sábado, 7 de enero de 2017

Synesthesia, neurociencia y nueva museología

La nueva museología debería de tener en cuenta nuevos enfoques basados en el aprendizaje inmersivo, apoyado en un estimulo emocional

Imagen del cerebro humano
Los últimos estudios en neurociencia, de la cual ya hablamos anteriormente, sugieren que la mejor forma de adquirir conocimiento es acompañar los hechos con algún elemento que genere una reacción emocional.  Así cuando observamos una pintura, escuchamos música, probamos una comida, olemos un perfume o tocamos un objeto real, físico, experimentamos sensaciones que se producen de una forma absolutamente natural haciendo del aprendizaje algo más sencillo.

El aprendizaje basado en un discurso narrado, e incluso complementado con imágenes y sonidos, es el método tradicional actualmente más empleado en los museos. La neurociencia pretende ir más allá.
Las nuevas tecnologías ya no solo son capaces de mostrar material audiovisual sino grabar y emitir un aroma, podemos tocar digitalmente y sentir a través del electrovibraciones la sensación de la textura de superficies, generar movimientos de aire capaces de crear sensaciones táctiles, etc. Si logramos combinar todo esto con un discurso de forma inteligente podremos generar en las personas una sensación inmersiva que genere una emoción, y con ello motivar el aprendizaje.

El Ophone hace que objetos que aparecen en una pantalla LCD liberen olores particulares a intervalos preestablecidos desde la propia pantalla.
Sin embargo, está claro que las personas perciben su realidad de  manera diversa y diferente. Ya que ese proceso perceptivo implica una serie de factores (biológicos, culturales, psicológicos, etc.) que van a facilitar, influir y determinar dicho proceso Este fenómeno conocido como sinestesia es el proceso a través del cual podemos transportar al usuario mediante sensaciones y  emociones a otros lugares mediante relaciones indirectas. Entre las tipologías que son más frecuentes están: grafema-color, nota musical-color, olor-color, emoción-gusto, olor-sonido, entre otras. Así por ejemplo es muy común asociar un estilo musical a un estado de ánimo. Para concluir brevemente el estudio de este fenómeno podemos decir que como menciona Juan Carlos Sanz en el Lenguaje del color (1985): “la sinestesia se toma como una capacidad que todos poseen y que por atrofia perdemos”.

La sinestesia diluye los límites de la realidad gracias a un componente que aparece necesariamente ligado a todo proceso sensorial, perceptivo y/o cognitivo: el componente emocional.
Poco a poco tanto la neurociencia como la sinestesia se esta incorporando en proyectos museogáficos y patrimoniales. Ello facilita además la difusión del patrimonio inmaterial de los países que de otra forma no seríamos capaces de entender sino por medio estos métodos. Así por ejemplo, explica Ricardo Cano, la Fonoteca Nacional de México declaró que los sonidos de la Ciudad de México (claxonazos y palabrotas constantes incluidas) fuesen patrimonio cultural de la nación. Muchos países están identificando y controlando los nombres asociados a los alimentos tradicionales, como Francia con su “d’origine contrôlée”, o Italia con su denominazione di origine controllata, como parte de su patrimonio cultural intangible. Sonidos ambientales, olores, sabores, sensaciones componentes fundamentales de una cultura tactiles antes imposibles de explicar a través de palabras.

Los olores, los sabores y la forma de comer forman parte del patrimonio cultural inmaterial de una sociedad
Existen algunos proyectos, continúa el autor, como “Memorias en el Museo”  dirigido a las personas que sufren del mal de Alzheimer que incorporan sonido y otras sensaciones en lugar de centrarse exclusivamente en el plano meramente visual, facilitando la accesibilidad del conocimiento a estas personas. Añade el autor otros ejemplos como el caso de la modista Iris Van Herpen, con el diseño de ropa que genera su propio “sonido envolvente”. O el proyecto que permite pasear por la ciudad de Brooklyn disfrutando del arte público multisensorial, como en el caso del Proyecto Di Mainstone, que ha cableado el puente de Brooklyn como si fuera un arpa gigante que se pudiera tocar. Las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías y los nuevos métodos son incontables.