Grammelot o el arte de hacerse entender en lenguas desconocidas

Durante siglos cómicos y comediantes de Europa se hicieron entender a base de captar las particularidades expresivas de un idioma, este arte se llamó grammelot

Pintura en la que se recrean dos comediantes. Museo del Teatro alla scala (Milán)

Seguramente nunca hayamos oído hablar de éste término pese a que tengamos su uso diluido  en nuestra sangre, pese a que hayamos hecho uso del grammelot antes siquiera de ser capaces de escribir un párrafo. Se trata de un juego comunicativo mediante el cual nos expresamos en una lengua desconocida, aplicando solo unas pocas palabras y un extenso abanico de acentos, gestos, sonoridades y onomatopeyas. Este tipo de lenguaje podemos haberlo visto en el encuentro de niños de diferentes regiones que, sin conocer extensamente la propia lengua, imitan a su interlocutor y salen airosos en el juego de la comunicación; pero no se trata de la única situación en que aparece, pues es en época de juglarías en que alcanza su mayor esplendor y se convierte en una herramienta útil y necesaria para los cómicos de la legua.

Estos cómicos, como bien indica su denominación, tenían por mandato acampar a una legua de la población en la que iban a actuar, y por su naturaleza trashumante campaban de una a otra bien en soledad bien en compañía de otros comediantes. Así, ofrecían sus actuaciones de manera itinerante de una a otra región con la incapacidad de hablar cada uno de sus dialectos; no les quedaba otra que afinar el oído y prestar la máxima atención a gestos y costumbres, al tono musical y al imaginario de sus momentáneos vecinos para ofrecerles una suerte de cuentos, lazzis (lo que actualmente conocemos como gags) y chistes que les proporcionasen algo de sustento a cambio de unas risas. 

El término grammelot, pese a ser francés, también tuvo un amplio uso en España y en Italia donde, concretamente en el Véneto pasó a llamarse gramlotto, y sirvió a más de un actor para librarse de la censura, haciendo burlas sobre nobles y religiosos sin dejar un ápice al que atenerse a la guardia, ya que, en realidad, lo habían dicho todo sin llegar a decir nada. 

Este mismo recurso fue aplicado con los mismos fines a las obras de Commedia dell´Arte que, aunque más afines a las clases altas, solían esgrimir sus feroces críticas empañadas por la habilidad de sus actores, como sucedería en la comedia Los enredos de Scapin, de Moliere.

Seguramente durante la lectura se nos hayan venido a la mente algunos cómicos más o menos actuales y algunas canciones de carnaval en las que se hace uso del doble sentido y de trabalenguas. Ahí, en mayor o menor medida, tenemos la herencia del eterno grammelot.

Bibliografía

Fo, Dario (1997): Manuale mínimo dell´attore. Einaudi, Torino.

Enciclopedia Treccani, recuperado de http://www.treccani.it/

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Imagen| Wikimedia Commons

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