jueves, 18 de febrero de 2010

Las raíces románticas de la antropología cultural.

Las culturas particulares frente al universalismo racionalista. Herder apreciaba las culturas no porque fueran expresiones de valores universales, sino porque tenían valores particulares y eran completamente diferentes entre sí. Los seres humanos necesitan pertenecer a un grupo. Nada más lejos del ideal de Herder que el cosmopolita sin raíces. En su visión de la historia humana el pluralismo cultural es radical: todas las culturas tiene validez ante el juicio de la historia, aunque sus valores últimos sean inconmensurables entre sí. Cada cultura local tiene su propia visión del mundo y su propia verdad. La antigua máxima cosmopolita de una sola verdad y muy diversos errores se invirtió. Lo que muestran las culturas son diversas verdades y un solo error, es decir, el uniformismo de la industrialización. Para luchar contra el error hay que pertenecer a una cultura local, defender su propia verdad e identidad. En el cosmopolitismo ilustrado Robinson Crusoe era el paradigma. Un individuo que en una isla solitaria reconstruye su mundo.
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En el romanticismo, las culturas locales son el paradigma. Colectividades fuertemente identificadas con su propia verdad que se enfrentan al error cosmopolita. Si así es, la idea de un estado ideal de la humanidad es una incoherencia. Lo único posible son las verdades parciales. Herder planteó por primera vez el problema y la antropología cien años después trató de resolverlo empíricamente.
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Extraído de La Vanguardia

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