Cacerías paleolíticas en torno a la N-120.

El corredor entre el valle de Lemos y el Lor ofrece un singular interés arqueológico.

La nueva campaña de investigación de los yacimientos paleolíticos del sur lucense que la Universidade de Santiago emprenderá la semana próxima tiene entre sus objetivos obtener datos sobre las relaciones que pudieron existir hace decenas de miles de años entre la depresión de Lemos y el valle de Quiroga. Los especialistas que participan en este proyecto suponen que las áreas naturales de paso entre ambos territorios fueron una zona especialmente propicia para la caza de grandes herbívoros y por lo tanto para el asentamiento de grupos humanos en determinadas etapas de la prehistoria remota.

Los investigadores suponen que los antiguos rebaños de herbívoros salvajes se movían aproximadamente por las mismas zonas por las que discurren las modernas vías de comunicación -la carretera N-120 y la línea de ferrocarril de Palencia a A Coruña-, ya que estas aprovechan también los corredores naturales que ofrecen los accidentes del terreno. «Los animales buscan los caminos que les supongan un mayor ahorro energético y con las vías de comunicación sucede algo parecido, así que no es extraño que se desplazasen por los mismos lugares», señala el arqueólogo Arturo de Lombera, uno de los coordinadores de estos trabajos.

Las poblaciones humanas del Paleolítico Superior se asentaban con frecuencia en las laderas situadas en torno a estos corredores para vigilar el paso de los rebaños de bóvidos, cérvidos y équidos sobre los que practicaban la caza. Por esta razón, se cree que en esa etapa de la prehistoria los campamentos de cazadores debieron de proliferar en torno a la zona de tránsito entre la depresión de Lemos y la desembocadura del río Lor.

En la comarca de Lemos ya se han detectado los rastros de un asentamiento humano de este tipo. Se trata del yacimiento del Paleolítico Superior localizado en el 2007 en la ladera del monte de Valverde, en un punto que ofrece un buen dominio visual del corredor natural que une las depresiones de Monforte y Bóveda, por el que discurre actualmente la carretera LU-546. Por sus características orográficas, esta zona debió de ser también un lugar de paso habitual de los rebaños de herbívoros.

Terrazas fluviales.

En las prospecciones que se llevarán a cabo este mes en la zona este de la depresión monfortina, los investigadores esperan encontrar indicios de antiguos asentamientos que ayuden a corroborar estas teorías. Los responsables del proyecto creen que en esta área también podrían hallarse vestigios de otras etapas más antiguas de la prehistoria, en las que las técnicas de caza estaban menos desarrolladas que en el Paleolítico Superior. Según apunta De Lombera, «en esa zona existen algunas terrazas fluviales parecidas a las que hay en otras partes del valle de Lemos y en las que podrían encontrarse industrias del Paleolítico Medio o incluso del Paleolítico Inferior».

La zona este de la depresión, sin embargo, presenta el inconveniente de que los sedimentos cuaternarios -los terrenos más adecuados para encontrar vestigios de industrias paleolíticas- están peor conservados en ella que en otras partes del valle. «En ese sector seguramente va a ser más difícil encontrar rastros de poblaciones humanas, no porque allí hubiese menos que en otras partes, sino porque los terrenos en los que se pueden hallar industrias paleolíticas han tenido un desarrollo diferente que el resto de la depresión y no se mantienen igual», indica De Lombera.
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Extraído de La Voz de Galicia

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