jueves, 31 de marzo de 2011

Accidente nuclear.

Extraído de Eneko

Odisea del amanecer.

Extraído de Eneko

Estela maya número seis no predice el fin del mundo.

La estela número seis del calendario maya que está resguardada en el Museo de Antropología Carlos Pellicer Cámara, no anuncia el apocalipsis del mundo ni predice su fin para el próximo 23 de diciembre del año 2012, aclaró el delegado del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Tabasco (INAH), Juan Antonio Ferrer.
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Dijo que la estela anuncia la llegada de un nuevo gobernante, Balam Ahau, que nació el 916 antes de Cristo.
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El funcionario federal expuso que esta figura en realidad es un enorme retablo de la cultura maya que fue descubierto en 1958 por Carlos Pellicer Cámara, y desde entonces permanece bajo resguardo en Tabasco.
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“No se le había dado la importancia debida hasta ahora que está la euforia internacional por las profecías del fin del mundo que se han anunciado.”
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El funcionario dijo que las otras estelas mayas están en museos de los Estados Unidos, “esperamos que podamos juntarlas para así poder descifrar el enigma que rodea al calendario maya”.
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Extraído de Vanguardia

miércoles, 30 de marzo de 2011

¿Venimos todos de Marte?

Científicos desarrollan un sistema para buscar restos biológicos bajo la superficie del Planeta rojo, quizás las muestras de nuestros propios orígenes.
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En febrero de 2009, y bajo este mismo título, ABC publicaba un artículo sobre esta inquietante posibilidad. Entonces, H. Jay Melosh, profesor de Ciencias Planetarias de la Universidad de Arizona y una de las máximas autoridades mundiales en el estudio de impactos de meteoritos contra la Tierra, defendía la hipótesis de que la vida podría haberse originado antes en Marte que en nuestro propio mundo, para viajar después hasta aquí a bordo de meteoritos. Ahora, investigadores del Massachussetts Institute of Technology (MIT) y la Universidad de Harvard, están terminando de desarrollar un instrumento capaz de zanjar la cuestión.

La idea, aunque puede parecer descabellada, tiene en realidad una lógica aplastante. Para muchos biólogos y geólogos actuales, en efecto, no cabe duda de que en Marte hay, o por lo menos hubo alguna vez, vida. Casi cuarenta misiones no tripuladas han sido enviadas hasta ahora al Planeta rojo, una buena parte de ellas con la misión específica de encontrar agua (cuya presencia allí ha sido repetidamente confirmada) y rastros de algún tipo de vida orgánica, ya sea presente o pasada.

Y es que la historia de Marte es muy similar a la de nuestro propio mundo. Sabemos que, igual que en la Tierra, allí hubo mares y océanos que, sin embargo, se perdieron por carecer el planeta de una atmósfera capaz de retener y reciclar el agua evaporada por el Sol. Al ir evaporándose el agua de los mares, simplemente se fue perdiendo en el espacio.

Sin embargo, resulta más que plausible pensar que, mientras esos mares existieron, llegaron a albergar alguna forma de vida orgánica. Un proceso, además, que pudo tener lugar incluso antes que en la propia Tierra, según se desprende del análisis de los datos enviados por las naves actualmente en órbita marciana y por los vehículos robotizados Spirit y Opportunity, que han pasado largos años “paseando” y analizando su polvorienta y árida superficie.

Y después están los asteroides y cometas, que chocan continuamente con todos y cada uno de los mundos del Sistema Solar, salpicando sus superficies de cráteres que son visibles durante muchos millones de años. Cuando uno de estos “vagabundos espaciales” choca contra un planeta, levanta una gran nube de escombros y piedras que, a su vez, son lanzadas al espacio y pueden chocar (de hecho lo hacen) contra otros mundos del mismo sistema planetario. Aquí, en la Tierra, se han encontrado ya un buen puñado de meteoritos que han resultado ser fragmentos de suelo marciano.

Carambola cósmica.

Si se llega a demostrar que, en efecto, la vida se desarrolló antes en Marte que en la Tierra, no sería muy arriesgado suponer, aseguraba Melosh en 2009, que pudo “trasladarse” hasta nuestro propio mundo aprovechando alguna de esas “carambolas cósmicas”. Aquí, en la Tierra, aquellas primitivas moléculas prebióticas o, quién sabe, incluso microorganismos funcionales, encontraron un caldo de cultivo más favorable en el que desarrollarse y prosperar.
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Sin embargo, y a pesar de que la mayoría de los investigadores están convencidos de que la vida floreció alguna vez en el Planeta rojo, no existen aún pruebas irrefutables de que, en efecto, fue así. Ahora, Christopher Carr, científico del MIT, y Gary Ruvkun, biólogo molecular de la Universidad de Harvard, proponen una estrategia completamente nueva para resolver la cuestión: buscar en Marte fragmentos de ADN o ARN, en especial determinadas secuencias de esta molécula que están presentes en la inmensa mayoría de las criaturas terrestres y que pueden, por lo tanto, considerarse como universales.

Si se encuentra ese material genético en Marte, Carr y Ruvkun aseguran que, gracias a un instrumento desarrollado por sus equipos, podrían determinar si están o no relacionadas con las formas de vida de la Tierra.

La idea se basa en un buen número de hechos bien establecidos. Primero, cuando el Sistema Solar era aún joven, los climas de Marte y de la Tierra eran mucho más parecidos entre sí de lo que son hoy, de forma que la vida que surgiera en cualquiera de los dos mundos podría haber sobrevivido fácilmente en el otro. Segundo, se estima que han llegado ya hasta la Tierra cerca de mil millones de toneladas de rocas procedentes de Marte, arrojadas al espacio tras el impacto de meteoritos sobre la superficie marciana. Tercero, se ha demostrado que algunos microbios son capaces de sobrevivir a estos tremendos impactos y, lo que es más, pueden mantenerse "en suspenso" durante los cientos, o miles de años de duración de su travesía espacial.

Descendientes de microbios marcianos.

Por lo tanto, la idea de que la vida surgiera en uno de los dos planetas para ser después "transportada" hasta el otro, resulta más que plausible. Por último, la dinámica orbital de Marte y de la Tierra hacen que sea cien veces más fácil para una roca viajar de Marte a la Tierra que al revés. Por lo que si la vida efectivamente surgió primero allí, algunos microbios habrían podido "trasplantarla" hasta la Tierra, de modo que todos seríamos sus descendientes.

Si las cosas sucedieron de esta forma, podríamos aprender importantes lecciones sobre nuestro propio origen biológico estudiando la compleja bioquímica de nuestro planeta vecino, en el que las primeras huellas de la vida, desaparecidas sin remedio aquí en la Tierra, se habrían conservado gracias a su gélido ambiente.

El ingenio desarrollado por el MIT tomaría muestras del suelo marciano y sería capaz de aislar cualquier organismo viviente o resto biológico que contenga ADN para después separar el material genético y analizar sus secuencias con las técnicas estandar. "Es un disparo muy largo - concede Carr- pero si vamos a Marte y encontramos formas de vida que estén relacionadas con nosotros, podría ser que nuestro origen fuera marciano. O bien, si la vida empezó aquí, podría haberse transferido a Marte".

"En ambos casos -concluye el investigador- estaríamos relacionados con la vida de Marte".

Hay otro punto en el que, en general, los científicos están de acuerdo. Si efectivamente sigue habiendo algo vivo en Marte, es muy probable que ese algo no esté en la superficie, demasiado fría y seca, sino debajo de ella. "En Marte, hoy -asevera Carr- el mejor sitio para buscar vida es en el subsuelo". Por eso el ingenio que está desarrollando el equipo del MIT está especialmente diseñado para obtener muestras subterráneas.

Extraído de ABC

Encuentran un cerebro casi intacto de hace 2,500 años.

La imagen del cerebro puede resultar grotesca para la vista, sin embargo, desde el punto de vista científico, representa un paso importante para saber cómo es posible que un cerebro de hace 2,500 años de antigüedad pueda preservarse en un estado aceptable, sobre todo cuando se sabe que que el cerebro es el órgano que sufre con mayor rapidez procesos de descomposición por la gran cantidad de materia grasa que posee.

Según afirman investigadores de la Universidad de York en Inglaterra, este cerebro corresponde a un hombre que vivió en la región de Heslington en Reino Unido (entre el 673 y el 482 A.D.C), y que tenía una edad de entre 26 y 45 años. Algunas de sus vértebras del cuello y mandíbula encontradas indican también que esta persona fue colgada y posteriormente decapitada. El resto de su cuerpo no fue encontrado debido a que, se cree, fue quemado rápidamente poco después de su muerte.

Más allá de este hecho que en sí mismo resulta aterrador, lo más relevante del descubrimiento es que arroja luz sobre cómo el cerebro humano puede ser preservado en condiciones naturales por largo tiempo (aunque el cerebro de este hombre se haya reducido casi a la mitad).

La hipótesis que barajan los científicos es que, después de su muerte, este hombre permaneció en una zona donde había mucha humedad; humedad que produjo cambios químicos en su cerebro, debido también a la ausencia de oxígeno. Recordemos que el oxígeno es uno de los elementos químicos que producen mayor corrosión y oxidación en las cosas.

Extraído de Circuito Aleph

martes, 29 de marzo de 2011

'Cómo sobrevivir con dos piedras y un cerebro' busca el lado divertido de la Prehistoria.

Carlos Díez Férnández-Lomana, de la Universidad de Burgos, presenta un manual para ayudar a amar el patrimonio.
 
El libro 'Manual Práctico de Arqueología Experimental. Cómo sobrevivir con dos piedras y un cerebro', coordinado por el investigador Carlos Díez Fernández-Lomana trata de ser, en palabras de este profesor de la Universidad de Burgos, un «recurso didáctico que ayude a conocer la Prehistoria y a amar el patrimonio». Fernández-Lomana, miembro del equipo investigador de Atapuerca, considera que «la mejor manera de amar el pasado es conocerlo» y que este libro «ayuda a conocerlo de forma lúdica, experimental y a través del autoaprendizaje». El libro, en el que colaboran Rodrigo Alonso, Marcos Terradillos y Miguel Ángel Pérez, ha sido desarrollado en la Universidad de Burgos, en el marco de un proyecto de colaboración con otras universidades latinoamericanas.
 
El volumen, que se presentó ayer en el Museo de la Evolución Humana, está pensado para todas las edades, «desde jóvenes de 14 ó 15 años en adelante» y contiene 27 actividades prácticas que se pueden realizar con medios sacados de la naturaleza. «Cómo hacer un arco y una flecha, un bastón de mando, una aguja en asta de ciervo», detalló Díez Fernández-Lomana. Se trata, según indicó, de un compendio de explicaciones sobre cómo hacer diferentes objetos con piedras, huesos, arcilla y al mismo tiempo, el libro realiza un repaso del registro arqueológico que hay en Europa y en América de esos objetos prácticos.
 
«Se ha pretendido poner en relación la inteligencia humana con medios naturales, al alcance de cualquiera, para generar objetos que nos ayudan a enfrentarnos al mundo», apuntó. En este sentido, el profesor de la Universidad de Burgos confía en que nuestra especie podría empezar de nuevo con la naturaleza como único medio para sobrevivir. «Hay gente que dominaría unas artes, otros dominarían otras, pero dentro de nuestro acervo cultural está nuestra capacidad tecnológica, la pondríamos a nuestro servicio», indicó. Según Díez Fernández-Lomana, «en el caso del fuego es probable que los homínidos vieran incendios y tuvieran la perspectiva curiosa de todos los primates de acercarse a contemplar cómo funcionaba ese fenómeno», aunque desde la observación al control «es evidente que pasó mucho tiempo». Según explicó, los primeros descubrimientos humanos se produjeron bien al azar, trabajando de forma sistemática o través de su capacidad de observación.
 
Extraído de Norte Castilla

El nuevo rostro del 'hombre de los hielos'.

El Museo de Prehistoria de Valencia inaugura una exposición en torno a Ötzi, el hombre momificado de hace 5.000 años hallado en los Alpes italianos.

El Museo de Prehistoria de Valencia muestra por primera vez en España el rostro actualizado de la momia húmeda más antigua del mundo, en la exposición Ötzi. El hombre de hielo, según ha destacado la Diputación de Valencia. La muestra,organizada por el Museo Arqueológico del Tirol del Sur (Italia) y patrocinada por Caja Mediterráneo (CAM), podrá visitarse hasta el24 de julio.

El nuevo rostro que se muestra en la exposición ha sido reconstruido por los hermanos Alfonso y Adrie Kennis, artistas holandeses especializados en historia natural y paleontología. La muestra se compone de una réplica de la momia de Ötzi, que estuvo conservada de forma natural en un glaciar de la parte italiana del Valle de Ötz durante más de 5.000 años, y reproducciones de objetos e indumentaria hallados junto a la momia.

Los materiales originales no se muestran en la exposición por problemas de conservación. No, obstante los visitantes podrán contemplar la momia auténtica en tiempo real a través de una cámara web situada en el Museo de Bolzano, donde la pieza se conserva en una cámara frigorífica a -6 grados y con una humedad del 98%.

En la presentación de la exposición, la directora del Museo de Prehistoria de Valencia, Helena Bonet, ha opinado que "es toda una heroicidad sobrevivir hasta los 45 años a inicios de la Edad de los Metales", en alusión a la edad de Ötzi que han determinado los estudios. El montaje de la exposición consta de en un conjunto de módulos interativos con proyecciones de vídeo, efectos sonoros, hologramas, imágenes lenticulares, muestras de material, fotografías, animaciones 3D y puntos interactivos que presentan la información en castellano, inglés y valenciano.

También se ha recreado a escala real la escena del descubrimiento de la momia por parte una pareja alemana el 19 de septiembre de 1991 en el glaciar del Passo di Tisa / Tisenjoch, entre Italia y Austria. La exposición itinerante se inauguró por primera vez en enero de 2003 en la estación de Roma Termini y después ha viajado por Europa, Australia y Japón. El de Prehistoria de Valencia es el primer museo de España que acoge esta muestra.

Extraído de El País

domingo, 27 de marzo de 2011

América se ocupó 2.500 años antes de lo que se creía.

La primera cultura humana en América, llamada clovis, ha quedado definitivamente destronada por otra más antigua.
La arqueología no tiene por qué ser una ciencia sencilla, pero al menos tiene una dirección clara: hacia abajo. A mayor profundidad, mayor antigüedad, y de este axioma se desprende que la que hasta ahora se presumía como la primera cultura humana en América, llamada clovis, ha quedado definitivamente destronada por otra 2.500 años más antigua, lo que deja la edad de los primeros americanos en 15.500 años.

No es la primera vez que se aportan indicios de culturas preclovis, pero, como señala el director del Centro para el Estudio de los Primeros Americanos de la Universidad A&M de Texas, Michael Waters, "no eran pruebas muy robustas". En cambio, los datos que Waters y sus colaboradores publican hoy en Science son férreos: en una capa bajo un yacimiento clovis en el complejo tejano de ButtermilkCreek, los arqueólogos han desenterrado nada menos que 15.528 artefactos. "La mayoría son lascas resultantes de fabricar y afilar utensilios, pero más de 50 son herramientas" como cuchillos o bifaces, precisa Waters.

Según los autores, aquellos paleoindios usaban las técnicas que después adaptaron y mejoraron los clovis. "Es hora de abandonar de una vez por todas el modelo clovis primero de la ocupación de América y crear uno nuevo", concluye Waters.

Extraído de Público

viernes, 25 de marzo de 2011

La Catedral escondía un cementerio.

El Cabildo de Santiago abre a visitas los restos medievales del sótano del templo.
En el suelo de la nave central y del brazo sur del crucero de la Catedral de Santiago se abre un pasillo estrecho hacia los sótanos del templo o, lo que es lo mismo, la historia de la ciudad antes del 813, el año en el que el obispo Teodomiro reconoció la tumba señalada por el ermitaño Pelayo como la del apóstol. A partir del 4 de abril, quien lo desee podrá hacer un viaje por ese sótano, en realidad un gran cementerio de orígenes romanos que se prologó a la época sueva y que en el siglo VIII quedó cubierto por una capa terrosa, sin interés arqueológico, que atestigua un abandono inmediatamente anterior al hallazgo del siglo IX. Nunca antes, con la excepción de arqueólogos o visitantes "muy privilegiados", el público general pudo acceder a la necrópolis que son los subsuelos de la catedral, descubiertos a raíz de una gran excavación dirigida por Manuel Chamoso Lamas entre 1946 y 1959. Sus conclusiones las recoge en Santiago de Compostela, publicado por primera vez en 1961.

La búsqueda dejó al descubierto decenas de tumbas con sus correspondientes laudes -las lápidas que cierran las sepulturas-, entre ellas la del obispo Teodomiro, hoy expuesta en la nave lateral derecha del templo. Dentro de las sepulturas han aparecido varios esqueletos fosilizados. Esta es la única razón que Ramón Díaz, director técnico del Museo de la Catedral, encuentra para explicar su buen estado catorce siglos después, porque el suelo ácido de Galicia no ayuda precisamente a su conservación.

Además, en la catacumba sueva alojada bajo el crucero sur de la Catedral puede verse parte de la muralla que tuvo aquel primitivo burgo anterior al descubrimiento y, pegados a esta, los cimientos de la torre defensiva levantada por don Cresconio, obispo de Iria, sobre otra anterior del siglo IX. Era el fin de la ciudad, tan reducida entonces que sus límites ni siquiera sobrepasaban la iglesia prerrománica, muy parecida a las del occidente astur, levantada durante el reinado de Alfonso III (886-919).

"Hacia atrás [antes del año 813] no hay más recursos que la toponimia y la arqueología", señaló el deán de la catedral, José María Díaz, durante la presentación de la primera visita guiada para periodistas por la necrópolis del templo. El Cabildo conocía los hallazgos del equipo de Chamoso Lamas desde que terminaron a mediados del siglo pasado, pero la decisión de compartirlos y abrirlos al público se retrasó más de 50 años. En parte por la dificultad del acceso -que limitará la entrada a un máximo de 12 personas en un solo grupo diario-, pero también porque, cuenta el director del Museo, las tumbas abiertas con los esqueletos dentro hacían demasiado "morbosa" la visita. Lo importante, insiste Ramón Díaz, es que la excavación permite entender la evolución del espacio hoy ocupado por la catedral: de mausoleo romano a necrópolis sueva después e iglesia consagrada en el 899, la primera en honor a Santiago, al llegar los primeros peregrinos.

Las excavaciones también muestran la violencia con la que Almanzor atacó el templo, en contra de la tradición que la reduce a un simple robo de campanas. Por entonces, sobre la pequeña iglesia levantada en tiempos de Alfonso II se había construido otra más amplia, que la razia del caudillo árabe dejó en estado ruinoso y que después del ataque fue reconstruida en tiempo récord, unos 50 años. "Duró poco, en 1112 la catedral románica la engulle", explica el guía.

"Hoy difícilmente podría hacerse una excavación así", reconoce uno de los encargados del Museo. El suelo de la nave central del templo estuvo abierto durante más de 10 años. Los fieles y turistas que querían acceder a la catedral debían hacerlo exclusivamente por los laterales. El rastreo de datos arqueológicos, no siempre el más respetuoso para el patrimonio, provocó pérdidas irreparables de información. "Hoy, cualquier pequeña pieza que se encuentra tiene que someterse a un estudio arqueológico. Antes importaba esto -señala las sepulturas- pero no el contexto", lamenta.

Pero si alguien esperaba que una excavación confirmara la creencia de que los restos que se veneran en Compostela son los del apóstol Santiago, se equivoca. No la prueba, aunque tampoco la refuta, advierte el deán. "La investigación es conforme con la tradición, pero no probativa", dice.

Extraído de El País

jueves, 24 de marzo de 2011

El mono europeo rejuvenece dos millones de años.

Un estudio español retrasa la llegada de los simios al continente desde África.

Siete millones de años después de su extinción, un equipo de investigadores españoles quiere quitarle antigüedad al mono europeo. Creen que los primeros monos hominoideos, parientes del orangután de hoy, llegaron al viejo continente hace 14 millones de años, dos millones de años después de lo que se pensaba.

La propuesta, publicada hoy en PNAS por un equipo del Instituto Catalán de Paleontología (ICP), recorre un periodo del Mioceno en el que se estaban fraguando las características físicas que ayudarían a los monos a bajar de los árboles y convertirse en hombres capaces de bombardear ciudades o escribir poemas. Aún es un misterio si algunas de esas características, como la de moverse con la espalda recta, se las debemos a monos de Europa, Asia o África. Es una pregunta por la que los paleontólogos son capaces de rebuscar en un basurero.

Eso es a lo que se dedica el equipo del ICP en Can Mata, un vertedero cercano a Barcelona donde pueden sepultarse 3.000 toneladas de basura al día. Entre la tierra removida por las excavadoras han aparecido en los últimos años hasta tres especies de hominoideos que vivieron hace unos 11,8 millones de años. Entre ellas está Pau, conocido como el primer catalán.

Los descubridores de Pau, autores del nuevo árbol genealógico, sitúan en África el comienzo de esta historia. Hace unos 18 millones de años, África salió de su ostracismo, explica Isaac Casanovas-Vilar, investigador del ICP y coautor del estudio. La retirada del Mediterráneo y el Oceáno Índico inauguró una nueva autopista de dos carriles.

"Los elefantes fueron los primeros en salir de África hacia Asia y Europa", apunta. Según el nuevo trabajo, los simios siguieron el mismo camino que los elefantes hace unos 14 millones de años.

La llegada a Europa del primer primate hominoideo, un linaje del que también forman parte los grandes simios y el hombre, es aún materia de disputa. Un equipo alemán dice que se remonta a hace 16 millones de años basándose en un diente encontrado en Baviera y descrito en 2001, un año antes que Pau. Según Casanovas-Vilar, la datación de este pionero no era fiable, por lo que su equipo volvió a analizar su fecha de acuerdo a otros estudios que han analizado estratos de terreno de la misma antigüedad que los de Engelswies, donde apareció el molar. "Aún no se sabe si ese diente viene de ese yacimiento y, de hecho, todo induce a pensar que no", opina Casanovas-Vilar.

Ante la duda, el trono del hominoideo más antiguo de Europa es para Turquía, donde se han hallado restos de unos 14 millones de años. Desde ahí, este grupo de simios, los driopitecos, se extendió de rama en rama por una Europa cubierta de bosques, donde por aquella época las temperaturas eran mucho más cálidas y las estaciones poco marcadas. Así era también Catalunya, donde hasta tres especies de seres peludos de en torno a un metro y unos 30 kilos recorrían parsimoniosamente las copas de los árboles en busca de los frutos de los que se alimentaban. "Aquí encontramos una diversidad de géneros que supera la que vemos actualmente en otros continentes", destaca Casanovas-Vilar.

Espalda recta.

De todos los yacimientos de Asia y Europa, el vertedero de Can Mata es el primer sitio donde un primate puso la espalda recta. Era Pau, quien, según los autores, ya tenía un rasgo de modernidad que heredaron los actuales orangutanes de Asia.
Hace años, los descubridores de Pau pensaron que estos simios migraron después a África, donde aportaron sus espaldas rectas y otros rasgos de modernidad al linaje que desembocaría en el Homo sapiens unos 11 millones de años después. Pero la aparición de nuevos fósiles en África y la nueva datación de los restos europeos les ha hecho cambiar de idea y pensar que las espaldas rectas surgieron en dos momentos distintos de la evolución y en dos continentes diferentes. La del hombre no se hizo en Europa, sino en África, lo que implicaría que el mismo rasgo se desarrolló por separado.

"Es una buena hipótesis y es sólida, pero aún es una posibilidad entre tantas porque no hay pruebas concluyentes", advierte Jean-Jaques Jaeger, paleoprimatólogo de la Universidad de Poitiers (Francia). Jaeger defiende que en la época en que los primeros hominoideos salieron de África ya había simios de este grupo en Asia, pero reconoce las limitaciones de su teoría. "Los comienzos de este grupo en Asia son una pregunta sin respuesta, pues no hay restos de esta época", lamenta.

El problema de reconstruir una larga historia que pudo comenzar hace 50 millones de años es que todos los caminos acaban en un vacío. Tanto en Asia como en África hay periodos en los que no hay fósiles, por lo que la evolución no se muestra a los ojos de los paleontólogos como una secuencia, sino como carpetas de fotos con criaturas similares entre sí pero muy diferentes de las que aparecen en la carpeta siguiente. Tanto la teoría asiática como la africana se topan con esos vacíos de los que por ahora es difícil salir sin tomar posición por un bando u otro.

El grupo español no descarta que los homínidos como el chimpancé y el humano moderno tengan su antepasado en Asia o incluso Europa, pero tampoco lo defiende.

"No se puede descartar que se deriven de formas europeas, pero parece que hay más datos que apoyan la opción africana", señala el experto. Según su hipótesis, el linaje de chimpancés y hombres surgiría en África a partir de unas criaturas llamadas afropitecos que aparecieron hace unos 20 millones de años en África. La historia se corta hace unos 14 millones de años, fecha a partir de la cual no se tienen restos de este continente. El relato continúa tras un apagón de 10 millones de años, cuando aparecen los primeros australopitecos en África. Detrás de ellos llegarán al fin los primeros humanos. "Nos falta buena parte de esta historia de evolución en África", reconoce Casanovas-Vilar, que opina que los restos deben encontrarse no en el este y sur de África, muy explorado por los paleontólogos, sino en zonas como Chad, menos exploradas por los científicos debido a las impenetrables junglas y los conflictos bélicos.

Jaeger afronta también un vacío. Él mantiene que los primeros hominoideos que aparecen en Asia, de hace unos 50 millones de años, acaban por llegar a África hace unos 38 millones.

Pero entre ambos hay un vacío entre hace 32 y 25 millones de años durante el que no hay ni un solo fósil de estas especies en Asia. El experto le da la vuelta a los datos del grupo de Casanovas-Vilar. "En Pakistán, los últimos restos de hominoideos aparecen hace 12,5 millones de años y en Catalunya hace 12 millones", comenta. La falta de fósiles no deja claro en qué sentido viajaron los hominoideos y hacia dónde. "Estas especies pudieron muy bien llegar de Asia".
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Final infeliz.
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Poco después de que Pau y el resto de monos catalanes trepasen por las junglas de lo que hoy es Can Mata, el tiempo empezó a cambiar. De hecho ya había empezado y empeoró hasta lo invivible. Las temperaturas bajaron gradualmente y llegaron picos de frío y de calor que, en una escala de cientos o miles de años, acabaron dándole forma a unas estaciones marcadas.

Esto acabó con los árboles de cuyos frutos se alimentaban los hominoideos y, indefectiblemente, con su linaje. El rastro de los hominoideos reconstruido por el equipo del ICP también reseña el destino de los últimos monos europeos. Empujados por el enfriamiento, sólo unas cuantas bolsas de resistencia aguantaron en países como Grecia, donde se han hallado lo que parecen los penúltimos monos europeos salvando a los macacos gibraltareños, desaparecidos hace unos siete millones de años, según Casanovas-Vilar. "Esta es una historia que acaba mal", señala, "aquellas especies desaparecieron sin dejar rastro".
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Un vertedero de hominoideos.
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A los científicos les gusta decir que la evolución es como un gran libro del que apenas tenemos unas pocas páginas. Y en el vertedero de Can Mata, 50 kilómetros al norte de Barcelona, ha aparecido un puñado de esas páginas. Los paleoantropólogos han conseguido intuir qué lugar ocupaban en el libro de la evolución. Allí apareció el ‘Pierolapithecus catalaunicus', bautizado ‘Pau' por el Instituto Catalán de Paleontología porque se presentó en 2004 coincidiendo con las manifestaciones masivas contra la guerra de Irak. ‘Pau' significa paz en catalán. Según los investigadores, el animal, que vivió hace unos 12 millones de años, ya tenía un cuerpo erecto para trepar verticalmente por los troncos. Tras ‘Pau', apareció ‘Lluch', perteneciente a otra nueva especie de primate: ‘Anoiapithecus brevirostris'. Sus descubridores lo bautizaron ‘Lluch' ( ‘el que ilumina'), porque iluminó la evolución de los homínidos en el Mediterráneo. Vivió hace 11,9 millones de años y tenía rasgos primitivos y modernos. Era una especie de transición. Además de ‘Pau' y ‘Lluch', en las obras de ampliación del basurero de Can Mata han aparecido más de 50.000 fósiles y queda trabajo científico para años.
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Los monos que dominaron África y Eurasia.
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Kenyapithecus.
El estudio de los fósiles catalanes muestra que los Kenyapithecus eran dos millones de años más jóvenes de lo que se pensaba y habrían surgido hace unos 14 millones de años. El paleoantropólogo Louis Leakey, descubridor del ‘Homo habilis', halló los primeros restos de este género extinto en la década de 1960 en Kenia. Según algunos estudios científicos, los Kenyapithecus habrían sido pioneros en la salida de los monos de África.

 

Afropithecus.
La familia Leakey también desenterró y bautizó en 1986 los primeros restos fósiles de ‘Afropithecus turkanensis', en Kenia. Las primeras dataciones apuntaron a una edad de entre 16 y 18 millones de años. Por la edad a la que dataron su primera muela, el profesor de la Universidad de Illinois Jay Kelley propuso una historia vital de los Afropithecus similar a la de los chimpancés.

Griphopithecus.
Después de los restos hallados en Engelswies (Alemania), los fósiles de hominoideos desenterrados en Turquía, en Pasalar y Çandir son los más antiguos de Eurasia. En ambos yacimientos hay ‘Griphopithecus alpani', con unos 15 millones de años de antigüedad.

Oreopithecus.
El llamado mono de los pantanos, cuyos restos se han hallado en lo que hoy es Italia, en la Toscana y Cerdeña, pesaba unos 30 kilogramos. Vivió hace unos ocho millones de años. Según los estudios de sus fósiles, podían caminar sobre dos patas, pero no con excesiva rapidez.

Extraído de Público

miércoles, 23 de marzo de 2011

Tres portales en internet permiten la recreación de Numancia y de la Celtiberia en Soria.

La Fundación Soriactiva de Caja Rural y las organizaciones Tierraquemada y Adir Iberkeltia han puesto en marcha tres portales de internet accesibles que permiten una recreación de Numancia y de la Celtiberia en Soria, proyecto que ha contado con una subvención de 4000.000 euros por parte del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo con cargo a su plan Avanza.

   La iniciativa, presentada por el director de excavaciones del yacimiento arqueológico de Numancia, Alfredo Jimeno, lleva por nombre Arqueología Activa en la Celtiberia.

   Jimeno ha explicado que se ha realizado un portal general como referencia para el patrimonio arqueológico sobre la Celtiberia, en el que se han desarrollado tres websites independientes pero vinculadas al portal anterior.

   En www.numanciasoria.es, dedicada al yacimiento de Numancia, se puede visitar el yacimiento, conocer la ciudad, sus mitos, historia y la guerra con Roma. La página con videos y fotografías incluye una tienda donde adquirir objetos relacionados con el yacimiento y la posibilidad de comprar entradas para realizar la correspondiente visita guiada.

   La segunda página es celtiberiasoriana.es, con explicaciones sobre las ciudades celtíberas, los castros y el proceso de romanización. El tercer portal se denomina  www.celtiberiahistoria.es y recoge información de la celtiberia nacional en sus áreas de influencia como Castilla y León, Castilla La Mancha, Aragón, La Rioja y Navarra.

   Jimeno ha hecho especial hincapié en el aspecto educativo, no en vano, en el mesde abril llegarán a los centros escolares sorianos esta campaña divulgativa centrada especialmente en Numancia y en la Celtiberia.

Extraído de
Europapress

martes, 22 de marzo de 2011

De la destrucción de la biblioteca de Alejandría. La más grande y erudita de la Antigüedad.

La destrucción de la Biblioteca de Alejandría es uno de los más grandes misterios de la civilización occidental. Se carece de testimonios precisos sobre sus aspectos más esenciales, y no se han encontrado las ruinas del Museo. Independientemente de las culpas de cristianos o herejes, el fin de la biblioteca debe situarse en un momento indeterminado del siglo III o del IV.

Los eruditos a partir del Siglo XIX han intentado comprender la organización y estructura de la biblioteca, y sobre su final. Los conocimientos sobre la Biblioteca, son muy escasos, ya que muy pocos testimonios tratan sobre tan gran institución, y aún éstos son esporádicos y desperdigados. Se ha insistido en que se ha formado una utopía retrospectiva en torno a la Biblioteca de Alejandría. Se han hecho afirmaciones contradictorias, dudosas o simplemente falsas, realizando suposiciones a partir de muy pocos datos que, la mayoría de las veces, son sólo aproximaciones.

La biblioteca del Museo constaba de diez estancias dedicadas a la investigación, cada una de ellas dedicada a una disciplina diferente. Un gran número de poetas y filósofos, que llegaron a ser más de cien en sus mejores años, se ocupaban de su mantenimiento, con una dedicación total. En realidad se consideraba el edificio del Museo como un verdadero templo dedicado al saber.

Se sabe que en la biblioteca se llegaron a depositar el siguiente número de libros:
  • 200.000 volúmenes en la época de Ptolomeo I
  • 400.000 en la época de Ptolomeo II
  • 700.000 en el año 48 a. C, con Julio César
  • 900.000 cuando Marco Antonio ofreció 200.000 volúmenes a Cleopatra, traídos de la Biblioteca de Pérgamo.
A finales del siglo XIX se encontraron en el yacimiento de Oxirrinco, al sur de El Cairo, miles de papiros que fueron estudiados a fondo por los eruditos. En algunos de ellos se hablaba de la famosa Biblioteca y se daba una lista de nombres de varios directores o bibliotecarios a partir del año de su fundación:

Los sabios que estudiaban, criticaban y corregían obras se clasificaron a sí mismos en dos grupos: filólogos y filósofos. La Filosofía abarcaba las ramas del pensamiento y la ciencia: física, ingeniería, biología, medicina, astronomía, geografía, matemáticas, literatura, y lo que nosotros llamamos actualmente filosofía.

Allí se encontraban personajes tan conocidos como Arquímedes, el más notable científico y matemático de la antigüedad; Euclides que desarrolló allí su Geometría; Hiparco de Nicea, que explicó a todos la Trigonometría, y defendió la visión geocentrica del Universo visión geocéntrica del Universo; Aristarco, que defendió todo lo contrario, es decir, el sistema heliocéntrico siglos antes de Copérnico; Eratóstenes, que escribió la Geografía y compuso un mapa bastante exacto del mundo conocido;Herófilo de Calcedonia, un fisiólogo que llegó a la conclusión de que la inteligencia no está en el corazón sino en el cerebro; los astrónomos Timócaris y Aristilo; Apolonio de Pérgamo, gran matemático, que escribió en Alejandría Sobre las secciones cónicas; Apolonio de Rodas, autor de El viaje de los argonautas; Herón de Alejandría, un inventor de cajas de engranajes y también de unos aparatos movidos por vapor: es el autor de la obra Autómata, la primera obra conocida sobre robots; el astrónomo y geógrafo Claudio Ptolomeo; Galeno, quien escribió bastantes obras sobre el arte de la curación y sobre anatomía.

Todo lo que se sabe en la actualidad sobre la historia de la antigua biblioteca se debe a algunas referencias de posteriores escritores, a veces de gente que incluso la llegó a conocer, pero son alusiones de pasada, no hay nada dedicado en exclusiva a comentar o describir el edificio o la vida que en ella se desarrollaba.

El geógrafo y gran viajero griego Estrabón (c. 63 – c. 24 a. C) hizo una pequeña descripción, pues parece ser que estuvo en Alejandría a finales del siglo I a. C. Hablaba del Museo y dice que consta de una exedra, una obra hecha al descubierto, de forma circular y con unos asientos pegados a la parte interior de la curva. Cuenta que también vio una estancia muy amplia donde se celebraban las comidas de los sabios y los empleados. Y habla también de la biblioteca, de la gran biblioteca, algo «obligatorio» en el Museo.

Marco Anneo Lucano, historiador del siglo I, natural de Hispania y sobrino de Séneca, cuenta en su célebre Farsalia cómo ocurrió el incendio del puerto, cómo se propagaron las llamas ayudadas por el viento, que no cesaba, desde los barcos también incendiados y anclados en el gran puerto oriental.

Tito Livio dice en sus referencias que la biblioteca de Alejandría era uno de los edificios más bellos que él había visto, con muchas salas llenas de estantes para los libros y habitaciones donde sólo los copistas podían estar, sin que fueran molestados. Incluso apunta el hecho de que cobraban por cada línea copiada.

En la biografía de Claudio refiere que el Emperador, tras escribir en griego una historia de los etruscos y otra sobre los cartagineses (hoy perdidas), quiso celebrar la escritura de estos libros y creó un anexo del Museo: …añadió al antiguo Museo de Alejandría otro nuevo que llevaba su nombre y se estableció que todos los años, en determinados días, se habría leer en las salas públicas de recitación, en uno de los museos, la historia de los etruscos, y la de los cartagineses en el otro, ambas, y cambiando de lector a cada libro… Ello da a entender de manera más que manifiesta que el viejo Museo seguía existiendo y en pleno funcionamiento.

Entre 320 y 1303 hubo 23 terremotos en Alejandría. El del 21 de julio de 365 fue particularmente devastador. Según las fuentes, hubo 50.000 muertos en Alejandría, y el equipo de del Institut Européen d´Archéologie Sous-Marine, ha encontrado en el fondo de las aguas del puerto cientos de objetos y pedazos de columnas que demuestran que al menos el veinte por ciento de la ciudad se hundió en las aguas, incluyendo el Bruchión, supuesto enclave de la Biblioteca original de los Tolomeos y que fuera destruida por este desastre, restando tan sólo parte de su contenido -unos 40.000 rollos- custodiados en una biblioteca secundaria ubicada en el complejo del Serapeum, templo dedicado al dios Serapis, patrón de la ciudad.

Por lo que se refiere a esta segunda Biblioteca, también conocida como Biblioteca-hija o Biblioteca del Serapeo, a finales del siglo IV el emperador Teodosio el Grande, en respuesta a una petición del patriarca de Alejandría, envió un decreto de prohibición contra el paganismo en Egipto: en el año 391, el patriarca Teófilo de Alejandría promovió una revuelta durante la cual el templo de Serapis resultó asaltado. Algunos historiadores afirman que la Biblioteca del Serapeo fue saqueada y desperdigada o destruida; otros lo ponen en duda toda vez que no nos han llegado fuentes directas de que ello sucediera y en las referencias de la revuelta se recogen múltiples detalles pero ninguna alusión se hace a la Biblioteca. Así unas décadas después el historiador romano Sócrates de Constantinopla proporciona el relato de la revuelta en el libro V de su Historia ecclesiastica, escrita alrededor del año 440.

También se ha llegado a asociar la destrucción de la Biblioteca con la muerte de Hipatia de Alejandría, si bien no hay ninguna referencia histórica que vincule ambos sucesos. Según las fuentes, Hipatia enseñaba a sus discípulos en su propia casa, fue asaltada en la calle y llevada al Cesáreo, donde fue asesinada, no al Serapeo.

En cualquier caso, no sería extraño que el contenido de la Biblioteca del Serapeo fuera dañado por las sucesivas algaradas que sufrió la ciudad en esta época, la cual era famosa en la antigüedad por la naturaleza levantisca y pendenciera de sus habitantes. A lo largo de los siglos IV y V fueron frecuentes los motines populares, que provocaron la muerte a dos obispos cristianos, Jorge y Proterio, en el 361 y 457 respectivamente, la de la filósofa Hipatia(415 ó 16) o la del Prefecto imperial Calixto en 422.

La cuestión dista mucho de estar clara, puesto que, si bien es cierto que en 416, el teólogo e historiador hispano romano Paulo Orosio vio con mucha tristeza los restos de la biblioteca del Serapeo, confirmando que «sus armarios vacíos… fueron saqueados por hombres de nuestro tiempo».

Aunque para otros historiadores más modernos este episodio no constituye más que una leyenda.

Extraído de Lanaveva

lunes, 21 de marzo de 2011

Eduardo Ferrer Albelda, profesor titular de Arqueología: «Lo de la Atlántida en Doñana no es arqueología sino puro espectáculo».

Junto con el catedrático de Historia Antigua Genaro Chic trabaja en un libro para la editorial Akal sobre la Historia de Europa (Edad Antigua). También tiene opinión sobre la Atlántida.

—Déjeme que empecemos por Sevilla. ¿Ha podido visitar el Anticuarium de las Setas?
-Las obras finalizadas, aún no. Sí visité en varias ocasiones las excavaciones arqueológicas y el proceso de construcción del Antiquarium.

—¿Hay una opinión mayoritaria en su círculo profesional y universitario sobre ese Anticuarium?
—La percepción generalizada es el que trabajo del director, Fernando Amores, y de su equipo ha sido excelente.

—En cualquier caso parece que correrá mejor fortuna que los depósitos de agua de la Pescadería…
—Las cisternas romanas de la Pescadería se han conservado. Quizás el problema radique en saber gestionar el patrimonio arqueológico,y también el monumental, de Sevilla.

—Y mejor fortuna también que la muestra arqueológica del parking de los jardines de Murillo…
—El debate entre el conservacionismo a ultranza y la pala excavadora como símbolo de destrucción es antiguo. La muralla almohade y las puertas de Sevilla son los mejores testigos. Las leyes de Patrimonio, tanto nacional como autonómica, son claras al respecto. El problema reside que no se utiliza la misma vara de medir en las obras de los particulares que en las de la administración o de los amigos de ésta.

—¿Por qué la arqueología sigue siendo en Sevilla un problema antes que una solución rentable?
—La percepción de la opinión pública sobre las actividades arqueológicas es profundamente negativa por incultura y desconocimiento. Si no tuviéramos patrimonio arqueológico estaríamos envidiando el del vecino. Una buena gestión del mismo sería muy rentable.

—Se lo digo porque en estos últimos años, con la reurbanización de la Puerta Jerez y la avenida de la Constitución, era un dolor de muelas para la Administración que apareciera un horno almohade o un cementerio islámico…
—La ley de Patrimonio es clara, las empresas de Arqueología tienen un alto nivel de profesionalización, y en la Administración hay técnicos muy cualificados.

—Es curioso, en cambio, cómo la arqueología es «rentable» en otras manos. ¿Hablamos de la Atlántida?
—Los términos de rentabilidad supongo que serán aplicables a la venta de libros y documentales; desde el punto científico los resultados son catastróficos. La imagen de los arqueólogos que trasciende en los medios es patética, entre Indiana Jones y el Código da Vinci.

—¿Cree usted que lo que ha trabajado el profesor Freund y su equipo multidisciplinar en Doñana es la Atlántida cantada por Platón?
-Desconozco la labor del prof. Freund en Doñana, salvo las noticias aparecidas en ABC. Le puedo asegurar que carece de credibilidad desde los puntos de vista histórico-literario, geológico, paleogeográfico y arqueológico.

—Pero se ha «vendido» mediáticamente como la Atlántida y la noticia ha tenido un eco amplio con el respaldo de una institución como la Nacional Geographic.
—Ignoro el criterio seguido por National Geographic para avalar tal propuesta, pero la trivialización y el consumo de noticias «con gancho» favorecen que se dé cobertura a temas dudosos, en la línea del «frikismo».

—Esas excavaciones no se van a perder en el informe de un archivo erudito, sino que han sido grabadas en televisión para hacer un documental...
—Las empresas de audiovisuales y las cadenas de TV deberían ser más valientes y apostar por productos de calidad y, a la vez, de entretenimiento. Se apuesta por lo vulgar y por el disparate.

—Sinceramente: lo de la Atlántida en Doñana ¿es arqueología o televisión?
—Lo de la Atlántida en Doñana es espectáculo, muy en la línea de una sociedad consumista insaciable que necesita siempre temas cada vez más llamativos. Hace poco fue la tumba de Jesucristo, mañana ya veremos.

—Me han contado que las «herramientas» de trabajo del equipo de Freund en Doñana era tecnológicamente muy avanzado y, consecuentemente, digno de tener en cuenta sus conclusiones…
—Las técnicas de prospección geofísica y la utilización de satélites son herramientas imprescindibles hoy día, al alcance de los investigadores, pero es el arqueólogo el que interpreta los resultados. Las técnicas no piensan por ti.

Extraído de ABC

Soldados romanos de hace 2.000 años, las primeras víctimas de las armas químicas.

Aunque el uso de sustancias tóxicas está documentado con anterioridad, nunca antes se habían encontrado vestigios de los muertos.
Hace casi 2.000 años, 19 soldados romanos se apiñaban en un túnel estrecho excavado bajo tierra, dispuestos a defender la ciudad romana de Dura-Europos, situada en la actual Siria, del asedio de un ejército persa que intentaba derribar sus fuertes muros. Los romanos estaban preparados para una lucha cuerpo a cuerpo, pero en vez de otros soldados como ellos les esperaba un enemigo que no podían atravesar con sus espadas. De repente, un intenso humo negro invadió la galería y se coló por sus pulmones. Murieron en poco tiempo. Cerca, un militar persa, quizás quien inició el humo tóxico, sufría la misma agonía. Los científicos creen que los griegos ya gaseaban a sus adversarios, pero estos veinte hombres pueden ser las primeras víctimas de las armas químicas de las que se conservan restos en la terrible historia bélica de la humanidad, según una investigación publicada en el American Journal of Archaeology.

En el año 250, el Imperio persa sasánida intentaba tomar la ciudad de Dura-Europos, entonces una base militar romana fortificada con muros de varios metros de espesor. Los persas hicieron un túnel por debajo de las paredes para hacerlos caer y los defensores romanos cavaron su propio túnel para intentar encontrarse cara a cara con sus enemigos e interceptarlos. El arqueólogo francés Robert du Mesnil du Buisson excavó la zona en los años 30 y encontró 19 cuerpos apilados de soldados romanos y el de un persa. El investigador creyó que habían muerto en un combate cuerpo a cuerpo. También encontró cristales de azufre y betún, lo que sugiere que los persas habían hecho un fuego.
 
Sin embargo, un grupo de arqueólogos no está de acuerdo con esta explicación. Simon James, historiador de la Universidad de Leicester (Inglaterra), explica a LiveScience que los túneles eran demasiado estrechos como para que los soldados pudieran luchar en ellos y la posición de sus cuerpos no indica que fueran quemados vivos. Debía de haber otra explicación.
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Ácido en los pulmones.

La guerra química ya se conocía en el tiempo de los persas, incluso los griegos la utilizaron contra los romanos en el año 189 a.C., así que no es extraño que se empleara en Dura-Europos. Los persas encendieron deliberadamente un gran fuego en el túnel al que arrojaron azufre y alquitrán.Los romanos se asfixiaron con el gas, convertido en ácido sulfúrico en sus pulmones. James incluso cree que, después, sus cuerpos fueron arrastrados por los persas y apilados en un montón. Ni siquiera tuvieron tiempo para saquear los cadáveres. Las monedas, armas y armaduras quedaron intactas.

Los investigadores creen que este descubrimiento, además de cambiar lo que sabíamos de este capítulo de la historia, demuestra las sofisticadas capacidades bélicas de los persas.

Extraído de ABC

Los humanos envejecen como los simios.

Durante mucho tiempo, los científicos creían que los seres humanos envejecían de forma más lenta que otros animales gracias a nuestra esperanza de vida relativamente larga y al acceso a la medicina moderna. Las comparaciones realizadas con ratas, ratones y otras criaturas que no viven muchos años así lo confirmaban. Ahora, por primera vez, los patrones de envejecimiento humano se han comparado con los de chimpancés, gorilas y otros primates, y, sorprendentemente, no somos tan originales como pensábamos... Nos hacemos viejos a un ritmo similar. El estudio, llevado a cabo por investigadores de la Universidad Estatal de Iowa, aparece publicado en la revista Science.

No es necesario leer obituarios ni vender seguros de vida para saber que la muerte y la enfermedad es más común a medida que se cumplen años y nos acercamos a la vejez. Pero los científicos que habían estudiado los patrones de envejecimiento de los ratones o las moscas de la fruta habían asumido que el reloj del envejecimiento marca el tiempo más lentamente para los seres humanos.

«Teníamos buenas razones para pensar que el envejecimiento humano era único», dice Anne Bronikowski, profesora asociada a la Universidad Estatal de Iowa en Ames (EE.UU.). Por un lado, los seres humanos viven más tiempo que muchos animales -con algunas excepciones, los loros, aves marinas, tortugas y almejas nos pueden sobrevivir-, pero destacamos como los primates de más larga duración. «Los seres humanos viven muchos años después de que su capacidad reproductiva se haya acabado», dice Bronikowski. «Si fuéramos como otros mamíferos, nos moriríamos poco después de alcanzar la mediana edad».

Los investigadores combinaron datos de los estudios a largo plazo de siete especies de primates silvestres: los monos capuchinos de Costa Rica, los monos muriqui de Brasil, los babuinos y los monos azules de Kenia, los chimpancés de Tanzania, los goriles de Ruanda y los lemures sifaka de Madagascar. El equipo no se centró en el inevitable declive en la salud o la fertilidad que vienen con la edad, sino en el riesgo de morir. Cuando compararon las tasas de envejecimiento humano -medido como la proporción en que aumenta el riesgo de mortalidad con la edad-, con las de cerca de 3.000 simios, los datos coincidían en gran manera.
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Ellas duran más.

«Los patrones humanos no son notablemente diferentes, a pesar de que los primates salvajes experimentan fuentes de mortalidad de las que nosotros estamos protegidos», señalan los autores. Los resultados también confirman otro patrón en los humanos: los machos mueren antes que las hembras. En los primates, la brecha de mortalidad entre machos y hembras es más estrecha en las especies en que las que los varones son menos agresivos, como los monos muriquis, que no comptien abiertamente entre sí por el favor de las hembras. En el resto, es posible que ellos vivan menos al estar sometidos al estrés y la tensión de la competencia.

Los investigadores creen que los resultados pueden ayudar a comprender si los seres humanos pueden vivir más tiempo del que ya lo hacen.

Extraído de ABC