sábado, 2 de noviembre de 2019

La chusma de las galeras en la Edad Moderna española

Composición y modalidades de ingreso en las galeras

Galeras españolas del siglo XVI

La dotación de remeros de las galeras españolas estuvo compuesta básicamente por dos grandes grupos: los esclavos y los forzados. A ellos habría que añadirles los llamados “buenas boyas”, remeros libres que gozaron de sueldo y ración alimenticia más abundante, pero que desde el siglo XVI fueron prácticamente inexistentes, a pesar de que los administradores de galeras se empeñaran en denominar así a los forzados que habían alcanzado el grado de “cumplidos” y que por cuestiones utilitarias no se les otorgaba la libertad, pero sí el sueldo y la ración de “buenas boyas”.

La evolución de los distintos grupos que componían la chusma de galeras fluctuó en función de una serie de condicionantes históricos y logísticos, tales como las presas realizadas o las largas campañas en el extranjero, algo que afectó especialmente al sector de los esclavos.

Los esclavos eran propiedad real y debían servir de por vida en galeras. Casi todos fueron capturados durante la permanente guerra que España sostuvo contra berberiscos y turcos. Su función principal consistió en realizar la boga, aunque también fue habitual que aquellos, considerados de “confianza” y menor riesgo de fuga, se les encomendaran otro tipo de servicios, tales como los de músicos, servidumbre personal, limpieza y aprovisionamiento de leña, agua, víveres y otros productos.

Entre los esclavos del rey y los forzados, se situaron aquellos que eran propiedad de particulares y que fueron condenados a galeras por un tiempo limitado, a cuyo término no podían ser puestos en libertad, pues debían ser devueltos a sus propietarios, en el caso de ser reclamados por éstos.

En cuanto a los esclavos musulmanes conversos al cristianismo y pertenecientes a propietarios particulares, se prohibió desde 1657 aceptarlos en galeras, circunstancia que fue reiterada en 1668, especificándose taxativamente en esta ocasión, que sólo se podían aceptar aquellos que eran “moros de profesión”.

El procedimiento más usual para nutrirse de esclavos, procedió de la captura en combate, circunstancia por la que fueron llamados “moros de presa”, y entre los que se podían hallar todo tipo de esclavos considerados especiales: arraeces y demás oficiales de las embarcaciones corsarias, mercaderes y renegados. La mayor parte de ellos fueron capturados en combate naval o sorprendidos una vez en tierra, tras dar al través en las playas peninsulares. Una vez presos pasaban a ser propiedad real al servicio del remo. Para ello, se reglamentó en 1600 la forma en que se debía “recoger y aplicar” a las galeras, disposición que tuvo que reiterarse en 1658, así como la orden de remitir los esclavos capturados por particulares a cambio de una recompensa de diez ducados por individuo. Aun así, la caza de estos “moros de presa” fue muy rentable para aquellos que obtenían sus correspondientes patentes de corso.

El sistema de aprovisionamiento de esclavos se completaba por medio de compras, una operación que normalmente se realizaba cuando escaseaban los “moros de presa”. En estas ocasiones, los funcionarios reales adquirían esclavos musulmanes a unos precios que estuvieron normalizados durante los siglos XVI y XVII en torno a los 100 ducados por cabeza.

Los forzados de galeras podemos describirlos como reos convictos por tribunales de justicia o por disposiciones generales del rey, que debían redimir su delito mediante un servicio -en teoría siempre al remo- adecuado a sus capacidades físicas.

El ingreso de forzados en galeras dependió fundamentalmente del celo y aplicación de los diferentes tribunales de justicia. Además, las circunstancias históricas, especialmente las derivadas de situaciones bélicas, influyeron de forma decisiva a la hora de un mayor o menor volumen de convictos rematados.

En cuanto a la edad de los forzados, en distintas ocasiones se procuró fijar unos determinados topes para ejercitar la actividad del remo, ya que el trabajo de la boga, por su exigencia, hacía que jóvenes y ancianos no fueran aptos para servir como remeros.

Andalucía fue la región que contribuyó con el mayor número de forzados por ser la más poblada, y por tanto, la chancillería de Granada fue la que remitió el mayor número de condenados. A continuación, a bastante distancia se situó Castilla la Vieja y con valores muy cercanos, Cataluña, Valencia y Castilla-La Mancha.

En cuanto a los sectores sociales afectados por la pena de galeras, según se desprende de los asientos de los forzados, casi en su totalidad procedían de las capas más bajas de la sociedad, pues apenas es perceptible la presencia de individuos que ostentaran al menos el tratamiento de don, lo que nos hubiera permitido sospechar la pertenencia a un grupo social más elevado.

Vía| MARTÍNEZ MATÍNEZ, M., Los forzados de la escuadra de galeras del Mediterráneo en el siglo XVII. El caso de los gitanos. En Revista de Historia Naval, nº 30, pp. 87-110

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