Uno de los mejores suicidios, o lo que sea, de la Historia

Como buen frustrado, Periandro decidió quitarse de en medio al no poder desquitarse por la muerte de su hijo. Y lo hizo de una manera muy artificiosa

Periandro de Corinto fue uno de los Siete Sabios de Grecia
Según dicen, Periandro tenía poco de misericordioso, al menos, en lo que a vida privada se refiere. Porque las fuentes aseguran que el tirano condescendió con la vida pobre y esclava y convenció también a los nobles —seguramente a su manera— de que era mejor para el mundo el rebajar sus pompas y riquezas. Aún así, este sabio de la Antigua Grecia guarda una reputación que equipararía sus vergüenzas —salvando los años y la evolución tecnológica— con las de cualquier lúgubre personaje de novela negra.

Celos, hogueras y destierros

Parece ser que Periandro terminó con la vida de su mujer debido a los chismorreos de sus concubinas, de las que se vengó, ya tarde, quemándolas vivas. En realidad, este episodio de celos se llevó también por delante a un hijo suyo, puesto que Melisa, que así se llamaba la desdichada esposa, estaba embarazada cuando al sabio, como escribe Hebura y Arriero, le dio por tirar «a puntapiés» la escalera por la que ella subía.

Se cuenta también que le gustaba castrar jóvenes que no estaban para nada de acuerdo con quedarse sin sus partes nobles. Trescientos niños de Córcira, en este caso, por el asesinato de su hijo y sucesor Licofrón, a quien previamente había desterrado por no consentir la idea del asesinato de su madre. Pero falló en su venganza cuando los menores fueron asistidos por los habitantes de Samos, que los resguardaron en el Templo de Diana.

Así es que como buen frustrado, Periandro decidió quitarse de en medio al no poder desquitarse por la muerte de su hijo. Y lo hizo de una manera muy artificiosa.

Un suicido bien atado

El corintio ordenó a dos muchachos arrebatar la vida del primer hombre que pasase por un sendero escogido. Una vez muerto, los asesinos habían de enterrar su cadáver de forma inmediata. A la vez, buscó otros cuatro para darle el mismo mandato, pero en esta ocasión, los muertos debían ser dos hombres, que no eran otros que los que habían matado al primero. En este bucle homicida, Periandro introdujo otros pocos hombres que debían hacer lo propio con los cuatro anteriores. Y así puso en marcha la maquinaria de su suicidio, que bien tenía rasgos de degollina humana.

La gracia del tema radicó en que Periandro fue el primer hombre de la serie, aquel a quien habían dado muerte los dos primeros muchachos. De este modo, y como ninguno de los tres quedó vivo, el sitio en el que se enterró el cadáver del Sabio también se fue a la tumba con ellos. En su lugar, Corinto levantó un monumento en su honor.

Bibliografía

HEBURA Y ARRIERO, L. (trad.), La vida de los Siete Sabios de Grecia, enriquecida de sus más preciosas máximas en lo moral, y político, y adornada de sus retratos. Madrid, 1738.

Vía| Torre de Babel, Ver bibliografía
Imagen| Pinterest

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