Descubren una gigantesca esfera de acero de 1936 durante la demolición de una fábrica de papel en Estados Unidos

La estructura, de unos nueve metros de diámetro y aproximadamente 40 toneladas de peso, permanecía oculta entre las instalaciones industriales de Canton, en Carolina del Norte. Su hallazgo permite recuperar una parte de la historia de la fabricación de papel durante el siglo XX

Una esfera de acero remachada de 9 metros de altura en el emplazamiento de la antigua fábrica de papel en Canton, Carolina del Norte | Foto: Personal de WLOS

La demolición de una antigua fábrica de papel en Estados Unidos ha sacado a la luz una estructura que llevaba décadas formando parte de sus instalaciones sin que muchos conocieran su verdadera forma. Se trata de una enorme esfera de acero remachado, de unos nueve metros de diámetro y un peso estimado de 40 toneladas, que habría sido construida en 1936 para almacenar productos químicos utilizados en la fabricación de papel.

El descubrimiento se ha producido en Canton, una localidad de Carolina del Norte cuya historia ha estado estrechamente vinculada a la actividad papelera. La esfera permanecía parcialmente oculta por otras estructuras industriales y solo pudo apreciarse en su totalidad cuando avanzaron los trabajos de demolición. Ahora, además de despertar la curiosidad de los responsables del proyecto, podría convertirse en un elemento destinado a conservar la memoria industrial de la ciudad.


Una esfera de acero que parecía un depósito convencional

Los trabajos de demolición de la antigua fábrica de Canton llevan aproximadamente un año en marcha. Durante ese tiempo, los operarios han ido retirando edificios, instalaciones y maquinaria que formaban parte de un complejo industrial desarrollado a lo largo de décadas.

Entre esas estructuras apareció un enorme depósito metálico cuya verdadera forma había pasado inadvertida.

Luke Williams, director de ingeniería de Two Banks Development, la empresa vinculada a la transformación del terreno, explicó que inicialmente parecía un tanque cilíndrico.

La razón era su disposición dentro del conjunto industrial. La esfera estaba rodeada de otras estructuras y elevada sobre soportes, de manera que solo una parte resultaba visible.

Fue necesario avanzar en la demolición para descubrir que el depósito tenía una forma completamente esférica.

La estructura alcanza aproximadamente nueve metros de diámetro. Su superficie está formada por planchas de acero unidas mediante remaches, una técnica de construcción característica de numerosas instalaciones industriales de la primera mitad del siglo XX.

Durante los primeros intentos de retirada, una excavadora dañó accidentalmente una parte de la esfera. Los responsables de los trabajos extremaron después las precauciones para evitar nuevos desperfectos.

Foto: Personal de WLOS

Un depósito construido hace noventa años

La investigación documental permitió conocer mejor el origen de la estructura.

Según los documentos antiguos localizados por Williams, la esfera data de 1936, cuando la industria papelera utilizaba grandes instalaciones para almacenar y manipular las sustancias necesarias en sus procesos de fabricación.

El ingeniero considera posible que el depósito fuera construido en las propias instalaciones de Canton, aunque esa circunstancia todavía no se ha confirmado definitivamente.

Su fabricación debió de requerir una planificación considerable.

Una esfera de semejantes dimensiones exigía preparar grandes piezas metálicas, ensamblarlas y garantizar que las uniones pudieran soportar las condiciones de funcionamiento previstas.

El empleo de remaches respondía a una técnica ampliamente utilizada antes de la generalización de determinados procedimientos modernos de soldadura.

Los remaches permitían unir las planchas metálicas mediante elementos que, una vez colocados y deformados, mantenían las piezas firmemente sujetas.

En instalaciones sometidas a presión, la resistencia de esas uniones resultaba especialmente importante.


¿Para qué servía aquella enorme esfera?

La estructura era conocida como una acid ball, expresión inglesa que puede traducirse como «bola de ácido».

Su función estaba relacionada con el almacenamiento de productos químicos utilizados durante el procesamiento industrial de la madera para fabricar papel.

Según la información recuperada por los responsables del proyecto, el depósito se utilizaba para almacenar una sustancia identificada en la documentación como alumbre, relacionada con los procesos químicos de la fábrica.

Williams explicó que el producto intervenía en el tratamiento de las astillas de madera y que debía mantenerse contenido bajo presión.

La forma esférica no era una elección meramente estética.

En ingeniería industrial, los depósitos esféricos presentan ventajas para contener fluidos sometidos a presión, porque su geometría permite distribuir los esfuerzos de manera relativamente uniforme sobre la superficie.

Eso ayuda a comprender por qué se construyó una estructura tan diferente de los depósitos cilíndricos habituales.

La esfera respondía a necesidades técnicas concretas de la industria de su tiempo.


La fabricación de papel y la importancia de la química

Aunque solemos relacionar la fabricación de papel con la madera, el agua y las grandes máquinas que transforman la pasta en hojas, los procesos químicos han desempeñado un papel fundamental en esta industria.

La madera contiene fibras de celulosa unidas a otros componentes, entre ellos la lignina.

Para obtener pasta papelera mediante determinados procedimientos, es necesario separar o modificar parte de esos componentes.

Durante el siglo XX se desarrollaron y perfeccionaron diferentes técnicas químicas para tratar la madera, mejorar el rendimiento de la producción y obtener papeles con características específicas.

Estos procesos exigían instalaciones capaces de almacenar, transportar y utilizar sustancias industriales en condiciones controladas.

Grandes depósitos, conducciones, calderas y recipientes resistentes formaban parte de esa infraestructura.

La esfera de Canton pertenecía a ese mundo tecnológico.

No era una pieza decorativa ni un elemento aislado, sino parte de un sistema productivo mucho más amplio.

Su tamaño permite hacerse una idea de la escala que había alcanzado la industria papelera durante las primeras décadas del siglo XX.


Una pieza de arqueología industrial

El descubrimiento también tiene interés desde la perspectiva del patrimonio.

Cuando hablamos de arqueología, solemos pensar en asentamientos prehistóricos, ciudades antiguas o tumbas enterradas durante siglos.

Sin embargo, la arqueología industrial estudia igualmente las instalaciones, herramientas, edificios y paisajes relacionados con los procesos de producción de épocas más recientes.

Una fábrica puede proporcionar información histórica incluso cuando todavía existen personas que recuerdan su funcionamiento.

Las máquinas muestran cómo se organizaba el trabajo, qué tecnologías se utilizaban y qué inversiones eran necesarias para mantener la producción.

Los edificios permiten reconstruir las sucesivas ampliaciones de una instalación.

Y los documentos técnicos ayudan a comprender decisiones que, de otro modo, podrían resultar difíciles de interpretar.

En Canton, la esfera de acero constituye un ejemplo de esa relación entre patrimonio material y documentación histórica.

Los planos antiguos han permitido aproximarse a su cronología y función, mientras que la propia estructura conserva las soluciones técnicas empleadas para fabricarla.

Foto: Personal de WLOS

Una fábrica que marcó la historia de Canton

El valor de la esfera no depende únicamente de sus dimensiones.

También está relacionado con el lugar donde apareció.

Durante generaciones, la fábrica de papel formó parte de la vida económica y social de Canton. Sus instalaciones configuraron una parte del paisaje urbano y estuvieron vinculadas al trabajo de numerosos habitantes de la localidad.

El cierre de una gran fábrica supone mucho más que el final de una actividad productiva.

Desaparecen edificios y puestos de trabajo, pero también cambian las relaciones entre la comunidad y los espacios que habían organizado buena parte de su vida cotidiana.

Los antiguos complejos industriales pueden convertirse entonces en terrenos destinados a nuevos usos.

Ese proceso plantea una cuestión frecuente en las ciudades con un pasado manufacturero.

¿Qué debe conservarse cuando desaparece una fábrica?

No siempre es posible mantener intactas instalaciones de grandes dimensiones. Tampoco todos sus elementos poseen el mismo interés histórico o presentan las condiciones necesarias para ser reutilizados.

Pero determinadas piezas pueden ayudar a explicar cómo funcionaba la industria y qué significó para quienes vivieron junto a ella.

La esfera de Canton podría desempeñar precisamente esa función.


Del depósito químico al patrimonio público

Los responsables de Two Banks Development ya están considerando posibles destinos para la estructura.

El antiguo terreno industrial forma parte de un proyecto de transformación urbana que contempla nuevos espacios y medidas destinadas a mejorar la resistencia de la zona frente a las inundaciones.

Entre las propuestas se encuentra la creación de un corredor verde junto al río.

Kimberly Ferguson, responsable de oficina de la empresa, explicó que durante los encuentros públicos relacionados con el proyecto varios vecinos habían expresado su interés por incorporar elementos artísticos e históricos vinculados con la antigua fábrica.

La enorme esfera podría instalarse en ese nuevo espacio.

Su presencia permitiría conservar una pieza original del complejo industrial y convertirla en un elemento reconocible para quienes recorran la zona.

Por ahora, no existe una decisión definitiva sobre su ubicación.

La estructura permanece apartada de los trabajos de demolición mientras se estudian las posibilidades de conservación.


No es la única esfera de este tipo

Aunque el hallazgo ha llamado la atención por sus dimensiones, no se trata necesariamente de una construcción única en la historia industrial estadounidense.

Durante la investigación, Ferguson encontró referencias a otra esfera de características semejantes en Bellingham, en el estado de Washington.

Según la información disponible, aquella estructura presenta dimensiones y peso comparables a los de la esfera de Canton y ha sido conservada para su exposición pública.

Este precedente demuestra que instalaciones de este tipo pueden adquirir una segunda vida como elementos patrimoniales.

También permite situar el hallazgo dentro de una tradición tecnológica más amplia.

La esfera de Canton no fue una construcción inexplicable ni una rareza ajena a su época.

Representa una solución de ingeniería utilizada en determinados procesos industriales y que hoy resulta poco familiar para buena parte del público.

Precisamente por eso merece ser documentada.


Los documentos también forman parte del descubrimiento

La demolición está permitiendo recuperar otros testimonios de la antigua fábrica.

Williams explicó que, durante los trabajos, encontró planos históricos relacionados con las instalaciones del complejo, entre ellos documentos originales vinculados al lago Logan.

El ingeniero consiguió conservarlos en su oficina, donde permanecieron protegidos de las inundaciones.

Estos materiales poseen un interés diferente al de la esfera, pero igualmente importante.

Los planos permiten reconstruir la organización de las instalaciones, identificar estructuras desaparecidas y comprender cómo se planificaban las obras industriales.

También pueden ayudar a interpretar los restos materiales que van apareciendo durante la demolición.

La combinación de objetos, edificios y documentos constituye una de las principales herramientas para estudiar el patrimonio industrial.

Sin esa información, una estructura puede terminar reducida a una simple curiosidad.

Con ella, es posible recuperar parte de su historia.


Una segunda vida para la memoria industrial

La demolición de la fábrica de Canton todavía no ha concluido y sus responsables consideran posible que aparezcan otros elementos de interés.

La esfera de acero ha sido uno de los descubrimientos más llamativos hasta el momento, pero no necesariamente será el último.

Su futuro dependerá de las decisiones que se adopten durante la transformación del terreno y de las posibilidades técnicas de conservarla.

Si finalmente se incorpora a un espacio público, dejará de cumplir la función para la que fue construida en 1936.

Ya no almacenará productos químicos ni formará parte del proceso de fabricación de papel.

Pero podrá desempeñar otra función.

Servirá para recordar que, durante décadas, aquel lugar estuvo ocupado por una industria cuya actividad condicionó la vida de la ciudad.

La historia no permanece únicamente en los grandes monumentos o en los objetos de la Antigüedad. También se conserva en fábricas, talleres, máquinas y construcciones que hace relativamente poco tiempo formaban parte del paisaje cotidiano.

A veces, esas estructuras desaparecen sin que apenas reparemos en ellas.

Otras, como ha ocurrido en Canton, vuelven a hacerse visibles precisamente cuando los edificios que las rodeaban comienzan a desaparecer.

Y entonces descubrimos que una enorme esfera de acero, construida para resolver un problema industrial hace noventa años, también puede ayudarnos a comprender una parte de nuestro pasado.

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