Un pozo ritual de 2.500 años revela cómo los etruscos vinculaban el nacimiento de una ciudad con los dioses

El hallazgo de ofrendas de bronce y restos humanos en la antigua Kainua permite reconstruir un complejo ritual asociado a la fundación y posterior clausura de un espacio sagrado

Detalle de la figurilla de Kainua | Fuente: Università di Bologna

Fundar una ciudad en la Antigüedad significaba mucho más que elegir un lugar adecuado, levantar edificios y trazar calles. Para los etruscos, el espacio urbano también debía integrarse en un orden religioso. El territorio, los templos y determinados elementos naturales formaban parte de una relación con los dioses que acompañaba a la comunidad desde sus comienzos.

Una excavación en la antigua ciudad etrusca de Kainua, situada en la actual Marzabotto, en la región italiana de Emilia-Romaña, acaba de proporcionar una excepcional ventana hacia esa dimensión de la vida urbana. Un equipo dirigido por la Universidad de Bolonia ha descubierto un pozo ritual que conservaba en su interior estatuillas de bronce, un plato metálico y restos humanos. La posición y cronología de los materiales permiten a los investigadores relacionar el conjunto con dos momentos diferentes de la historia del pozo, su consagración durante los orígenes de la ciudad y su posterior clausura ceremonial.


Kainua, una ciudad etrusca a los pies de los Apeninos

El descubrimiento se ha producido en uno de los enclaves fundamentales para conocer la presencia etrusca en el norte de la península itálica. La Universidad de Bolonia trabaja en Kainua desde 1988, lo que ha permitido estudiar durante décadas la organización de la antigua ciudad y sus espacios religiosos.

La campaña de 2026, dirigida por la profesora Elisabetta Govi, del Departamento de Historia, Culturas y Civilizaciones de la Universidad de Bolonia, se prolongó dos semanas más de lo previsto gracias a la colaboración entre distintas instituciones. Fue entonces cuando apareció el pozo.

Su ubicación resulta especialmente significativa. No se encontraba en un espacio cualquiera, sino dentro del área sagrada urbana, cerca de algunos de los principales edificios religiosos de Kainua. Esto cambia por completo la manera de interpretar la estructura.

El pozo proporcionaba acceso al agua, un recurso imprescindible para cualquier asentamiento. Pero las piezas depositadas en su interior indican que desempeñó también una función religiosa.

Pozo de Kainua | Fuente: Università di Bologna

Cuando un pozo podía pertenecer también al mundo de los dioses

Nuestra mirada contemporánea tiende a separar con claridad aquello que consideramos práctico de lo que entendemos como religioso. Un pozo sirve para obtener agua. Un templo sirve para relacionarse con los dioses.

En el mundo antiguo esa frontera podía ser mucho menos nítida.

El agua hacía posible la vida de una comunidad, pero precisamente por ello podía adquirir también un significado ritual. La construcción y utilización de determinadas infraestructuras no tenía por qué reducirse a una cuestión técnica. Podían incorporarse al universo religioso mediante ceremonias, ofrendas y actos de consagración.

El pozo descubierto en Kainua parece responder a esa lógica. Su cronología se sitúa entre finales del siglo VI y las primeras décadas del V a. C., precisamente el periodo que los investigadores relacionan con el nacimiento de la ciudad.

Lo que apareció en su interior refuerza esta interpretación.


Dos estatuillas y un plato depositados hace 2.500 años

En el fondo del pozo los arqueólogos encontraron dos estatuillas femeninas de bronce acompañadas por un plato realizado en el mismo metal.

El estado de conservación del conjunto resulta especialmente llamativo. Según la información difundida por la Universidad de Bolonia, el plato conserva incluso el aspecto brillante del bronce.

No parece que estos objetos acabaran allí accidentalmente.

La interpretación propuesta por el equipo dirigido por Govi es que fueron depositados como ofrendas votivas durante una ceremonia solemne relacionada con la fundación de Kainua. La coincidencia cronológica entre los materiales y los primeros momentos de la ciudad constituye uno de los principales argumentos para establecer esta relación.

De confirmarse mediante el estudio completo del conjunto, estaríamos ante algo más que objetos religiosos aislados. Las piezas formarían parte de una ceremonia vinculada al nacimiento mismo de la comunidad urbana.

Pero la historia arqueológica del pozo no termina con aquellas ofrendas.

Figurilla de Kainua completa | Fuente: Università di Bologna

Dos esqueletos y un segundo ritual

En distintos niveles de la estructura aparecieron también los esqueletos de dos individuos adultos.

Su presencia plantea inevitablemente preguntas. Sin embargo, los investigadores no interpretan estos restos como el resultado de una caída accidental. Su disposición dentro de la secuencia arqueológica apunta hacia una deposición deliberada relacionada con otro momento ritual.

En esta ocasión no se trataría de la apertura o consagración del pozo, sino de su clausura.

Esto convierte el hallazgo en un conjunto especialmente interesante. El registro arqueológico parece conservar los extremos de la vida ceremonial de la estructura. Primero encontramos las ofrendas vinculadas a sus comienzos y, posteriormente, los restos asociados al momento en que dejó de utilizarse.

El pozo habría tenido, por tanto, una especie de biografía propia. Fue creado y consagrado, desempeñó una función dentro de la ciudad y finalmente fue cerrado mediante otro acto ritual.

No sabemos todavía todos los detalles de esas ceremonias. La arqueología permite reconstruir acciones y contextos, pero no siempre recuperar las palabras, creencias o gestos precisos que les daban sentido. Aun así, la combinación de los objetos, los restos humanos y la posición del pozo dentro de Kainua proporciona un contexto excepcional para aproximarse a ellos.


En el corazón religioso de Kainua

La localización del pozo ayuda a comprender todavía mejor su importancia.

El área sagrada de la ciudad estaba presidida por dos templos monumentales que las inscripciones etruscas permiten relacionar con Tinia y Uni, dos de las principales divinidades del panteón etrusco.

Tinia ocupaba una posición comparable a la de Zeus entre los griegos o Júpiter entre los romanos. Uni, su consorte, presenta correspondencias con Hera y Juno.

En el sector dedicado a Uni también se ha documentado el culto a Vei, divinidad relacionada con la fertilidad agraria y humana.

El pozo formaba parte, por tanto, de un paisaje religioso mucho más amplio. Templos, divinidades, agua, ofrendas y ceremonias convivían dentro del espacio urbano y contribuían a dotarlo de significado.

Esto permite entender mejor una cuestión esencial. Para los habitantes de Kainua, una ciudad no era únicamente una concentración de casas, calles y edificios públicos. Era también un espacio ordenado religiosamente.


Figurilla de Kainua | Fuente: Università di Bologna

La arqueología de los gestos

Los grandes monumentos suelen dominar nuestra imagen de las civilizaciones antiguas. Sin embargo, algunos de los testimonios más reveladores son mucho más discretos.

Dos pequeñas figuras de bronce depositadas en un pozo pueden parecer insignificantes frente a un templo monumental. Arqueológicamente, sin embargo, conservan algo difícil de encontrar en otros contextos, la huella de una acción concreta.

Alguien tomó aquellas figuras hace aproximadamente 2.500 años. Alguien descendió el plato hasta el interior del pozo. Y quienes participaron en aquella ceremonia debían conocer el significado de lo que estaban haciendo.

Los objetos han sobrevivido. Las explicaciones que acompañaban al ritual, en cambio, no.

Ese desequilibrio constituye una de las dificultades fundamentales de la arqueología. Los investigadores encuentran las consecuencias materiales de las acciones humanas, pero deben reconstruir su significado mediante el contexto, la comparación y el análisis.

Precisamente por ello resulta tan importante que el conjunto de Kainua haya permanecido intacto. La posición de cada pieza y su relación con los diferentes niveles del pozo proporcionan información que habría desaparecido si los objetos hubieran sido extraídos de su contexto.


Casi cuarenta años excavando la misma ciudad

El descubrimiento también permite recordar algo que suele quedar oculto cuando una noticia arqueológica aparece en los medios. Los grandes hallazgos rara vez son fruto de una búsqueda repentina.

La Universidad de Bolonia lleva excavando Kainua desde 1988.

Casi cuatro décadas de investigación continuada han permitido acumular conocimiento sobre la ciudad, reconocer sus espacios y comprender la importancia de nuevos descubrimientos cuando aparecen. La campaña de 2026 forma parte de ese trabajo prolongado.

Las piezas recuperadas serán estudiadas antes de incorporarse, cuando las condiciones científicas lo permitan, al Museo Nacional Etrusco de Marzabotto, conocido como MNEMA. El museo reabrió en junio de 2026 después de una renovación y mantiene una estrecha relación con las investigaciones desarrolladas en el yacimiento.

Excavación, conservación, investigación y exposición pública forman así diferentes etapas de un mismo proceso.

El pozo ritual hallado en la zona urbana sagrada de Kainua | Fuente: Università di Bologna


Fundar una ciudad era también construir un orden

El pozo de Kainua resulta importante no porque permita reconstruir por completo la religión etrusca, algo que el hallazgo por sí mismo no puede hacer, sino porque conserva un conjunto excepcional de acciones rituales dentro de un contexto urbano bien conocido.

Las estatuillas y el plato de bronce parecen remitir a los comienzos de la ciudad. Los dos individuos depositados posteriormente estarían relacionados con la clausura de la estructura. Entre ambos momentos transcurrió la vida útil de un pozo situado dentro de uno de los espacios religiosos más importantes del asentamiento.

Hay algo profundamente revelador en esa secuencia.

Para construir una ciudad no bastaba con disponer de agua, levantar viviendas o establecer calles. La comunidad necesitaba también convertir aquel territorio en un lugar propio, comprensible y protegido dentro de su universo religioso.

La arqueología ha encontrado bajo Kainua algunos de los objetos empleados para hacerlo.

Después de 2.500 años, ya no podemos escuchar las palabras pronunciadas durante aquellas ceremonias. Pero el pozo, las pequeñas figuras de bronce y los restos depositados en su interior todavía conservan algo de aquellos gestos. Y a veces eso basta para acercarnos un poco más a la forma en que una sociedad antigua entendía el lugar que ocupaba en el mundo.

Comentarios