miércoles, 15 de julio de 2009

Cuando Madrid no existía.

La capital soporta el tópico de ser una ciudad sin Historia, una mera urbe administrativa aparecida de la nada por el capricho de Felipe II de traer la Corte al centro de España. «De acuerdo, entonces no tenía comparación con Ávila ni Toledo, pero ya era una ciudad importante», desmiente Eduardo Salas, director del Museo de los Orígenes. La exposición «Los orígenes de Madrid», desde el Paleolítico hasta el siglo XVI, muestra la historia de la ciudad antes de ser la capital del reino.

La actual ciudad de Madrid siempre ha estado habitada desde la Edad de Piedra. Los mamuts merodeaban Carabanchel, y el Museo de los Orígenes da fe con un colmillo del animal prehistórico. El valle del Manzanares era pasto para los rinocerontes de pradera, ciervos gigantes, caballos y demás fauna con 500.000 años de antigüedad.

El primer madrileño del que hay constancia, sin embargo, tendría que esperar. El molar de un niño de siete años, también vecino de Carabanchel, es el primer vestigio humano hallado en la capital. Un neandertal de 150.000 años. Los humanos, a pesar de que todavía eran nómadas, ya no se marcharon de Madrid. Dejaron para la posteridad desde herramientas de piedra sencillas, como simples cantos con un filo; hasta utensilios complejos como cuchillos y cepillos.

El total de 153 piezas, procedentes de los fondos del propio Museo de los Orígenes, estarán expuestas hasta la finalización de las obras de remodelación del edificio, previstas para este otoño.

La ganadería y la agricultura en la actual capital convirtieron a los madrileños definitivamente en sedentarios. Los hallazgos de las primeras construcciones para habitar son cabañas ubicadas en el entorno de Ciudad Universitaria en pleno Neolítico.

La sociedad progresaba y los ritos funerarios tomaban forma. Como el primer enterramiento, ya en la Edad de Bronce: una fosa tapada con una losa de piedra y cubierta con vasos cerámicos. La útil metalurgia del cobre se desarrolló en paralelo al trabajo con el oro, empleado ya entonces para ostentar, como revelan las pulseras expuestas.

«Villae» Romana.

La única ciudad romana en la región fue «Complutum» (Alcalá de Henares), pero las «villaes» se repartían por todo el territorio hasta su abandono con la invasión visigoda. En Villaverde Bajo se hallaron restos de la explotación agraria de una villa romana: un mosaico geométrico, la cabeza del dios Silvano (protector de la agricultura) y una vajilla de mesa.

Madrid esperó a la ocupación musulmana para recibir un nombre, Magerit. Muhammad I, en el siglo XI, la creó como punto militar estratégico para la frontera norte del emirato de Córdoba. Los restos materiales encontrados son mayoritariamente utensilios de cocina; pero también un peón de ajedrez de la época.

Alfonso VI incorporó el enclave al reino cristiano y amplió el área amurallada. Los numerosos recipientes para contener líquidos demuestran la importancia otorgada al abastecimiento de agua. Madrid ya no dejaría de aumentar paulatinamente hasta la llegada de la Corte.

Desde entonces, el crecimiento de la ciudad fue exponencial, pero eso ya es otra historia fuera de la arqueología expuesta en «Los orígenes de Madrid».
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Extraído de ABC

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