jueves, 1 de septiembre de 2016

Doce textos esenciales para conocer al Jesús de Nazaret histórico (II)

Los exégetas indagan en doce fuentes literarias fundamentales para conocer mejor la vida histórica de Jesús de Nazaret 
 
Recreación de una vasija con un rollo de Qumrán
En mi entrada anterior estudiamos las seis primeras fuentes literarias fundamentales en las que se basan los exégetas para indagar en la vida de Jesús de Nazaret. A continuación vamos a analizar, del 7 al 12, seis textos importantes más:

7. La Didache, o Doctrina de los Apóstoles, son numerosas epístolas del siglo I, semejantes a las de Pablo, que explican a las distintas comunidades cristianas cómo deben comportarse. Es una norma colectiva, u ordenamiento eclesiástico, que nos revela realmente cómo vive uno de los grupos cristianos primitivos y, sobre todo, cómo debe adaptarse a la comunidad el pagano recién convertido. Aunque se escribe durante la segunda mitad del siglo I, no es descubierta hasta el año 1873 en un códice del siglo XI conservado en un monasterio griego de Constantinopla. Su importancia radica en que el documento comienza con una pequeña serie de dichos de Jesús de contenido sumamente radical.

8. La obra crítica del historiador Flavio Josefo, entre la que destacan los libros de La guerra de los judíos, Antigüedades de los judíos y Autobiografía. Sus textos, que se escriben por los años 90, aportan muchos datos del contexto histórico de la Palestina del siglo I y de la región de Galilea. Josefo menciona dos veces a Jesús. Una vez al hablar de la lapidación de Santiago en Jerusalén, en el año 62, cuando dice que es “hermano de Jesús, llamado Cristo”. Otra vez, una vez suprimidos los retoques añadidos por copistas cristianos de la Edad Media, cuando escribe que “En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio. Fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. Y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los hombres principales de entre nosotros, lo condenó a la cruz, los que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo. Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido” (Antigüedades de los judíos 18,3,3).

9. El testimonio neutral de escritores romanos como Tácito (50-120 d.C.), Suetonio (hacia el 120 d.C.) o Plinio el Joven (61-120 d.C.). Ofrecen una imagen de un Jesús que es oriundo de Judea, que es ejecutado en tiempos de Tiberio por el gobernador Poncio Pilato y que, en el momento en el que escriben, es venerado “como un dios” por sus seguidores.

10. Los manuscritos de Qumrán que, aunque no son bíblicos, arrojan mucha luz sobre la riqueza y variedad del mundo judío en tiempos de Jesús. Destacan, entre las obras de los esenios, la Regla de la Congregación (100-75 a.C.), el Rollo de la guerra (37-4 a.C.) y los Himnos. A pesar de las especulaciones, no existe ningún argumento serio para pensar que Jesús formara parte de este grupo de esenios de Qumrán.

11. La hostil literatura rabínica, como el Talmud, habla de Jesús como Yeshú o, despectivamente, como Ben Pantera, el hijo de Pantera, un soldado romano que supuestamente violó a María. Ofrece, además, una imagen despectiva del nazareno ya que lo muestra como un personaje que “practica la brujería”, que se  burla de la palabra de los “sabios”, que expone las Escrituras como los fariseos, que tiene cinco discípulos, que “desvía a Israel” de su camino y que “es colgado” por falso profeta y seductor en la víspera de una fiesta de Pascua. Sin embargo, como vemos, esta imagen hostil encaja en lo esencial con los datos de los evangelios.

12. El interés por los evangelios apócrifos se acrecienta, principalmente, en 1945 cuando se descubren los códices de Nag Hammadi en el Alto Egipto. En estos textos, para algunos estudiosos, se muestra la vida y el mensaje de Jesús en estado puro, incluso antes de ser sometidos al control dogmático de la Iglesia. Según su naturaleza pueden narrar la infancia o juventud de Jesús (Protoevangelio de Santiago, Evangelio del Pseudo-Mateo, El nacimiento de María, La historia de José el carpintero, etc.) o la pasión y resurrección del nazareno (Evangelio de Pedro, Evangelio de Nicodemo o Actas de Pilato, etc.). El Evangelio de Pedro, de estos últimos, es el más parecido a los relatos sinópticos de la pasión. De forma muy fragmentaria, conocemos también otros textos apócrifos de ambiente judeo-cristiano como el Evangelio de los nazarenos, el Evangelio de los ebionitas o los Evangelios de los hebreos. Aunque son los más antiguos, no aportan nada nuevo. Existe, por último, otro grupo de evangelios apócrifos escritos por algunos grupos marginales, la mayoría de ambientes gnósticos, como el Diálogo del Salvador, el Evangelio de María, el Evangelio de Felipe o la Pistis Sophia.

Para concluir, algunos investigadores más optimistas, como J. D. Crossan y algunos autores de la órbita del Jesus Seminar, creen que los evangelios apócrifos pueden aportar alguna información provechosa sobre la vida de Jesús. Sin embargo, otros autores más pesimistas, como J. P. Meier, piensan que estos textos no ofrecen ninguna información fiable nueva ni contienen tampoco dichos auténticos diferentes a los conocidos del Nuevo Testamento.

Vía| PAGOLA, J. A., Jesús. Aproximación histórica. Madrid, PPC, 2008