lunes, 30 de abril de 2012

La ciudad de Regina Turdulorum ya es Bien de Interés Cultural.



El Consejo de Gobierno de Extremadura aprobó ayer la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) de la ciudad romana de Regina Turdulorum, en Casas de Reina y Reina (Badajoz); el Palacio de Carvajal de la ciudad de Cáceres; el Convento de la Bien Parada, en Abadía (Cáceres); y el conjunto de huerta, noria y cocedero de altramuces de la finca 'La Cabra', en Monesterio (Badajoz).
En concreto, la ciudad romana de Regina Turdulorum, declarada BIC con categoría de Zona Arqueológica, ha sido recurrentemente citada desde antiguo por diferentes eruditos y autores clásicos. Una ciudad que vivió su época de apogeo durante el periodo Flavio, en el siglo I d.C., tras adquirir el estatuto municipal otorgado por Roma.
Su importancia se debe a la gran riqueza productiva de las tierras de la zona y a su ubicación junto a la ruta que comunicaba los valles medios del Guadiana y el Guadalquivir, según destaca la Junta.
En lo que se refiere al entramado urbano y la red de cloacas, se articulan merced al kardo y decumanus maximus, en cuya intersección se ubicaron los edificios principales de la ciudad, que se desarrolló de manera longitudinal teniendo como base el decumanus maximus.
El Ejecutivo regional declaró también BIC con categoría de monumento el Palacio de Carvajal, situado en la Ciudad Monumental de Cáceres, así como las edificaciones anexas, pertenecientes a la Diputación, levantadas entre la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI.
El palacio fue mandado construir por Pedro de Carvajal y conserva restos más antiguos, siendo elementos de particular interés histórico-artístico la fachada principal, la llamada 'Torre redonda', el patio porticado y la capilla, entre otros. Además, posee un rico contenido en obras de arte.
También con categoría de monumento, el Convento de la Bien Parada, en Abadía, tiene ya designación BIC. Se trata de una obra enclavada dentro de la arquitectura conventual y edificada por la orden franciscana en Extremadura. Una interesante muestra del estilo barroco más sencillo y depurado, tal y como subraya la Junta.
Por último, con categoría de 'Lugar de interés etnológico', el conjunto de huerta, noria y cocedero de altramuces de la finca 'La Cabra', en Monesterio (Badajoz), así como la concreción de su delimitación y limitaciones de uso. Próxima a la localidad de Monesterio se encuentra esta finca 'La Cabra', donde se sitúa el conjunto protegible que consta de inmuebles e ingenios que ocupan un espacio alrededor de un manantial sito en un espacio de dehesa. El conjunto, en lo puramente arquitectónico, integra las más destacadas técnicas constructivas de buena parte de la provincia, como piedra seca, mampostería, tapial y ladrillo.
Del mismo modo, configura un peculiar conjunto entre dos espacios muy diferentes, la dehesa y la huerta, merced a la presencia de agua, lo que permitía el mantenimiento de la segunda y el tratamiento del altramuz, recurso relacionado con el ciclo del engorde del cerdo durante el verano. Lo más relevante de esta red de procesos de trabajo es la inserción de la huerta en un ecosistema como el de la dehesa.
Extraído de HOY

Nota: La noticia de que la ciudad romana de Regina Turdulorum ha sido declarada Bien de Interés Cultural es una de las más gratas que se han podido publicar en el blog Antrophistoria, sobre todo por la cercanía geográfica e histórica de este yacimiento con Llerena. Enhorabuena al alcalde de Casas de Reina, don Agustín Castelló Tena, y a todos los que lo han hecho posible conseguir este logro. Seguro que todo ésto servirá para potenciar más el rico patrimonio de la Campiña de Llerena.

Descubren los restos de un ritual mesolítico con cabezas empaladas en una turbera sueca.


Arqueólogos suecos han descubierto los restos de un ceremonial realizado hace 8.000 años en el que se empalaron cabezas humanas y se depositaron cráneos en una estructura de piedra construida dentro de un pequeño lago como parte de un ritual de difícil interpretación.
Hace unos días Science Nordic  recogía en un reportaje los resultados de las excavaciones que desde 2009 se vienen desarrollando en una turbera situada en la ciudad de Motala, en la provincia de Östergötland (centro de Suecia), con motivo de la construcción de una línea de ferrocarril.
rabajos de excavación sobre el túmulo de piedras
Trabajos de excavación sobre el túmulo de piedras / Fredrik Hallgren
En ellas, un grupo de investigadores de la fundación para la protección del patrimonio Stiftelsen Kulturmiljövård han rescatado de los terrenos que una vez fueron una laguna los restos de unritual de época mesolítica con una complejidad que parece difícil de desentrañar: loscráneos de al menos 11 personas de ambos sexos y edades variadas (dos niños  y 11 adultos), entre los que destacan dos de ellos, que conservan estacas introducidas desde la base del mismo hasta la parte superior.
Cráneo empalado localizados en el yacimiento
Uno de los cráneos empalados localizados en el yacimiento / Fredrik Hallgren
Otro de los hallazgos que destacan los investigadores son los restos de un hueso temporal femenino en el interior del cráneo de otra mujer.
Asimismo, han documentado varios fragmentos de huesos humanos y animales, así comoútiles realizados en piedra, madera, hueso y asta; todos ellos localizados en una especie de túmulo de piedras de 14 metros de diámetro construido en lo que fue una laguna de escasa profundidad.
Fredrik Hallgren, el director de las excavaciones, destaca que es excepcional encontrar túmulos funerarios de esta antigüedad, ya que no se “popularizaron” hasta la Edad de Hierro, con un uso documentado hasta la época vikinga.
Una de las incógnitas que tendrán que desentrañar los investigadores es si los restos de este ritual reflejan una ceremonia de enterramiento, en la que se pudieron utilizar restos humanos a modo de reliquias, o constituye un ritual relacionado con la exposición de los restos de enemigos derrotados a modo de trofeo.
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Una arqueóloga sujeta uno de los cráneos hallados / Fredrik Hallgren
Hallgren ha explicado que, por los restos conservados, han documentado un tratamiento variado a los cráneos. Por un lado, han encontrado restos de raspaduras sobre la superficie de uno de ellos, probablemente con el objetivo de descarnarlo. Por otro lado, en uno de ellos se conserva material orgánico en su interior, lo que parece apuntar a que se empaló la cabeza completa con la piel y el tejido muscular.
Los arqueólogos trabajarán en el análisis de los restos humanos conservados y la composición de los estratos para determinar si los huesos corresponden a poblaciones locales o provienen de una localización geográfica lejana. A través de análisis de ADN se determinarán las posibles relaciones de parentesco entre ellos.
Más información e imágenes en la web Stiftelsen Kulturmiljövår
Extraído de Arqueoscience

Aparecen tumbas fenicias bajo el suelo del pabellón deportivo de Cádiz, datadas en el siglo V a.C.


Las obras de lo que será el nuevo pabellón deportivo Fernando Portillo de Cádiz han sacado a la luz la existencia de una necrópolis que data desde la presencia fenicia en el siglo V antes de Cristo hasta la época romana bajoimperial, ya en el siglo V de nuestra era.
[foto de la noticia]
En total son 68 enterramientos, al menos más de una decena de ellos infantiles, en los que han hallado, además de los tradicionales ajuares, los restos óseos de estos antiguos habitantes de Cádiz.
El descubrimiento tiene lugar más allá de las murallas del casco antiguo de la ciudad, en la zona de extramuros, donde se levantaban las antiguas instalaciones deportivas que han sido derribadas para erigir un nuevo edificio.
Los arqueólogos que trabajan en la zona han documentado los hallazgos en los siglos de ocupación feno-púnica en el que destaca una gran tumba de sillares, que fue expoliada siglos después por los propios romanos.
Además, existe una amplia tipología de tumbas y ajuares, de la época romana altoimperial, que aportan información sobre el cambio de era con restos datados en el siglo I después de Cristo. A lo que se suma la presencia de restos ya correspondientes a la época romana bajoimperial, lo que pone de manifiesto la riqueza de los hallazgos por lo que de recorrido histórico de la época fenicia a la romana tienen.
[foto de la noticia]
El teniente de alcaldesa del Ayuntamiento de Cádiz José Blas Fernández ha supervisado los trabajos y ha aclarado al respecto que "es la necrópolis romana altoimperial la que está ofreciendo los mayores resultados". De momento, se han excavado un total de 68 enterramientos, 10 de ellos infantiles, de los cuales 52 son inhumaciones y 16 son incineraciones y cremaciones.
El equipo arqueológico de la empresa Loggia, que es la que está llevando a cabo las excavaciones, ha informado que las inhumaciones se localizan en fosa simple, 'tegulae' (tejas), en cista y bajo ánfora. Las inhumaciones y cremaciones se documentan en fosa, urna y asociadas a estructuras de sillares de pequeño tamaño.
De los ajuares localizados destacan elementos de tocador como agujas de vidrio y ungüentarios de cerámica y vidrio, algunos con restos de la pintura original, askoi de tradición púnica, lucernas de disco y volutas con decoración variada, (de temática teatral, de gladiadores...), además de amuletos y colgantes de cerámica y pasta vítrea.
Extraído de El Mundo

domingo, 29 de abril de 2012

El lenguaje nació en África.

Un estudio de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda) sugiere que el lenguaje, al igual que nuestra especie, se originó en África. Los investigadores han llevado a cabo un análisis del habla humana alrededor del mundo.



"Nuestra investigación indica que las aproximadamente 6.000 lenguas que existen hoy en el mundo descienden de un antepasado común en África. Este resultado es muy importante porque representa que todas las lenguas comparten el mismo origen y valida la idea de un ser humano con 'lengua materna'", explica a SINC Quentin Atkinson, autor principal del estudio que publica Science.
El experto escogió como muestra los fonemas de 504 idiomas que se hablan actualmente, incluidos los indígenas del Pacífico y América, y se encontró con que los dialectos que contienen la mayoría de los fonemas se hablan en África, mientras que aquellos que tienen la menor cantidad se hablan en América del Sur y las islas tropicales en el Océano Pacífico.
Sus estimaciones afirman que el leguaje y los genes evolucionan de manera similar, por lo que los métodos y la teoría de la biología podría aplicarse a la lingüística y viceversa. Es decir, una vez que los humanos expandieron su ámbito geográfico desde África al resto del mundo, para colonizar otras regiones, la diversidad fonética se redujo y evolucionó junto con las poblaciones humanas migrantes.
"El denominado 'efecto fundador' que existe en genética de poblaciones se produce cuando una población pequeña se desprende de una población original grande para colonizar nuevos territorios y lleva consigo un subconjunto de diversidad de la población original. Es decir, que se produce un 'cuello de botella', y aunque se transmitiera una alta diversidad genética, es probable que se pierda en las poblaciones pequeñas. En este sentido, el mismo escenario se podría aplicar a los fonemas de las lenguas", detalla el experto.
Según la investigación, en general, las áreas del mundo que fueron colonizadas recientemente incorporan menos fonemas en las lenguas locales, mientras que las áreas que han sido sede de la vida humana durante miles de años (en particular el África subsahariana) todavía utilizan la mayoría de los fonemas.
"Este declive en el uso de los fonemas no se puede explicar por cambios demográficos u otros factores locales y, por lo tanto, son una evidencia clara de un origen africano de los idiomas humanos modernos", concluye el trabajo.
Extraído de Agencia Sinc

Hace 13.000 años ya había indicios de diferenciación social humana.



El poblado completo, denominado Qarassa 3, se compone de 12 cabañas, dos de las cuales muestran un nivel de complejidad superior al resto. Según el investigador del CSIC en la Institución Milá y Fontanals Juan José Ibáñez, “esta característica podría indicar una diferencia en el rol social de sus habitantes”.
De las cabañas, se conserva la base de los muros, erigidos con piedras basálticas. Gracias a ellas, se sabe que las estancias eran circulares, de entre cuatro y cinco metros de diámetro. La existencia de agujeros de poste sugiere que la cubierta y el alzado de las paredes eran de materia vegetal.
Las dos viviendas con un mayor nivel de complejidad son las que están situadas en la zona más meridional del poblado. Una de ellas presenta divisiones internas y una pequeña plataforma interior sobreelevada, y la otra consta de una fosa y dos plataformas exteriores asociadas a la puerta de entrada. Para el responsable de la excavación, el investigador del CSIC en el mismo centro que Ibáñez, Xavier Terradas, “la estructuración del espacio interior es un hallazgo clave en la historia de la arquitectura”.
Las estancias tienen entre 12 y 16 metros cuadrados de superficie, por lo que Terradas interpreta que el poblado debía componerse de entre 40 y 60 individuos. El investigador del CSIC explica: “La distribución de todas ellas, adyacentes entre sí, pero no superpuestas y organizadas en forma de arco orientado hacia un antiguo lago, demuestra que todas formaban parte de un mismo poblado”.
Empieza el sedentarismo.
Las características del yacimiento lo incluyen dentro de la cultura natufiense, que habitó esta región hace entre 14.000 años y 9.000 años aproximadamente. El hallazgo, por tanto, asienta los rasgos de esta cultura, asociada al principio de la sedentarización. Ibáñez detalla: “No podemos saber con seguridad si vivían todo el año en esas cabañas o sólo durante largos periodos, pero supone un gran asentamiento frente a las comunidades nómadas”.
La sedentarización trajo consigo la aparición de la ganadería y la agricultura, y el abandono de la caza y la recolección. Según el investigador del CSIC, “no se han encontrado indicios de agricultura en el poblado, pero sí se ha comprobado una mayor explotación de los cereales ya que han aparecido más de 80 morteros excavados en la roca de los alrededores y útiles para el segado”.
Para dilucidar la importancia de la agricultura dentro de esta comunidad el equipo planea una nueva expedición para analizar los sedimentos del lago seco. Según Ibáñez, “este proyecto podría revelar indicios de cultivos cerca de la orilla”.
El hallazgo del poblado tuvo lugar cerca de la ciudad de Sweida, al sur de Siria. Fue encontrado por arqueólogos del Centro Nacional de Investigaciones de Francia en 2005. El equipo de investigación solicitó ayuda para los análisis al equipo de Ibáñez y al Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (unidad asociada al CSIC y perteneciente a Universidad de Cantabria).
Extraído de Agencia Sinc

La música en la Iberia Antigua: de Tartessos a Hispania.




La música en la Iberia Antigua (De Tartessos a Hispania) es el título de una investigación, aún sin publicar, cuyo principal objetivo es rescatar del olvido los diversos documentos arqueológicos, iconográficos, epigráficos y literarios que se refieren al fenómeno musical perteneciente a las sorprendentes fechas relativas a la Historia Antigua de la Península Ibérica. En concreto, este trabajo abarca desde los alrededores del siglo XII a.C. hasta el declive del Imperio Romano en Occidente (s. V d.C.).
Museos, exposiciones itinerantes, ensayos, artículos y toda suerte de investigaciones dedicadas a la protohistoria de la Península Ibérica presentan los rasgos más característicos de la vida cotidiana y costumbres de nuestros antepasados: creencias religiosas, el mundo funerario, el modo de vivir en los poblados, su arquitectura, la manera y los medios con que sobrevivían (agricultura, ganadería, comercio), la artesanía (cerámicas, textiles, metalurgia); así como también se estudia, por supuesto, la escritura, la moneda y la organización social y militar... Trabajos realizados todos por investigadores a los que la Ciencia y quienes nos valemos de ellos, tanto debemos. 


La música en la protohistoria peninsular.


Sin embargo, en lo que se refiere estrictamente a la música de aquel tiempo poco suele destacarse. Algo, por otro lado, comprensible, ya que son realmente escasos los vestigios de las culturas prerromanas y romanas que hacen alusión a este aspecto. Pero, aunque son escasos, no por ello debemos obviarlos —ni olvidarlos—, puesto que haberlos, haylos.
Por ejemplo, en el Museo de Prehistoria de Valencia podemos observar algunos recipientes, utilizados para el transporte y almacén de todo tipo de mercancías, que los iberos solían decorar con dibujos representativos de diferentes escenas de la vida diaria. Algunas de estas pinturas hacen alusión a la música, bien en forma de danza, bien en desfiles bélicos o bien en contextos funerarios, por lo que cabe deducir que en aquella sociedad la música cumplía un papel especialmente relevante. 
Y existen otras manifestaciones referentes a la música en algunos relieves, como los de Osuna (Sevilla) y otras piezas sumamente inquietantes, como lo son ciertas estelas funerarias cuya antigüedad se remonta a los siglos XI-IX a.C., a saber: la hallada en Ategua (Córdoba), donde viene representada una danza en corro; la perteneciente a Luna (Zaragoza), con una impresionante lira; o las especialmente interesantes descubiertas en varios municipios de Badajoz, en las que aparecen grabados que, sin ninguna duda, también muestran liras. En estos últimos casos, la Arqueología, la Historiografía, la Iconografía y la Musicología no han hallado aún una explicación satisfactoria y generalizada, porque el debate en torno a esta y otras cuestiones surgidas del estudio de la música en la Iberia antigua es extenso, y en la mayoría de los casos muy comprometido. Requiere un estudio exhaustivo que está llevando años completar y, aún así, no proporcionará resultados complacientes para toda la comunidad científica.

El libro.
El resultado de esta investigación viene plasmado en un libro de unas 260 páginas, cuyo contenido está dividido en dos grandes partes: una primera, en la que se plantearán unas consideraciones generales, con hipótesis y reflexiones previas; y un segundo bloque en el que se aborda de lleno el tema de la música en la Iberia Antigua y sus características generales. Se estudian brevemente las posibles influencias musicales que terminaron llegando hasta la Península desde Oriente, partiendo de culturas como lafenicia, la griega o la romana y otras que, de manera indirecta, pudieron calar también en Iberia a través de los pueblos colonizadores, como podría ocurrir con la música mesopotámica, la egipcia o la etrusca.
El trabajo cuenta también con una extensa bibliografía, referencias iconográficas y una detallada relación de obras y autores clásicos. Además, para su realización he contado con la ayuda personal de grandes expertos y profesores de diferentes universidades españolas (Complutense de MadridU. Autónoma de MadridU. de OviedoU. de Granada o U. de La Laguna, en Tenerife, entre otras).
En definitiva, tras casi 10 años de investigación y dos títulos publicados en 2004 y 2009 respectivamente, La Música en la Iberia Antigua: De Tartessos a Hispania, busca un “padrino”. Editoriales, universidades, entidades públicas o privadas… Si hubiera alguien interesado en publicarlo, que no dude en ponerse en contacto conmigo.


Autor.
Ángel Román Ramírez
Musicólogo, compositor e investigador especializado en Historia de España Antigua. Además de su labor como docente, desde hace tres años colabora como asesor histórico del célebre guitarrista Manolo Sanlúcar, en un proyecto que versa sobre los orígenes de la música española en general y andaluza en particular.Contacto:angelroman76@hotmail.com

Fotografías.
Foto 1 - Cálato de la ‘Danza Nupcial’ de El Tossal de Sant Miquel (Liria, Valencia). Museo de Prehistoria de Valencia. Autor: Ángel Román.
Foto 2 - ‘Danza Nupcial’ de El Tossal de Sant Miquel (detalle). Autor: Ángel Román.
Foto 3 - Tañedor de lira y tañedor de doble aulós en un vaso de cerámica de El Cigarralejo (Mula, Murcia). Autor: Ángel Román.
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Extraído de Mediterráneo Antiguo

La necrópolis del Castillo de Doña Blanca.



En la falda de la Sierra de San Cristóbal, frente a la ciudad fenicia, se extiende la necrópolis de Las Cumbres, ocupando un amplio espacio de casi 200 Ha. -dos millones de metros cuadrados-, cuyas tumbas la ocultan la tierra y la retama espesa, como un manto protector para evitar su expolio y destrucción. Al menos, de gran parte de ella. Solo los trabajos arqueológicos, con sus datos precisos y objetivos, nos informarán en qué porcentaje ha sido dañada. Aguardamos hasta entonces expectantes a recibir los resultados. Cuando llegamos aquí, en 1979, para iniciar la primera campaña de investigación en la ciudad fenicia, buscamos afanosamente, sin éxito, la necrópolis al otro lado del río, como dictaminaban los cánones ortodoxos de los prebostes de la arqueología, mientras la recorríamos sin saber que la teníamos bajo los pies, subidos en los túmulos funerarios para otear su ubicación en algún lugar inexistente. Pasados tres años, unos amigos y colaboradores nuestros de El Puerto de Santa María, recorrían Las Cumbres en una tarde de noviembre y, al atardecer, les sorprendió un hermoso y oportuno chaparrón que les obligó a refugiarse en una oquedad que resultó ser una tumba excavada en la roca. El deseo, la casualidad y el destino marcaron un hito en la investigación del lugar. La necrópolis, tan deseada, había sido descubierta por una lluvia inesperada. Paradojas de la arqueología. Pocas semanas después, nuestro querido y siempre recordado guardián y cancerbero de la zona arqueológica, Bermúdez -D. José Fernández Bermúdez-, halló, trabajados en relieve en la roca, unos símbolos extraños, un círculo y lo que parecía un creciente lunar. Resultó la entrada de otra tumba. A partir de aquí las prospecciones han aportado numerosos datos sobre una de las necrópolis más importante de la protohistoria occidental.
Cuando se conocen las cosas, todo adquiere más sentido. Los suelos que pisábamos, sin prestarles atención, ahora adquieren un valor histórico y arqueológico que no tenían para nosotros. El paisaje profano se ha convertido en un lugar sagrado, los montículos en tumbas, los pozos casi rellenos, las oquedades en la roca, los pequeños relieves y las piedras caídas en tumbas de otro tipo, los arañazos en el suelo en atarjeas por donde discurría el agua. Después supimos que la retama, que cubre este espacio, tiene una historia corta en el tiempo, pues tres milenios atrás en este paraje se alzaban pinos, acebuches y encinas, la vida animada del bosque sagrado que se eligió para enterrar, recordar y venerar a los muertos de varios siglos. Y, como el tiempo es también muerte, hoy este lugar sagrado adquiere sólo sentido como coto de caza de conejos, que horadan las frágiles tumbas de tierra destruyéndolas a la vista de todos, y se alzan también gigantescos postes de luz que también profanan el lugar sacro sin que sepamos qué estropicios habrán ocasionado. De momento han dañado al paisaje con sus estructuras metálicas entrelazadas de cables.
Miles de tumbas espera ser excavadas, a revelarnos sus secretos más íntimos, a regocijarnos con sus datos funerarios de hace tres mil años. Hasta ahora se han excavado sólo dos enterramientos, uno es un hipogeo, el que ostenta los símbolos solar y lunar, y el otro un montículo artificial, al que subíamos para divisar el horizonte a la búsqueda de la necrópolis, que cobija más de ochenta individuos incinerados.
El hipogeo se excavó en la roca calcarenita de la sierra sobre una pequeña elevación y, al comienzo, solo mostraba los símbolos del sol y la luna, uno mayor en el centro y dos más pequeños en los extremos de la entrada. Fue una excavación emocionante, por ser la primera tumba que se iba a investigar, por su carácter de hipogeo y por los símbolos que ostentaba como advertencia de un lugar sagrado del mundo de los muertos del que no conocíamos nada en el mediterráneo occidental. Consta de un patio de entrada reducido al que se accedía mediante escalones, una habitación abovedada a la derecha y, al frente, la entrada al espacio funerario también circular, taponado mediante mampuestos trabados con barro. El espacio principal es amplio, techo sostenido por una pilastra y las paredes pintadas con almagra roja -un color sacro y funerario- y hornacinas para ofrendas en las paredes. De su interior se han exhumado restos, desmenuzados, de casi treinta individuos inhumados, con sus ajuares cerámicos rotos, piezas metálicas de bronce y las cuentas de un collar de plata y piedras importadas. Se data en los siglos XVII o XVI a. de C.
El túmulo -segundo enterramiento excavado- es de fecha posterior, del siglo VIII a. de C., y bajo él yace otro espacio funerario circular, de más de trescientos metros cuadrados delimitado por losas, cuyo centro lo ocupa la pira para las incineraciones -un espacio rectangular excavada en la roca protegido en su entorno por muretes bajos de adobes- y más de ochenta tumbas excavadas en la roca a su alrededor, cubiertas de pequeños túmulos de piedras y dispuestas según los rangos sociales de los individuos. Y entre ellas, restos de hogares, numerosas copas partidas a propósito y huesos de animales, como testimonio de los rituales y banquetes funerarios realizados en honor de los muertos, como era habitual. Cada día de excavación era una experiencia irrepetible. Aquí, una tumba con el vaso que contenía los restos de la cremación y los ajuares que les correspondían según su posición social en el grupo -vasos de cerámica, botellitas de alabastro para perfumes, objetos de bronce pertenecientes a fíbulas para los vestidos, broches de cinturón y cuchillos de hierro-, más allá, en los espacios entre los enterramientos, pebeteros para el incienso u otras plantas aromáticas, vasos para contener la bebida -vino, cerveza u otra clase de líquido para ingerir-, numerosas copas ricamente decoradas con motivos geométricos para la bebida. Seis meses duró esta excavación, seis meses de continua expectación, seis meses inolvidables para quienes participaron: arqueólogos, estudiantes, obreros y los habituales que nos acompañaban con frecuencia, todos entusiasmados. Y todos soñando en la próxima campaña que nunca se ha realizado. Esto fue en 1986. Espero que la espera no sea sinónimo del olvido y que el deseo se haga pronto realidad.
Extraído de La Voz Digital

viernes, 27 de abril de 2012

Revelan la importancia de un yacimiento en Campillos(Málaga) para época íbera


Expertos del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica, máxima institución de la región en cultura íbera, han constatado la importancia del yacimiento "El Castellón de Gobantes" en Campillos (Málaga), donde existen materiales significativos de la época final íbera, con muros de hasta tres metros de altitud.
Los responsables del centro han destacado la importancia y el potencial de este yacimiento arqueológico que supone una ayuda para el conocimiento de una época de la historia de España de la que existe poca información, según los resultados obtenidos en los trabajos de investigación que se están llevando a cabo.
El director del Centro Andaluz de Arqueología, Arturo Ruiz, ha señalado que estos trabajos "son importantes prospecciones arqueológicas y el estudio de un periodo cultural poco conocido".
Ha afirmado, en una visita al yacimiento, que aunque ya se tenía constancia de que podría tratarse de un lugar arqueológico de gran valor, gracias a los trabajos "empiezan a definirse mejor las etapas culturales de Gobantes".
Por otro lado, ha destacado también el excelente estado de conservación que presenta el yacimiento, que no sólo es importante en su contexto comarcal, sino también dentro del ámbito regional andaluz.
Ruiz ha señalado además que la zona de "El Castellón de Gobantes" es extraordinaria por ser un paisaje hermoso y con grandes potencialidades para su futura musealización que podría atraer a turistas.
Extraído de Ideal

jueves, 26 de abril de 2012

La genética de los primeros agricultores europeos.



Parte de los genes de los actuales habitantes del norte de Europa proceden de la mezcla de dos comunidades muy diferentes que vivieron en el continente hace cinco milenios: los cazadores y recolectores primitivos y los agricultores que viajaron desde el sur hasta colonizar los territorios del norte. Así lo ha revelado el estudio del ADN de restos de ambas poblaciones, que se publica esta semana en 'Science'.
La transición hacia una sociedad agrícola de la Humanidad se inició en Oriente Próximo hace unos 11.000 años y tardó otros 5.000 años en llegar a Europa. Estos pioneros agrícolas fueron subiendo desde el sureste hacia el norte, llegando hasta Escandinavia.
Y es allí donde un equipo de investigadores, dirigidos por Pontus Skoglund, de la Universidad de Upsala (Suecia) han encontrado ADN en los restos fosilizados de unos cazadores/recolectores y de granjeros. "Gracias a este material hemos podido demostrar el origen de la variación genética europea, que tiene su origen en la Edad de Piedra, en la inmigración de los agricultores del sur", afirma Anders Götherström, uno de los autores del trabajo.
Hasta ahora, los científicos no habían logrado una respuesta clara a la pregunta de cómo se introdujo la agricultura en Europa, si fue introducida por grupos de nómadas o si se fue extendiendo lentamente. "Nuestro éxito se debe a que accedimos a muy buen material genético, a modernos métodos técnicos y a la experiencia", afirma Götherström.

Tecnología puntera.

Los investigadores secuenciaron 250 millones de pares de base de ADN a partir de cuatro esqueletos de seres humanos que vivieron en Suecia hace 5.000 años. "Unos pertenecieron a cazadores/recolectores y otros a agricultores, que vivían a menos de 400 kilómetros de distancia. Después comparamos sus datos con poblaciones modernas y encontramos que los finlandeses son más similares a los cazadores/recolectores y los granjeros a los pueblos mediterráneos", apunta Skoglund.
Conseguir ADN antiguo que no estuviera contaminado con ADN moderno requirió, apuntan, de la tecnología más puntera. El agricultor había sido enterrado debajo de un megalito y se conservaba en buenas condiciones.
"Fue interesante comprobar que ambos grupos, aunque vivían al mismo tiempo y durante más de 1.000 años, tenían unas características genéticas muy distintas", señala Matt Jakobsson, otro de los autores del trabajo, publicado en 'Science'.
La conclusión evidente es que la revolución agrícola fue dirigida por las poblaciones que llegaron desde el sur de Europa, que vivieron en vecindad con los cazadores primitivos, con los que pudieron tener algún cruce puntual, que es lo que explica la diversidad de los europeos actuales. "Hoy nadie tiene el perfil genético de los cazadores/recolectores, pero siguen estando representados en la herencia genética actual de los nórdicos", afirma Skoglund, que diseñó la metodología analítica utilizada.
Extraído de El Mundo