La ciencia abre las momias sin tocarlas: tomografías que revelan secretos de hace más de 2.300 años

Un equipo de la Universidad Semmelweis utiliza tecnología médica de última generación para explorar restos momificados egipcios, demostrando cómo la arqueología del siglo XXI ya no excava cuerpos, sino información oculta en su interior

Pie momificado | Centro de Imágenes Médicas, Museo de Historia de la Medicina MNMKK Semmelweis

Durante siglos, el estudio de las momias egipcias implicó una contradicción difícil de resolver. Para conocer su interior, era necesario dañarlas. Hoy, esa lógica ha cambiado. La investigación arqueológica se ha desplazado desde la intervención física hacia la exploración no destructiva, donde la tecnología permite acceder a lo invisible sin alterar el objeto de estudio.

En este contexto, los recientes análisis realizados en la Universidad Semmelweis representan un paso significativo. No solo por los resultados obtenidos, sino por lo que revelan sobre la transformación metodológica de la arqueología contemporánea.


Una mirada al interior sin abrir el cuerpo

Los restos estudiados, pertenecientes a la colección del Museo de Historia de la Medicina Semmelweis, han sido sometidos a un nuevo tipo de tomografía computarizada de alta resolución, equipada con detector de conteo de fotones. Esta tecnología permite captar imágenes con un nivel de detalle que hasta hace poco era inaccesible.

El objetivo no es únicamente observar, sino reconstruir. Comprender la estructura interna, identificar anomalías, analizar las técnicas de momificación y, en última instancia, aproximarse a la vida de los individuos.

La diferencia con estudios anteriores es sustancial. Las tomografías convencionales ofrecían información limitada. Ahora, la imagen penetra en capas complejas y permite distinguir con precisión elementos que antes permanecían ocultos. La momia deja de ser un bloque opaco para convertirse en un sistema legible.

Cráneo | Centro de Imágenes Médicas, Museo de Historia de la Medicina MNMKK Semmelweis

Restos antiguos, datos nuevos

Entre los especímenes analizados se encuentran restos con más de 2.300 años de antigüedad, datados entre el 401 y el 259 a. C. mediante radiocarbono. Sin embargo, la antigüedad no garantiza comprensión. Durante décadas, estos materiales habían sido estudiados sin lograr interpretaciones concluyentes.

Las nuevas imágenes cambian esa situación. El análisis detallado de dientes y suturas craneales abre la posibilidad de determinar con mayor precisión la edad de los individuos. Al mismo tiempo, sienta las bases para reconstrucciones tridimensionales e incluso para posibles recreaciones faciales.

Aquí se produce un giro relevante. El estudio ya no se limita a clasificar restos. Busca restituir identidades biológicas, acercándose a las personas que hubo tras los vendajes.


Enfermedad, edad y biografía biológica

Uno de los aspectos más prometedores de estos estudios es la posibilidad de detectar patologías. En una de las extremidades analizadas, las nuevas imágenes sugieren la presencia de osteoporosis, aunque su origen —envejecimiento o enfermedad— sigue siendo objeto de investigación.

Este tipo de diagnóstico introduce una dimensión esencial. La momia deja de ser únicamente un objeto ritual para convertirse en un testimonio médico. Permite reconstruir no solo la muerte, sino también la vida, la salud y las condiciones físicas de individuos que vivieron hace milenios.

En otro caso, el análisis de una extremidad ha permitido identificar que pertenecía probablemente a un individuo joven, algo que no había podido determinarse con técnicas anteriores. Cada avance en la imagen se traduce en un ajuste en la interpretación histórica.


Cuando un 'fardo' se convierte en un pie humano

Uno de los hallazgos más reveladores no tiene que ver con una enfermedad, sino con una identificación errónea. Un conjunto de restos que había sido interpretado inicialmente como una cabeza humana, y más tarde como una posible momia de ave, ha resultado ser en realidad un pie adulto.

Este caso ilustra un problema clásico de la arqueología. La interpretación depende siempre de la evidencia disponible. Cuando esta es limitada, las hipótesis pueden desviarse considerablemente.

Las nuevas tomografías no solo corrigen errores. Permiten analizar las capas de vendaje, estudiar sus características y extraer información sobre las técnicas de momificación. El objeto ya no es solo anatómico, sino también tecnológico y cultural.

Pie momificado | Centro de Imágenes Médicas, Museo de Historia de la Medicina MNMKK Semmelweis

Fragmentos de cuerpos, fragmentos de historia

El estudio incluye también una mano momificada, cuyo análisis podría determinar si pertenecía a un niño o a un adulto, así como estimar el sexo del individuo. Este tipo de fragmentos plantea una cuestión más amplia.

Muchas momias no han llegado intactas hasta nosotros. Han sido fragmentadas, trasladadas o manipuladas en distintos momentos históricos. Comprender esas alteraciones forma parte del propio proceso de investigación.

En este sentido, la tomografía no solo analiza cuerpos. También ayuda a reconstruir la biografía del objeto arqueológico, es decir, todo lo que le ha ocurrido desde su creación hasta su llegada al museo.


Tecnología y arqueología: un nuevo paradigma

El uso de tecnologías médicas en contextos arqueológicos refleja un cambio profundo. La arqueología ya no depende exclusivamente de la excavación. Integra herramientas procedentes de la medicina, la física o la ingeniería para ampliar su capacidad de análisis.

La imagen no destructiva se ha convertido en uno de los pilares de esta transformación. Permite conservar los restos al tiempo que se extrae información de ellos. En un campo donde cada objeto es irrepetible, esta capacidad resulta crucial.

Además, abre una posibilidad inédita. La de volver sobre materiales ya conocidos y descubrir en ellos información que antes no era visible. El pasado no cambia, pero nuestra capacidad para interpretarlo sí.


Mirar el pasado sin destruirlo

Los resultados obtenidos en la Universidad Semmelweis aún están en fase de evaluación, pero apuntan hacia una dirección clara. La investigación de momias entra en una etapa en la que el conocimiento ya no exige sacrificio material.

Esto tiene implicaciones que van más allá del caso concreto. Supone redefinir la relación entre ciencia y patrimonio. Durante mucho tiempo, conocer implicaba intervenir, y a menudo deteriorar. Hoy, la tecnología permite una aproximación distinta. Observar sin alterar, analizar sin destruir.

En ese cambio metodológico hay también un cambio de mirada. Las momias dejan de ser objetos exóticos o meros vestigios del pasado. Se convierten en archivos biológicos complejos, capaces de seguir generando conocimiento siglos después de haber sido creadas.

Y quizá ahí reside lo más significativo. Que incluso después de más de dos mil años, estos cuerpos siguen hablando. La diferencia es que ahora, por primera vez, podemos escucharlos sin romper su silencio.

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