Jeanne Hébuterne, la pintora que dio su vida por Modigliani

La historia que rodea a los dos amantes dista poco del drama shakesperiano de Romeo y Julieta

Fotografía de Jeanne Hébuterne con diecinueve años
En una habitación lúgubre, haciendo las veces de estudio y taller de trabajo, en el nº 8 de la artística Rue de la Grande Chaumièrede París, Jeanne Hébuterne está situada a los pies de la cama de su querido compañero. AmedeoModigliani se intenta agarrar a sus últimos momentos de vida. Ella, embarazada por segunda vez de casi nueve meses, no deja de sostenerle la mano y lo retrata, en un intento vano de retenerlo a su lado. Es el 24 de enero de 1920 cuando su vecino y amigo, el pintor chileno Manuel Ortiz de Zárate, echa la puerta del estudio abajo y se encuentra con la terrorífica escena: ambos sumergidos en la inmundicia, rodeados de botellas de alcohol y en un claro estado de inanición, tras llevar varios días sin saber de ellos. Modigliani está al borde del delirio, y le pide a su querida Jeanne que lo acompañe en su viaje al cielo, donde será su modelo para siempre.

Amedeo Modigliani en su estudio en 1915, fotografiado por Paul Guilliaume
Podemos imaginar a la inocente y bella Jeanne echando la vista atrás, pensando en días más felices. Había nacido el 6 de abril de 1898 en el seno de una familia austera y estrictamente católica. Será su hermano André, también pintor, quien laintroduzca en el mundo artístico, sumergiéndose en la comunidad de Montparnasse, mezclándose con los habituales artistas atormentados que recorren sus calles, como Chaim Soutine, Max Jacob, Jean Cocteau o Juan Gris entre muchos otros.

El pintor de origen japonés Tsuguharu Foujita fue uno de los primeros en comprobar la atracción angelical que desprendía esta muchacha de largas trenzas y ojos verdes de apenas dieciocho años, una imagen que plasma al retratarla.

Picasso, Modigliani y André Salmon en 1916, fotografiados por Jean Cocteau
La profunda atracción de Modigliani

Si había un pintor en estos momentos en París que estuviera sumido en una vorágine que se debatía entre la autodestruccióny el genio creativo, ese era sin duda Amedeo Modigliani. De ascendencia judío sefardí, nacido en Livorno el 12 de julio de 1884, y arrastrando una tuberculosis que había llegado para quedarse con él poco después de iniciar sus estudios como pintor con catorce años, se traslada a París en 1906, dispuesto a vivir en el verdadero centro neurálgico de la vanguardia.

Maravillado por Cézanne y Picasso, y tras un breve período en Livorno aquejado por su delicada salud, se instala definitivamente en Montparnasse en 1909. Modí, como lo conocían sus amigos, ejercía un poderoso magnetismo sobre las mujeres, desnudaba sus cuerpos para retratarlos y sus almas para que quedaran rendidas ante él. Entre sus innumerables conquistas se encuentran la poetisa rusa Anna Ajmátova, Simone Thiroux, Lunia Czechowska, la pintora inglesa Nina Hamnett, la pintora rusa Marie Vassilieff o la escritora inglesa Beatrice Hasting, con la que mantuvo una tempestuosa relación durante dos años.

Amedeo Modigliani, Jeanne Hébuterne con collar, 1917
El escritor y crítico de arte francés André Salmon, gran amigo de Modigliani, plasmaría su biografía en papel años más tarde, donde se describe su apasionada vida por la pintura, las mujeres, el alcohol y la Divina Comedia de Dante, la cual recitaba de memoria. Era culto, solitario y no frecuentaba los círculos habituales del momento. Será tras su traslado a Montparnasse cuando se consagre su estilo artístico. André Salmon escribirá sobre está época que “crea una paleta propia, inventa formas, sólo se parece a sí mismo. Es inimitable”.

El principio del final

Será en estos años cuando el destino unirá a dos desconocidos en Montparnasse. Dado su talento para el dibujo, Jeanne accede a la Académie Colarossi para iniciar su carrera artística, y allí traba amistad con la escultura Chana Orloff, que le presentará a Modigliani en marzo de 1917. Ella tenía diecinueve años, el treinta y tres.

Amedeo Modigliani, Retrato de Jeanne Hébuterne, 1919
Noix de Coco, como llamaban a Jeanne, fue el primer y último amor de Modí desde el momento en que sus ojos se posaron en ella; se convirtió en su musa y único motivo de sus pinturas, en las que a diferencia del resto de sus amantes, nunca la retrató desnuda, ese secreto lo guardaba sólo para si mismo.

Ella se trasladó de manera inmediata a vivir con su querido artista al pequeño estudio de la Rue de la Grande Chaumière, que les había conseguido uno de los marchantes de Modigliani, Léopold Zborowski. Poco o nada consiguieron las protestas de la familia de Jeanne, debido a la fama de depravado que perseguía a Modí, y que le retiraran su asignación económica. Nada importaba mientras estuvieran juntos, la paciencia de Jeanne parecía no tener límites a pesar de los excesos de su amado, cuya salud se resiente a pasos agigantados.

Amedeo Modigliani, Retrato de Jeanne Hébuterne, 1919
Poco después de que a él le clausuren su primera exposición debido a los numerosos retratos de desnudos, y con Jeanne embarazada de su primera hija, se trasladan a Niza en busca de un poco de paz. El 29 de noviembre de 1918 Jeanne daría a luz una niña a la que pondría su mismo nombre; pero la felicidad fue apenas momentánea, ya que tuvieron que entregar a la pequeña para ser dada en adopción debido a la precaria situación en la que se encontraba la pareja.

Con Modigliani cada vez más aquejado de una avanzada tuberculosis, y con Jeanne embarazada de nuevo, regresan a su hogar maldito en Montparnasse en mayo de 1919. El pintor tenía sus momentos de máxima creación cuando los excesos de la noche anterior le daban un respiro, y Jeanne se mantenía incansable a su lado, en la sombra.

Hasta llegar a esa fatídica fecha del 24 de enero de 1920. Tras varios días sobreviviendo a base de latas de sardinas e incontables botellas de vino, los amantes son rescatados de su agujero demasiado tarde. Trasladan a Modí al hospital donde muere esa misma noche debido a una meningitis tuberculosa, a la edad de treinta y seis años. Su querido amigo y biógrafo André Salmon cuenta que sus últimas palabras fueron Cara Italia!, y que el hermano del pintor pidió que le enterraran “como un príncipe”. Y así fue, pues su entierro fue uno de los más fastuosos del momento, financiado por sus amigos y absolutamente multitudinario, dejando reposar su cuerpo en el cementerio Père- Lachaise. Tan sólo unos días antes había recibido el permiso del Gobierno Francés para casarse con Jeanne.

Lápida de Modigliani y Jeanne Hébuterne en Père-Lachaise
Y ahí quedó su querida Noix de Coco, completamente vacía, incompleta sin su otra mitad, a punto de traer al mundo a su segundo hijo. El mismo día en que moría Modí, los padres de Jeanne la llevaron a su casa, pero ya no pertenecía a este mundo. Mientras su hermano discutía con sus padres sobre el futuro de Jeanne y sus hijos, ella saltó por la ventana del quinto piso de la residencia familiar, en la Rue Amyotde París, el 26 de enero de 1920, dos días después de que falleciera su compañero, y embarazada de nueve meses. Tenía veintidós años.

Al contrario que el entierro de Modigliani, Jeanne fue enterrada en secreto y en la más estricta intimidad, en el cementerio de Bagneux, pues sus padres se opusieron a que fuera enterrada junto a su eterna pareja. Pero gracias al esfuerzo del hermano mayor del pintor, en 1930 se convenció a la familia para que los restos de Jeanne reposaran junto a los de Modí, y hoy se pueden visitar ambas tumbas unidas por una sola lápida: el epitafio de él reza “llamado por la muerte cuando había llegado a la gloria”, en la de ella se lee “compañera devota hasta el sacrificio extremo”.

Atribuido a Jeanne Hébuterne, Retrato de Amedeo Modigliani, 1919
Tras la muerte de Jeanne, la hermana de Modigliani adoptó a la única hija que sobrevivió a la tragedia, la pequeña Jeanne Hébuterne Modigliani, que años más tarde publicó una de las biografías más importantes sobre su padre, Modigliani: hombre y mito.

Jeanne vivió siempre ensombrecida por el genio creativo de Modigliani, cuyas pinturas, reconocidas hoy en todo el mundo, alcanzan cifras estratosféricas en las subastas de arte más destacadas. Pero después de más de tres décadas, la familia finalmente permitió el acceso de las obras de Jeanne al público, aunando por fin el trabajo de estos artistas convertidos en amantes, hasta después de su muerte.

Bibliografía

SALMON, A., La apasionada vida de Modigliani. Traducción de Manuel Arranz Lázaro. Acantilado, Barcelona, 2017.

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Imagen| Wikipedia

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