"La arqueología no es lo que sale en las películas".

Se crió en el popular barrio sevillano de la Macarena, en la calle Fernández de Guadalupe. Por eso, a la hora de elegir restaurante no tiene dudas: Yebra, porque está a la vuelta de su casa y lo conoce "desde que era niña". La prueba es que todos la saludan por su nombre. Myriam Seco, sevillana de 41 años, es tan resolutiva como lo debe ser alguien que está al mando de 12 arqueólogos y un centenar de obreros en medio del desierto, en Luxor (Egipto), para desvelar los secretos que guarda el templo funerario de Tutmosis III. Llega a la cita móvil en mano y, se disculpa: no lo soltará durante toda la comida porque espera varias llamadas importantes.

Seco acepta la sugerencia del camarero sobre la tapa de mezcla imposible, panceta y cigala, para abrir boca. "En Egipto se come muy bien, pero esto no lo hay allí", corrobora ante la humeante fuente de arroz con carabineros elegida como plato principal. Y se pregunta qué fue antes, su pasión por la arqueología o por los viajes. De lo que no hay duda es de que esta mujer, guapa, simpática y de aspecto tranquilo, es capaz de enfrentarse a cualquier reto con tal de conseguir su objetivo.

Myriam es todoterreno, como lo demuestra otro proyecto que dirige en un medio totalmente distinto, en las aguas de Tiro (Líbano). Ella, que habla inglés, francés, alemán y "chapurrea" árabe, hizo un curso de buceo en 1998 para poder participar en el equipo del Instituto Náutico de Arqueología de la Universidad de Tejas. "Era un pecio del siglo XVIII con un cargamento de porcelanas chinas. Ahora que soy buceador profesional, cuando pienso que bajé 37 metros sin experiencia reconozco que fue una locura absoluta", confiesa.

En Tiro, Myriam se encarga de rescatar los cientos de estatuas votivas de terracota que se hundieron en el siglo V antes de Cristo y que están sumergidas a 35 metros. Esas diosas de la fertilidad, sacerdotes y guerreros que han salido del pecio fenicio podrán verse en una exposición que la arqueóloga está preparando para finales de este año en Sevilla.

Precisamente, en la última campaña en Tiro, donde trabaja desde 2006, se llevó la más grata sorpresa de su carrera: "Encontré tres estatuas completas de terracota de unos 40 centímetros. Estábamos buceando a 34 metros y fue al final de la inmersión, cuando casi nos quedábamos sin aire", recuerda con cara de felicidad, mientras comprueba que las llamadas "ineludibles" a su móvil y el recuento de su azarosa peripecia han hecho que parte del suculento arroz se quede frío.

"La semana próxima vuelvo a El Cairo", donde reside desde hace cinco años, "a desmontar la exposición de los 120 años de arqueología española en el Museo Egipcio". Asegura que cuando, en 1995, leyó la tesis quería quedarse en la Universidad de Sevilla, pero le "cerraron las puertas".

"Ahora me alegro. En 1998 decidí dejar Sevilla. Han sido unos años muy intensos y un camino duro. La arqueología no es lo que sale en las películas, pero todo el mundo tiene que hacer lo que le apetece en la vida para ser feliz. Yo lo soy, de momento", reflexiona. Ella sabe que todo tiene un precio y el suyo, con tanto viaje, es que no puede tener compromisos personales. "Hasta ahora, no me pesa. Estoy haciendo algo que me apasiona".
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Extraído de El País

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