lunes, 18 de noviembre de 2019

Enterrados antes de morir: ‘¡Me estáis enterrando viva!’

No han faltado casos de enterramientos prematuros a lo largo de la historia

Ilustración de Harry Clarke del relato Enterramiento prematuro de Edgar Allan Poe (detalle)

Eleanor Markham fue declarada muerta por el médico de la familia en 1894. Aparentemente había dejado de respirar y no se movía. Se decidió que el cuerpo se enterrase cuanto antes, ya que era verano y la putrefacción empezaría enseguida. La familia y amigos prepararon el cuerpo y dispusieron todo para que el funeral se llevara a cabo dos días después. Mientras llevaban el ataúd al cementerio, se oyó una voz desde dentro: “¡Me estáis enterrando viva!”.

Por suerte el enterramiento prematuro de Eleanor Markham pudo ser evitado a tiempo, a pesar del trauma que debió provocarle durante el resto de su vida. Markham afirmó haber estado consciente durante todo el proceso de preparación para el enterramiento, sin embargo fue incapaz de moverse hasta que consiguió gritar empleando toda su fuerza de voluntad. Sin embargo existen casos en los que la víctima no tuvo tanta suerte.

El New York Times recogió una noticia el 19 de enero de 1886 en el que, tras la exhumación del cadáver de una niña, se había descubierto que ésta había sido enterrada viva. El cadáver se exhumó para trasladarlo a otro lugar, no porque hubiera ninguna duda de la muerte sino por causas familiares. Al abrir el sepulcro se encontraron con que el cuerpo estaba retorcido con uno de los brazos debajo del cuerpo. Tenía la mortaja hecha trizas, las rodillas en el pecho y un brazo debajo del cuerpo. Lo peor de todo debía ser el rostro, que, según la noticia, mostraba un ademán de terrible sufrimiento.

Estos casos y otros que presentan distintos grados de credibilidad, hicieron cundir el pánico entre la sociedad del siglo XIX. Edgar Allan Poe escribió el relato Enterramiento prematuro haciendo referencia a este temor. Algunas personas mandaban en sus testamentos enterrarse en mausoleos cuya puerta pudiera abrirse desde dentro. Se desarrollaron también otros sistemas más elaborados para evitar el entierro prematuro. Uno de estos era la instalación de campanas y llamadores, interruptores que el enterrado podía pulsar para avisar al mundo exterior.

También se desarrollaron ataúdes con respiraderos que llegaban a la superficie para mantener el oxígeno. Estas medidas se hicieron tan demandadas que surgieron empresas dedicadas exclusivamente a su fabricación. No se conserva ningún testimonio de que se enterrase a alguien vivo en uno de estos sepulcros adaptados, por lo que la eficacia de las medidas no pudo ser comprobada.

El mal diagnóstico de estas enfermedades podía deberse a distintos motivos. En el caso del siglo XIX y épocas anteriores, la medicina no estaba lo suficientemente desarrollada y un estado de coma o narcolepsia podían entenderse como la muerte de la persona. Para evitarlo, se tomaba el pulso y se acercaba un espejo a la boca del enfermo para comprobar si su respiración dejaba vaho en él, pero estos métodos podían fallar fácilmente. Existe una patología a la que se conoce como Síndrome de Enclaustramiento en la que el enfermo no se puede mover, está en un estado de coma, pero se consciente de todo a su alrededor. Esta patología muy fácilmente podría confundirse con la muerte. Quizá es lo que le ocurrió a Eleanor Markham.

Bibliografía

BONDESON, Jan (2002): Buried Alive: the terrifying history of our most primal fear, W. W. Norton & Company.

POE, Edgar Allan (2017): Cuentos de imaginación y misterio con ilustraciones de Harry Clarke, Libros del Zorro Rojo.

New York Times, 19 de enero de 1886.

News 24/4, 25 de septiembre de 2014.

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