederos son la compañía Teatro de Papel. En ella está Fernando Ramos, un actor, un 'morrimer' que se declara rebelde sin causa: «Soy de IU y del Bilbao. siempre a un punto del descenso». Hace años, la Guardia Civil lo denunció por cantar a las cinco de la mañana y él denunció a la Iglesia porque las campanas del convento lo despertaban a las siete. Es Llerena, sitio distinto.
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Extraído de HOY