miércoles, 22 de abril de 2009

El Mio Cid, ¿un árabe empuñó la tizona?

La pluma que cantó las gestas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, el icono del cristianismo, tenía sangre de infiel. Al menos, así lo asegura la tesis que acaba de presentar la profesora Dolores Oliver, El Cantar de Mío Cid: génesis y autoría árabe, que ha provocado revuelo entre los especialistas. "Soy consciente de que he tirado por la borda el trabajo de muchos investigadores", dice Oliver a Público. No sólo eso: con su argumento sobre los rasgos arabizados del héroe, también ha destruido la imagen del Cid como guerrero castellano, salvapatrias y matamoros.

En el círculo universitario, la tesis de una autoría árabe ha provocado una especial división entre los arabistas, alineados con la teoría de la profesora, y los medievalistas, que defienden la teoría oficial de que los orígenes del Cantar proceden de un castellano -cristiano- con influencias de la épica francesa y germánica. Una confrontación que, por otra parte, ya se vivió en los años 40 del siglo XX, cuando se ratificó que las jarchas, las primeras composiciones literarias en castellano, tenían un origen árabe.

Así, mientras que Juan Martos, director del Departamento de Árabe de la Universidad Complutense de Madrid, señala que el libro de Oliver es "muy revelador y valiente, porque, además, no dice ninguna tontería", para Alberto Montaner, profesor de la Universidad de Zaragoza y quizá uno de los mayores conocedores del Cantar, "la autoría árabe no se sostiene".

Propaganda política.

Oliver, que comenzó a trabajar en la posible autoría árabe en 1984, ha basado su estudio en los documentos de los tiempos del Cid (entre 1043 y 1099), que retratan una época donde los señores feudales se rodeaban de poetas árabes que, como modernos asesores, montaban los discursos de propaganda política. "Ese es el género de este poema épico escrito hacia 1095", afirma Oliver, en contra de la teoría defendida por Colin Smith y Ramón Menéndez Pidal, quienes afirmaban que el autor fue un juglar que estudió en Francia o Italia y que lo compuso hacia finales del siglo XII y principios del XIII. "Eso es imposible porque los juglares eran analfabetos que contaban historias que habían aprendido por la tradición oral", apostilla Oliver.
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Para sus colegas arabistas, la prueba que mejor refrenda la teoría de Oliver son las batallas que se narran en el poema. Según Luis Bernabé, profesor de la Universidad de Alicante, "que las batallas son como las de los héroes islámicos y que se muestra a un Cid arabizado es algo irrefutable". Una de las diferencias con respecto a otros héroes medievales europeos, es que "el Cid es mucho más humano y no hace las proezas de superhéroe que aparecen en La canción de Roland, donde de un espadazo, Roland se carga a 50 personas".

Los medievalistas, por su parte, destruyen estos argumentos al afirmar que en "el Cantar no hay rasgos que denoten que es una traducción del árabe al castellano", como asegura Alberto Montaner. Además, para Guillermo Carnero, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante, "la profesora Oliver no ha aportado ninguna prueba que no se conociera ya antes".

Para los arabistas, y mucho más aún para los medievalistas, el argumento más débil de Oliver es el de atribuir la autoría concreta al jurista y poeta Abu Al-Waqqashi. Como afirma Luis Bernabé, "esto sí es bastante provocador. A mí no me cabe duda de que el Cantar salió de un núcleo dónde existía cultura árabe y que fue alguien que lo conoció, pero creo que es arriesgado decir que fue Al- Waqqashi". Para su colega de la Universidad de Córdoba, José Ramírez "es algo muy tentador, pero carece de base".

Por supuesto, esta no es la primera vez que la autoría del Cantar de Mío Cid se pone en duda. Desde que se conoció el texto, en el siglo XVIII, surgieron numerosas teorías acerca de su autor. La que más se ha mantenido en el tiempo es la que señala que fue un tal Per Abbat en 1207, según aparece en uno de los explicit del Cantar, aunque "esta teoría se tiene hoy menos en cuenta y a Abbat se le considera sólo un copista", manifiesta Dolores Oliver.

La problemática con el Cid ha surgido porque su figura literaria se suele mezclar con la histórica y viceversa. Según manifiesta el profesor Juan Martos, de la Universidad Complutense de Madrid, "el Cid ha tenido la mala suerte de que fue convertido en el icono de la derecha. Es el símbolo del cristiano contra el infiel y por eso no se lee con objetividad". Desde otra perspectiva, Guillermo Carnero lamenta que La España del Cid, el libro de Ramón Menéndez Pidal, "fuera estudiado en las academias militares durante el franquismo". Tampoco contribuyó Charlton Heston con la película que protagonizó en 1961.

Mundos ajenos.

El libro de Dolores Oliver ha propiciado un debate del papel de la influencia de la literatura árabe sobre la castellana en el medievo. Como afirma Luis Bernabé, "simplemente, la sorpresa que ha causado la tesis de Oliver en la universidad demuestra que todavía existe el prejuicio de que lo árabe es algo ajeno a los españoles. Hasta ahora la historia de la literatura es la de la literatura castellana". Este profesor de la Universidad de Alicante señala que esta tendencia es la que incide en que "todavía nadie haya señalado los elementos árabes o mudéjares que hay en El libro de Buen Amor".

Precisamente, la orientación oficial de la Universidad es la que defienden los profesores Guillermo Carnero y Alberto Montaner. Para el segundo existen muchas dudas sobre la influencia literaria árabe en la literatura hispánica: "Yo no digo que sea imposible, pero una cosa es que existan paralelismos y otra, que haya influencias. Y hay paralelismos con la literatura árabe, pero también con la tradición románica, la germánica e incluso con la eslava". Sin embargo, como ratifica Luis Bernabé, "cada vez hay más voces que hablan de la interconexión cultural entre los dos mundos". El libro de Oliver es un ejemplo.
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Extraído de Público

4 comentarios:

sarah dijo...

Es sorprendente esa resistencia a ver influencias árabes en la literatura de la alta edad Media.

Por mis estudios de la lengua catalana tuve que preparar hace un par de meses una pequeña exposición sobre la poesía trovadoresca occitana y el tema del amor cortés. Fue la excusa perfecta para sumergirme en una época histórica fascinante y un momento lingüístico no menos interesante. El origen de la poesía de los trovadores sigue siendo materia de debate. Precisamente una de las teorías más controvertidas, pero al mismo tiempo la que parece más sólida, señala cuando menos una fuerte influencia árabe como origen de la poesía de los trovadores que se desarrolló en Occitania (sur de la actual Francia) y posteriormente en otras zonas como la Corte catalana, reinos de Italia, incluso Ricardo corazón de León fue un conocido trovador en la Corte inglesa.

En fin, los hechos son los hechos y hay que fundamentar las afirmaciones que se hacen tanto en uno como en otro sentido. Por lo que yo sé, si en los poemas de los trovadores hay una fuerte influencia árabe, no sería descabellado hallarla en otras obras o momentos del medievo. Por otro lado, me cuesta creer que ochocientos años de convivencia con los árabes en la península no hayan dejado más rastros que las jarchas y algunos vocablos en nuestros idiomas peninsulares.

Será muy interesante ver cómo acaba nuestro Cid Campeador.

Un artículo excelente, del que no me habría enterado de no haber sido por tu labor divulgadora. Gracias.

Antrophistoria dijo...

Hola Sarah.

Estoy totalmente de acuerdo contigo. Creo que no se valora, tanto como se debería, la influencia musulmana en la cultura hispana medieval, ni su pervivencia hasta nuestros días. En los últimos años parece surgir unas corrientes de estudios que ponen en valor la importancia y la continuidad de muchos factores de la cultura andalusí en nuestra civilización. Ya veremos hasta dónde nos llevan estos caminos de luz.

Gracias por tu comentario, me parece muy interesante.

sarah dijo...

Hola, José

Veo que coincidimos en la manera de ver la aportación del mundo árabe a nuestra cultura medieval. Supongo que la nuestra es una mirada menos partidista y más despojada de según qué prejuicios al respecto.

Como catalana de raíces profundas almerienses no lo veo nada extraño (y si no, date una vuelta por Almería, vívela y verás cómo se nota hasta en el aire, todavía, ese influjo andalusí que va más allá de la proximidad física con Marruecos, je je je), eso sin meternos a compararar la diferencias abisales que en cuestiones filosóficas, matemáticas o de sofisticación cultural nos llevaban por delante los árabes hace mil y pico años.

Cuando preparé el trabajo sobre la lírica trovadoresca me sorprendió saber hasta qué punto había una fascinación por lo árabe en las cortes occitanas del siglo XII. Guillermo de Poitieu tuvo incluso juglares árabes... mujeres (¡!) en su corte, como regalo del rey de Aragón a su padre, por su colaboración en la lucha por expulsar a los árabes del norte de la península... y me detengo aquí porque el tema da para ríos y ríos de tinta. Los estudiosos ya nos aclararán si, finalmente, el Cid campeador era menos cristiano de lo que parecía...

Como siempre, un placer charlar contigo

sarah dijo...

Hola, José

Veo que coincidimos en la manera de ver la aportación del mundo árabe a nuestra cultura medieval. Supongo que la nuestra es una mirada menos partidista y más despojada de según qué prejuicios al respecto.

Como catalana de raíces profundas almerienses no lo veo nada extraño (y si no, date una vuelta por Almería, vívela y verás cómo se nota hasta en el aire, todavía, ese influjo andalusí que va más allá de la proximidad física con Marruecos, je je je), eso sin meternos a compararar la diferencias abisales que en cuestiones filosóficas, matemáticas o de sofisticación cultural nos llevaban por delante los árabes hace mil y pico años.

Cuando preparé el trabajo sobre la lírica trovadoresca me sorprendió saber hasta qué punto había una fascinación por lo árabe en las cortes occitanas del siglo XII. Guillermo de Poitieu tuvo incluso juglares árabes... mujeres (¡!) en su corte, como regalo del rey de Aragón a su padre, por su colaboración en la lucha por expulsar a los árabes del norte de la península... y me detengo aquí porque el tema da para ríos y ríos de tinta. Los estudiosos ya nos aclararán si, finalmente, el Cid campeador era menos cristiano de lo que parecía...

Como siempre, un placer charlar contigo