jueves, 9 de agosto de 2012

Territorio de al-Ándalus (I): de Mahoma a la península Ibérica.

Expansión del Islam desde Mahoma hasta los Abasidas.
José Antonio Cabezas Vigara
Publicado en  QAH
En las siguientes cinco entradas vamos a analizar cómo se organizó el territorio de al-Ándalus, un tema del que hay poca información en Internet, desde su conquista hasta la caída del Reino nazarí de Granada.
La expansión musulmana comenzó en el 622 cuando Mahoma, con la Hégira, abandonó La Meca y se dirigió a Yatrib (Medina). Allí organizó una comunidad de seguidores que era lo bastante fuerte como para hacerse con el control de toda Arabia. Tras su muerte, en el 632, el islam comenzó a expandirse fugazmente fuera de la península arábiga dirigido por los cuatro Califas perfectos. Abu Bakr unificó toda Arabia. Umar conquistó Persia, Siria, Palestina, Mesopotamia y Egipto. Utman avanzó por el norte de África, donde sometió Tripolitania y Cirenaica, e incorporó algunas islas del Egeo. Alí, el último de los Califas ortodoxos, fue derrotado por el omeya Muawiya en la batalla de Siffin (657).
En pocos años se formó un gran Imperio, pero ¿a qué pudo deberse esta vertiginosa expansión islámica? Los investigadores se decantan por factores como el agotamiento de los imperios persa y bizantino, el empleo de nuevas tácticas de guerra, la fuerza de la nueva religión y su tolerancia, o el hambre. En mi opinión, una de las claves pudo estar en el apasionamiento que imprime la mentalidad emocional en el hombre religioso. Tal es el caso del musulmán y el concepto de yihad o guerra santa.
El Califa Muawiya, en el 661, inauguró la dinastía Omeya y trasladó la capital del imperio a Damasco. Su sucesor, Abd al-Malik, consiguió establecer un poder fuerte, unificando todo el mundo islámico bajo su autoridad, y continuó la expansión por el norte de África. Walid I, al fin, alcanzó la región del Indo, por el este, y llegó hasta más allá del estrecho de Gibraltar, por el oeste.
El imperio islámico se encontraba ya a las puertas de la Hispania visigoda. No obstante, Musa ibn Nusayr, el emir de Walid en Ifriqiya y Magrib, no pretendía la conquista de estas tierras, sino que fueron las circunstancias las que le llevaron a hacerlo. La complicada situación interna que atravesaba el Reino visigodo, por asuntos sucesorios, dividió a la nobleza visigoda en dos facciones: los seguidores de don Rodrigo y los de Witiza. Musa pactó una alianza con el conde don Julián, partidario de Witiza, y realizó una primera incursión en el 710. La expedición determinaría el inicio de la conquista de España.
El paso decisivo del estrecho se produjo en el 711, con un ejército compuesto por varios miles de beréberes al mando de Tariq ben Ziyad, un lugar teniente de Musa. Don Rodrigo intentó detenerlos, pero fue derrotado en la batalla de Guadalete. El camino quedó libre, así que Musa cruzó el estrecho, al frente de un ejército formado mayoritariamente por árabes, para seguir avanzando. En pocos años controlaron casi todo el territorio, ya que hubo poca resistencia hispana. Una gran parte de la población nativa deseaba liberarse del angustioso yugo visigodo y, de este modo, recibieron a los invasores como liberadores. Los musulmanes siguieron avanzando hacia Francia donde, al fin, fueron frenados por las tropas francas conducidas por Carlos Martel, en la batalla de Poitiers. Se puso fin al avance islámico por occidente.
Entre tanto, los cristianos ya preparaban la reconquista. La derrota que don Pelayo infligió a los musulmanes en la batalla de Covadonga, en el 722, fue uno de sus grandes hitos.
En la siguiente entrada analizaremos cómo se organizó al-Ándalus hasta el califato de Abd al-Rahman III.
Extraído de QAH