Arqueólogos revelan los secretos de una isla artificial construida hace más de 5.000 años en Escocia

Bajo las piedras de un pequeño islote escocés apareció una enorme estructura de madera neolítica que podría cambiar la comprensión sobre los misteriosos crannogs prehistóricos

El crannog en Loch Bhorgastail | Crédito: Southampton

Durante siglos, muchas pequeñas islas dispersas por los lagos de Escocia parecieron simples accidentes naturales del paisaje. Algunas apenas sobresalen sobre el agua y están cubiertas de piedras, vegetación y musgo. Sin embargo, bajo varias de ellas se esconde una realidad mucho más compleja: estructuras artificiales levantadas por comunidades prehistóricas hace miles de años.

Ahora, un equipo de arqueólogos de la Universidad de Southampton y la Universidad de Reading ha conseguido documentar uno de los ejemplos más sorprendentes hallados hasta la fecha. En el lago Loch Bhorgastail, situado en la isla escocesa de Lewis, los investigadores descubrieron una gigantesca plataforma de madera oculta bajo un islote pétreo. El análisis ha revelado que la estructura comenzó a construirse hace más de cinco mil años, mucho antes de monumentos tan conocidos como Stonehenge.

La plataforma de madera del crannog, por debajo de la línea de flotación | Crédito: Southampton


Un crannog construido siglos antes de lo imaginado

Los llamados crannogs son pequeñas islas artificiales levantadas en lagos y zonas húmedas, especialmente frecuentes en Escocia e Irlanda. Durante mucho tiempo, los arqueólogos pensaron que pertenecían principalmente a la Edad del Hierro y a períodos históricos posteriores. Sin embargo, en las últimas décadas comenzaron a aparecer evidencias que retrasaban enormemente su origen.

El caso de Loch Bhorgastail confirma esa antigüedad inesperada. Gracias a excavaciones, estudios topográficos y dataciones por radiocarbono, los investigadores determinaron que la primera fase de construcción se remonta al Neolítico, entre el 3800 y el 3300 a. C.

La estructura original consistía en una enorme plataforma circular de madera de unos veintitrés metros de diámetro cubierta con maleza. Siglos más tarde, durante la Edad del Bronce Medio, se añadió una nueva capa de ramas y piedra. La isla volvió a modificarse aproximadamente mil años después, ya en la Edad del Hierro.

Actualmente, una calzada de piedra sumergida conecta el islote con la orilla del lago, revelando que aquel espacio estaba integrado en una compleja organización del entorno.

Fragmentos de una vasija neolítica hallados cerca del crannog | Crédito: Southampton

Cerámica, comida y señales de reuniones comunitarias

Uno de los hallazgos más llamativos fueron los cientos de fragmentos de cerámica neolítica dispersos bajo el agua alrededor del crannog. Entre ellos aparecieron restos de cuencos y vasijas que todavía conservaban señales de uso cotidiano.

Los arqueólogos creen que estas islas artificiales pudieron funcionar como espacios de reunión, celebración o actividad comunitaria. La enorme cantidad de trabajo necesaria para levantar una estructura semejante sugiere la existencia de sociedades ya muy organizadas, capaces de coordinar mano de obra y recursos durante largos períodos.

Además de la cerámica, el yacimiento proporcionó restos de piedra trabajada y evidencias de actividad doméstica relacionadas con la preparación de alimentos y posibles banquetes colectivos.

La investigadora Stephanie Blankshein señala que todavía no se comprende del todo por qué estas comunidades construían islas artificiales en mitad de lagos. Sin embargo, el esfuerzo invertido en ellas demuestra que debieron poseer un enorme significado social o simbólico para quienes las utilizaban.


Tecnología moderna para explorar un paisaje sumergido

El estudio también ha destacado por la innovadora tecnología empleada para documentar el yacimiento. Los investigadores utilizaron una técnica llamada estereofotogrametría, que permite crear modelos tridimensionales a partir de múltiples fotografías tomadas desde distintos ángulos.

Aunque esta tecnología ya se utilizaba en arqueología submarina, aplicarla en aguas poco profundas suponía un problema debido al movimiento del agua, los sedimentos y la distorsión de la luz. Para solucionarlo, el equipo diseñó un sistema basado en dos pequeñas cámaras sumergibles colocadas a distancia fija, capaces de registrar imágenes con gran precisión incluso en condiciones complicadas.

Las cámaras fueron manejadas manualmente por un buzo que trabajaba siguiendo coordenadas milimétricas similares a las utilizadas por drones aéreos. Gracias a ello, los investigadores pudieron registrar la isla completa, tanto por encima como por debajo del agua, como una única estructura continua.

El resultado permitió observar con enorme detalle las vigas de madera ocultas bajo la piedra y comprender mejor cómo evolucionó el crannog a lo largo de miles de años.

Excavaciones submarinas en el lago | Crédito: Southampton

Un pasado prehistórico mucho más complejo

El hallazgo de Loch Bhorgastail refuerza una idea cada vez más clara para la arqueología europea: las comunidades neolíticas eran mucho más sofisticadas de lo que se pensaba hace apenas unas décadas.

Lejos de ser grupos aislados con una tecnología rudimentaria, aquellos pueblos transformaban paisajes enteros, construían monumentos duraderos y desarrollaban espacios comunitarios cuya función todavía hoy sigue siendo parcialmente un misterio.

En los lagos escoceses sobreviven cientos de crannogs aún sin estudiar. Muchos permanecen ocultos bajo el agua o confundidos con simples islotes naturales. Cada nueva investigación revela que, bajo esos paisajes aparentemente tranquilos, continúa escondida una parte fundamental de la historia prehistórica del norte de Europa.

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