El epitafio perdido de Al Mansur.

Constituye el principal enigma de la arqueología de la capital pacense. Los arqueólogos se refieren a él como «el epitafio perdido de Al Mansur» y se trata probablemente de la pieza histórica procedente de Badajoz cuya existencia se ha recogido con más profusión en catálogos arqueológicos de toda Europa.

Afortunadamente. Porque esta piedra, que es una de las más estudiadas y mejor documentadas de toda España y de la que ya hay noticias escritas a comienzos del siglo XVIII, desapareció luego para convertirse en un misterio que no ha dejado desde entonces de interesar a los especialistas.

El epitafio perdido del rey Al Mansur debía superar al menos en cuatro veces el tamaño de otra inscripción funeraria relativa al mismo rey y que sí se conserva actualmente en el Museo Arqueológico de Badajoz.

En el epitafio perdido se citaba el nombre de Al Mansur y también el día de su muerte, su cronología vital y se expresaban algunas recomendaciones piadosas.

En el mundo islámico, este tipo de piezas solían estar vinculadas al lugar de la muerte del personaje al que se refieren, pero no hay forma de saber por las referencias existentes sobre la de Al Mansur si ésta fue reutilizada para la construcción de una iglesia en la Alcazaba pacense o estaba próxima al lugar de un hipotético enterramiento de los reyes de taifas que reinaron sobre Badajoz.

Entre la mucha documentación existente del desaparecido epitafio de Al Mansur se conservan dos dibujos que reproducen su texto.

Recopilación.
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La historia del epitafio perdido ha vuelto a la actualidad a raíz de una conferencia que el pasado sábado pronunciaron en el Museo Arqueológico de Badajoz los profesores Isabel Rodríguez Casanova y Alberto Canto García. Ambos pertenecen a la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Rodríguez Casanova es doctora en Prehistoria y Arqueología y Canto García es profesor titular de Arqueología y Numismática. 'Avatares de una inscripción aftasí' fue el subtítulo que pusieron a su conferencia para hablar de esta inscripción que fue documentada por última vez en la Iglesia de Calatrava de la Alcazaba de Badajoz, cuyos restos son hoy visibles frente a la entrada de la Biblioteca Regional.

Alberto Canto se muestra escéptico sobre la posibilidad de que se pueda encontrar algún día la lápida perdida y no quiere elucubrar sobre lo que califica como «arqueología ficción».

Lo más probable es que la pieza esté rota. Debió desaparecer en el periodo comprendido entre 1827 y 1845. En la primera fecha, la piedra estaba todavía situada en la Iglesia de Calatrava. Allí se hicieron excavaciones en 1845 y ya entonces se da cuenta de su desaparición. La leyenda dice que podría estar incorporada a los cimientos del Hospital Militar, donde hoy se ubican la Biblioteca Regional y la Facultad de Biblioteconomía.

Fundador.

Trabajos sobre este epitafio se conocen desde comienzos del siglo XIX, ya que se hicieron traducciones modernas sobre su contenido. Alberto Canto dice que la novedad del trabajo emprendido junto con la profesora Rodríguez Casanova es que nunca se había estudiado en su conjunto la totalidad de la documentación existente sobre el mismo.

Los dos profesores contactaron con este tema a raíz de su participación en la elaboración de un libro que ha publicado la Real Academia de la Historia sobre su colección epigrafiada. Les interesó, y continuaron con el rastreo de la peripecia de la esquiva pieza arqueológica.

Sobre el epitafio escribieron en su día autores prusianos, suecos, italianos y franceses. También fue objeto de algunos de los primeros estudios sobre epigrafía que hicieron los ilustrados españoles.

Los dos profesores de la Autónoma decidieron entonces reconstruir toda la investigación existente en torno a esta pieza y el resultado fue expuesto el pasado sábado en la conferencia del Museo Arqueológico pacense. «Pensamos que es de justicia histórica que quienes tengan la primera información de este tipo de cosas sean los ciudadanos de Badajoz», dice Alberto Canto.

Al Mansur.

Al Mansur fue el fundador de la dinastía aftasida que gobernó sobre la actual capital pacense. Sucedió a Sapur, que fue el primer rey taifa de Badajoz y había muerto en el año 1022.

Alberto Canto dice de Al Mansur que «fue un personaje importante, porque da autonomía a uno de los más importantes reinos de taifas junto con el de Sevilla, con el cual tiene algunos enfrentamientos, y con los de Valencia y Zaragoza. Sin duda es uno de los reinos más importantes del oeste de la península Ibérica junto con toledanos y sevillanos. Fue uno de los pocos monarcas de los que se ha conservado la inscripción funeraria».

Alberto Canto hizo una campaña de prácticas arqueológicas en la Alcazaba de Badajoz en su época de estudiante y también ha hecho estudios sobre la colección de monedas del Arqueológico. Sus excavaciones fueron anteriores a la campaña que hace años dejó al descubierto la planta de la Iglesia de Calatrava, donde el epitafio perdido de Al Mansur fue visto por última vez.

Sobre las posibilidades arqueológicas que aún ofrece la Alcazaba de Badajoz dice que cuenta con la ventaja de que hay mucho sitio para trabajar y está exento de la presión de las construcciones urbanas. «Quedan bastante cosas que se podrían investigar, pero la pregunta sobre cuáles son ellas debería responderla la Consejería de Cultura, que es la que tiene autoridad y potestad y criterios de trabajo», dice el profesor Canto.

Preguntado sobre qué lugar ocuparía la Alcazaba de Badajoz en un ranking sobre las existentes en la Península dice que eso carece de sentido. «Todas son importantes en su lugar y en su momento. Pero, desde luego, es una de las fortificaciones más importantes, no sólo de época islámica sino de siglo posteriores y de las más impresionantes de toda Extremadura. Tiene y ha tenido siempre muchas posibilidades de investigación».
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Extraído de Hoy

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