Crisis migratorias, ¿la historia se repite?

En el año 370 d.C., decenas de miles de Godos se concentran muy asustados en la frontera del Imperio Romano

Recreación de guerreros godos
En la actualidad, decenas de miles de refugiados procedentes de países sumidos en la pobreza, o en conflictos armados, presionan las fronteras de la Unión Europea huyendo de la guerra y la hambruna. Este enorme flujo migratorio coge por sorpresa a la U.E., incapaz de dar una rápida respuesta a las urgentes necesidades de los refugiados.

De igual modo, en el año 370 d.C., decenas de miles de Godos se concentran muy asustados en la frontera del Imperio Romano, frente los puestos militares del Danubio. Informan que un pueblo nómada desconocido (los Hunos), ha irrumpido al otro lado del río, arrasando sus tierras.

Los desplazados, huyendo de la guerra y del caos, piden permiso para cruzar la frontera romana y tener tierras para establecerse. Este gran flujo migratorio coge por sorpresa a las autoridades romanas que temen verse desbordados por un incontrolado alud de bárbaros.

Son evidentes los paralelismos entre la actual crisis de los refugiados y las crisis migratorias que Roma sufrió en los siglos IV y V d.C., conocidas como invasiones bárbaras.

Después de semanas de vacilaciones, al emperador de Oriente, Valente, no le pareció una mala idea acoger a los refugiados que pedían asilo, pues muchos de ellos ya estaban razonablemente romanizados (profesaban el cristianismo arriano y conocían el griego y el latín) por lo que podían ser reclutados para la guerra o utilizados como mano de obra para las crecientes necesidades productivas del Imperio.

Ello supone un nuevo un paralelismo con la situación actual. La U.E., con una natalidad baja, necesita de mano de obra para seguir siendo competitiva y los refugiados pueden responden a dicha necesidad.

Lo que vino a partir de aquí fue una gran operación de acogida, que cualquier gobierno actual calificaría como regularización masiva. Se transbordó a miles de personas de una orilla a otra del Danubio, ya que, por razones seguridad, en aquella zona no había puentes.

Los romanos, respondiendo a su merecida fama de buenos planificadores, se pusieron manos a la obra: confiscaron embarcaciones de pescadores, barcazas y hasta troncos ahuecados, construyeron balsas y pontones y se iniciaron las operaciones de transbordo, que duraron semanas, pues el río bajaba crecido por las lluvias lo que dificultó las tareas.

Sin embargo, una vez en marcha el operativo de rescate, el proyecto empezó a fallar, ya sea por la corrupción administrativa de unos gobernadores locales que abusaron de los refugiados (incumpliendo las órdenes de Constantinopla que apostaban por una política de extranjería relativamente blanda y humanitaria); como también fruto de la incapacidad de las legiones para controlar a la gran multitud.

Los bárbaros tenían que pasar ante unos funcionarios que les tomaban la filiación; pero ante tanta multitud, la frontera volvió a cerrarse y el trasvase se interrumpió. Las patrullas que habían ayudado a los inmigrantes a atravesar el río se dedicaron a perseguir a los que habían quedado atrás e intentaban ahora pasar ilegalmente (es lo que hoy llamaríamos expulsiones en caliente).

Todo ello provocó una gran rebelión de los Godos que acabó con una sangrienta batalla, una inesperada derrota de las legiones romanas (superiores en número) y con la muerte del propio emperador Valente, en Adrianópolis (Turquía europea), el 9 de agosto de 378 d.C.

Unos hechos que cambiaron para siempre la relación entre los pueblos bárbaros y el Imperio Romano, que cambiaron la historia de Roma y que, por consiguiente, cambiaron nuestra Historia.

Imagen| Muy Historia

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