Llerena: la pequeña Atenas extremeña.

Con sus cerca de 6.000 habitantes y situada en la Baja Extremadura se encuentra Llerena, una población que por su importancia entre los siglos XV y XVII al llegar a ser uno de los enclaves más importantes de la Orden de Santiago en la zona se convirtió en un núcleo artístico de primer orden. Por toda esa riqueza de su patrimonio arquitectónico, con influencias flamencas y mudéjares, consiguió el apelativo de la’“pequeña Atenas de Extremadura’ y en 1966 fue declarado Conjunto Histórico Artístico.

En torno a la Plaza Mayor, de estilo mudéjar y que a través de los años hizo las funciones de mercado, sede de festejos y plaza de toros, se alzan los principales edificios de la ciudad. Dos de sus costados son porticados con 12 y 6 arcos respectivamente y en otro de ellos se sitúa la iglesia principal consagrada a la Virgen y bajo la advocación de Nuestra Señora de la Granada. El templo fue fundado en el siglo XIV y es una mezcla de varios estilos que abarca desde el primigenio mudéjar hasta el plenamente renacentista de la Capilla del Prior, pasando por la del Licenciado Zapata, gótico-renacentista, o el camarín de Nuestra Señora de la Granada, construida en las postrimerías del siglo XVIII en un delicado estilo rococó.

Otro elemento, lógicamente destacable por su altura, es la torre de la iglesia Mayor que se iza por encima del resto de edificios y se consolida como un emblema de la ciudad. Pero la calidad arquitectónica de Llerena no se agota ahí sino que chorrea por toda la localidad con ejemplares tan destacables como la parroquia de Santiago Apóstol, de estilo hispano-flamenco construida en torno a 1475; o el Convento de Santa Clara, de los albores del siglo XVI y estandarte indiscutible de la arquitectura clasicista. O el Hospital de San Juan de Dios, de 1672, con una iglesia barroca y una fachada con ecos hispanoamericanos.
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Patrimonio civil y natural.
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Pero no solo de iglesias vive el hombre y en Llerena las construcciones civiles también adquirieron prestancia, sobre todo gracias a un conjunto de palacios muy notables dispersos por la ciudad: el Palacio Maestral, el Palacio Episcopal, el Palacio de los Zapata o el Palacio Consistorial son testimonio de la grandeza de este núcleo en los siglos XIV y XVI, cuando fueron levantados en un estilo mudéjar o hispano-flamenco. O la Puerta de Montemolín, único vestigio de las cuatro grandes puertas que existieron y que permanece aún en pie.

Llerena ofrece también espacios de encuentro en sus numerosos parques y plazas. De todos ellos merece la pena visitar el Parque de la Constitución, el más antiguo de la localidad, y que se encuentra en el paseo Cieza de León. Asimismo la cercanía de los límites de Sierra Morena permite realizar excursiones en un entorno de bosque mediterráneo y estepas cerealistas.

Para
alojarse existen varías hospederías y hoteles para que el viajero pueda elegir lo que mejor se adapte a sus necesidades. Y por supuesto, resulta imprescindible degustar su exquisita cocina, típica extremeña, y probar su caldereta o sus afamados ibéricos.

Extraído de 20 minutos

Comentarios

antrophistoria ha dicho que…
La verdad es que nunca había escuchado ni leído, hasta ahora, que a Llerena se le conociera por “la pequeña Atenas extremeña”. Tampoco veo la relación con la ciudad helena. No obstante, aquí dejo el post, como curiosidad.