miércoles, 3 de febrero de 2016

Los enigmáticos ‘anillos de piedra’ de los Pirineos

Se han llegado a catalogar hasta casi 1500 crómlechs en los Pirineos ¿cuál pudo ser su significado?

Dos de los siete Crómlechs de Eguiar, Gipúzkoa
En la zona occidental y central de los Pirineos se pueden encontrar cientos de pequeños y bellos círculos de piedra, también llamados crómlech, que desde hace unos 3500 años siguen escondiendo el misterio de por qué y para qué fueron creados… ¿qué simbologías podrían tener y serían acaso monumentos de homenaje a los muertos, a las montañas o incluso mapas astrales?

Los crómlechs pirenaicos son anillos de piedra de forma más o menos circular/ovoide, y se han llegado a catalogar casi 1500 de estos crómlech (del bretón “crom” que significa “círculo” y lech “piedra”) que  se encuentran situados en lugares de cierta altitud repartidos desde Gipúzkoa y Álava en el oeste y hasta Andorra y Lleida en el este, pasando por el País Vascofrancés, Huesca, el Bearn y los Altos Pirineos franceses. Normalmente se suelen encontrar en las laderas de los montes con gran tradición pastoril, agrupados en conjuntos de crómlechs cercanos unos de los otros. Así por ejemplo, hay 26 crómlechs en el conjunto de crómlechs del monte Okabe, en el País Vascofrancés y 6 en los de Maistrugain, en Navarra.

Algunos de estos círculos de piedra pirenaicos suelen tener un pequeño túmulo o montículo en el centro con restos de cenizas o de huesos humanos y en general se suelen diferenciar de los círculos de piedra de otras partes de la Península Ibérica (tales como el de los Almendros en Portugal) o de los de las Islas Británicas, entre otras cosas por el tamaño menor de los testigos/ piedras y por su menor diámetro. Por ejemplo, el diámetro mediano de los crómlechs pirenaicos suele variar entre los 4 y 7 m, aunque hay algunos pocos que superan los 10 m, el mayor de todos siendo el de Azpegiko Lepoa en Navarra que llega a medir 21 m. Sin embargo incluso este crómlech se queda pequeño comparado con  el de Stanton Drew en Inglaterra, con sus 112.2 metros o con el Ring of Brodgar de Escocia con sus 103 m.     

Por otra parte, el  tamaño de las piedras visibles hincadas en el suelo que forman el círculo, también llamadas testigos, suele ser bastante modesto, variando entre los  0,30 o 0,50 m de altura, aunque en algunos casos suele haber uno o varios testigos dentro de los círculos que destacan significativamente por su altura. Por ejemplo, uno de los testigos del crómlech de Eteneta en Gipúzkoa,  se eleva hasta los 2 m, y una de las piedras del de Eguiar, cerca del monte Peñas de Aya y que se encuentra orientada hacia el sudeste, tiene 1.75 m de altura. Se podría especular con que esta orientación al sudeste pudiera indicar un alineamiento con el lugar desde donde sale el sol sale durante el solsticio de invierno, al igual que sucede con otros circulos de piedra en otras partes de la Europa atlántica, tales como el de Avebury o incluso el  más cercano crómlech de Mendiluce, en Álava, que aunque geográficamente se encuentre situado bastante alejado del área pirenaica, hay quienes lo consideran relacionado con los crómlechs pirenaicos.

Sin embargo, es muy complicado buscarles a los crómlechs pirenaicos un común denominador, dado que parece no existir un patrón claro, por ejemplo en relación con el número de testigos, ya que el número de piedras visibles varía de crómlech a crómlech y parece ser por tanto algo aleatorio. Algo parecido ocurre con el hecho de que las piedras más sobresalientes de un gran número de crómlechs tengan una orientación diferente en muchos de los crómlechs, y así por ejemplo en algunos círculos están orientadas al norte, en otros hacia el noroeste, etc. No obstante, quizás estos testigos más altos, que técnicamente podrían llamarse menhires, del bretón “maen” “piedra” y “hir” larga, habrían  podido querer representar a la persona cuyos restos están enterrados en el centro del crómlech, o al individuo al que se rinde homenaje en el crómlech, tal como sucede con el menhir de Soalar, en el valle del Baztán en el norte de Navarra. Los expertos han interpretado que el menhir antropomorfo de Soalar, que se encontraba asimismo cerca de varios crómlechs pirenaicos, aunque sin formar parte de ninguno de ellos, contiene posiblemente la figura de un jefe militar de una tribu vascona: el guerrero está armado con un hacha de piedra, un escudo y un puñal. Puede que originariamente otros menhires  que forman parte de algunos crómlechs pirenaicos hubieran podido tener también grabados con forma de persona aunque quizás los grabados se hayan borrado con el tiempo debido a la erosión.

¿Por qué quienes erigieron los crómlechs les dieron una forma circular? Es probable que los hombres prehistóricos consideraran el círculo como la representación de su sentido del tiempo, es decir, como un bucle eterno que al igual que las estaciones y los ciclos lunares y solares se repetirían de forma regular y cíclica. En otras culturas prehistóricas, tales como los celtas o los Antiguos Egipcios, el círculo también representa el infinito renacer o la eternidad de la vida a través de la muerte, como en el caso del símbolo de Ouroboro, la serpiente que se engulle su propia cola. Aparte de eso, el círculo puede que fuera para ellos una forma mágica que podrían verlo en la naturaleza que les rodeaba, como por ejemplo en el horizonte, en los anillos concéntricos de crecimiento de los árboles y además verían el sol, con su forma esférica, como algo mágico que era además su fuente de luz y calor. Probablemente también consideraran la luna llena como una representación de  la totalidad y de la plenitud, sobre todo después de haber observado la luna pasar por sus fases intermedias hasta alcanzar el plenilunio. Además, muchas chozas y viviendas de la Edad del Bronce y de la Edad del Hierro solían ser de planta circular por lo que esto reforzaría el que consideraran a los crómlechs como “viviendas” para los muertos, aunque en algunos castros de la Edad del Hierro próximos a la zona pirenaica, tales como los de Intxurre en Gipúzkoa o El Castellar en Navarra, solo se hayan encontrado viviendas de planta rectangular.

¿Por qué usarían piedras para los crómlechs? Aparte de porque sería lo que tendrían más a mano en los montes, también querrían que los círculos perduraran en el tiempo y porque las piedras parecían tener un simbolismo mágico muy importante durante toda la Prehistoria (desde el Paleolítico y hasta la Edad de Hierro, pasando por el Neolítico), ya que los hombres las parecían considerar como elementos intermediarios entre las 3 diferentes partes del cosmos tal como ellos lo concebían, como ya vimos en un artículo anterior. A los hombre prehistóricos es posible que les pareciera que las piedras “nacían” en el  mundo subterráneo  y que eran como un regalo de los dioses del cosmos inferior porque les ayudaban a los hombres como herramientas, hachas, armas, para edificar viviendas, monumentos megalíticos etc. Además, cuando las hincaban en el suelo y las ponían de pie, entonces podrían tener un simbolismo diferente porque para ellos sería como si estuvieran apuntando al firmamento o cosmos superior con todos sus astros que tanto les fascinaban. 

Por otro lado, el hecho de que los crómlechs se encuentren normalmente a plena vista de las montañas que dominan el paisaje de los alrededores, tales como Peñas de Aya en el caso de los crómlechs de Egiar o del monte Ornhi en el caso de los de Okabe, parece indicar que servían también para rendir homenaje a las montañas. Este homenaje a las montañas próximas parece demostrarse también en el hecho de que algunos de los testigos de los crómlechs tanto de los conjuntos de Egiar como de los de Okabe parecen imitar la forma de sus dos montañas más próximas: Peñas de Aya y Ornhi respectivamente. De este modo, uno de los testigos del crómlech 2 del conjunto de Eguiar de la foto de abajo parece replicar la silueta de la montaña de Peñas de Aya, y el testigo de la foto 3 marcado con una flecha, parece copiar la silueta del monte Ori. Los constructores de los crómlechs pudieron haber elegido piedras naturales que tenían ya esa forma o quizás pudieron haber pulido las piedras, hasta que hubieran cogido la forma deseada. Es probable que en otros de los muchos crómlechs repartidos por los Pirineos haya más piedras que fueron elegidas por su forma parecida a las montañas colindantes,  aunque a veces esa forma no se pueda apreciar tan claramente hoy en día debido a la erosión producida en los aproximadamente 3000 años desde su construcción.

En cierta manera, los hombres preshistóricos podrían haber querido rendir homenaje a ciertas montañas porque les parecerían mágicas ya que parecen elevarse desde el subsuelo hacia el cielo, casi tocándolo. Este carácter mágico de algunas montañas, tales como el Txindoki en el Aralar o el mismo Peñas de Aya,  se puede encontrar también en la mitología vascopirenaica, que en algunos casos se podría considerar como “el oído de la Prehistoria”, parafraseando de esta forma al lingüista Felix Zubiaga cuando dice que “la toponomía es como el oído de la Prehistoria”, puesto que en la mitología vasca esas montañas son sagradas porque son moradas de dioses tales como Mari.

¿Quiénes se cree que construyeron los crómlechs pirenaicos y cuándo? Se cree que podrían haber sido hechos mayoritariamente por los vascones, dado que la distribución geográfica de la mayoría de los crómlechs coincide en parte con el territorio tradicional de la tribu de los vascones, aunque seguramente otras tribus o pueblos vecinos de los vascones y que podrían haber vivido al norte y al este de ellos, podrian haber erigido algunos de los crómlechs. En cuanto a la cronología, la mayoría de los crómlechs datados hasta la fecha se sitúan desde  mediados del milenio II a.C hasta la época inmediatamente anterior a la romana, es decir, desde mediados y finales de la Edad de Bronce hasta la Edad del Hierro. El hecho de que se hayan encontrado algunas urnas enterradas en algunos crómlechs, nos indica que los constructores habrían estado influenciados por los indoeuropeos de los Campos de Urna, más que nada a través de transmisión de ideas ya que no se considera que se hubiera producido una inmigración indoeuropea masiva.

¿Pero para qué construirían los crómlechs? Tradicionalmente se han considerado los crómlechs como monumentos funerarios y como tales herederos de monumentos megalíticos como los dólmenes de finales del Neolítico y Edad del Cobre. Sin embargo, y tal como recoge X.Peñalver en su libro Munibe Crómleches del Pirineo, de unos 70 crómlechs investigados hasta el momento, menos de la mitad  contenían huesos o restos de cenizas humanas y cuando se encontraban restos suelen ser normalmente de un solo individuo y situados normalemnte en el centro del círculo, rodeado con pequeñas losas formando una cámara o cista, aunque en algunos casos se hayan encontrado cenizas humanas dentro de una pequeña urna. Muchos expertos creen que la incineración debió hacerse fuera de los crómlechs, en parte debido a la poca cantidad de carbones que se han encontrado junto con las cenizas y también consideran que si no se han encontrado más restos humanos en otros de los crómlechs excavados quizás sea porque se hayan desintegrado debido a la alta acidez del suelo de la mayor parte de la zona pirenaica.

Por otra parte, los crómlechs con sus enterramientos individuales parecen representar bastante bien el cambio progresivo que se empezó a producir por toda la Europa occidental a partir de principios de la Edad de Bronce, cuando se comenzó a pasar gradualmente de una sociedad igualitaria y que vivía en relativa paz y armonía de forma comunitaria, hacia una sociedad más jerarquizada y más individualista, en parte debido quizás a la llegada de las continuas invasiones de diversos pueblos de lengua indoeuropea.

En cierta manera se podría considerar a los crómlechs pirenaicos, y también a los menhires en general,  como precursores de otros monumentos funerarios tales como las estelas funerarias que con su forma discoidal parecen recordar a los círculos de los crómlechs y por su forma alargada parecen menhires. A este respecto y según reza la tradición en la zona de Zuberoa, en el País Vascofrancés que es una zona en la que se pueden encontrar muchos crómlechs pirenaicos, tales como el de Millagate, las estelas funerarias serían representaciones de la luna llena y ayudarían a evitar que el alma de los difuntos viajase hasta la luna.

Sin embargo, no todos los expertos están de acuerdo en que los crómlechs eran lugares de enterramiento, así por ejemplo, para el antropólogo y artista Jorge Oteiza, los crómlechs no estaban relacionados con la muerte, sino con la vida y según él, los constructores de crómlechs eran “escultores”  y como tales los crómlechs eran obras de arte y espacios religiosos que querían representar agujeros en el cielo.

Es probable que  los crómlechs pudieran haberse usado como lugares de asamblea también, al igual que los “henge” circulares o semicirculares de las Islas Británicas, que sin embargo son cronológicamente anteriores ya que están datados en el Neolítico y  principios de la Edad de los Metales. Pero, ¿qué tipos de ritos se celebrarían en ellos? Puede que se realizaran ceremonias relacionadas con el ciclo anual del sol en su viaje desde el norte al sur y de vuelta al norte, en ocasiones tales como los solsticios (los días más largos y más cortos del año) puesto que aquellas sociedades agrícolas necesitarían marcar estas divisiones naturales del año para señalar cuándo tenían que plantar/recoger la cosecha etc.

Es posible que también celebraran especialmente las noches de luna llena con ceremonias de homenajes a los difuntos/antepasados y en este respecto, resulta curioso que en el idioma de los vascones, el euskera, que ha perdurado hasta nuestros días aunque con un alto porcentaje de palabras procedentes de idiomas tales como el latín, a la luna se le sigue llamando “ilargia”, literalmente tanto “luz de los muertos” como “luz del mes”.

Además, el hecho de que en algunos crómlechs, tales como el de Oianleku, se hayan encontrado varios fragmentos de cerámica que parece que se habían esparcido a propósito por todo el crómlech, sugiere que podrían formar parte de algún tipo de rituales, quizás como parte de los ritos de incineración de los cadáveres, en los que los fragmentos rotos de cerámica podrían representar simbólicamente el que los seres humanos no somos más que una parte del enorme cosmos. Siguiendo con ese simbolismo, se podría considerar a los diferentes testigos de cada crómlech como individuos que forman parte de un todo (el clan o la comunidad representado por el crómlech). De esta manera, se podría pensar que el número de testigos (que como hemos apuntado antes parece no tener un patrón concreto y ser aleatorio en cada crómlech) podría representar el número de individuos de cada clan en un momento específico, y quizás irían quitando o añadiendo testigos, dependiendo de que el número de personas del clan fuera cambiando.

Existen además otras hipótesis que apuntan a que por ejemplo, los crómlechs podrían haber sido lugares en los que se buscaba conjurar a los  mosquitos y tábanos que resultaban tan molestos al ganado trashumante, o el investigador JJ Ochoa señalaba que los diferentes grupos de crómlechs representaban estrellas y constelaciones y que cada círculo tendría más o menos piedras según fuese la constelación a la que representasen. Ochoa también creía que los crómlechs formaban un mapa gráfico del movimiento de un grupo de estrellas y que entre todos los crómlechs constituían un momento celeste en un momento estelar determinado, tales como los solsticios etc.

En cualquier caso, los crómlechs pueden considerarse como esculturas totémicas y como tales podrían haberse usado para conmemorar eventos especiales y además como emblema de una cultura, en este caso la cultura del pueblo vascón y quizás de otras tribus pirenaicas afines o no a las vasconas.  Al igual que su idioma, el euskera, ese arcaico idioma europeo que nos ha llegado hasta nuestros días, de igual manera, los crómlechs pirenaicos han perdurado y parecen ser la representación científico-artístico-religiosa de los vascones y de otros pueblos prerrománicos.

Aunque al menos algunos de los crómlechs fueran seguramente fundamentalmente monumentos funerarios, los crómlechs en general son como una especie de obras de arte prehistóricas expuestas en una galería de arte al aire libre. Sin embargo, originariamente  no habrían sido concebidas para que la gente las viera, sino que para que perduraran en el tiempo y quizás también como homenaje al hombre, a los astros y a la naturaleza colindante.

No obstante estos anillos de piedras no nos han desvelado todavía todos sus secretos y sus simbologías mágicas, y aún nos quedan muchas interrogantes por aclarar, como por ejemplo: ¿Por qué algunos de los crómlechs tienen restos humanos pero la mayoría están “vacios”? ¿A quiénes se enterraban? ¿Eran pastores o eran más bien chamanes o jefes de clanes? ¿En qué tipo de creencias se basaban? ¿A quién o qué adoraban aquellas gentes? ¿Qué otros significados tendrían, en qué otras simbologías mágicas estarían basados? Estas y muchas otras interrogantes quizás nunca se puedan llegar a responder del todo, pero siempre nos queda el poder disfrutar de la belleza de estos anillos de piedra enigmáticos y de sus hermosos entornos.

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