sábado, 30 de enero de 2016

El Imperio parto

De un pueblo nómada a un ejército invencible

Catafractos partos
Quisiera iniciar el siguiente análisis sobre lo que llego a ser el Imperio parto con la descripción que hizo Dion Casio en el siglo III d.C.:

“Son realmente formidables en la guerra. Los partos no hacen uso del escudo, pero sus ejércitos consisten en arqueros y lanceros montados, la mayoría con armadura completa. Su infantería es pequeña, constituida por los hombres más débiles; pero también éstos son todos arqueros. La tierra, al ser llana en su mayor parte, es excelente para criar caballos y uy adecuada para montar a caballo; en cualquier caso, incluso en la guerra, llevan amplias manadas de caballos, así que pueden utilizar caballos distintos en diferentes momentos, pueden cabalgar con rapidez desde una gran distancia y retirarse lejos también rápidamente.”

Como vemos en este fragmento, el ejército parto contribuyo a la construcción de un imperio que puedo resistir hasta los golpes de los romanos. Pero, ¿cómo evoluciono éste territorio? Todo comenzó cuando en el año 238 a.C. (aproximadamente, ya que de sus inicios poco se sabe) un pueblo iranio nómada, los parnos, tomó el control de la Satrapía de Partia. Aun así la historia del Imperio propiamente dicho no se documenta hasta el año 171 a.C., cuando Mitrídates I pasó a dominar prácticamente todo el territorio de Mesopotamia e Irán; finalmente su extensión dejó de aumentar a partir del 113 a.C, estableciendo el límite occidental en el Éufrates (con los romanos se estableció dicha frontera en el año 66 a.C.). 

A partir de éste momento se puede considerar que el Imperio parto nunca, o casi nunca, atacaba a sus vecinos; de hecho no tuvieron grandes disputas hasta que Roma envió constantemente sus tropas para conquistar las tierras más allá del Éufrates. Sobre los conflictos entre romanos y partos hay que destacar la batalla de Carrae (53 a.C.), en la que Craso se presentó con siete legiones pero que nada puedo hacer ante los poderosos, y muy bien protegidos, catafractos. Los fracasos de Roma, la gran potencia mediterránea, fueron constantes, desde Marco Antonio hasta Trajano; pero durante éste tiempo siguió una estrategia que en el futuro propiciaría la caída del Imperio parto: se expandió por los territorios “cojín” que había entre los partos y el Imperio romano. De ésta manera en el año 117 d.C. podemos ver como ya controlaba Armenia, Asiria y Mesopotamia.

A partir de éste momento el pacífico Imperio parto inició un declive que fue aprovechado para realizar diversas revueltas internas, o por Séptimo Severo para llegar hasta la capital del Imperio (Ctesifonte); finalmente en el año 224 d.C. murió en Media Artabán IV, el último rey parto, y se inició la dinastía de los sasánidas que daba paso a un período diferente en el territorio.

¿Era un peligro el Imperio parto cómo para que Roma se preocupara? Realmente se trató de un pueblo bastante pacífico, simplemente entrenado para la defensa de su territorio pero para realizar una ofensiva; de hecho, el combatir en su propio territorio es lo que más ventaja les aportaba. Así pues es más que probable que los catafractos no constituyeran n gran peligro en otras tierras desconocidas para ellos, y, por tanto, no podemos considerar a dicho ejército un verdadero peligro para Roma. Por tanto, ¿por qué motivo los romanos insistieron en penetrar en el territorio parto? Como ya hemos dicho el imperio llegó a controlar los territorios de Irán y Mesopotamia, dos zonas muy codiciadas en la antigüedad por su gran riqueza natural; además el hecho de derrotar a los partos supondría un nuevo avance hacia oriente. Aun así más que una rápida victoria, el enfrentamiento con los partos supuso un gran dolor de cabeza y una gran pérdida de tropas.

¿Cómo era éste ejército? En las civilizaciones del mundo antiguo la constitución del cuerpo militar estaba muy influenciada por la sociedad, y el Imperio parto no iba a ser diferente. Por encima de todo se situaba el rey, jefe de todo el ejército, pero en el siguiente escalón social se encontraban las grandes familias que eran los jefes del ejército; ellos recibían las órdenes directamente del monarca y las transmitían a sus tropas. Pero en su grueso no se encontraban a éstos líderes sino a la nobleza menor (“azadan”), quienes constituían la formidable caballería, o catafractos; es más, no sólo la baja nobleza era la que formaba dicho cuerpo del ejército ya que hasta los criados y campesinos eran entrados por sus propios señores (o superiores en la escala social) para luchar y disparar con arco en el caballo.

Después de tanto mencionarlos llega el momento de hacernos una pregunta: ¿qué eran los catafractos? Eran jinetes protegidos de una manera muy pesada, armados con lanza, arco, maza y espada, montados a caballo y originarios del territorio de Irán. Su nombre proviene del griego “hippeiskataphraktoi”, que quiere decir “jinetes totalmente cubiertos”, y es que las representaciones que han llegado a nuestros días nos muestran como los caballos y el propio guerrero llevaban el cuerpo prácticamente protegido con su pesada armadura. Finalmente hay que destacar un aspecto concreto sobre los catafractos, y es que, según Plutarco, sus poderosas lanzas podían atravesar hasta a dos hombres de un solo golpe. Toda una demostración de poder.