jueves, 22 de diciembre de 2016

Arqueoastronomía de la isla de Gran Canaria (I): astros, luces y sombras

Los antiguos canarios observaron que cierto espectáculo de luces y de sombras se repetía, cíclicamente, en los mismos lugares de la isla, durante los mismos días y a las mismas horas, una vez al año

Interior de 'Risco Caído', en Gran Canaria
La arqueoastronomía, como sabemos, es la ciencia que estudia los conocimientos astronómicos que tuvieron las civilizaciones y los pueblos antiguos. El empleo de esta ciencia, como veremos, es fundamental para el entendimiento de ciertos restos arqueológicos de las Islas Canarias y, en este caso concreto, de la isla de Gran Canaria.

Hoy en día, gracias al calendario, contamos con conjunto de reglas o de normas que tratan de hacer coincidir el año civil con el año trópico. Podemos calcular, de forma sistematizada, el transcurso del tiempo y organizar cronológicamente nuestras actividades cotidianas a lo largo del año. Pero no siempre, ni en todas las sociedades, se ha contado con este instrumento medidor del tiempo.

Los antiguos canarios construyeron una serie de instalaciones que situaron en puntos estratégicos, normalmente en las montañas, para controlar el paso de las estaciones. Para ellos, el control de los movimientos astrales y de los ciclos naturales era fundamental para el desarrollo de ciertas actividades como la agricultura.

En Gran Canaria, ciertos días del año, el sol incide de manera especial en sus cumbres y sus grietas, y su luz dibuja caminos y penetra en lugares recónditos que son alumbrados sólo por unas horas. La penumbra que normalmente invade algunos rincones es quebrada, durante ciertos lapsos temporales, y se ilumina como por arte de magia.

Interior de la 'Cueva de Cuatro Puertas', en Gran Canaria
Según los arqueoastrónomos, los canarios de antaño observaron que este espectáculo de luces y de sombras se repetía, cíclicamente, en los mismos lugares de la isla, durante los mismos días y a las mismas horas, una vez al año. Además, se percataron de que estas excepciones lumínicas se producían en fechas tan marcadas como los equinoccios y los solsticios. Y, asimismo, que estos eventos astronómicos señalaban la llegada de las estaciones, de los ciclos de las lluvias, del calor, del escaso tiempo de frío y del acortamiento de los días.

No es de extrañar, con todo, que el hombre antiguo haya querido, desde siempre, tener cierto control del paso tiempo. Más aún cuando la vida de la comunidad depende de lo que la tierra proporciona. Los canarios, cada año, debían controlar los espacios temporales en los que debían abrir los surcos en los bancales, comenzar a sembrar las semillas en la tierra negra, limpiar acequias para el riego, traer el agua a los campos para llenarlos de vida y, por fin, recoger el fruto de muchos los meses de trabajo. Este tiempo cíclico, como tal, debía repetirse cada año y debían estar seguros de ello.

A los arqueoastrónomos no se les ha pasado por alto que, en otros tiempos, existió una relación indiscutible entre los restos arqueológicos que dejaron los canarii, como se conoció a los antiguos pobladores grancanarios, y los movimientos de los astros. Y, además, se han percatado de que las montañas pudieron tener un significado espiritual y simbólico que sobrepasaba lo meramente geográfico.

De entre todos, destacan por su importancia cinco ‘marcadores solares’ relacionados directamente con estos fenómenos astronómicos que anuncian la llegada de las estaciones del año: el Risco Caído, la Cueva de Cuatro Puertas, el Túmulo de La Guancha, el Almogarén del Bentayga y la Necrópolis de Arteara. Pero, ¿por qué la arqueoastronomía ha denominado a estos lugares como posibles ‘marcadores solares’? Lo analizaremos en la siguiente entrada.

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1 comentario :

Anónimo dijo...

De verdad cree que esos lugares que nombras los dotaron de alineaciones astronómicas para saber cuándo era el cambio de estaciones, piensas que eran tan torpes que no sabían que para lograr esos calendarios, bastaba con clavar un palo en vertical, y ver a hasta dónde llegaba su sombra. Existe un miedo secular por parte de los académicos en adentrarse en las connotaciones religiosas o espirituales de la antigüedad,y en esa faceta es donde se integran esos lugares o monumentos que has mencionado, sin duda ninguna, y es que me imagino que piensan que si ya es difícil que la gente crea en que antiguamente tenían conocimientos de Astronomía de posición, si encima les hablo de connotaciones espirituales, me mandan con Iker Jiménez