martes, 30 de octubre de 2018

Los gitanos elevados a los altares de la Iglesia católica

¿Unas beatificaciones interesadas?

El beato Ceferino Jiménez Malla, más conocido como El Pelé.

No tratamos de poner en tela de juicio los procesos de beatificación, ni en poner en duda las virtudes cristianas que les hicieron valedoras a tan alta consideración. Sólo pretendemos contextualizar el inicio de los trámites en unas etapas históricas que bien pudieron influir a la hora de proponer para su beatificación a Ceferino Jiménez y a Emilia Fernández.

Los procesos de beatificación arrancan desde el primer año del comienzo de la Guerra Civil española, cuando la propaganda franquista comenzó a equiparar a los muertos producidos durante la contienda con las víctimas producidas por la represión de los primeros momentos a manos de revolucionarios republicanos. Todos quedaron encuadrados bajo la denominación de Caídos por Dios y España, con lo que se pretendió justificar el golpe de estado asociándolo a la idea de una cruzada encaminada a recuperar España para Dios, para cuya causa y testimonio de Dios sucumbieron los soldados nacionales y aquellas personas laicas o seglares que fallecieran por causa de Fe.

De los 300.000 mártires que Serrano Suñer afirmó se produjeron, incrementados en 1938 por Franco a otros cien mil más, se pasó tras las conclusiones de la Causa General a “sólo” 86.000, una cifra que desanimó a Franco, y que no constituyó la razón principal de Pío XII para denegar una beatificación masiva en un corto plazo de tiempo. A partir de este rechazo inicial, se abandonó la idea de una canonización numerosa y se pensó en una estrategia encaminada a proponer una víctima como una especie de cabeza de puente, que permitiera con su beatificación, abrir las puertas a futuros procesos. En principio, en 1964 se pensó en la monja María Ricart; sin embargo, la operación fracasó y los procesos quedaron estancados durante tres lustros. Hasta que finalmente se propuso la persona de Ceferino Jiménez Malla, un tratante gitano nacido en la oscense Alcolea de Cinca, que fue detenido el 19 de julio de 1939 por haber defendido a un sacerdote y ser sorprendido con un rosario en el bolsillo, causa por la que se cree fue condenado a muerte. Una sentencia que se ejecutó en Barbastro el dos de agosto del mismo año.

¿Por qué se escogió a Ceferino y no a otra persona? Puede ser por su condición laica y su pertenencia a un colectivo discriminado. Unas características que lo aproximaban a los primeros mártires, pues éstos no pertenecían a órdenes religiosas y en su mayor parte procedían de sectores marginales, como el de los esclavos. La causa sin embargo quedó suspendida, pero el camino ya estaba abierto, y en cuanto Juan Pablo II accedió al papado, la política del Vaticano cambió de rumbo en este aspecto, yen marzo de 1987, Juan Pablo IIcanonizó a los cinco primeros mártires españoles.

Cartel de la bendición de la imagen de Ceferino Giménez Malla
en la parroquia mayor de Santacruz de Écija (25-11-2007)

No sería hasta mayo de 1997 cuando Ceferino Jiménez fuera beatificado en una ceremonia oficiada por el Papa, quien en la homilía destacó la condición étnica de Ceferino, la que no constituía un obstáculo para la santidad:

“Su vida muestra cómo Cristo está presente en los diversos pueblos y razas y que todos están llamados a la santidad, la cual se alcanza guardando los mandamientos”.

El torrente de beatificaciones creció durante las décadas siguientes, y en marzo de 2017, le tocó el turno a Emilia Fernández, una gitana tijoleña que compartió la ceremonia de beatificación junto a otros 114 beatos (95 sacerdotes y 20 laicos). De ellos, el obispo de Almería dijo que no lo fueron "por ser de uno de los bandos enfrentados en la guerra, sino por haber muerto por amor a Cristo y por su causa".

Sin embargo, la presencia de Emilia entre los propuestos a ser elevados a los altares, coincidió con la mayor expansión de la Iglesia Evangélica entre las comunidades gitanas de España, lo que se podría pensar en un intento para retener en el catolicismo a unos feligreses que no hallaron en la Iglesia el amparo y refugio que necesitaban. No obstante, nos gusta más pensar que el principal motivo que ha llevado a Emilia a ser la primera mujer gitana beatificada, sea por haber muerto en la Fe cristiana siendo una mujer soltera y amancebada a los ojos de la Iglesia. Un aspecto que en cierto modo, remienda la persecución que las mujeres gitanas han venido sufriendo por parte de los sínodos eclesiales y la Inquisición.

Vía| RAGUER, Hilari. “Caídos por Dios y España”, en La Aventura de la Historia, 17, marzo 2000, pp. 14-28.
Imágenes| Archidiócesis de Madrid y cartel de la bendición de la imagen de Ceferino Giménez Malla en la parroquia mayor de Santacruz de Écija (25-11-2007).

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