miércoles, 30 de marzo de 2016

El Bosco: características de su obra

Analizamos las características identificativas de la obra del Bosco, tanto formales como temáticas

Imagen ‘El Carro de Heno’  de El Bosco
Aunque los estudiosos del Bosco no se ponen totalmente de acuerdo, ya que hay que tener en cuenta que no las firmaba y que carecemos de muchos datos,  suelen distinguirse tres etapas en el desarrollo de sus obras.

El primer periodo abarcaría aproximadamente entre 1470 y 1585, el segundo de 1485 a 1500, y el tercero de 1500 a su muerte en 1516.

Toda la obra del Bosco tiene unas características técnicas comunes que muchas veces se pasan por alto, por ejemplo el hecho de que utiliza una capa muy delgada de pintura, lo que ha hecho que muchas de sus obras estén restauradas en distintas épocas y presenten una apariencia diferente a la original; hecho corregido en bastantes de ellas por los estudios y restauraciones desarrolladas para la celebración del quinto centenario de su muerte este año.

El Bosco sigue la tradición detallista de los pintores flamencos del siglo XV, como Van der Weyden o Jan Van Eyck, hecho que se puede apreciar en el detallismo con que recrea los objetos, tanto los reales como aquellos producto de su fantasía, es un gran observador del mundo natural, animales, especialmente aves y plantas pueblan sus cuadros. Además es un experto en el uso del color, que sabe utilizar con psicología, adecuándolo al tema que trata, sus colores son muy identificativos, preciosistas y brillantes. Y aunque suele pasar desapercibido es un gran paisajista, normalmente el fondo de sus cuadros, presenta un paisaje sereno donde destacan los brillos acuosos y los cielos. En cuanto a la composición de sus obras,en un primer momento puede parecer caótica, pobladas de multitud de personajes todos realizando diferentes acciones, pero en realidad, vistas en detalle son composiciones muy equilibradas.

Debemos tener en cuenta la época en la que pintó el Bosco, estamos en los comienzos del Renacimiento, para situarnos el Bosco pinta sus obras prácticamente a la par que Botticelli las suyas, tienen en común el mostrarnos un mundo en pleno cambio: una nueva clase social está surgiendo, la burguesía y con ella un incipiente capitalismo, un nuevo continente (América) se descubre en su época, con todo lo que significa en cuanto a novedades de modos de vida, fauna y vegetación; la ciencia avanza más en unos años que durante los siglos anteriores; tan sólo un año después de la muerte del Bosco, Lutero formulará las 95 tesis de Wittemberg donde pondrá en jaque a la iglesia…

Sin embargo no debemos olvidar el peso que aún tiene la tradición medieval, particularmente esta es mucho más marcada en el norte de Europa, está mucho más presente por tanto en la obra del Bosco que en la de los artistas italianos. Técnicamente para el Bosco la perspectiva y las relaciones jerárquicas entre los elementos del cuadro no son tan importantes, no tiene ningún inconveniente en destacar los elementos que él considera más importantes a nivel simbólico aunque reste verosimilitud formal, sus cuadros representan un movimiento perpetuo al que se invita a sumarse al espectador.

A lo largo de toda su obra podemos decir que hay dos constantes temáticas fundamentales, el humor y la moral, sus pinturas pueden considerarse como una advertencia a sus coetáneos para que no vayan por el mal camino, pues como puede verse por ejemplo en los trípticos de “El Jardín de las Delicias”, o “El Carro de heno”, el camino del pecado lleva siempre al infierno, y para el Bosco y la gente de su época, tal como era tradición en el medievo, el infierno era algo real y físico, un sufrimiento eterno literal.

La imaginería del Bosco, particularmente sus demonios y seres híbridos son una de sus mejores credenciales, más que en pinturas anteriores podemos ver su antecedente en las gárgolas de las catedrales góticas, y en los sermones y libros medievales que detallaban los sufrimientos del infierno, para el hombre lo más temible es siempre lo desconocido, de ahí la mella que aún nos hace hoy las criaturas híbridas de los cuadros del Bosco, la fantasía se opone a la razón y nos conduce a la locura, y en esta época se consideraba locura no sólo a las enfermedades mentales, sino a todos los comportamientos pecaminosos que se apartaban del camino de la virtud, el único que podía conducir hacia Dios. El Bosco introduce por primera vez asuntos de la vida cotidiana en su arte, temas que luego continuarán desarrollando los artistas posteriores.

Muchas de las imágenes de sus obras pueden interpretarse también como una crítica social, especialmente a los estamentos eclesiales y nobles que estaban más interesados en los asuntos terrenales que en los divinos, pero lo hace siempre con sentido del humor lo que lo salva del dogmatismo excesivo y lo hace especialmente llamativo y cercano incluso en la actualidad.

Imagen| Wikipedia