Un hallazgo en el oasis de Dajla permite asomarse a la vida cotidiana de una comunidad cristiana en el Egipto romano de la Antigüedad tardía
![]() |
| El yacimiento hallado | Fuente: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto |
Durante siglos, cuando pensamos en Egipto imaginamos pirámides, faraones y templos cubiertos de jeroglíficos. Sin embargo, varios cientos de años después de la muerte de Cleopatra, el país seguía siendo un territorio fundamental del Imperio romano y estaba viviendo una transformación profunda. El cristianismo se había extendido por el valle del Nilo y también había llegado a los oasis del desierto occidental.
Un reciente hallazgo arqueológico en el yacimiento de Ain al-Sabil, en el oasis de Dajla, ha sacado a la luz parte de una ciudad habitada hace unos 1.600 años. Aunque las excavaciones continúan, los restos descubiertos permiten asomarse a la vida cotidiana de una comunidad cristiana establecida en pleno desierto durante el siglo IV.
Una ciudad organizada en medio del desierto
Las excavaciones han identificado un trazado urbano planificado, con calles que discurrían de norte a sur y otras que las cruzaban perpendicularmente, delimitando manzanas y espacios abiertos. Esta organización muestra que no se trataba de un asentamiento improvisado, sino de una comunidad integrada en la administración del Egipto romano de la Antigüedad tardía.
También han aparecido viviendas construidas con adobe, algunas con salas de recepción y cubiertas abovedadas, además de una gran estructura fortificada y dos torres de vigilancia que protegían los accesos al asentamiento.
Un Egipto cada vez más cristiano
Uno de los descubrimientos más significativos es una basílica construida a mediados del siglo IV. Junto a ella, los arqueólogos han identificado la vivienda de un diácono llamado Tisous, que, según la interpretación preliminar del equipo excavador, habría servido como lugar de culto antes de levantarse la iglesia.
El hallazgo refleja un proceso bien conocido por los historiadores. Durante el siglo IV, el cristianismo dejó de ser una religión perseguida para convertirse en una presencia cada vez más visible en las ciudades del Imperio romano, también en las regiones más alejadas del valle del Nilo.
Lo más valioso quizá no sean los edificios
Las iglesias y las murallas llaman la atención, pero algunos de los hallazgos más importantes son mucho más modestos.
Los arqueólogos han recuperado hornos de pan, cocinas, molinos de piedra y monedas de bronce y oro que ayudan a fechar la ocupación del asentamiento y a comprender su actividad económica.
Sin embargo, el descubrimiento más prometedor es un conjunto de cerca de doscientos ostraca, fragmentos de cerámica utilizados como soporte de escritura. En ellos aparecen anotaciones relacionadas con transacciones comerciales, correspondencia y otros aspectos de la vida cotidiana. Su estudio permitirá conocer con mucho más detalle cómo vivían, trabajaban y se relacionaban los habitantes de esta ciudad hace dieciséis siglos.
Más allá de los faraones
Este descubrimiento recuerda que la historia de Egipto no terminó con los faraones. Durante siglos siguió siendo una de las provincias más importantes del mundo romano y después del Imperio romano de Oriente. En ese tiempo convivieron nuevas formas de organización urbana, comunidades cristianas y redes comerciales que conectaban incluso los oasis del desierto con el resto del Mediterráneo.
El yacimiento de Ain al-Sabil no cambia por sí solo lo que sabemos sobre el Egipto de la Antigüedad tardía. Pero sí aporta nuevas evidencias para comprender cómo era la vida en una época mucho menos conocida por el gran público y demuestra que, mucho después de las pirámides, Egipto seguía escribiendo su historia.

Comentarios