jueves, 12 de noviembre de 2015

Unos estudios sugieren que la apicultura comenzó hace al menos 8500 años

El análisis químico de unas vasijas de cerámica del Neolítico ha permitido detectar la presencia de cera de abeja

Mural de la tumba de Pa-bu-sa en Luxor (Egipto), en el que se muestra la práctica de la apicultura 
La miel es conocida y utilizada por la humanidad desde hace miles de años. Ya en las crónicas de Gilgamesh el Inmortal, el Rey Uruk Babilónico que supuestamente vivió cientos de años, se mencionaba la miel como un manjar digno de los Dioses. Se trataba, para estos pueblos, de un alimento tan digno que “el regalo de la miel es similar a la vida eterna del Gran Uruk”.

Los sumerios, los egipcios y otros pueblos antiguos la utilizaban y guardaban sus recetas privadas con gran celo. Pero ¿hasta dónde se puede remontar cronológicamente la práctica de la apicultura?

Hasta ahora, a parte de estos textos de los que hablamos, las imágenes del arte rupestre prehistórico o de los murales del antiguo Egipto sugerían, como poco, que los primeros agricultores del Neolítico ya practicaban la apicultura. Sin embargo, hasta ahora no teníamos evidencias científicas que probaran este hecho.

No obstante, recientemente se han publicado los resultados de una larga investigación que muestra las fechas más antiguas, según las evidencias químicas halladas en los artefactos cerámicos usados, del contacto del ser humano con las abejas para su explotación alimentaria.

Los análisis químicos practicados a un gran número de vasijas de cerámica del Neolítico, de más de 150 yacimientos arqueológicos en Europa, han permitido detectar por primera vez la presencia de cera de abeja en artefactos de esta época.

Según las declaraciones a los medios de comunicación de Richard Evershed, de la Universidad de la Unidad de Geoquímica Orgánica de Bristol, los estudios que ellos han llevado a cabo son los primeros que proporcionan evidencias inequívocas de la distribución paleoecológica de estos insectos por Europa y su relación con el ser humano. Para ello, se han basado únicamente en los resultados de las pruebas químicas de la “huella digital” de la cera de las abejas en los recipientes cerámicos encontrados en las excavaciones arqueológicos europeas.

La investigación llevada a cabo demuestra la explotación generalizada de las abejas por los primeros agricultores y hace retroceder la cronología de la actividad apícola, al menos, hasta hace 8500 años. Se trata de una fecha anterior sustancialmente a la que se manejaba hasta ahora.

Vía| Bristol