lunes, 19 de diciembre de 2016

Cuando cayó té sobre la Holanda ocupada por las tropas de Hitler

En el cielo del país se vislumbraron algunos aviones de la RAF. Los ojos de los hombres buscaban sin éxito entre las nubes las bombas de la guerra. En su lugar, algo desconocido

Bombardeo de Rotterdam, 1940
1941, Holanda. Las tropas alemanas del nacionalsocialismo habían invadido el país y se aplicaban las normas generales de dominio militar, es decir, «con humanidad y democracia nunca han sido liberados los pueblos».

Los fusilamientos, además de esparcir el terror por la tierra holandesa, sembraban la desesperación en las mentes de sus habitantes que no encontraban otra salida a su liberación que el fin del Tercer Reich. En 1941, esa posibilidad no parecía cercana, entre otras cosas porque las dos potencias más poderosas del mundo permanecían dormidas al abrigo de la guerra: Rusia, de la mano de Hitler —al menos de cara a la galería—, y Estados Unidos sin querer saber nada del asunto.

En Holanda, los judíos holandeses comenzaban a ser perseguidos sanguinariamente y todo aquel que anduviese por la calle era obligado a identificarse con una tarjeta en la que apareciesen sus datos personales.

Las protestas sociales en Amsterdam, por ejemplo, y sobre todo del sector estudiantil, se extendieron por la ciudad, ocasionándose en una de ellas la muerte de un soldado alemán. Fue entonces cuando el ejército nazi decidió amurallar el barrio judío con una alambrada. El resultado fue una huelga sin precedentes que se inició el 25 de febrero para levantarse contra el trato vejatorio por parte de los invasores.

Pero de nada sirvieron las peticiones sociales: el judío holandés parecía muerto.

«Mantengan alta la moral»

Así las cosas, y con Gran Bretaña también herida de nacionalsocialismo, Holanda entraba en un bucle de desesperación particular.

Hasta que a principios de marzo de 1941, en el cielo del país se vislumbraron algunos aviones de la RAF. Los ojos de los hombres buscaban sin éxito entre las nubes las bombas de la guerra. En su lugar, algo desconocido.

Cuando la carga llegó a tierra, los holandeses vieron inquietos que los británicos estaban bombardeando el país con pequeñas bolsas de té. En total unas 4.000 toneladas de infusión repartidas en sobres de 50 gramos cada uno, que llevaban impresos mensajes de esperanza y de fuerza para que los holandeses no flaquearan frente al terror nazi: «Mantengan alta la moral. Holanda volverá a levantarse».

Este acto altruista por parte de otro país compañero, insufló en la psicología del holandés de a pie la esperanza de la salvación, que se basó, en muchos casos, en el deseo de volver a disfrutar de una taza de té al calor de la paz.

Imagen| Sobre Holanda

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