miércoles, 25 de mayo de 2016

Velázquez: ¿un genio antipático?

Velázquez no perdió oportunidad ninguna de mejorar su posición en la Corte ni desde luego su posición económica 
 
Imagen de ‘Cristo en Casa de Marta y María’ de Velázquez
 No sé si sois aficionados a la serie española “El Ministerio del Tiempo”, si no lo sois os la recomiendo, pues aunque como en todo, para gustos colores, es encomiable su calidad. Los que sí sois seguidores estaréis acostumbrados a ver al personaje de Velázquez como un artista ególatra, caprichoso y pagado de sí mismo; lo cual es muy útil en ocasiones para aportar un toque de comicidad, pero tiene una base presente incluso en su obra, Las Meninas pueden ser un buen ejemplo.

Si queréis un poco más de seriedad, la revista Descubrir el Arte, en su número especial dedicado al 4º centenario del Genio comenzaba así su editorial: “Altivo, distante, insolidario con los demás pintores contemporáneos, Velázquez fue, como persona, lo que se podría definir como un tipo raro.

Diego de Silva y Velázquez es el mayor de los 7 hijos que tienen Juan Rodríguez de Silva y Jerónima Velázquez, es bautizado el 6 de junio de 1599 en la parroquia de San Pedro de Sevilla. Posteriormente la familia se traslada a la parroquia de San Vicente donde tiene casa el pintor Francisco Pacheco, hombre culto y humanista admirador de Rafael y organizador de tertulias en la cosmopolita Sevilla de la época.

Pacheco será el maestro de un Velázquez que ya desde bien joven y contra la costumbre de la época muestra interés por retratar los tipos populares, cuenta Pacheco que a la sazón se convertirá en biógrafo y suegro de su aventajado alumno, que ya de bien mozalbete Velázquez contrató los servicios de un aldeanillo al que no perdía ocasión de retratar en todas las ocasiones y gestos posibles.

En marzo de 1617, Velázquez obtiene la licencia de pintor, exigida por el gremio de pintores sevillanos para poder tener taller y aprendices propios. Los gustos de Velázquez se alejan con mucho de los de su maestro, decantándose por el naturalismo y el caravaggismo que poco a poco va triunfando en una época en hasta la literatura resalta los tipos populares, hablamos de la picaresca (la obra Vieja friendo huevos de 1628 es un claro ejemplo).

En abril de 1619 Velázquez se casa con Juana Pacheco con la que tendrá dos hijas. Pronto bajo la protección del Conde Duque de Olivares Velázquez viaja a Madrid donde realiza un retrato de Góngora como príncipe de los poetas que le abrirá al año siguiente las puertas de una Corte de la que salvo por los viajes que hará a Italia, Velázquez no saldrá jamás.

Felipe IV era un joven rey rodeado de un Corte de gente más bien mayor para su edad  que pronto congenió con un artista también joven que supo retratarlo con la dignidad que el rey ansiaba, así que pronto lo nombró pintor del rey y le asignó una paga y unos beneficios que pusieron en jaque al resto de pintores de la Corte, envidiosos y preocupados de la rápida ascensión del recién llegado.

Velázquez era ambicioso y orgulloso, características que no le hicieron precisamente granjearse muchas amistades, ejemplo de ello es la reacción de los pintores de la Corte ante el retrato de tamaño natural que pintó de Felipe IV a caballo, mofándose de que el caballo no respondía a las leyes del arte, lo que hizo al pintor reaccionar con enfado, borrando la mayor parte de su pintura y poniendo en lugar d ela firma “DidacusVelazquius, Pintor Regis, expinsit”.

Velázquez no perdió oportunidad ninguna de mejorar su posición en la Corte ni desde luego su posición económica, poco a poco fue acumulando cargos, lo que implicaba también obligaciones que en muchas ocasiones lo alejaban de la pintura, sin embargo, quizás por eso mismo cuando lo hacía era con más libertad.

Rubens fue uno de los pocos amigos que puede decirse que hizo el pintor entre los de su gremio.  Velázquez viaja a Italia en dos ocasiones, con fines diplomáticos pero el autor aprovecha para imbuirse del ambiente artístico y mejorar su técnica, Felipe IV a la vuelta del primer viaje el rey le concede al artista un taller en el palacio, del que el propio monarca tenía llave y una silla para venir a verlo pintar, cosa que hacía a menudo.

Del segundo viaje a Italia a Velázquez le cuesta volver a pesar de las reiteradas llamadas que le hace el rey, y cuando lo hace es convencido de que su situación social ha de cambiar, ha de dejar de ser plebeyo para ser considerado realmente por la Corte, por eso solicita el hábito de la Orden de Santiago, que consigue por fin el 28 de noviembre de 1659, tras una larga investigación. El 7 de agosto de 1660 el pintor de talante flemático moría, había hecho pocos amigos pero se convirtió en un genio del arte español que sería redescubierto siglos más tarde.

Imagen| Wikipedia