lunes, 22 de julio de 2019

La sociedad en un barco pirata del siglo XVIII

La vida de los piratas era muy igualitaria en algunos aspectos

La captura del pirata Barbanegra

La piratería anglo-americana entre los años 1716 y 1726 tuvo como consecuencia una crisis del comercio internacional. En la actualidad se estima que había entre 1800 y 2400 piratas activos. Los ataques y saqueos que hacían a los barcos de mercaderes y sus enfrentamientos con la Marina Real Británica los convirtieron en un gran problema social.

El sistema de jerarquía del barco pirata retaba en cierto modo las convenciones de una sociedad de la que estaban excluidos. Lo más habitual es que la piratería fuera una opción de vida escogida voluntariamente. Por los interrogatorios de piratas capturados, se sabe que la gran mayoría de éstos habían sido mercaderes o habían trabajado en barcos mercantes. Sorprendentemente en muchos casos los piratas también habían sido antiguos miembros de la Marina Real Británica.

En los barcos de mercancías, la vida era difícil: los salarios eran bajos y las raciones de comida escasas. A esto se sumaban las enfermedades, la vida expuesta a los elementos, la posibilidad de naufragios y catástrofes naturales y una disciplina violenta que a veces llevaba a la muerte. Cuando el barco era tomado por los piratas, el capitán preguntaba a los miembros de la tripulación si estaban dispuestos a unirse a la piratería. Muchos de ellos comenzaban así su andadura bajo la bandera de Jolly Roger.

Los piratas en ningún caso habían sido campesinos. Para ejercer la piratería era necesario conocer los rigores de la vida en barco y carecer de lazos que los atasen a tierra. La evidencia conservada es difícil de interpretar, pero parece que la mayoría de ellos no tenían propiedades en tierra ni familias que les esperasen. Además, los piratas veían con muy malos ojos a los landlubbers, los amantes de la tierra.

La edad de los piratas que se conoce está entre los 17 y los 50 años, teniendo la mayor parte edades comprendidas entre los 20 y los 30 años de edad. Esta dispersión es, a grandes rasgos, equivalente a la de los marineros de barcos de mercancías.

Dentro del barco pirata, la tripulación elegía a su propio capitán, normalmente un hombre de fuerte temperamento y gran capacidad para navegar. Asimismo, podía ser destituido por cobardía, crueldad o por negarse a atacar un barco inglés. Este capitán tenía pocos privilegios, su ración de comida y bebida no era mayor que la del resto ni disponía de una cabina propia para dormir. Los prisioneros a menudo se sorprendían de que cada miembro de la tripulación durmiera en una hamaca donde le apetecía, incluido el capitán. Un espacio propio para comer y dormir eran privilegios que marcaban el orden social en otros barcos.

El capitán, en cambio, sí que tenía plena autoridad en la batalla así como en las persecuciones y huídas. Para el resto de decisiones, en cambio, se tenía en cuenta la opinión de la mayoría, normalmente teniendo en cuenta el voto de todos los hombres del barco. El capitán no osaba contradecir la decisión de la mayoría.

Quizá lo más llamativo de la jerarquía en el barco pirata sea la distribución del botín. Esta se hacía de acuerdo a la habilidad y experiencia del marinero. El capitán normalmente obtenía en torno a media parte o una parte del botín mientras que el resto de la tripulación se llevaba un cuarto. Se reservaba un porcentaje para compañeros heridos, compensando especialmente la pérdida de visión y las amputaciones consecuencia de la batalla. Este reparto era muy equitativo, difícilmente parangonable con cualquier oficio de la época. Esto parece apuntar a que los capitanes se daban cuenta del riesgo y las habilidades de sus subordinados, y más que un fuerte sistema jerárquico, había camaradería entre ellos.

Bibliografía

REDIKER, Marcus (2004): Villains of all Nations: Atlantic Pirates in the Golden Age, Verso, Londres.

REDIKER, Marcus (1987): “The Seaman as Pirate” en Between the Devil and the Deep Blue Sea, Cambridge University Press, Cambridge.

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