martes, 25 de agosto de 2009

Entrevista a Arturo de Lombera: «Miramos la basura de los antiguos para ver cómo vivían».

Arturo de Lombera es uno de los arqueólogos del Grupo de Estudos para a Prehistoria do Noroeste de la Universidad de Santiago que continúa excavando estos días en cuevas de la montaña luguesa. Recientemente hallaron el colgante realizado con conchas marinas.

-¿El hallazgo de conchas de «Dentallium» muestra que el Lugo actual pertenecía a la prehistoria cantábrica?

-Los Dentallium son conchas tubulares muy pequeñas y sin valor para la alimentación. Se hallaron en el Cantábrico, Ebro y Francia. No sabemos de dónde vinieron, también hemos recuperado objetos de sílex y aquí cerca no hay afloramientos de este material, aunque sí en Vilalba, pero enmarcan ese mundo en el Magdaleniense, con industrias parecidas a las del hueso.

-Dicen que es un adorno más antiguo que el de Férvedes.

-El de Férvedes, encontrado en un yacimiento de O Xistral, es un colgante pétreo, también de la época del Magdaleniense por la industria y otros similares que han aparecido en el área Cantábrica, pero no ha sido datado por radiocarbono. El de Valdavara sí, y tanto sus rasgos más arcaicos como la datación por radiocarbono, indican que es más antiguo.

-¿La seguridad de las dataciones sigue siendo crítica?

-Hasta ahora no había dataciones seguras por carbono 14 (estas tienen un rango de fiabilidad de hasta 50.000 años), si exceptuamos los yacimientos de A Valiña y Xestido. En las Gándaras de Budiño se dató por este sistema, pero estaba removido, con un proceso erosivo y de sedimentación, pero la ocupación es mucho más antigua que la que de Valdavara. De algunas industrias que encontramos sabemos que proceden de hace 400.000 o 500.000 años. Otras de hace 200.000.

-¿A partir de los 50.000 años, cómo determinan la época?

-Por otros métodos de termoluminiscencia y radiactividad se pueden datar materiales de millones de años. El problema de las dataciones también está en el contexto, tienes que estar seguro de lo que aparece junto a artefactos humanos no es un animal que murió al pasar por allí. Se precisan huesos fracturados, con marcas de corte. Y esos nosotros los hemos encontrado.

-¿Qué restos de animales han podido documentar?

-Los recuperamos ya el año pasado y son un reflejo del ecotopo circundante. Hay sobre todo huesos de ciervos y cabras salvajes. Están bastante fracturados pero destacan los restos de cabra y lobo. Este año han salido más instrumentos líticos y huesos de animales.

-¿Es suficiente para adivinar su forma de vida?

-Excavamos y miramos la basura de los antiguos para ver su dieta y cómo vivían. Los restos de sus ocupaciones, las herramientas que usaron y abandonaron, los trozos de tallas para fabricar esas herramientas nos permiten reconstruir las técnicas para elaborar buriles y bifaces. Los materiales, cuarcitas, sílex, al relacionarlos con los afloramientos, dan indicios de la ocupación del territorio. La fauna facilita información paleoambiental, si era de climas más templados o secos.

-Y según Valdavara, ¿cómo era el clima entonces?

-Bastante más frío que el actual, de cuando los glaciares comenzaban a derretirse.

-No aparecieron restos humanos en esas cuevas.

-Seguiremos buscando en agosto en otra cueva cercana. El pasado año excavamos la de O Xato, en O Courel, a mil metros de altitud. Con los glaciares de hace 20.000 años, allí no vivían los humanos. Son condiciones similares a las actuales de sitios como la Patagonia. Debió habitarse en épocas cálidas y de hecho encontramos restos de osos pardo y también de oso de las cavernas.

-¿Buscan también pinturas?

-No han aparecido hasta ahora pero tendrá que haberlas, las herramientas son iguales que otras que aparecen en el Cantábrico. Debemos buscar, porque aquí la investigación se ha centrado muy poco en las cuevas, si exceptuamos las de A Valiña (Castroverde) y Paradavella (Rubiá). Son muy pocas las excavadas y es un campo arqueológico a potenciar.
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Extraído de La Voz de Galicia

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