miércoles, 20 de marzo de 2019

Los dragones en el arte medieval

El dragón en el arte de la Edad Media era muy distinto del dragón actual

Dos dragones en una miniatura de finales de la Edad Media

El dragón es una de las criaturas legendarias más importantes en la cultura popular actual. En nuestros días lo conocemos como un gran reptil, normalmente alado, de cuatro patas que exhala fuego. Sin embargo, el dragón en sus orígenes era una criatura muy distinta de cómo la imaginamos actualmente.

En griego, la palabra draco es un sinónimo de la palabra griega para serpiente, ofis. Así, la criatura que custodiaba el jardín de las Hespérides en la Argonáutica era una gran serpiente, no un dragón, a pesar de que se traduzca así. En el arte clásico, los dragones podían tener cuernos, barba e incluso alas, pero en todos los casos tenían cuerpo de serpiente.

Una particularidad del dragón clásico, que pervivió hasta la Edad Media era el combate de estos con los elefantes, que se consideraban sus enemigos mortales. Según las fuentes clásicas y los bestiarios medievales, el dragón atacaba al elefante, enroscándose en torno a su cuerpo y asfixiándole. El elefante, al debilitarse, caía sobre el dragón, matándole también. En este combate ambos animales perecían.

La imagen del dragón fue evolucionando a través del arte, estando su origen en la decoración que poblaba los márgenes de los códices miniados. El primer texto en el que se empezó a representar motivos decorativos figurativos en los márgenes fue el Libro de Kells. Se representan unos felinos con cuerpo extremadamente alargado y enrollado luchando con otras criaturas. Estos gatos o leones estilizados presentan ya un vientre abultado como el que caracteriza al dragón de la cultura popular y son su primer antecedente artístico.

A medida que la decoración marginal se fue haciendo más variada y rica, el dragón adoptó todo tipo de formas posibles, los miniaturistas desarrollaron su creatividad en estas figuras. A través de estas imágenes decorativas se consolidó el dragón del Románico, que tiene unas características muy concretas: no es de gran tamaño y tiene un rostro de rasgos cánidos, cuerpo de reptil y patas de mamífero. Este modelo tuvo una gran difusión y perduró dos siglos, extendiéndose también a Bizancio.

El dragón y la serpiente en el arte medieval siempre han estado identificados con el mal y el demonio. Las representaciones la leyenda de San Miguel matando al dragón fueron las que permitieron que esta criatura legendaria empezase a cobrar protagonismo, ya no solo aparecía como motivo decorativo sino que tenía una razón para ser representada. A partir de ahí fue conformándose su iconografía. Los artistas góticos aprovecharon este tema iconográfico para crear todo tipo de animales fantasiosos. De estas criaturas fantásticas, la que más éxito tuvo fue el dragón como lo conocemos hoy en día. 

La leyenda de San Miguel también dio paso a los relatos de caballerías en los que los caballeros debían matar un dragón, el más famoso de estos caballeros fue San Jorge. En estos casos, la muerte del dragón es una hazaña heroica pero también un símbolo de dominar las propias pasiones.

El naturalista alemán Herbert Wendt consideró que la evolución del dragón-serpiente al dragón como lo entendemos en la actualidad fue el descubrimiento de huesos de dinosaurios en la Edad Media. La sociedad se dió cuenta de que estos huesos no eran de serpientes, sino de reptiles de gran tamaño, y así se originó el dragón como lagarto gigante.

Bibliografía

Ponencia de Miguel Ángel Elvira Barba en el seminario “Animales fantásticos y dónde encontrarlos en la Edad Media” celebrado en la Universidad Complutense de Madrid.

WENDT, Herbert (1982): El descubrimiento de los animales. Planeta, Barcelona.

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