¿Cómo era la decoración arquitectónica en al-Ándalus?

La decoración en el arte islámico juega un papel primordial
 
Decoración en al-Ándalus

El arte islámico aportó al arte cristiano una gran riqueza decorativa, refinamiento y exotismo en sus construcciones propio de civilizaciones anteriores como la bizantina o la persa. Tras la invasión islámica en el año 711, los edificios comenzaron a decorarse profusamente, lo que causó un gran desconcierto debido a la estética románica a la que estaban acostumbrados, caracterizada por el hermetismo, la austeridad en la ornamentación y la pesadez de sus muros.

Los materiales elegidos por estos hispanomusulmanes fueron la piedra, limitada a un uso exclusivo para revestimientos y decoración esculpida. Se utilizó en mayor medida en Córdoba, aunque normalmente se prefería la mampostería recubierta con yeso.

El yeso, era uno de los materiales principales, se usaba para revestir los interiores y exteriores de las paredes, era frecuente verlo modelado en los oratorios de las mezquitas y en los patios. Era usual que el yeso que recubría los interiores de los edificios se coloreara con tonos lisos.

Para los alminares elegían el ladrillo pero al ser un material pobre, lo revestían con estuco o yeso que se tallaba o se policromaba. También se utilizaba barro esmaltado aunque, sólo en algunas zonas como en los frisos con inscripciones, los marcos de las puertas o en el suelo de alguna sala.

La madera se reservaba para los artesonados, los saledizos, las cornisas, las balconadas y ciertos adornos. En el interior tuvo mayor profusión ya que se usó para realizar tribunas, púlpitos, armarios, recubrimiento de cubiertas, etc.

Como soporte utilizan el pilar o las columnas coronadas con capiteles de extrema belleza. Destaca sobremanera el capitel de avispero localizado en Medinat al Zahra en Córdoba, llamado así por la cantidad de orificios que presenta gracias a la labor del trépano. Capiteles inspirados en el orden corintio y el compuesto, como los de la mezquita de Ibn Adabbás en Sevilla. El capitel de pencas que simplifica el capitel corintio llamado así por las hojas que salen de su base. El capitel encintado que es una variación del compuesto en el que se esquematizan las volutas y las hojas de acanto y se le añaden cintas. Más conocidos, si cabe, son los de época nazarí entre los que destacan el capitel de mocárabes y el de ataurique, que se encuentran en todo su esplendor, en la Alhambra de Granada.

En cuanto a los arcos los más frecuentes eran el de medio punto y el arco mitral o angular que se reservaban para las grandes puertas o los mihrabs. En época nazarí, se usó el arco peraltado conocido también como mixtilíneo, se trata de un arco de medio punto elevado en altura al incluir más dovelas por encima de la línea de impostas. En época almohade, se prefirió el arco lobulado utilizado sobre todo en los alminares. Cabe mencionar que el arco por excelencia del arte islámico fue el arco de herradura, de origen visigodo pero perfeccionado en Córdoba en época emiral y califal.

Otra parte importante de los elementos decorativos la forman la epigrafía, la geometría y las representaciones figurativas aunque en menor medida. Los frisos de los edificios están profusamente decorados con largas inscripciones extraídas del Corán o con poesías. La geometría se vislumbra en el artesonado de las salas y las galerías, en los pavimentos y en el revestimiento. Las representaciones figurativas son menos frecuentes, aunque se ha visto obras de gran calidad pictórica como las de época nazarí en la torre de las Damas y en la sala de la Justicia de la Alhambra.

¿Sabías los materiales que se usaban en esta época?

Vía| MARÇAIS, G.: El arte musulmán, Madrid, 1991.
Imagen| La alcazaba.org

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