martes, 4 de abril de 2017

Fronteras en la piel: lo sensorial y el cuerpo (I)

Redefiniendo las barreras entre nuestro cuerpo y el mundo

"Mundos", de María Bajo
“El mundo en el que nos movemos existe mediante
la carne que va a su encuentro” (Le Bréton, 2006)

En nuestras propias mentes encontramos gruesas barreras, los prejuicios por ejemplo son una de ellas, pero hallamos una más básica, más desapercibida que se trata de un debate filosófico, antropológico, metafísico, ésta nos separa internamente, nos disecciona, se ha adherido a la percepción tanto de nosotros mismos como del mundo en general. Nos solemos concebir como seres bipartitos: por un lado el cuerpo y por otro la mente. Por otra parte entendemos el mundo que nos rodea como un ente a parte, algo que simplemente está ahí por lo que lo distanciamos de nosotros mismos como personas que más que encontrarnos en él, lo conformamos.

Podemos hablar de mundo como un concepto amplio, abstracto, nunca del todo delimitado, sin embargo es una palabra de uso cotidiano, la empleamos para hacer referencia a infinidad de cosas y es por ello, por lo usual, por lo “normal” – teniendo en cuenta que la definición de la normalidad está pautada culturalmente – que está ligado a la concepción misma que tenemos del mundo. Sin embargo podemos replantearnos qué es eso del mundo a través del análisis antropológico dentro de líneas de investigación como la antropología del cuerpo y de la percepción. Desde esta corriente encontramos una concepción mucho más amplia y constructivista del mundo, éste se entiende como uno entre otros muchos: por lo que sí podemos decir que “existen otros mundos”.

Los sentidos serían un elemento constructivo y dotador de sentido del entorno, esos sentidos que comúnmente conocemos como los cinco sentidos si nos situamos dentro de las sociedades occidentales. Nos relacionamos con nuestro mundo a través de los sentidos, éstos nos llevan a comunicarnos con nuestro tiempo y espacio, nos pueden llevar al pasado en un instante o trasladarnos a lugares lejanos con un solo aroma. En esta corriente de estudio se habla de la importancia de la percepción sensorial como parte de nuestro bagaje cultural: se trata de un elemento constituyente y constituido de y por la cultura.

La percepción sensorial no es sólo física, sino también cultural, lo que significa que los órganos como la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato no son sólo medios que captan los fenómenos físicos sino también vías de transmisión de valores culturales, a través de los modos de comunicación sensorial como son el habla, la escritura, la música, las artes visuales,… así como la gama de valores e ideas que pueden transmitirse a través de los sentidos. De forma que la percepción está condicionada por la cultura, existe una variación según la cultura incluso en la enumeración de los sentidos: en la historia occidental encontramos la confusión del gusto y el tacto con un solo sentido, así como la enumeración de más de cinco sentidos, en culturas no occidentales se pueden encontrar variaciones parecidas en la enumeración de los sentidos. Por ejemplo entre los hausas de Nigeria, descritos por Ian Ritchie, se reconocen dos sentidos generales: la percepción visual y la no visual.

Cada sentido puede aparecer vinculado a distintas asociaciones y puede concedérsele más valor a unos que a otros, por ejemplo en la sociedad occidental el sentido más valorado es la vista; así como determinadas sensaciones pueden relacionarse un valor simbólico diferente según el contexto. No todas las culturas emplean los ámbitos sensoriales en la misma medida, por ejemplo la cultura cristiana promueve mayor desprecio al cuerpo, conceptualizando la experiencia de acercamiento a lo divino por determinados símbolos sensoriales como el éxtasis. Tales diferencias básicas en las divisiones de lo sensorial dan una idea de hasta qué punto la cultura influye en la percepción.

La percepción sensorial pues se comprende como la base misma de la experiencia corporal, ya que expresamos y captamos nuestro mundo a través de los sentidos, por tanto la construcción cultural de la percepción sensorial condiciona nuestra experiencia y comprensión de nuestros cuerpos y del mundo en sí. El modelo sensorial adoptado por una sociedad revela sus aspiraciones, sus preocupaciones, las divisiones, jerarquías e interrelaciones. Los sentidos al compararse con ventanas no se refieren a la forma de percibir los datos físicos, sino a la forma en que enmarcan la experiencia perceptiva según normas socialmente prescritas. Desde la Antropología de los sentidos se expresa una necesidad de los antropólogos de abrir sus sentidos al mundo, es decir, teniendo en cuenta nuestra proveniencia mayoritariamente occidental desde la cual se enuncia una perspectiva clara respecto a la “universalidad” perceptiva, es decir, los sentidos como un elemento objetivo y naturalista que capta una “realidad” limpiamente, sin más interferencias que lo puramente fisiológico.

No te pierdas la segunda parte de este artículo.

Bibliografía

CSORDAS, Thomas. Embodiment and Experience: the existencial ground of culture and self. Cambridge University, Cambridge, 1994.

DESCARTES, René. Discurso del método; Meditaciones metafísicas. Epasa-Calpe, Madrid, 1970.

LE BRÉTON, David. El sabor del mundo: una antropología de los sentidos. Nueva Visión, Buenos Aires, 2007.

MERLEAU-PONTY, Maurice. Fenomenología de la percepción. Península, Barcelona, 1994.

ROSALDO, Michelle. “Toward an anthropology of the self and feelings” en Shweder, Richard; y LeVine, Robert (eds), Culture theory. Essays on mind, self and emotion, Cap. 5, Cambridge University Press. Cambridge, 1984.

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